Ausencia, solidaridad...
Ausencia, solidaridad...
05 01 La ausencia...
Resquicio deja de ir al mercadillo. Sus compañeros y amigos se preguntan cuál es el motivo de dicha ausencia.
Resquicio no escribe, ni pinta, ni abre los ordenadores para trabajar en sus fotografías y diseños; Resquicio no produce artesanía, que es la base de su sustento; Resquicio no saca a pasear a su perro Gracias, ni siquiera escucha musica, apenas se asoma al exterior; cuando ya no queda nada de comer en casa... va a la tienda del pueblo. Resquicio procura dormir y dormir, pero como no es posible dormir todo el rato, relee algún libro releído o revisionaba alguna película revisionada.
Gigi el Amoroso fue a verlo un par de veces... ¿Necesitas ayuda?
No, contesta Resqui... Soy yo el que tiene que reaccionar.
Otras veces se han producido estos altibajos, pero esta vez Resqui toca fondo. Ve como el no mucho dinero que tenía se va acabando, y las compras cada vez son menos variadas. Se le acaba el gas... Se acercael día que no tendrá mas remedio que salir de casa y pedir ayuda, para él y para su perro..
Vuelve a pasar Gigi... ¿Necesitas ayuda?
Sí, la necesito... porque ya no sé qué hacer, no me queda nada, mañana pensaba pedir ayuda para que atiendan a mi perro, y para mí...
Gigi abre la cartera, se guarda un billete para si y dice: Toma, no sé cuánto hay, no tienes que devolvérmelo...
Al día siguiente pasan por casa de Resquicio Trenzas de Fuego y Lamar de Raro.
Lamar y Trenzas, como Gigi, son compañeros de mercadillo, artistas y amigos entre si...
Como Gigi ha hecho su aportación de emergencia, Trenzas y Lamar regalan a Resquicio un par de botellas de butano y le animan a que retome su actividad, que vuelva al mercadillo...
Así ocurre durante unas semanas, aunque Resquicio no trabaja en casa y sus ventas disminuyen porque se van agotando las existencias... Al menos sale de casa los domingos para airearse y sociabilizarse.
Durante ese periodo de tiempo Resquicio recibe una notificación judicial... ha sido denunciado por los propietarios de la vivienda en la que reside... y en muy pocos días tendrá lugar el juicio, existiendo ya prefijada una fecha para el desahucio.
Resquicio va al juzgado y le dicen No pueden hacer eso, refiriéndose a recibir la notificación de la denuncia (entregada por la policía municipal) tan en el último momento. Resquicio pide un abogado de oficio y la fecha del juicio se pospone...
Lamar y Trenzas se van de viaje y Resquicio vuelve a dejar de ir al mercadillo.
Otro periodo similar... o el mismo (con un breve intermedio) que llega a durar seis meses aproximadamente.
Y así vuelve a llegar el día en que Resquicio no tiene nada para comer. En la tienda del pueblo siempre le han fiado, pero ¿cómo pedir que le fíen si no a pider pagar luego? Sus amigos le han ayudado la primera vez, pero ¿cómo pued acudir de nuevo a ellos sin poner nada de su parte?
Resquicio decide que el día que ya no pueda resistir más hará cualquier locura, amenazar a alguien, enfrentarse a la policía... para que, tras ocuparse de su perro, se ocupen de él y resolver como sea sus necesidades vitales primarias, aunque eso supusiera ir a la cárcel.
05 02 La solidaridad...
Resquicio sale de su casa con un cuchillo en el bolsillo y con el propósito de amenazar a alguien... para provocar su detención, y hasta lo esgrime ante un tipo con el que tiene una relación poco amistosa... pero éste no le hace mucho caso y se aleja.
No va a resultar fácil provocar una situación convincentemente grave... que lleve aparejada la intervención policial a sirena batiente, y luego un altercado que los agentes no puedan pasar por alto.
Laboriosa está en el tejado de su casa pintando. Se acerca el día de San Juan y el pueblo se engalana, las casas quieren lucir su mejor aspecto por fuera.
Resquicio le pide a Laboriosa que llame a la policía municipal explicando que él está en la calle amenazando a la gente con un cuchillo.
¡Qué dices!, ni van a venir, si ya te conocen!
