Pedestre.

10 01  Pedestre.

     ¿Quién es Pedestre? Te cuento. Hoy es el segundo día de vida de Pedestre. Por otra parte, Pedestre tiene cincuenta y seis años y hoy está yendo al hospital para que le hagan una prueba de esfuerzo. En agosto pasado sufrió un infarto y le desobstruyeron una arteria. Seguro que lo hizo para poder viajar gratis en helicóptero de Lanzarote a Gran Canaria; segurísimo que lo hizo para dar lastima, ya que estaba inmerso en un proceso de desahucio, temporalmente paralizado gracias a la intervención de los servicios sociales. Afortunadamente la Justicia no se dejó embaucar por una treta tan evidente 
   Pedestre está en camino. Va de Soo a Tiagua andando. A esta hora no hay guaguas. No sabe si algún automovilista parará y lo llevará. 


              *


     En Muñique las parras de jardín sujetan sus racimos con las uñas, apenas. Un perro empezó a hablar y su ama le pisó el verbo con un Cállate. Un vecino estaba regando sus batateras.  

     Faltan cinco minutos para la hora de mi cita en el hospital y todavía me quedan dos kilómetros andando, más el trayecto en guagua.
     Lo reconozco, no estoy esprintando, voy al trote, y mientras troto pienso en un capítulo nuevo de mi autobiografía digital.

     Leí todas las páginas del libro La carretera de Soo a Tiagua y en ninguna de ellas estaba escrito Te llevo.
     Llega la guagua y nos montamos. El vaivén del camino dificulta mi escritura. Unos baches en San Bartolomé han escrito algo por mí en este diario de viaje.
     Me apeo frente al hospital.

     Entro en una habitación en la que hay tres chicas vestidas con batas blancas. Me piden que me desnude y me depilan el pecho. ¿Vamos a rodar una peli porno? Me colocan unos electrodos y una malla pectoral que, mientras me la ponen, van rasgando, para que se ajuste a mi cuerpo. 
    Un señor con acento gallego se sienta frente a un monitor en el que aparece mi ritmo cardiaco. Viste una bata verde. Creo que no vamos a rodar una peli porno. 
     Me tratan con cuidado, me suben a una andadora de gimnasio, pero que sirve para monitorizar el ritmo cardíaco del usuario. 
     Me dicen Tienes que poner aquí las manos y mirar al frente. Al frente, en la pared, se ve una foto del risco y la playa de Famara. Yo, caminar por la playa de Famara, hasta la muerte. 
     Pero, con la mascarilla antipandemias entorpeciendo la respiración, no duro mucho. Como en el sexo. 

     Hola, soy Pedestre y toda la ciudad de Arrecife es mía, hasta la tarde. 
     Puedo ligar en ella, salvarla de un ataque terrorista con armas nucleares, o hacer que arda, con más saña que la saña de Nerón. Son las ventajas de ser el Autor. De momento, me hago servir un pincho de tortilla y un vaso de agua con gas, que no es poco. En este bar sólo hay camareras, y bastante guapas. Me gusta la decoración… un candelabro antiguo como de castillo medieval, una silla de montar ponis, parras retorcidas ornamentales, varios veleros de estantería con un sinfín de velas extendidas. Tres televisores encendidos en tres esquinas emiten un programa parecido a La ruleta de la fortuna. En la cuarta esquina está la barra, y tras la barra hay una camarera. 
Tengo un problema con un maletín y un bolso, que me acompañan en el viaje, seguramente se enzarzaron en una discusión y se han quedado enredados, como dos ciervos machos a los que, en plena berrea, se les quedan enganchados los cuernos, y que mueren así de hambre y tostesterona. La camarera no se atreve a dejarme un cuchillo para operar a mis bolsos siameses, pues no me conoce y soy Barbarius el Pedestre. Al final se ofrece a cortar ella misma, con unas tijeras, todo ese entuerto del maletín y el bolso de lana. Los bolsos de lana y los maletines con cremallera son como el perro y el gato. 
     Liberados al fin, salimos a la calle los tres.

