El Planeta de los Monstruos

El Planeta de los Monstruos.

                  grumo primero

Uno

      Como otras civilizaciones del universo cercano, descubrimos el Planeta de los Monstruos gracias a nuestros telescopios y a nuestras naves no tripuladas que rastrean el espacio en busca de nuevos hábitats en los que poder establecer colonias. 
     El Planeta de los Monstruos es enorme y está poblado en origen por unas raras criaturas gordas y parsimoniosas, muy desperdigadas, que no impiden para nada que nuestra especie erija ciudades y naciones en él; como lo han hecho tantas otras especies que nos resultan conocidas por proceder de la misma galaxia, y otras con las que aún no hemos entrado en contacto. 
     Resulta difícil hallar la ubicación de esas otras civilizaciones en el vasto Planeta de los Monstruos, aunque esta dificultad resulta en algo bueno. Entrar en contacto con otras civilizaciones puede acarrear todo tipo de problemas, como por ejemplo guerras de exterminio mutuo. La prudencia es una virtud y preferimos que nadie conozca la ubicación de nuestra colonia, situada debajo de una hoja cualquiera de un árbol centenario, en una región tropical. 

      Así el tiempo pasó y nuestra especie prosperó en este planeta hasta el punto de establecer otros asentamientos en diferentes ubicaciones. El desarrollo de nuestra tecnología nos permitió elegir emplazamientos óptimos. Así mismo desarrollamos mecanismos avanzados para espiar a las otras razas estelares sin delatar nuestra presencia. 
     Cuando una de nuestras colonias pereció entera aplastada por un monstruo del Planeta de los Monstruos, empezamos a estudiar el comportamiento de esos seres gordos y a veces no tan parsimoniosos. Descubrimos que los monstruos se habían constituido también en una civilización, aunque primitiva, y estaban expandiéndose a lo largo y ancho del planeta, destruyendo insensatamente muchos dones naturales que los seres vivos necesitamos, urbanizado sin tino, creando bandos militares muy dados a bombardearse entre sí y, en tiempos de paz, los monstruos eran propensos a llevar una vida agitada e insatisfactoria. 
     Nuestros científicos se infiltraron en el entramado de comunicación de los monstruos, que ellos llaman Internet, para seguir estudiando su forma de ser y para idear algún modo de combatir de forma indirecta a unos seres que de por sí son cientos de veces más grandes que cada uno de nosotros. 
     Y no fue difícil encontrar maneras de exterminarlos, con astucia y tecnología bélica de sabotaje contra ingenios y artefactos que los monstruos crearon sin atender a su intrínseca peligrosidad. 
     Entonces apareció entre nosotros una corriente de opinión que preconizaba que lo que debíamos hacer era ayudar a los monstruos para que conocieran las ventajas de un desarrollo no contaminante y unas relaciones interpersonales basadas en el respeto y la armonía. 
     Como no nos poníamos de acuerdo, acudimos a las sacerdotisas del Gran Oráculo en busca de una respuesta. 
     El Gran Oráculo habló y nos dijo: Los monstruos no son muy distintos de nosotros, lo que pasa es que tienen los pies muy grandes.



Dos

     El Gran Oráculo habló y nos dijo: Los monstruos no son tan distintos de nosotros, lo que pasa es que tienen los pies muy grandes. Y últimamente se les ve a casi todos deambular preocupados con la boca y la nariz cubiertas: averiguad a qué se debe tan insólito comportamiento y os diré más. 
      El Gran Oráculo calló y muchos pensamos que se había dormido. Las sacerdotisas nos sacaron de nuestro error: unos ojos cerrados no son óbice para la lucidez y perspicacia con las que el Gran Oráculo llega a elaborar sus sentencias sobre lo que es, sobre lo que ha sido y sobre lo que será, que no siempre son departamentos estancos de su saber. 

     Así pues empezamos a enviar naves espías tripuladas por nuestros mejores aprendices de oraculista, unas naves enormes que no obstante los monstruos sólo serían capaces de detectar si llegásemos a cruzar con ellas bajo el área de foco de alguno de esos aparatos que ellos llaman microscopio electrónico de barrido. A parte de esa circunstancia, podemos permanecer el tiempo que sea frente a sus narices sin que lleguen a sospechar que los estamos analizando. 



Tres

      El primer aprendiz de oraculista que regresó a nuestra colonia y se personó ante el Gran Oráculo fue Veloz Sin Pormenores. 
     Veloz Sin Pormenores visitó la casa de un ermitaño que había escrito con grandes letras en una pared de su patio: Gracias coronavirus por salvar el mundo. Luego pasó cerca de un transistor en el que sonaba en esos momentos una canción que expresaba exultante: Los pájaros cantan más fuerte desde que no salimos de casa.
     El Gran Oráculo escuchó a Veloz Sin Pormenores y quedó bastante insatisfecho con su trabajo: ¿Has comprobado si la situación del planeta ha mejorado realmente? Podría ser sólo una ilusión de unos pocos. 
     Veloz Sin Pormenores volvió a salir en su nave de reconocimiento en busca de más información sobre lo que estaba ocurriendo en el Planeta de los Monstruos, donde al parecer se estaba propagando una pandemia que hizo que los monstruos debieran permanecer un tiempo confinados en sus domicilios, y luego, al acabar este periodo, empezaron a relacionarse con precaución embozados en esos tapabocas que tanto nos habían llamado  la atención.
      Al parecer el virus ese iba a mejorar la calidad del aire y beneficiaría a muchas especies en vías de extinción... reflexionaba el Gran Oráculo, cuando regresó Veloz Sin Pormenores, que era así de veloz, y le comunicó: No está tan claro que lo de la pandemia resulte en la regeneración del planeta. Están todos cabreados con la situación generada por culpa del virus, sobre todo los economistas, y especialmente las víctimas de los economistas, que sufren más aunque se les escucha menos.