Laboriosa está ahora junto a Resquicio y le dice: Mira, voy a casa y te traigo veinte euros para que vayas a la tienda y compres comida.
En la tienda del pueblo, Luz, al enterarse de la situación a que ha llegado Resquicio, no le cobra la compra y le da treinta euros, por su parte.
Ambas mujeres le dicen que van a hablar con doña Completa, concejala de Bienestar Social, que también es vecina del pueblo.
Señor Juez, estaría mintiendo si afirmara que este estado de abandono y desánimo que duró medio año fue provocado por la denuncia de desahucio , ya que ésta me fue notificada en mitad de ese periodo.
Ya con la denuncia presentada, la propietaria de la casa pasa por el pueblo ese mismo día. Resquicio le cuenta la situación y ella también hace su aportación para ayudarle a pesar de que ella y su familia quieren expulsarlo de la vivienda.
Es la hija de Luz, Ojazos, quién llama a doña Completa para exponerle el problema en que está empantanado Resquicio. Cuando ésta aparece por el pueblo, también Laboriosa habla con ella.
Es que no nos llevamos bien... arguye Completa.
Laboriosa insiste: Habla con él, está ahí y "sólo tiene los trapos", lo que pasa "es que está aburrido". Es la no desacertada visión de Laboriosa.
Completa se acerca a la casa de Resquicio, le quita de la cabeza las ideas descabelladas. "Hay otras soluciones, olvídate de hacer una locura o no te ayudaré. Mañana vamos a ir a los Servicios Sociales. Toma esto de mi parte, como vecina. El pasado no importa".
Y ya son cuatro las personas que han ayudado económicamente a Resquicio. En los días siguientes un par de personas más del pueblo hicieron su aportación. Y todos de forma espontánea, sin una petición expresa de ayuda, al enterarse de la situación a la que ha llegado Resquicio.
El abandono se trasluce al exterior de la casa de Resquicio, algunos pensaron que estaba de viaje. Quizá haya fallecido. Los más cercanos saben que está allí y casi no sale al exterior.
Resquicio empieza a actuar arreglando el asilvestrado patio delantero de su casa.
¿Estás limpiando?, pregunta Completa cuando vuelve a pasar por ahí.
Algo hay que hacer...
Sí...
Es el principio de una recuperación anímica, paralela a la material.
05 03 La solidaridad (y dos).
Resquicio tiene el carnet de conducir, el seguro del coche y la ITV caducados... Doña Completa le lleva esa mañana a Bienestar Social y allí habla durante más de una hora con Conchita Solidaria, la jefa de las asistentas sociales. No sé si es la jefa, es la encargada de hacer una primera valoración del posible usuario del servicio, del ciudadano que pide ayuda.
Solidaria ya conoce a Resquicio, hace años solicitó su ayuda para obtener la exención temporal del pago de las cuotas mensuales del mercadillo. Más recientemente, él le ha hablado de la insostenibilidad de su situación laboral en el mercadillo, de las deudas que se van acumulando con Hacienda y con el propio Ayuntamiento. Se hizo referencia a una ayuda por parte de la comunidad canaria y de sus requisitos para poder percibirla, pero no se inició ningún trámite.
Solidaria lamenta que Resquicio haya llegado a esta situación. "La cárcel está llena de mala gente y tú eres una buena persona".
Cuando Resquicio le cuenta cómo le ha ayudado la gente del pueblo al empezar a contar lo que le estaba pasando... se emocionan un poco ambos.
Solidaria inicia una serie de trámites para sacarlo del pozo. Para empezar, ayuda alimentaria, que es la base de cualquier recuperación.
También realiza gestiones referidas al proceso de desahucio, que fructifican en una primera paralización del desalojo previsto para el 14 de junio de 2019. Fue ella quien contactó con la abogada de oficio y la procuradora que Resquicio tenía asignadas.
El juicio en realidad no se había producido al estar el acusado oficialmente ilocalizable. Se dictó una sentencia favorable a los demandantes. Posteriormente, gracias a las gestiones de Solidaria, se dictaminó que el desahucio se paralizaba y que el juicio oral estaba en marcha, que iba a tener lugar más adelante.
