Guerras (y dos).
08 17 Guerras (y dos).
Hace seiscientos treinta y siete días que empezó la guerra en Ucrania.
Hace cuarenta y tres días que empezó la guerra en Gaza.
No me doy mucha prisa en opinar y tomar partido.
Por otro lado, los hacedores de guerras nos obligan a tomar partido y prefieren que opinemos sólo dentro del redil de lo que toca en cada momento y en cada lugar. No siempre hay que seguirles el paso, aunque las poblaciones implicadas en los conflictos armados difícilmente pueden abstraerse y habitar en la indiferencia. El mundo se les viene encima.
Yo estaba con deseos de escribir algo que podría haberse titulado Sáhara Occidental, Palestina y Cataluña. Ahora parece una frivolidad asociar Cataluña y Palestina en una misma reflexión.
Quería desarrollar la tesis de que en la ocupación de un territorio llega un punto en que la situación se hace irreversible y una hipotética reconquista creará tantas arbitrariedades e injusticias como la conquista en sí.
Si de la noche a la mañana surge y es oficializado un estado llamado República Árabe Saharaui Occidental habrá una población marroquí en ese territorio que se sentirá incómoda y quizá se vea impelida a regresar a la tierra de sus ancestros.
Por tomar una perspectiva más amplia, si hay que devolver Manhattan a las tribus precolombinas, pues no parece muy realista ni posible. A lo sumo, cuando el daño ya está hecho, algunos repasan la historia y piden perdón. Alemania pide perdón por el holocausto judío. Turquía aún no pide perdón ni reconoce el holocausto armenio. Algunos españoles sabemos que la conquista americana fue un genocidio mientras otros sólo saben ver en ello una gesta heroica civilizadora. Dicen que fue una conquista más amable que la anglosajona porque hubo un mestizaje, pero ese mestizaje fue más bien el fruto de violaciones sistemáticas.
-¡Creamos universidades!
-¡Sí, tras acabar con civilizaciones que tenían incluso cultura escrita, de la que poco se salvó de la quema!
En una historiografía de la creación de Israel el autor argüía que ahí no había nada, que tuvieron que desecar pantanos inmundos para crear un vergel. También se dice que Palestina no existía porque formaba parte del Imperio Británico. Lo cierto es que había gente. Aunque fueran nómadas o aunque pudieran vestir taparrabos, los judíos crearon su estado moderno en tierra de otros. Lo hicieron bendecidos por una votación en la ONU en la que los países occidentales deseaba revertir el sufrimiento del pueblo judío habido durante la Segunda Guerra Mundial, otorgándoles un hogar en una tierra que, además, tenía reminiscencias de un pasado histórico y hasta bíblico.
Más les valdría a esos países obligarse a sí mismos a cicatrizar el problema del antisemitismo en tierra propia y, si acaso era imprescindible que existiera un estado judío en el mundo, ceder una parte de su propio territorio para que existiera ese Israel en su propia casa. Cuanto más empeño pusieran en que existiera Israel en Oriente Medio, más grande debería ser el pedazo de territorio propio que esos países deberían haber cedido a los judíos... en Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Polonia, España, Portugal... para que así pueda perdonárseles la culpa de todo lo que ha pasado a posteriori. Díganles a esos gobiernos que lo hagan hoy mismo, que cedan ese territorio propio a un Israel correctamente situado en el mundo, y si acaso se pone alguien a reflexionar sobre esa posibilidad, van a sentir la mil millonésima parte de la angustia y la desesperanza que han echado sobre el pueblo palestino.
No creo que Israel exista gracias al poder de lobby judío y sus intrigas. Israel existe porque los países occidentales lo crearon y lo han sustentado siempre. Ya tiene mucho poder y es un estado entre democrático y teocrático. Su existencia es irreversible.
En realidad no hubiera costado tanto crear un estado multirracial y multirreligioso que posiblemente se habría convertido en un faro de tolerancia en la región. Si consideramos que los judíos no tenían nada, a parte de algún dinero para empezar a comprar algunas parcelas, ¿por qué no obligarles a crear un estado tolerante e interracial? No, la ONU dictaminó que en un mismo territorio iban a convivir dos estados, como si los Estados no fueran el verdadero Satán de todas las religiones y de todos los nacionalismos.
Perdón, la última frase sólo va dedicada a los creyentes. Los ateos y ex anarquistas como yo creemos que los estados deben existir porque romperlos resulta peor que mantenerlos. Como que a las religiones no hay que prohibirlas, sino circunscribirlas a la intimidad de quien las precise. Los estados, democráticos, participativos y aconfesionales.
Es muy triste que ciertos milicianos posiblemente adoctrinados hasta el fanatismo saltaran los muros en que estaban confinados y rompieran la apacible urbanidad de un país rico, moderno y aparentemente democrático para cometer crueldades inconcebibles contra una gente que estaba disfrutando de su libertad de acción y pensamiento. Masacraron a una multitud que estaba de fiesta, bailando y vistiendo como se les antojara.
Para hacer eso ¿basta con el resentimiento contra el racismo y las ocupación israelíes o es imprescindible una inyección foránea de yihadismo e insensibilidad?
¿Creían los milicianos que iban a revertir en algo la situación de su pueblo? ¿No estaba claro que al actuar de ese modo estaban dando un paso más hacia la desaparición de Palestina? Eso es lo que pasa con los que se inmolan, nunca miran lo que dejan atrás. Hacen su camino glorioso y merecen pasar media eternidad entre detritus y vísceras viscosas, y la otra media arrepintiéndose de sus actos.
En Manhattan hay sitio para los amerindios que quedan. En el Sáhara Occidental hay sitio para los saharauis. Israel es Palestina ocupada y ¿qué debemos hacer pensar sentir decir para que en Palestina haya sitio para los palestinos?
