Los dibujos de Resquicio A.
22 Los dibujos de Resquicio A.
001 Susurros.
Hay susurros que descuadriculan.
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004 Guitarra al sol.
La guitarra quizá no tiene cuerdas, pero suena.
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005 El Ser en vertical.
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006 El Ser en horizontal.
Por ahí llega un dron, voy a meterme en la guarida.
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008 Maca.
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009 Sinapsis exterior.
Las miradas pueden ver mis pensamientos. Nudismo interior, sinapsis exterior.
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010 Aleteos.
No creo eso del efecto mariposa, son filigranas mentales pseudocientíficas.
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En alguna función ancestral cognitiva, estamos preparados para reconocer caras, estamos alerta para descubrir miradas en la espesura.
Quizá por eso algunas piedras tienen una marcada fisonomía humana, salvo que las haya esculpido alguien, a parte del azar.
Quizá por eso, en los trozos de madera vieja, hay tantos ojos que nos miran.
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013 Literato.
Mi vocación siempre fue escribir, pero aún no se han descubierto las vocales. La Real Academia Española de la Lengua está pendiente de ello. Se visten de gala esperando el advenimiento del eslabón perdido de la locuacidad.
El pulgar oponible, que permite manipular objetos con pericia, la domesticación del fuego, la invención de la rueda y la aparición de las vocales en las palabras pronunciadas, serán hitos importantes en la evolución de la humanidad, que así podrá dejar de gruñir, a ratos.
El pulgar oponible, que permite manipular objetos con pericia, la domesticación del fuego, la invención de la rueda y la aparición de las vocales en las palabras pronunciadas, serán hitos importantes en la evolución de la humanidad, que así podrá dejar de gruñir, a ratos.
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014 Abstención.
No tengo nada que decir. No aportaré nada al acervo cultural y mediático de esta era. Vengo a ser un simple huevo frito.
Puedes imprimirme en 3D y pegarme con un imán a la nevera. Con el tiempo seré óxido.
Puedes imprimirme en pasta alimenticia y dorarme al horno. Digerido y excretado, fertilizaré el silencio de las amapolas.
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015 Parpadeos.
Los días tatúan la palabra Edad sobre mi piel.
Las noches escriben párrafos codificados. A veces, también, telegramas parpadeantes que la luz acaba desvaneciendo.
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016 Vaivén o carrusel.
He permanecido cinco meses deshabitado.
O habitado por un triste inepto.
Habitado quizá por un desocupa. Los desocupas son los peores ocupas. Divagación improcedente. La extirparé luego.
El tobogán viene y va. Es un péndulo inagotable.
O quizá todo es un simple carrusel. Un falso viaje de huida, o puede que exploratorio.
Al carrusel le da el sol durante unos meses.
Luego le da la sombra durante otros, en cada viraje.
Cuando el carrusel pase frente a ti te saludaré. Ayer pasé con los ojos cerrados y únicamente te saludé por dentro. El silencio retumbó en alguna habitación del tórax.
O habitado por un triste inepto.
Habitado quizá por un desocupa. Los desocupas son los peores ocupas. Divagación improcedente. La extirparé luego.
El tobogán viene y va. Es un péndulo inagotable.
O quizá todo es un simple carrusel. Un falso viaje de huida, o puede que exploratorio.
Al carrusel le da el sol durante unos meses.
Luego le da la sombra durante otros, en cada viraje.
Cuando el carrusel pase frente a ti te saludaré. Ayer pasé con los ojos cerrados y únicamente te saludé por dentro. El silencio retumbó en alguna habitación del tórax.
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22 Los dibujos de Resquicio 017 Literatura sicópata.
Mi vecino dijo que tuvo que ir a pintar una casa en la que todas las paredes estaban apuñaladas con lápices y rotuladores. Lo hizo el niño de la familia que vivía allí.
Pasaron los años y de adolescente al niño tuvieron que ponerle una camisa de fuerza.
Luego los trabajadores del manicomio practicaron unos pequeños agujeros en la camisa de fuerza, por los que el niño pudo apenas sacar un poco las manos, semiencorsetadas. Le dejaron sobre la mesa unos folios para que pudiera seguir apuñalando al color blanco con sus lápices y rotuladores.
Ya sin camisa de fuerza, se dedicó a escribir. Cuando adquirió fama, dió entrevistas sesudas. Parece ecuánime, equilibrado. Aún da algunas puñaladas sutiles, pero sólo en los platós de televisión. Probablemente se llama Arturo.
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018 José.
Resquicio escribió...
"A la sombra del Risco, contemplando su reflejo en la arena mojada, vivimos desnudos durante años. Luego el lugar se masificó. Más tarde se desmasificará. Quizá vuelva a masificarse. Pero el semblante del Risco es inquebrantable, como el de José".