A partir de ese día los servicios sociales harán un seguimiento de la situación de Resquicio, que incluye visitas periódicas a su casa, para constatar la situación en la que está viviendo, su estado anímico, etc.
Solidaria le dice que vaya a hablar con el funcionario que lleva los asuntos del mercadillo, y así lo hace.
Ogro Bueno escucha la narración Resquicio. Él es plenamente consciente de sus ausencias del mercadillo y sabe que no tiene más ingresos que los que le aporta éste.
Independientemente de una posible pérdida de la licencia para vender, que quizá se produzca en el futuro, Ogro Bueno anima a Resquicio a que el domingo siguiente acuda a trabajar, ya que cualquier ganancia, por pequeña que sea, le ayudará a empezar a remontar su situación.
Es un criterio acertado, que Resquicio sigue. Ese domingo vuelve a trabajar, gana unos eurillos y, aunque no le resulta fácil dar explicaciones, cuenta a quien le pregunta los motivos de su reiterada ausencia del mercadillo.
La primera en enterarse es su vecina de puesto, que derrama unas lágrimas y le dice que entre todos le echarán una mano. Y así fue, esa mañana Flor de Gambia pasó por los puestos de los compañeros y efectuaron una pequeña (gran) colecta, que entregaron a Resquicio.
Son doscientos euros en el mercadillo y otros doscientos en el pueblo, para que Resquicio empiece los trámites que le permitirán seguir conduciendo.
Y los trámites se realizaron con éxito.
05 04 El despacho.
En el despacho de Conchita Solidaria a veces uno se encuentra a Compungida. ¿Qué hace ahí? Principalmente pone una expresión facial atenta, tensa y profesional para escuchar las desdichas que han traído al ciudadano hasta ahí.
A veces la primera palabra que sale de la boca de Compungida es No. Puede que sea una forma de validar la veracidad de lo que cuenta el ciudadano menesteroso. Si tras un No inicial el solicitante no se desvanece, si regresa e insiste... el problema que le aqueja no es pasajero ni su demanda de ayuda un capricho.
Si esa negativa inicial provoca víctimas desconsoladas irrecuperables no podemos saberlo. Si prestas atención se puede oír un reguero de quejas por las calles y las pedanías del municipio: No me ayudaron, No hacen nada, A unos sí y a otros no...
Siempre hay una salida, dice Gigi incentivando a Resquicio.
Si un ciudadano se ve superado por las circunstancias, ahí están los servicios sociales para actuar. Las políticas de reinserción social suplen y mejoran la tradicional caridad ejercida por personas o instituciones filantrópicas o religiosas.
Quienes realizan este trabajo son casi exclusivamente mujeres, seres empáticos por naturaleza o vocación o profesión, que tienen que adaptarse a las políticas de la Administración... tanto municipal como regional como estatal.
En el día a día no sabemos dónde reside Compungida, quizá duerma entre los expedientes no resueltos. En el despacho, que muchas veces tiene la puerta abierta, sólo se ve a Conchita Solidaria.
Conchita dice a Resquicio que ha llegado el momento de gestionar una ayuda inicial del Ayuntamiento y empezar los trámites para poder percibir la Prestación Canaria de Inserción. Pero ese asunto no lo lleva ella, por lo que le presenta a la encargada de ello, P.
P. ya tiene referencias de quién es Resquicio y de las circunstancias en que está inmerso. Aún así, Resquicio vuelve a contarle todo. Para que las ayudas se den, Resquicio debe acudir mensualmente al despacho de P. Es un seguimiento de la evolución de su situación. No acudir implica no recibir ayuda. Puede haber otros motivos que conllevan la extinción de la ayuda, pero en principio el seguimiento no es para fiscalizar conductas irregulares sino para perseverar en el apoyo de la persona que ha caído en unas dificultades de las que le cuesta salir por sus propios medios.
Aquí no podemos hablar de otros casos. Esta es la historia de Resquicio contada por Resquicio, con todos los errores y las malas interpretaciones que uno puede cometer.
05 05 Conchita.
Antes de dejarlo en manos de P., Conchita tuvo que hacer algunas gestiones porque Resquicio estaba inmerso en un proceso de desahucio y fue ella quien se puso en contacto con la abogada y la procuradora que Resquicio tenía asignadas.