Cuatro

     De repente llegaron cientos de naves espías y los aprendices de oraculista hablaron al unísono al Gran Oráculo: Ya hemos descubierto toda la verdad respecto a la pandemia que asola el Planeta de los Monstruos. Resulta que un potentado del planeta, uno de los monstruos que más dinero ha conseguido amasar con negocios relacionados con las nuevas tecnologías, y que en teoría había abandonado su empresa para crear una fundación filantrópica... resulta que este monstruo perverso pretende esclavizar y robotizar a sus congéneres, de modo que ha creado un virus de laboratorio en previsión de que ese virus precisará una vacuna, y esa vacuna fabricada por la oligarquía de los monstruos llevará incorporado un chip de control ciudadano, para que esa pequeña élite de monstruos pueda controlar y alienar a su antojo a toda la población. 
     Los aprendices de oraculista hablaron así, a coro, con una sola voz, pero el Gran Oráculo meneó la cabeza, se llevó el dedo índice de la mano derecha a la oreja derecha de su cabeza de Oráculo y dijo: Sssh, a ver, repetid la frase Ya hemos descubierto toda la verdad respecto a la pandemia que asola el Planeta de los Monstruos.
     Así lo hicieron los aprendices de oraculista.
     Ajá, dijo el Gran Oráculo, alguien entre vosotros permanece en silencio y no secunda el coro. ¿Quién es?
     El Gran Oráculo empezó a caminar entre los aprendices de oraculista, observándolos uno a uno, hasta que se detuvo frente a Supersónico Despistado.
     -Fuiste tú el que no secundó el coro. 
     -Fui.
     -¿Por qué?
     -Es que he obtenido otra información. Pero si los otros rastreadores, todos ellos, han llegado a la misma conclusión, será verdad eso que dicen. 
     -¿Y cuál es tu teoría?
     -Bien, habida cuenta de que mi nave es de las más rápidas y sigilosas que existen, decidí recorrer todas las sedes de gobierno de las naciones de los monstruos. Y al inspeccionar el Despacho Rectangular, del presidente de la mayor superpotencia que existe en el Planeta de los Monstruos, alcancé a enterarme de que, efectivamente, el virus ha sido creado en un laboratorio, pero no para poder fabricar una vacuna que esconda un microchip de control de la población. El virus ha sido creado por una superpotencia secundaria... con la intención de arruinar la economía de la Primera Potencia del Planeta, así como la de las naciones aliadas de ésta. De este modo la Superpotencia Secundaria dejará de ser Superpotencia Secundaria y pasará a ser Nueva Superpotencia Hegemónica. 
     Silencio general. 
     El Gran Oráculo estaba reflexionando.



Cinco

     En los días siguientes van llegando naves exploradoras y la información aportada por los aprendices de oraculista es cada vez menos coherente...
     Unos dicen que el virus no existe; que nadie muere realmente de esa enfermedad, son asesinados por la mano negra de la conspiración. Otros afirman que las mascarillas anticontagio son más perjudiciales para la salud de los monstruos que el riesgo de contagio. 
     Recopilando: el virus que no existe es cien veces más pequeño que las microscópicas aperturas de las mascarillas que no protegen y si exterminan a quienes las usan.

     El Gran Oráculo escucha la caótica información aportada por los exploradores que han recorrido todos los rincones del Planeta de los Monstruos. El coro de acólitos se convierte en una algarabía, una feria de egos en la que los aprendices de oraculista compiten por llevar la voz cantante y por convencer a los demás de que la suya es la versión correcta de los hechos.
     El murmullo de voces va aumentando, como el zumbido de un enjambre de abejas, hasta que el Gran Oráculo, irritado, levanta las palmas de las manos y se hace el presilencio, ya que el zumbido sigue resonando unos segundos en los oídos de los presentes.
     Del presilencio se pasa al silencio y, cuando éste se asienta, aparecen unos científicos vestidos con sus batas blancas y rodean al Gran Oráculo. Ha llegado su momento, ellos no han explorado el planeta, pero en el recogimiento de sus laboratorios han investigado el comportamiento de la enfermedad y cómo éste se asemeja o diferencia de otras enfermedades y pandemias padecidas a lo largo de la historia por los monstruos. 
     Los científicos son más comedidos que los aprendices de oraculista, así que aguardan en silencio a que el Gran Oráculo les de la palabra. No obstante, empiezan a competir por llamar la atención de éste,  se dan disimulados empujones, yerguen el cuello y luchan para que el rostro de cada uno de ellos entre en el campo visual del Gran Oráculo. 
     Pero el Gran Oráculo parece no verlos. El corro de científicos se estrecha, parece un cerco infranqueable, empieza a ser un poco agobiante.  
     El Gran Oráculo alza las manos, juntas palma con palma, y las separa haciendo un gesto explícito de que se retiren un poco. Los científicos dan unos pasos atrás, pero justo en ese momento sobrevuela el lugar un avión militar. Los científicos alzan la vista y, como están retrocediendo, algunos tropiezan entre sí y quedan amontonados en revoltijos de piernas, cabezas con chichón y batas manchadas de polvo.
     El avión describe un círculo, regresa a menor altura y de él salta un paracaidista, que va maniobrando hasta conseguir aterrizar en el corro. Los científicos ya se han recompuesto, pero palidecen un poco cuando el paracaidista se quita el casco y pueden ver que el recién llegado es el Presidente del Gobierno en persona. 
     Ninguno de los científicos habla, ni una palabra ni una genuflexión. El Presidente del Gobierno aguarda a que alguien pronuncie las palabras protocolarias de bienvenida hacia su persona, pero los científicos son muy tímidos, pasa el tiempo y se escucha el zumbido del vuelo de una mosca. Al fin uno de los científicos, que nada sabe de protocolos, levanta la mano en señal clara de que quiere hablar.