No está dedicado a mí, aunque también me llamo José.
El otro José y yo tenemos algo parecido en el semblante. Lo vi en una entrevista hecha por Andreu Buenafuente y el otro José arguyó que él sí tiene sentido del humor, pero la gente cree que no... debido a esto. Y movió ligeramente la barbilla.
En la charla se comentó que una revista había publicado unas fotos robadas del presentador en una playa nudista, mostrando el culo.
Más tarde Andreu preguntó a José Saramago, si él, un ilustre premio Nobel de Literatura, le conocía a él, al presentador del programa.
Y José dijo Sí, te conozco por delante y por detrás.
Nadie se rió.
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019 Abrieron la frontera.
Cariño, dijiste que ibas a construir un muro entre tú casa y la mía y que iba a tener que costearlo yo.
Cariño, dijiste que ibas a construir una muralla electrificada entre tu casa y la mía. Con vigilantes aquí y allá, pagados con los impuestos impuestos, allá y acá.
Tengo una escalera de andar por casa.
Si quiero, cruzo.
Tus perros se quedarán en silencio oliendo tu propia mierda.
Nos conocemos.
Nos lamemos las ingles mutuamente.
Esperaba no verte pero me encuentro la frontera abierta de par en par.
¿Qué nueva política es ésta?
Vas con un botón del escote desabrochado y con un aparentemente casual revoloteo en la falda. No sé qué pensar.
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020 El árbol llameante
Le dije a la Marquesa del Manojo de Llaves que deseaba recuperar un par de libros de los que doné al Teleclub de Incomprensión, porque tengo por ellos un gran aprecio.
Ella me dijo Los libros son para leerlos.
No sé cómo tomarme esa reflexión filosófica. Parecen palabras de político que hacen acto de presencia para estar muy presentes, expandirse por el éter, retumbar y convencer de algo, al mismo tiempo que vienen a no comprometerse ni decir nada.
Yo sé que hay libros que huyen como conejos saltarines y otros que al abrirlos se inflaman, al primer contacto con el éter.
Hay bosques que nunca dejan de arder y al hacerlo en realidad no sé consumen.
Es algo muy común en algunas regiones de Margullo de Fuego.
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022 Tal.
Me llamo Tal y busco a mi Paracual.
Otro día contaré más sobre mi vida.
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024 Inmovilidad quiere surfear.
Inmovilidad sintió el vértigo de una caída interior y despertó sobresaltado, como si parar y apearse de ese sueño fuera realmente una cuestión de vida o muerte. Aliviado, se buscó en lo reconocible de la vigilia cotidiana. Retomó su vida de estatua sin piernas, con un patinete en las manos y la idea siempre presente de cabalgar su primera ola con la tabla de surf.
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027 Está de moda la insensibilidad.
Tras la era del recatamiento y el disimulo, se puso de moda la insensibilidad. Es lo que más reluce entre todas las baratijas que hay que vender. Un insensible es alguien de fiar, piensan las masas.
En cuanto a los que siempre acabamos con el alma herida, peregrinaremos lentamente por el desierto buscando los oasis y los espejismos.
Transcurrido un tiempo, regresaremos al punto de partida e intentaremos reconocer a la especie ancestral que fuimos.
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029 Todos los problemas desaparecen...
Todos los problemas desaparecen cuando paseo por la playa.
Es un ámbito extraño, no pertenece al océano y tampoco es tierra firme.
Quizá por ello, en ese ámbito, no se sostienen los edificios de las preocupaciones materiales.
Quizá por ello, en ese ámbito, no existen las prisas sobre ruedas y los navajazos de los cláxones de la ciudad.
La fiera, el océano, respira pausado, aunque puede devorarte cuando le plazca. La brisa costera se lleva todos los males que circulan por mis arterias, se lleva todas las inquietudes de mis neuronas indesconectables, y se lo da de comer en un plato de porcelana a la fiera, que ronronea casi domesticada.
Es un ámbito extraño, no pertenece al océano y tampoco es tierra firme.
Quizá por ello, en ese ámbito, no se sostienen los edificios de las preocupaciones materiales.
Quizá por ello, en ese ámbito, no existen las prisas sobre ruedas y los navajazos de los cláxones de la ciudad.
La fiera, el océano, respira pausado, aunque puede devorarte cuando le plazca. La brisa costera se lleva todos los males que circulan por mis arterias, se lleva todas las inquietudes de mis neuronas indesconectables, y se lo da de comer en un plato de porcelana a la fiera, que ronronea casi domesticada.
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Capítulo siguiente 23 Pincelada digital.





























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