También gestionó la apertura de una cuenta social en el mismo banco en el que, un tiempo atrás, se había dado de baja agobiado por las dentelladas que a sus ahorros le propinaban Hacienda y el mismo banco.
Quizá por eso Resquicio escribió para ella esta novela, condensada:
... repiquetean las cucharitas en el comedor de la guardería pública. Es la música que le gusta a Conchita Solidaria...
05 06 Entré en el banco desarmado...
Entré en el Banco de Siempre desarmado, tras una larga ausencia debido a mi último viaje por del espacio. Tuve que dejar a mi compañero el cuadrúpedo y científico matemático Gracias Negro en casa... porque imaginé que los bancos no habrían cambiado tanto, en el tiempo y el espacio de la Tierra, como para atender a los clientes con servicio gratuito de guardería para bebés y mascotas.
En algunas galaxias puede ser, pero en la Vía Láctea las cosas tienden a la conservación, y no a la conservación del medio ambiente, por ejemplo, sino a la conservación de los privilegios de unos pocos y el sometimiento de las masas.
Pero cometí un error. El Banco de Siempre estaba francamente cambiado. No había ni rastro del mostrador donde el cajero o la cajera acostumbraban a despachar; ni rastro de los asientos donde antiguamente los habitantes del planeta se sentaban esperando a ser atendidos.
En mi última estancia en la Tierra, en los bancos se formaban colas interminables de clientes mal atendidos. Algunos morían de inanición y el personal ocultaba los cadáveres bajo la alfombra. Todo era un complot para deshacerse de un gran número de empleados de los bancos y que los clientes se vieran obligados a aprender a hacer los trámites atendidos por máquinas, en principio más dóciles y no sindicadas.
Ahora el Banco de Siempre no parece a un banco. No se parece a la idea que siempre he tenido de un banco.
La puerta se abre automáticamente y veo unas mesas redondas con sus correspondientes sillas alrededor, como si fuera un bar en el que pasar un rato tomándose algo.
A primera mano un pequeño estand atendido por una pulcra azafata. ¿Será Atención al Cliente? En la ese mostrador está escrito HOLA, a lo que contesto alegremente ¡Hola! Pero la tarima no responde. Sí la azafata, muy cordial. Le explico que el objeto de mi visita es abrir una cuenta corriente en el Banco de Siempre, que ya fui cliente del mismo, que la cuenta se canceló y que traigo con un documento oficial de los servicios sociales. Entonces la azafata, que quizá no sea de carne y hueso, salta como un resorte diciendo "¡Nuestras comisiones...!" Pero le corto en seco Nada de comisiones, según la documentación que afortunadamente puedo aportar. Se trata de un documento elaborado por P., con la colaboración de Conchita y la firma oficial del Dios Beta.
Esto desarma un poco al artilugio mecánico o azafata de carne y hueso. Me invita a sentarme en una de esas mesas de bar, tan relajantes, y permanecer a la espera de… ¿de qué?, ¿de que algún robot me atienda?, ¿de que algún dron me destruya? ¿Será eso?
Pues no, no fue eso. Lo primero que sucedió fue una pesquisa comprobativa de una empleada humana, a la que tuve que explicar los términos en que la legalidad vigente exige que el Banco me abra una cuenta nueva... con la condición de que sea gratuita, por comprobada precaridad económica, para poder percibir en ella una ayuda para la reinserción social de vagabundos espaciales sin recursos. La empleada me invita a seguir esperando.
Luego llega Pablo.
¿Tú eres Pablo Iglesias?, pregunto.
No, soy otro, ni mejor ni peor, diferente.
Ah, digo, y le comento que soy un vagabundo espacial. Le repito las condiciones en que la administración (los servicios sociales terrestres de la Villa de Cuadriculez) me permiten abrir una cuenta corriente, y entonces sí, Pablo reconoce que eso es posible, legal, es una cuenta bancaria de inserción social, pero como todo está jodidamente automatizado y estamos azotados por una pandemia, se requiere efectuar el trámite con cita previa, por ejemplo el próximo lunes a las once...
Perfecto...
Mientras Pablo ¿Iglesias? está haciendo los trámites con el ordenador para darme cita, le pido permiso para hacer unas preguntas como si no fuera un cliente, de ser humano a ser humano. La situación puede ser un poco irregular, pero Pablo, que al parecer no es una máquina, escucha...