Seis

     Intrépido Hechadopalante Redundante fue el científico que levantó la mano para pedir la palabra, pero justo en ese momento el resto de sus colegas tuvieron la misma idea y realizaron el mismo gesto, milésimas de segundo después. 
     Desconcierto general. Al fin Vergonzoso Apocado Redundante, primo de Intrépido, empezó a bajar el brazo, se acarició la frente, se rascó disimuladamente la oreja y dejó la mano balanceándose un rato a la altura de las caderas. Con el tiempo la mano se detuvo, como inanimada. Y sí, como estarán imaginando, cuando Vergonzoso bajó la mano… al resto de científicos les dio por hacer lo mismo. 
     El Presidente del Gobierno alzó una ceja. El Gran Oráculo permaneció inmutable.
     Con ligeras variaciones, estos gestos mancomunados se repitieron varias veces sin que nadie atinara a romper esa involuntaria coreografía. Justo en ese momento pasaba por ahí Caminante Campestre y creyó que todo eso era una danza, una danza algo sosa porque no se escuchaba música, así que empezó a silbar una tonada.
     El Gran Oráculo empezó a mover un pie al ritmo de la tonada de Campestre. Los científicos se apercibieron de ello, por lo que al unísono desviaron la mirada y se quedaron unos instantes contemplando la estela que había dejado en el cielo el avión militar que lanzó al Presidente del Gobierno en paracaídas sobre el corro de científicos que rodeaban al Gran Oráculo. 
     Entonces ocurrió, el Gran Oráculo empezó a mover las caderas... y los científicos ya no pudieron desviar la mirada, sino que abrieron la boca.
     Como suele ocurrir en estos casos, siete moscas entraron en la boca de cada uno de los científicos boquiabiertos. Entonces el Presidente del Gobierno sacó del bolsillo una calculadora y, tras contar el número de científicos presentes, multiplicó la cantidad por siete. ¿Y eso por qué? ¿Pretende aplicarles una multa a los científicos? ¿Pretende hacerles repoblar la población perdida de moscas boquífilas? Nada de eso, el Presidente del Gobierno calculó y tomó nota del número de moscas perdidas para pasar un informe al Gran Oráculo, al que le gusta estar al tanto de todo lo que sucede, y no va a ser él quien se tome la molestia de realizar los cálculos… Porque, cómo habrán deducido, aunque formalmente nuestra civilización es una democracia, en realidad somos teocráticos y el Gran Oráculo es nuestro Guía Espiritual o Mandamás. Y el Presidente del Gobierno es una Ilustre Eminencia en Apariencia o Lameculos. Éste último cargo es mejor no mencionárselo a la cara, porque el Presidente del Gobierno es irascible y peligroso para los donnadies. 
     El Presidente del Gobierno echa una mirada en derredor y se detiene, pensativo, en la figura del Gran Oráculo. Reacciona al fin y, presto, hace unas señales con las manos hacia el avión militar, que justo en ese momento estaba sobrevolando otra vez el corro de científicos. Nuestra civilización tiene diferentes formas de expresión y, cuando no nos apetece hablar por telepatía, lo hacemos con el lenguaje gestual de las manos.
     El mensaje llegó hasta la tripulación del avión militar, por lo que éste volvió a virar y, al llegar al punto correcto estimado por los pilotos, todos vimos como del aparato saltaban tres paracaidistas y un bulto dotado también de paracaídas. 






                 grumo segundo

Siete

     Cuando pase el tiempo y los monstruos evolucionen hasta el punto de poder percibir nuestra ancestral presencia en su planeta; cuando lleguen a conocernos y empiecen a comunicarse con nosotros, nos preguntarán, al hilo de lo que cuenta esta historia ¿Cómo es posible que unos seres tan minúsculos como ustedes se traguen siete moscas de nuestro planeta? A su entender sería como si un microbio se comiera siete dinosaurios. 
     Los monstruos no saben que, al desplazarnos por el espacio, viajamos con nuestra propia flora y fauna. No sólo eso, con planos y maquetas, transportadas en las bodegas de carga de nuestras naves transgalácticas, podemos recrear los paisajes de nuestra infancia en los más lejanos confines del universo. 
     Hay también  entre nosotros artistas innovadores que elaboran geografías no antes vistas en las que podemos esparcirnos y recrearnos.
     Así que nadie se extrañe si bajo el cobijo de una hoja de árbol centenario se presenten de repente montañas y valles con sus criaturitas a medida. 


Ocho

     De la frente de los científicos presentes empezaron a brotar gotas de sudor, a alguno le empieza a dar un cierto tembleque, todos lanzan miradas temerosas hacia el bulto que se acerca por el aire, al tiempo que intentan mantener la compostura y transmitir una impasibilidad heroica y patriótica.
    Los científicos saben que, cuando nuestras Fuerzas Armadas lanzan un bulto en paracaídas, en aras de la precisión, y para evitar que en el último momento una repentina ráfaga de viento desvíe la caída del bulto del lugar elegido como destino... saben que para evitar esta contingencia, el bulto se desprende del paracaídas y el paracaídas es arrastrado por el viento hacia dónde no moleste. Así somos tan precisos que podemos depositar una botella de vino en una mesa ya dispuesta y con los comensales sentados a su alrededor. 
     Entonces ¿por qué tiemblan los científicos? Resulta que cuando se lanza en paracaídas un objeto frágil éste puede desprenderse de su sujeción a unos pocos milímetros del suelo, con lo que difícilmente se rompe. Pero en otros casos, en aras de la precisión, el bulto acostumbra a desprenderse a una cierta altura. 
     Los científicos se sentían en peligro, pero nadie dio un paso atrás, nadie salió corriendo despavorido haciendo aspavientos. 
     Efectivamente, el bulto se desprendió del paracaídas, cayó al suelo en el interior del corro de científicos que rodeaban al Gran Oráculo y al Presidente del Gobierno. Sonó un ploff y el bulto rebotoooó y rebotooó y rebotoó y rebotó y se quedó en el suelo. 
     El bulto resultó ser un rollo de tela, una alfombra roja. En ese momento todos los presentes sabían ya que el Presente del Gobierno pretendía solicitar una audiencia formal con el Gran Oráculo, para eso estaba allí la alfombra roja. 
     Por su parte los tres paracaidistas estaban armoniosamente danzando en el aire, acercándose. Son los funcionarios encargados de alistar el lugar donde se quiere representar una Ceremonia Formal, de las muchas que jalonan nuestras vidas y nuestra Historia. 
     Entonces ocurrió un accidente relativamente trágico, uno de los paracaídas tuvo un mal funcionamiento y su ocupante cayó a plomo para estrellarse, también de modo preciso, en el corro de científicos. El funcionario quedó hecho pulpa de funcionario y los científicos quedaron salpicados de sangre. Nuestra tecnología es superadelantada, pero a veces tenemos que elegir si priorizamos la seguridad del personal o el abaratamiento de costes en material. Por eso, cuando se necesitan dos funcionarios para un Acto Formal, son reclutados tres. Si se salvan los tres, uno de ellos acostumbra a suicidarse, por lo general el funcionario de menor rango, porque sólo suele haber recursos para repatriar a dos de los intervinientes. 
     Los científicos sacan de sus bolsillos un pañuelo y cada uno de ellos se limpia la cara y las manos de sangre de funcionario. Con la ropa no pueden hacer gran cosa. 
     En cambio el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno permanecen en el centro del corro de científicos... inmaculados. Ligeramente compungidos, pero sin derramar una sola lágrima. 