¿Y Cataluña? Quizá sea fácil explicarla a los extraterrestres.
Si yo creo en el derecho de autodeterminación de kurdos, chechenos, saharauis o palestinos, creo en el derecho de autodeterminación de Cataluña.
Cuando un territorio se autodetermina la metrópoli no tiene voto en si sí o si no se crea un nuevo estado. Muchas veces el derecho de autodeterminación es negado y la independencia acaba siendo arrancada a quien la niega porque el mundo es incapaz de asistir impasible al sufrimiento de una región masacrada. A veces en los procesos independentistas confluyen otros intereses muy distintos de los humanitarios. También se han dado casos de secesiones civilizadas entre pueblos que han acabado hermanados como buenos vecinos. La tragedia y la guerra no son inexorables.
Si Cataluña se independiza no sólo se rompe la unidad de España, sino también la de los Països Catalans. La Cataluña que quiere independencia no puede incluir en su demanda a Valencia y Baleares porque estos territorios se sentirían violentados.
Si España concediera el derecho de autodeterminación a los Països Catalans es difícil que en el conjunto de esos tres territorios hubiera una mayoría a favor de la autodeterminación, pero seguro que muchos catalanes se sentirían reconfortados. Incluso conceder el derecho de autodeterminación a Cataluña podría ser tan reconfortante que los catalanes decidieran ejercerlo en otro momento y seguir formando parte de este país.
España se formó por la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón. Los que claman por la sacrosanta unidad de España no sienten que eso sea así. Consideran que lo catalán no forma parte de esa españolidad, así que son a la vez una fuerza centrípeta y centrífuga.
La voluntad de hacerse independiente debe ser inequívoca y persistente en el tiempo. En Montenegro se exigió que el porcentaje de síes llegara al cincuenta y dos por ciento para concederla. Que sea persistente en el tiempo quiere decir que no se pueda llegar a votar por la independencia sólo como respuesta a una situación coyuntural o como reacción a una decisión impopular del gobierno central. Además, para marcharse del país debería pagarse un pequeño canon de solidaridad con el resto de las regiones, para que la independencia no pueda llegar a ser un simple negocio boyante de una parte privilegiada del conjunto.
Si Cataluña fuera un nuevo estado la población castellanoparlante o españolista tendría los mismos derechos de autodeterminación que ahora se reclaman en el sentido contrario. De hecho Cataluña es eso, una región donde una parte de la población se siente una protonación mientras otra parte siente que forma parte de una España a la que también consideran su nación.
También hay gente que siente un poco de cada cosa, pero esta postura no está muy de moda porque la polarización lleva tiempo hirviendo en la caldera de los medios de comunicación. Un desenlace sin vencedores ni vencidos es lo único que podría hacer que el ciudadano común volviera a sentirse cómodo en una ambivalencia enriquecedora de sentirse ambas cosas, catalán y español.
La derecha histérica española tradicionalmente viaja a remolque de las innovaciones que los gobiernos progresistas han ido proponiendo. Se han opuesto ferozmente a todo cambio hasta que acaban aceptando el divorcio, los matrimonios homosexuales, etcétera.
Es cierto que la izquierda ahora ha necesitado los votos de los independentistas para seguir gobernando. Algunos de los parlamentarios que han votado esta alianza igual ni creen mucho en eso de conceder derechos como el de poder expresarse en la lengua propia en las instituciones estatales, pero puede que sin proponérselo hayan dado con una solución: apreciar y querer lo catalán y dejarles decidir su futuro. Cuanto más amor se les dé menos ganas tendrán de abandonar la cama.
El sentimiento de identidad nacional catalán es real y ancestral pero no exclusivo. Mucha gente en Cataluña ha puesto su empeño en conseguir la independencia y es difícil que lleguen a apreciar y a reconocer que la permanencia en España también tiene algunas ventajas para ellos.
El intento de forzar un referéndum de autodeterminación fue ilegal, pero no se les dejó otra alternativa que actuar de ese modo. Ha habido ensañamiento judicial contra todo lo que rodeó al llamado Procés. Un perdón, una amnistía, parece algo positivo y razonable. No provocaron una guerra, intentaron expresarse, y sí, quisieron romper la legalidad, pero ¿cuántas veces el progreso no ha implicado deshacerse de ciertas normas encorsetadoras?
¿Podría todo esto desencadenar una guerra civil? Ha ocurrido en otros lugares y algunos mencionan el caso de Yugoslavia, que se subdividió en siete repúblicas tras la violencia de un estado central que se negaba a perder su hegemonía y las poblaciones locales que se vieron forzadas a tomar partido por el bando propio.
Las poblaciones fluctúan y las fronteras son un poco más rígidas que la movilidad de la gente. De la conciencia de identidad propia a la limpieza étnica va un paso. Ni España ni Cataluña son eternas aunque se lo parezca al individuo de carne y hueso, acabarán seguro derivando en otra cosa, así que si alguien quiere matar o dejarse matar por algo realmente perecedero, pues que no lo haga porque la gloria de los héroes patrios no calienta suficiente los huesos en la tumba.
En cuanto a la guerra de Ucrania, Putin sigue siendo un dictador en ejercicio y los ucranianos siguen siendo demasiado nacionalistas, quieren recuperar las regiones filorrusas. Occidente sigue alimentando la hoguera más allá de ayudar a un país invadido. Los países occidentales son un contendiente indirecto pero necesario para el equilibrio de fuerzas. Parece que nadie va a ganar. Van a seguir ganando los fabricantes de armas
Resquicio, dieciocho de noviembre de dos mil veintitrés.
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