Le cuento que he arribado recientemente a la Tierra y que durante un tiempo no he contado ni con teléfono móvil ni con cuenta bancaria, y que esto último ha sido lo más difícil de resolver. Hoy en día no puedes hacer nada sin esas dos cosas. Si no cuentas con ellas, no existes. Y si resulta que no sabes manejarte en el ciberespacio, serás un paria de la modernidad por los siglos de los siglos, a lo ancho y a lo largo de todas las galaxias por las que nos desperdiguemos.
Pablo aduce que esa modernidad es el Progreso.
Le replico que todo este presunto progreso no es más que un ardid, para prescindir de personal y que trabajen las máquinas, sin cotizar ni contestatar.
Pablo dice que en eso, hasta él puede estar de acuerdo.
Entonces me comprometo a acudir el próximo lunes desarmado al Banco de Siempre. Y sin la compañía del científico matemático cuadrúpedo, tan dado a alzar la pata y a mear por los rincones de los Bancos y de cualquier negocio mierdoso y capitalista.
Cuando salí del Banco de Siempre vi un pequeño león subido en el alféizar de una ventana.
Al lado de donde estaba el león había un puesto de artesanía de encaje de bolillos. Le pregunta al del puesto si el león es suyo, pero No.
Es un león perdido o abandonado.
Buf, una nueva responsabilidad para el vagabundo espacial, y ¿qué comen los leones?, ¿vacas?, ¿vacas vivas o fileteadas? El del puesto de encaje de bolillos está muy serio, se niega a sonreír a pesar de que le invito a ello.
Quien no sonríe cuando puede y le invitan a ello... en fin...
Me largo silbando y silbándole a mi leoncito.
Lazarus Long el Nuevo.
Nota: Lazarus Long es un personaje de las novelas de Robert A. Heinlein, por ejemplo Las cien vidas de Lazarus Long.
Lazarus Long el Nuevo es una reencarnación fraudulenta de aquél.
05 07 P.
Resquicio tiene hoy cita con P., a la que llamaremos Pe Punto, porque suena mejor, aunque suena igual en la oreja, suena mejor en el oído de los ojos.
¿Quién es Pe Punto? Estamos investigando y todas las palabras y definiciones son aciagas, si empiezan por la letra P, por lo que de momento lo dejamos en el aire...
Pe Punto tiene algo de Oficinista y también algo de Empática, por lo que su nombre puede variar en breve... o en largo. También tiene algo de Evaluadora, pero con Resquicio siempre puede darse la paradoja de que el evaluador salga evaluado.
Resquicio, está un poco harto de contar una y otra vez las circunstancias y los caminos que le han llevado hasta ahí, por lo que le pasa una copia de la autobiografía cibernética que ha empezado a publicar en Internet. Le explica a Pe Punto quién es doña Completa, quién Gasolinero Junior, quién Conchita Solidaria, quién Ogro Bueno (Pe Punto sonríe) y quién es Dios Beta (Pe Punto estalla en risas).
¡Qué falta de profesionalidad!, insinúa Resquicio.
Una absoluta falta de profesionalidad, corrobora Pe.
A pesar de ello, los protagonistas de este capítulo de Risas y Llantos han podido dedicar diez minutos a cosas serias, asuntos administrativos.
El próximo jueves, a la una aproximadamente, Conchita y Pe se pasarán por Picocolorao. No está claro si lo harán para otear el horizonte o con la intención de escalar el pico y hacer cumbre al primer intento.
05 08 P. (y dos).
Conchita Solidaria y Pe, que al parecer se llama Penélope, estuvieron ayer en Picocolorao, pero se limitaron a hacer una visita al primer campamento base, que los lugareños llaman el Cobertizo, y a la vieja casa donde se ha refugiado Resquicio.
No quisieron escalar hasta el Escondrijo, ni comprobar si todavía hay algún guerrillero escondido allí, negándose a admitir la derrota en la última guerra civil oficial.
Tampoco se dieron cuenta de que el terraplén que está un poco más abajo de la casa no va a ser un helipuerto, ni un improvisado museo de maderas viejas pintarrajeadas expuestas al los elementos. Ese espacio va a convertirse en breve en el Estadio Margullo de Fuego.