     ¿Por qué el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno no resultaron salpicados por la sangre del paracaidista accidentado?
     Pues es evidente, el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno, como todos los altos dignatarios de nuestra civilización, están protegidos por un ungüento antisalpicaduras que les permite mantener la compostura en situaciones difíciles y salvar la vida en caso de atentado terrorista, ya que el ungüento es también ignífugo y antibalas. 
     Desde su más tierna infancia, nuestros aristócratas son untados con el ungüento salvaguardador por los sirvientes de palacio. Los advenedizos y los nuevos ricos también lo utilizan, cuando pueden permitírselo, aunque no por ello consiguen desprenderse de la pátina pueblerina que los delata y los diferencia de la élite de sangre azul añeja.



Nueve

     Ya todo está presto para la Ceremonia Formal en la que el Presidente del Gobierno ha de rendir cuentas ante el Gran Oráculo. La alfombra roja está extendida, cada uno de los participantes, como manda el protocolo, están a un extremo y otro de la alfombra. Cuando el Presidente del Gobierno levanta el pie derecho y pisa con suavidad su extremo de la alfombra, suena una fanfarria de trompetas. 
     Los trompetistas se han colado entre las piernas de los científicos y ocuparon su lugar protocolario en la ceremonia. Eso no debe extrañar a nadie, los trompetistas han sido seleccionados desde tiempo inmemorial entre los individuos de menor tamaño entre nuestra gente. De tal modo que, al reproducirse entre sí, constituyen una raza a parte que suele permanecer oculta y sólo se muestra, por sorpresa, en los momentos solemnes, para así dar más realce a las Ceremonias Formales, con su raro aspecto, sus cuerpos minúsculos y sus largas trompetas bien bruñidas. 
     ¿Y cómo pasan desapercibidos el resto del tiempo?…  me preguntan. 
     Se les castiga si se dejan ver a deshora. Hay trompetistas apostados en todas las regiones de nuestra geografía, por si se les necesita. Algunos se camuflan entre los árboles del bosque y son los que llevan una existencia más llevadera. Los que lo pasan peor son los que han de permanecer a la espera en el desierto; se ven obligados a aguardar enterrados en la arena respirando por unos tubos que simulan ser troncos resecos huecos de raquíticas plantas endémicas del lugar.

     El Presidente del Gobierno camina con garbo marcial por la alfombra roja  hacia su eminencia el Gran Oráculo. Los científicos permanecen circunspectos. Los trompetistas estiran el cuello y apuntan sus trompetas hacia arriba, en la dirección donde todo sucede, al ritmo que ellos marcan.
     A Caminante Campestre no le interesa toda esta parafernalia y sigue su camino, silbando su tonada un poco más fuerte para no escuchar el estruendo de la fanfarria. El avión militar aterriza en su aeropuerto de origen y va a repostar por si vuelven a hacerse necesarios sus servicios. Los aprendices de oraculista están en sus casas roncando porque su jornada laboral ha concluido. El Presidente del Gobierno llega hasta dónde está el Gran Oráculo. Algunos pájaros se hartan de tanto ruido y se alejan del lugar. El Presidente del Gobierno estira ceremoniosa mente el brazo para estrechar la mano del Gran Oráculo. El Gran Oráculo levanta ligeramente un pie sobre la punta, casi imperceptiblemente, y se ve un pequeño fogonazo, un breve resplandor alrededor de su cuerpo. En ese momento todos los presentes son conscientes de que el Gran Oráculo está ahí, con un pie ligeramente apoyado sobre su punta, y al mismo tiempo ya no está. Lo saben los científicos. Lo saben los trompetistas, que al no renovar el aire contenido en sus mofletes dejan que la fanfarria se vaya extinguiendo. Lo sabe el Presidente del Gobierno, que se queda atónito, inmóvil y muy serio. 
     ¿Qué ha sucedido, cómo puede alguien al mismo tiempo estar y no estar en un lugar?… se preguntarán la mayoría de las razas del espacio infinito. Para contestar a esto debemos explicar algunas cosas sobre nuestra naturaleza y sobre nuestra evolución genética.



Diez

     Al igual que ocurre con algunas serpientes del Planeta de los Monstruos, nuestra especie acostumbraba a mudar la piel estacionalmente. Con el paso del tiempo, esa necesidad fisiológica se convirtió en un ardid para escapar de los depredadores en los planetas que íbamos colonizando. 
     Así fuimos desarrollando la capacidad de desprendernos de algo más que un pellejo inerte: podíamos dejar a la vista del depredador una imagen de nosotros mismos mientras escapábamos rápidamente. Esta estrategia se fue sofisticado y desarrollamos la capacidad de que el pellejo-señuelo se moviera durante un tiempo y atrajera la atención del atacante. Éramos capaces de escapar a tal velocidad que ningún ojo de depredador podía ver nuestra huida, pero sí eran capaces de seguir el rastro por nuestro olor... y no somos la especie más veloz del universo. De este modo el cazador centra toda su atención en el pellejo y, cuando se da cuenta del engaño, el rastro que dejamos al huir ya se ha evaporado. 
     El pellejo ya no se puede considerar tal, es un icono, una representación esculpida de nosotros mismos excretada instantáneamente y a voluntad.