En ese estadio jugará el club AVCD Margullo de Fuego. Esto es, la Asociación Vecinal Cultural y Depor(ar)tística Margullo de Fuego.
Margullo de Fuego en realidad es una tapadera, y los once componentes del equipo de fútbol en realidad son una misma persona, que es capaz de sacar de banda y recibir el balón él mismo, ya con un número de dorsal diferente y una peluca de distinto color en la cabeza... sin que se den cuenta el árbitro, ni sus asistentes... ¡y sin que se aperciba de ello el mismísimo VAR!
Los partidos están programados para los jueves, las taquillas y las líneas de blanca cal no aparecen de momento, el césped no está en buenas condiciones. Una valla publicitaria se levantará en el fondo norte con el viejo lema soñado por Resquicio: Los jueves mercadillo ilegal en Picocolorao, y por la noche actividades culturales sin licencia...
Penélope sigue empeñada en que cada vez que nos vemos dediquemos un rato a cosas serias, ¡qué lata!, así que me ha hecho firmar un papel técnico para poder percibir la Prestación Canaria de Inserción… pero me temo que pueda haberme afiliado al Partido Comunista Italiano, por no leer la letra pequeña. También ha gestionado que, gracias a un informe de la Policía Municipal, pueda estar empadronado en Picocolorao. Y con la necesaria firma del alcalde conseguida, podré abrir una cuenta social en un banco.
05 09 El ogro...
Un día Resquicio entró en la oficina de Ogro Bueno con la cara embadurnada de pintura carnavalera... aunque en ese momento no era Carnaval.
Cuando Ogro ve a Resquicio comenta: Anda pero si es Resquicio... pero “de Mamarracho”...
Ese mismo día nació Mamarracho Pintarrajeado, que vive en un universo paralelo.
¿En un universo para lelo?
Oye, sin faltar, que por menos de eso se enchirona a la gente en los Universos Para Lelos Oficiales, dicen a coro los fiscales de todo el espectro galáctico de universos paralelos que hay para leerlos.
Tú, ni caso, Mamarracho, que siempre queda el recurso de salir corriendo, que si es por los jueces, con sus largas togas y sus pesados martillos sentenciadores, no van a conseguir echarte el guante. Para que te atrapen habrían de llamar a los lacayos de la justicia, y los trámites de la Justicia son lentos, porque los que la administran se tocan los cojones, cuando no se dedican a tocar los cojones a los demás.
05 10 Entré en el banco desarmado (y dos).
Volví a entrar en el Banco de Siempre desarmado... la recepcionista me hace pasar "hasta el fondo", donde una relajante mesa de bar me espera. En otra mesa está sentada una señora, frente a una enorme pantalla plana que emite en bucle publicidad de la Entidad, y la señora muestra en sus ojos síntomas evidentes de estar prácticamente abducida.
Lazarus Long el Nuevo se sienta de espaldas a la pantalla, frente a una pared azul con cuatro círculos artísticos rojos. Dos de ellos son puro ornamento pictórico. Los otros dos son cajas fuertes que exhiben la rueda esa con ela que, tras introducir la clave pertinente, se puede desbloquear la pesada losa de acero que, así, desvela lo que esconde y guarda.
Una de las cajas fuertes tiene su puerta con forma de puerta. Esto es, del tamaño de las puertas con que se entra a las casas. La otra parece el acceso a una madriguera, parece un butrón con cerradura al que sólo es posible entrar reptando.
Lazarus Long el Nuevo se pregunta por qué la entidad necesita dos cajas fuentes y qué significa que una parezca la puerta de acceso a un palacio, o al mismísimo paraíso musulmán con sus ríos de leche y sus huríes... mientras que la otra parece el acceso a una angosta mina, a una trinchera sin duda repleta de cadáveres.
La Entidad ¿en cuál de las dos cajas fuertes guardará lo esencial, los elementos de más valor?, y esos elementos ¿son el papel moneda o los documentos firmados y sellados en los que los ciudadanos del planeta les venden el alma a la Entidad, a cambio de una ilusión seguida de unos cuantos ceros en fila. Oh fila de ceros que cuál pasacalles o fanfarria de fiesta mayor hace que los terrícolas sigan entrando en la Entidad, como si en ella residiera el mimísimo flautista de Hamelín.
Lazarus Long el Nuevo sigue elucubrando sobre las cajas fuertes. ¿Y si los aparentes accesos a las mismas fueran puro ornamento, y las verdaderas cajas estuvieran camufladas en los círculos rojos pintados?
Lazarus empieza a imaginar códigos secretos que pudieran abrir esas puertas verdaderas que parecen ficticias; está a punto de gritar Ábrete sésamo, cuando de repente empieza a sonar una música hipnótica que se sobrepone al murmullo de las conversaciones. Sin duda es música paralizante antiatracadores, ¿cada cuántos minutos la emitirán?, ¿dará tiempo, entre emisión y emisión a...?
La música ha resultado efectiva. La señora de al lado está conversando tranquilamente con una empleada, ella con un teléfono móvil en la mano, la amable empleada con una tableta inalámbrica. Puede que la conversación se produzca entre los dos artilugios, pero se nota en la cara de la señora que todo va bien, es feliz. Parece que los trabajadores de la Entidad son buena gente...
Cabe la posibilidad de que algunas de las cámaras de vigilancia estén programadas para detectar a aquellos clientes que se sientan de espaldas a la pantalla plana hipnotizadora, en cuyo caso despegan unos microdrones de un microaeropuerto secreto camuflado en los conductos del aire acondicionado. Los microdrones detectan automáticamente al cliente renuente, se lanzan de forma kamikace contra algún espacio de piel visible y le inoculan sustancias químicas que convierten al cliente más díscolo en un sumiso y dócil cliente perfecto.
Ahora pasa frente a Lazarus Long el Nuevo un artilugio mecánico o androide en forma de bonita señorita, que le dice En seguida viene Pablo.
Lazarus, receloso, pregunta ¿Pablo Iglesias o Pablo Casado? La máquina o linda señorita responde que Pablo Asecas, y esboza una sonrisa, seguramente falsa y ciberprogramada, mientras se aleja.
La pantalla plana himnótica, la música paralizante, las androides amables... Lazarus se lleva instintivamente la mano bajo la falda escocesa, pero ahí no está su desintegradora. ¿Será esta vez sí el fin?
Entonces llega el señor Asecas, que seguramente irradia un perfume hipnótico, porque Lazarus piensa que total no ha tenido que esperar ni cinco minutos, cuando seguramente lleva años aguardándolo y no es capaz de percibir esa realidad debido al perfume inibidor de descontento del local.
El señor Asecas efectúa el trámite para que de nuevo el vagabundo espacial esté registrado en el banco, una cuenta de mantenimiento gratuita, una cuenta que permitirá a los servicios sociales terrestres canarios aportarle en breve una ayuda de emergencia, y luego una asignación mensual... Si se porta bien, claro.
Ay, Lazarus, quien te ha visto y quien te ve, estás acabado, te van a domesticar.
El amable señor Asecas se despide, le recuerda que dentro de diez días puede recoger su tarjeta, con la que se puede sacar dinero desde cualquier planeta habitado de la Vía Láctea, y también en los de las galaxias aledañas no beligerantes.
Y le tiende la mano. ¿Será esa mano un artilugio mecánico que atrape definitivamente a Lazarus?
No, Lazarus sobrevive al apretón de manos del señor Asecas. Pero está a punto de desmayarse cuando Asecas en lugar de llamarle Señor Cliente Lazarus Long el Nuevo, le dice Loren. ¿Cómo se habrán enterado, la Entidad y Asecas, de cuál fue la primera identidad de Lazarus?
Dada su increíble e ilegal longevidad, ha tenido que ir cambiando de nombre, tramitando falsa documentación, a lo largo de los milenios terrestres.
Lazarus sale del Banco de Siempre y echa un vistazo al dragón de César Manrique, que ya en el Pleistoceno estaba en esa sucursal, y es lo único que no ha cambiado. Piensa ¿y qué tendrá que ver el arte con el dinero? Por desgracia esa relación existe, pero es fraudulenta; hay unan jauría de especuladores dispuestos a poner precio a lo que no lo tiene ni puede tenerlo.
Resquicio.
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