     Así fue nuestra evolución, y cuando los depredadores dejaron de ser un problema, continuamos evolucionando en la bimaterialización de nuestro ser para situaciones sociales que poco tienen que ver con un peligro inminente de muerte.
     Nos bimaterializamos para dar esquinazo a alguien, por ejemplo. 
     También se da el caso de que algunos obreros dejan a ese segundo cuerpo realizando las tareas tediosas en las cadenas de montaje mientras se dedican a otras actividades. 
     Las réplicas de uno mismo creadas por los infantes de nuestra especie son poco duraderas, se deshacen como pompas de jabón... están aprendiendo. 
     Los ancianos y alguna gente ilustrada acostumbran a transmaterializarse en estatuas graníticas, para que su imagen perdure a lo largo de los siglos. 
     Nuestras sacerdotisas acostumbran a dejar en lugares estratégicos una representación de sí mismas con el fin de que éstas vayan transmitiendo las enseñanzas de nuestra cultura. 
     Los Grandes Oráculos, espiritualmente más avanzados, se transmaterializan y dejan a su paso no ya cuerpos estatuarios, sino auténticos templos a los que acuden los peregrinos en busca de respuesta a sus dilemas vitales. 
     Los Grandes Oráculos, en la distancia, atienden y dan respuesta a las preguntas de los peregrinos que acuden a sus diversos templos, diseminados por planetas y galaxias. 
     Es toda una responsabilidad para un Gran Oráculo dejar atrás una transmaterialización de sí mismo en forma de templo, ya que, de desatenderlos, los creyentes que acuden a postrarse ante su efigie no reciben respuesta a sus plegarias. 
     Cuando en un planeta la representación de un Gran Oráculo no responde y parece ausente, surgen problemas. Aparecen visionarios, gente poderosa o aprendices de oraculista advenedizos que pretenden sustituir al Gran Oráculo 
     De ahí surgen disputas, de las disputas surgen guerras y las guerras acostumbran a provocar la destrucción de los planetas. 
     Y sí, hemos de reconocerlo, somos una especie superadelantada, pero a veces no podemos evitar generar este tipo de conflictos entre nosotros. Vasmos dejando a nuestro paso por el universo un reguero de planetas destruidos. Por eso algunos filósofos sostienen que no tenemos autoridad moral para intervenir en la historia de los monstruos y evitar que éstos destruyan nuestro planeta común. 
     La gente práctica en cambio sostiene que debemos reconducir su cultura o exterminarlos, ya que si evitamos que vayan degradando el planeta o lo destruyan rápidamente, quedará a nuestra disposición para que lo vayamos degradando y destruyendo a nuestro ritmo y de acuerdo a nuestras necesidades. 
     Para qué vamos a engañarnos, la única civilización que no colapsa es la civilización que se limita a "pacer" en su hábitat, sin pretensiones de desarrollo. Únicamente podría darse un progreso no destructivo en una civilización de seres que crecieran y se desarrollaran en la introspección, pero la vida celular de todos los seres estelares que conocemos los aboca a deteriorar el medio para sustentarse y para alimentar algo más voraz que la célula, el ego. 
     Y nosotros somos tan culpables como los demás. Se da de vez en cuando el caso de que dos Grandes Oráculos despiertan en dos puntos alejados del universo y hacen revivir sus efigies en un planeta ya destruido y abandonado. Esas efigies toman vida, las viejas rencillas no resueltas toman cuerpo y las efigies continúan la batalla en el planeta desolado triturando los escombros ya devastados infinidad de veces.
     
     Pero todo eso no es lo que nos ocupa ahora. Estamos asistiendo a la transmaterialización del Gran Oráculo en el Planeta de los Monstruos, justo cuando el Presidente del Gobierno estaba dirigiéndose hacia él con la mano extendida para saludarlo y dar comienzo a una Ceremonia Oficial que quizá podría echar luz sobre lo que está pasando en el Planeta de los Monstruos y las Pandemias. 



Once

     Una ráfaga de viento agita el pelo de uno de los científicos, debido al paso por su lado del Gran Oráculo recién huido del corro de los científicos y los trompetistas.
     Los trompetistas de carrillos flácidos y trompetas a media asta abren perplejos la boca. Un grupo de moscas pasa por ahí sin interesarse por las bocas abiertas de los trompetistas atónitos. 
     En ese momento aparece en escena y entra en el corro haciéndose sitio un tipo con levita y chistera, el Notario Oficial de Nuestra Nación en el Planeta de los Monstruos. 
     Llega con retraso, desarrugándose el traje y recolocándose el sombrero, posiblemente se ha quedado dormido, o estaba lejos en el momento de ser convocado. Esto acostumbra a ocurrir porque en sus desplazamientos no cuenta con el transporte militar aéreo que le permitiría realizar su función con puntualidad. Se sospecha que esto está oficialmente estipulado así para que no siempre quede constancia de los tejemanejes del Gobierno. Cuando llega el Notario Oficial a una Ceremonia Institucional, para dejar constancia de todo lo que ocurre, ya se han podido retirar de ahí los maletines de la corrupción y los cadáveres de las víctimas colaterales de los negocios semiclaros semiopacos semisucios semitaquigrafiados por el testimonio perpetuo de Nuestro Gran Notario Oficial.
     Así pues ese día el Notario levanta acta de que el Gran Oráculo permanece inmóvil con un pie en el aire y de que el Presidente del Gobierno permanece también inmóvil con la mano derecha extendida hacia el Gran Oráculo. 
     Todos los presentes son conscientes de que el Gran Oráculo se ha transmaterializado y lo que están viendo es su efigie. Y del mismo modo, todos saben que lo que ocurre con el Presidente del Gobierno es que duda, se está planteando transmaterializarse y abandonar el lugar de la Ceremonia Oficial boicoteada... o bien permanecer en el corro de los científicos y trompetistas para capear el temporal y afrontar la vergüenza de que le hayan dejado con la palabra en la boca.
     El Notario Oficial de Nuestra Nación Estelar también sabe lo que allí todos saben, pero no puede dejar constancia de ello, no tiene autoridad para confirmar que el uno se ha transmaterializado ni que el otro permanece quieto sin transmaterializarse. Para ello se requiere un análisis químico efectuado por un equipo forense.
     Ustedes se preguntarán ¿qué pinta un equipo forense si de momento no ha muerto nadie... a parte de las mil quinientas veintiséis moscas contabilizadas por el Presidente del Gobierno, y el tercer paracaidista, que no cuenta porque su baja ya se da por descontada en cada misión?
     Los forenses son los únicos cualificados para dar testimonio de si un acto de transmaterialización ha sido un acto de transmaterialización, ha sido un crimen o bien ha sido un semicrimen. 
     Cuando se va a producir un crimen en nuestra cultura pueden ocurrir estás tres cosas: que haya crimen, que el sujeto víctima de asesinato escape transmaterializándose o que intente escapar y se transmaterialice sólo a medias, muriendo de este modo a medias también.
     Por supuesto, el trabajo de los forenses es interesantísimo, aparte de espeluznante, y por eso en nuestra cultura abundan las novelas de crímenes y semicrímenes; así como las series televisivas que muestran las enrevesadas investigaciones de nuestros más eminentes forenses audaces guapos intrépidos sexis autoritarios fotogénicos...





               grumo tercero

Doce

     Cuando se corrió la voz de que el Gran Oráculo se había transmaterializado y el Presidente del Gobierno dudaba si hacerlo o no, toda la gente de nuestra colonia acudió al lugar de los hechos, apiñándose alrededor de los científicos y los trompetistas, que clavaron con fuerza los pies en el suelo para no perder su lugar preeminente y poder ser testigos directos de acontecimientos sin duda perdurables en nuestra Historia. 
     Decir "toda la gente" de nuestra civilización es una forma de hablar...
     -¿Una hipérbole, maestro?
     -Una exageración, chupatintas, una simple exageración.
     ... ya que, por ejemplo, a Caminante Campestre no le interesa el devenir de la Historia ni otras politiquerías menores. Él sigue su camino silbando y brincando, alegre, decidido, independiente, algunos dirán que estrafalario porque no es dado a seguir las costumbres del rebaño. 
     Y Campestre no está solo, le sigue el Gran Oráculo, quizá atraído por la música de su tonada, ya que podemos ver que de vez en cuando también brinca alegre y despreocupado... mientras la población entera de nuestra raza asentada en el Planeta de los Monstruos espera que su efigie, allá en el corro de los científicos y los trompetistas, que ahora es el corro de toda la población, realice algún movimiento revelador o llegue a pronunciar las primeras palabras de su nueva doctrina de efigie. Los más devotos encienden cirios, se respira esperanza, se siente el cosquilleo de cuando lo sobrenatural se materializa.
     Cuando un Gran Oráculo se transmaterializa en efigie o templo... puede deberse a distintos motivos. Unos consideran que ya han impartido suficientes enseñanzas y que a partir de ese momento pueden seguir emitiendo preceptos y sentencias a través del control remoto de su representación esculpida. Eso les permite empezar otras vidas y aleccionar a otras civilizaciones de nuestra raza estelar.
     Los hay más apáticos, que se tumban en una hamaca mientras su efigie gobierna espiritualmente el planeta en cuestión.  
     Hay efigies recién creadas por Grandes Oráculos que se muestran parlanchinas... y otras taciturnas. Cuando una efigie permanece mucho tiempo inactiva, aparecen los exégetas que interpretan su mutismo, pero ya hemos dicho que todo eso puede acabar mal, un planeta politeísta no tiene futuro.
     También se han dado casos de Grandes Oráculos juguetones que se transmaterializan y no se dedican a viajar por el espacio ni a tumbarse en una hamaca. Se esconden detrás de su propia efigie y contemplan el comportamiento de los devotos. Entonces, por ejemplo, si el viento mueve la estatua hacia el sur, los exégetas interpretan que la civilización debe trasladarse en esa dirección. Entonces el Gran Oráculo travieso mueve mentalmente el dedo índice de la efigie apuntando en otra dirección. Son pequeñas travesuras intrascendentes. Nada comparable con la tragedia de asistir al nacimiento de una efigie que permanecerá inmóvil y muda para siempre. Son casos inexplicables pero que se han dado.

     El Gran Oráculo, por supuesto, tiene un plan. Sigue a Campestre y, antes de ponerse a su lado, se quita su ropa de Gran Oráculo, se descalza y modifica con los dedos el aspecto de su rostro. Esto se debe a que nuestras facciones son de plastilina y podemos modificarlas a nuestro antojo, aunque está mal visto cambiar de aspecto más de una vez por década, porque esos cambios de personalidad son desconcertantes. Para evitar eso se han implementado duras sanciones y aún así hay delincuentes que circulan por las calles cada día con un aspecto distinto.

     Campestre ve como un tipo desnudo y descalzo le alcanza y, mientras siguen su camino, el recién llegado dice Hola, me llamo Cualquiera.
     Campestre mira a Cualquiera y menea la cabeza, como si algo no le cuadrara. Posiblemente sabe que Cualquiera no es Cualquiera sino el mismísimo Gran Oráculo recién transmaterializado y con las facciones ligeramente modificadas. Pero se limita a saludar con un expresivo movimiento de cejas y sigue silbando y brincando sin más.



Trece

     -¿Qué tal, Campestre?
     -Ummm... -malhumorado-. Todo bien, Cualquiera.
     Cualquiera tiene que apresurarse porque Campestre acelera el paso, no quiere conversar.
     -Bonito día, Campestre.
     Ummm...
     -Me gustan el campo y sus fragancias.
     -Ummm...
     -Estoy investigando lo que está pasando en el Planeta de los Monstruos con la pandemia y todo eso, ¿tú qué opinas, Campestre?
     -No me interesan los asuntos de los monstruos. 
     -Pero...
     -¿Qué tengo yo que ver con eso? Déjame tranquilo. 
     Cualquiera se calla, pero sigue a Campestre, desconcertado aún por la actitud de éste. De repente se oye: Psss psss... Alguien intenta llamar la atención. Cualquiera mira alrededor y no ve a nadie; mira arriba y nada; mira al suelo y ve que es la sombra de Campestre quien ha pssspsssieado. 
     Es necesario aclarar que nuestras sombras a veces tienen este comportamiento inusual: hablan sin permiso, nos contradicen y hasta cogen el camino contrario al que llevamos... aunque ese divorcio no dura mucho porque, de permanecer separados, tanto la sombra como su dueño perecen en poco tiempo.
     Las sombras, con su existencia esclava, se rebelan a veces de día, pero tienen una vida plena y autónoma de noche, cuando dormimos. Eso sí, el propietario de la sombra es responsable de todo acto delictivo o impúdico que su sombra pueda efectuar por su cuenta. Se han dado casos de ciudadanos crueles que encadenan de noche a su sombra en el sótano de su casa para evitar cualquier atisbo de indisciplina; pero la mayor parte de la población tiene una relación sana y afectuosa con su sombra, cual la que suelen tener los monstruos del Planeta de los Monstruos con sus mascotas caseras.
     Campestre está indignado e intenta dar un pisotón a su sombra en la boca, pero ésta da una pirueta y dice: Ejem, yo sí tengo una opinión que compartir contigo, Cualquiera, sobre la pandemia y los tapabocas obligatorios y las teorías de la conspiración que circulan por Internet sobre el origen de la enfermedad de los monstruos. 
     -Te escucho, Sombra de Caminante Campestre.
     -Es una embustera -dice Caminante Campestre.
     -Todos tenemos derecho a expresarnos -dice Cualquiera, que empieza a no estar tan desnudo como antes. 
     Esto también hay que aclararlo. Nuestra especie, como tantas otras, aprendió a vestirse con materiales elaborados para tal fin. Pero nuestros genes fueron modificados y actualmente nuestro cuerpo excreta automáticamente la ropa necesaria de acuerdo con la temperatura ambiental y según el oficio y la clase social seleccionada. Esa información está grabada en un chip que nos implantaron conjuntamente con una vacuna, hace tiempo, de modo que el chip programa la generación de la vestimenta adecuada para cada individuo y no otra por mucho que éste lo desee. Salvo que se jaquee el chip, pero eso está al alcance de muy pocos. Así el andrajoso genera siempre ropas andrajosas; el industrial, la top model, el preso... todos se ven arropados por la vestimenta que les corresponde. 
     Así que Cualquiera se ve de repente vestido de Gran Oráculo, pero se desnuda y descalza de nuevo rápidamente y continúa así con su identidad de incógnito.
     -Dime, Sombra.
     -Me dijeron una vez que la conspiranoia, por descabelladas que sean sus teorías, es la expresión de lo que los monstruos íntimamente temen. Afirman que les quieren robotizar ahora porque ya existe la voluntad y la tecnología que permite la robotización del ciudadano. Sospechan que se quiere exterminar a una parte de la población porque hay gobernantes capaces de hacerlo, por odio normalmente, y también para acaparar en manos de unos pocos privilegiados los recursos del planeta; para acabar con la competencia de los intrusos y afuerinos que quieren comer del plato común de los recursos naturales de la tierra y el mar. 
     -Vaya -dice Cualquiera.
     -Bah -dice Campestre.
     -Y si todo es sólo un temor difuso ¿por qué tanta resistencia contra...?
     En ese momento Sombra de Campestre ve que Cualquiera está a punto de pisar un alacrán con su pie desnudo, alarmado grita ¡Cuidado, mira! Pero Campestre se pone a silbar más fuerte para que Cualquiera no escuche la advertencia de Sombra de Campestre, de modo que el escorpión pica a Cualquiera.
     La picadura de nuestros escorpiones no es mortal, pero causaba originalmente una grave hinchazón del cuerpo. Nuestros científicos modificaron genéticamente los escorpiones para que su veneno tuviera un efecto diferente en nuestro organismo: apenas causa dolor y el cuerpo del afectado, más que hincharse, crece y crece, lo que a veces resulta útil en la guerra Y eso puede revertirse inoculando al afectado un contraveneno creado para tal fin utilizando otro tipo de escorpión modificado también en laboratorio. 
     -¡Qué hijoputa! -dice Sombra de Campestre refiriéndose a Campestre.

     Así, Cualquiera va aumentando de tamaño y desaparece de la vista de Campestre y de Sombra de Campestre, porque dadas sus nuevas dimensiones no alcanzan a abarcarlo con la mirada.
     Cualquiera ha crecido tanto que tiene ahora el tamaño de un conejo, refiriéndonos al tamaño de un conejo de la fauna original del Planeta de los Monstruos. 
     Caminante Campestre y Sombra de Caminante Campestre se hallan ahora en peligro, pues si Cualquiera da un salto de conejo puede aplastarlos. Así que Campestre sale corriendo, pero Sombra de Campestre no le sigue, vuelve sobre sus pasos y se deja picar por el escorpión. De ese modo Sombra de  Campestre empieza a aumentar de tamaño. Campestre, sin su sombra, regresa y ve como ésta se va convirtiendo en una mole indefinida e inabarcable. 

     Cualquiera está pues en esa nueva dimensión del Planeta de los Monstruos y ve surgir ante si a Sombra de Caminante Campestre.
     -Hola -dice Sombra.
     -Hola -dice Cualquiera.
     -¿Y ahora qué hacemos, Gran Oráculo?
     -Oh, me has reconocido.
     -Es difícil pasar desapercibido siendo quien eres, pero puedes seguir perfectamente con tu nueva personalidad de Cualquiera, en esta dimensión no te conoce nadie.
     -Me siento raro...
     -Sí, te han salido orejas de conejo, Cualquiera, son los efectos secundarios del veneno de alacrán modificado.
     Entonces se oyeron unos ladridos.
     -¡Atiza! -exclama Conejo Cualquiera.
     -¡Nos quieren cazar! -exclama Sombra de Caminante.
     -¡Súbete a mi lomo! -exclama el disfrazado Gran Oráculo.
     Así lo hace Sombra. 
     Ladridos, jadeos, resonar de pasos que se acercan.
     Entonces el Gran Oráculo disfrazado de Conejo Cualquiera, con Sombra de Caminante Campestre agarrado a su espalda, salta para escapar de los podencos canarios que los persiguen. 
     Y lo consiguen, ya que en ese salto se trasladan de la isla de El Hierro, donde estaban en ese momento, hasta la isla de La Gomera.



Catorce

     Los aprendices de oraculista ya no están roncando porque ha dejado de ser su día de descanso y, también, porque toda la humanidad Grbpt está reunida en el corro de la humanidad Grbpt.
     Está claro que existen distintas especies de humanos, por un lado, y de monstruos, por otro. Nosotros somos los Grbpt, y al presentarnos queremos dejar claro que no tenemos nada que ver con un ser del espacio llamado Gurb, que no hace mucho anduvo por Barcelona. Es cierto que Grbpt y Gurb se pronuncian igual en todos los idiomas orales conocidos, pero eso es todo. Nosotros lo pronunciamos con acento catalán, pero esto no tiene nada que ver con Eduardo Mendoza y su novela Sin noticias de Gurb.

     Si acercamos la cámara al corro de la humanidad Grbpt podremos ver que los científicos siguen en primera línea del corro, aunque se les cuelan de vez en cuando algunos niños entre las piernas, que se sientan sobre el polvo sin alborotar demasiado, de momento no ha sido necesario llamarles la atención. 
     En cuanto a los trompetistas de la fanfarria que realza los Actos Institucionales, ya no se les ve. Se han puesto en modo stand by y aguardan bajo tierra a que sus servicios sean requeridos de nuevo. 
     Los vendedores callejeros han traído sus carritos de helados y demás, como si fuera una feria. No se atreven a vocear pregonando sus mercancías porque la humanidad Grbpt está asistiendo a una epifanía. 
     Algunos rezan, pero la mayoría se limita a llevar pintados en la cara los colores de la bandera Grbpt dando muestras de fe y patriotismo.

     En la segunda fila del corro podemos ver a la Profesora de Literatura, que ya no trabaja de profesora de literatura porque la despidieron por recomendar libros no incluidos en el temario de Historia de la Literatura Grbpt. Ahora trabaja de bibliotecaria en una biblioteca del extrarradio. 
     Detrás de la Profesora de Literatura está Ratón de Biblioteca, que le mira el culo con descaro. Desde que un día se cruzó en la calle con la Profesora de Literatura, Ratón de Biblioteca es un ratón de biblioteca y acude a la Biblioteca del Extrarradio cada día para pedir prestado un libro y así ver a la Profesora de Literatura, o más concretamente para poder contemplar un rato su cuerpo, que es lo único que le interesa de ella, mientras va pidiendo las obras clásicas de nuestra literatura para así impresionar a la Profesora, tan versada en versos y prosas clásicas.

     De repente pasa una centella y todos los que están mirando como Ratón de Biblioteca mira el culo de la Profesora de Literatura no se enteran de lo que fue y preguntan ¿Qué pasó, qué pasó...?
     Pues pasó Caminante Campestre, con prisa y sin la compañía de su sombra, y dijo El Gran Oráculo, no éste de aquí, que es sólo una efigie, sino el Gran Oráculo real, de carne y hueso, se ha redimensionado debido a la picadura de un escorpión agrandador y está ahora en la dimensión en la que viven y ven los monstruos del Planeta de los Monstruos. Habrá que hacer algo para protegerlo de esas alimañas, los malditos monstruos del Planeta de los Monstruos. Adiós.
     Todo eso lo dijo en milésimas de segundo y se fue, todos los Grbpt pudimos escucharlo, menos los sordos y los que estaban enfrascados en el asunto de la Profesora de Literatura y Ratón de Biblioteca.



Quince

     ¿Qué me estabas diciendo, Sombra, sobre las protestas contra las nuevas leyes y normas restrictivas que se les han impuesto a los monstruos debido a una pandemia que algunos llegan a negar que exista?
     Bueno, hay muchas enfermedades que existen y no son muy explícitas. Lo normal es no percibir las enfermedades de los demás.
     A los monstruos les molesta que les restrinjan libertades, y es difícil que algunos acepten que eso se hace por un bien común superior a las molestias particulares de cada cual. Como cuando un monstruo fuma y protesta porque le prohíben hacerlo en determinados sitios, sin darse cuenta de que se le prohíbe fumar en los pulmones de los demás y no sólo en los suyos propios.
     Los monstruos tendrán que aprender a gestionar esta situación, pero la polarización no ayuda. Muchos gobernantes son déspotas y no por tener que administrar la lucha contra la enfermedad van a empezar a ser empáticos y magnánimos. 
     La actitud normal de la gente es protestar por los males e injusticias que padecen. Cuando alguno es feliz no suele pregonarlo, lo disfruta. 
     El monstruo común vota, pero no se dedica a analizar con profundidad el mundo y la sociedad que le rodea, lo vive a flor de piel... y muchas veces reaccionan arrebatadamente porque forman parte del rebaño y los dirigen a correazos. Las peores injusticias no provocan algaradas, las peores injusticias llevan a silenciosas extinciones. El que protesta en grupo se siente arropado y estimulado. Es una sensación placentera por más que el que se significa pueda acabar represaliado.
     Por lo visto muchos de los que protestan, Cualquiera, son de extrema derecha y creo tener una explicación de ello. Se supone que la movilización social nace en la izquierda, que se agrupan para mejorar las condiciones de vida de la gente. Frente a ello, los conservadores no pueden limitarse a esperar y conformarse con que las cosas no cambien, necesitan que haya agitación entre sus filas. 
     El fascismo, el nazismo y la derecha tibia de los monstruos se movilizan enarbolando a veces la bandera de una revolución que no es tal. Se inventan problemas y perjuicios contra minorías y extranjeros para lanzarse a una lucha que acaba a veces en la optención del Poder y la revolución entonces pasa a ser involución.  
     Ahora, a parte del odio al débil y al diferente, los ultras han encontrado en la pandemia una forma de canalizar una exaltación por algo que no tiene que ver con políticas de derecha o izquierda; tiene que ver con ser o no ser solidarios. 
     También la gente progresista se ve afectada por las restricciones y la tristeza de una vida social limitada... y desearían bailar, rozarse, alternar como antes. Pero tienen un poco más de respeto por prójimo y no ponen por delante de todo su derecho a respirar a pleno pulmón en todas partes.

     Esta conversación o monólogo tiene lugar en La Gomera. Mientras tanto, en El Hierro el Presidente del Gobierno ha salido de su trance. Como la humanidad Grbpt está a su alrededor, no puede permitirse permanecer impasible o dubitativo. Levanta el mentón y camina en círculo en medio del corro de gente, saluda como cuando los monstruos toreros dan la vuelta al ruedo tras torturar y matar a una de esas personas con cuernos que sacrifican sólo por diversión.
     De repente se oyen silbidos de descontento y el Presidente del Gobierno enrojece de ira, pero rápidamente se tranquiliza al escuchar...
     -¡Fuera, este relato es muy aburrido, qué salga el Narrador a rendir cuentas!
     -¡Sí, que salga a la palestra!
     -¡Queremos erotismo y acción!
     -¡Y sexo salvaje, por favor!
     -¡No, no; lo que hace falta es una historia de amor!
     Esto último lo ha dicho la Profesora de Literatura, que aún no se ha dado cuenta de que la historia de amor ha comenzado ya porque Ratón de Biblioteca, al oírla reclamar contenido romántico entre estos renglones, se ha empalmado.

                Resquicio.

CONTINUARÁ...

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