     La cuadrilla ha aumentado. Se han unido a nosotros Oso Panda y Bailarina. Ambos bailan y saludan a los transeúntes desde el salpicadero de un coche, al menos durante lo que dura su jornada laboral. No lo hacen arrimados a un semáforo, pidiendo; lo suyo es vocacional.
     La cuadrilla ha vuelto a aumentar. Gato y Búho han salido del Bolso de Lana, hartos de confinamiento y claustrofobia. Son monederos de cuero, pero han tenido que estudiar para trabajar en otras actividades, aparte de portamonedas, ya que los colecciono y no tengo monedas para tanto animal.
     Así que somos siete, pero llamamos tanto la atención que un perrito nos sigue los pasos, y eso que debería estar feliz en su casa. Vive al pie de un arcoíris, frente al mar, donde un par de nubes llueven ligeramente, mientras el sol despierta. Variaciones de la sinfonía de colores que el sol y la lluvia desencadenan en el horizonte. 
     Estoy torpemente obstruyendo el paso a la entrada de la casa del perrito del arcoíris, así que tengo que apartarme para que puedan entrar una madre y su hija. La niña, por supuesto, ha dibujado el perrito, pero le permite que nos acompañe un rato en esta aventura por la ciudad.
     Los perritos no deben permanecer encadenados, ni siquiera a los arcoiris.

     Somos tantos que, de camino a la biblioteca, callejeando, nos desorientamos y nos perdemos un poco. Y luego nos atascamos en La Tasquista, para tomar un café.
     Uno pregunta si somos de La Graciosa. Respondo que somos de La Seria. La Seria, como San Borondón, son islas semicanarias. 
     Al entrar en la biblioteca, nos miden la temperatura. Parece que fueran a dispararnos en la frente, pero todos sobrevivimos a la ejecución. 
     Ahora estamos en la cárcel. Los libros no están. Cada uno ha de permanecer en su celda. Dos celdas por mesa, con una mampara de metacrilato que impide besar a tu hipotético compañero de mesa. Hipotético, porque hay ocho mesas y sólo cuatro usuarios, así que no nos besamos, ni siquiera a través del metacrilato. 
     Incongruente: si sois ocho los que entrasteis a una sala, ¿cómo puede haber sólo cuatro usuarios?
     Calla, que nos hemos quedado a solas con la única chica de la sala, los otros se fueron.

     Pero no somos ocho, sino nueve. Se me olvidó hablar del noveno pasajero, que es el celular. Nada más llegar a la biblioteca, salió corriendo del rebaño y se fue a abrevar a un enchufe, sin importarle toda esta tragedia que estamos viviendo, los últimos días de existencia de la humanidad, que va a perecer toda entera debido a la expansión del coronavirus.
     Quizá sea un pervertido, pues me gusta más el funcionamiento de esta cárcel biblioteca de ahora que no el de antes de la pandemia. Me cunde más, porque vas a lo que vas. Antes uno iba a veces a pasar el rato, a pasear a lomos del tedio contemplando el lomo de los libros que, en las estanterías, se ponían a bailar el cancán intentando llamar tu atención. Ahora los libros se esconden en alguna trinchera y sólo aparecen por tu casa bajo demanda, mandados por correo. Ay, esta dictadura, este fin del mundo…
     El celular está mejor. Del dos por ciento de potencia sexual ha pasado al veintiuno por ciento.

     Estamos en la calle. Nos cruzamos con una mujer que viste una camiseta que reza: Don't break my heard, No rompas mi corazón. Ahí, en plenas tetas. Con lo que distraen las tetas. No sé si lo leí correctamente. 
     El amigoinvisibledelainfancia, que a veces continúa siguiéndome los pasos, se ha unido al grupo. Es el décimo pasajero.
     La guagua de regreso a casa saldrá cara.

     El celular vuelve a padecer impotencia sexual. 
     Yo, también. 
     Yo, también soy celular. 
     Como cualquier otro, estoy constituido por células. 
     A parte de eso, la vida pasa felizmente si hay amor. 
     Sí, ya sé, la canción dice Es una lata el trabajar, a parte de eso, gracias a Dios, la vida pasa felizmente si hay amor. Pero, a veces, trabajar ayuda y no es una lata.

     Como mi celular ya no toma notas, recurro a mi libreta analógica.
     Ella es la onceava pasajera, si no llevo mal la cuenta. 
     El boli, el doceavo. 
     El zapato derecho y el izquierdo, que ahora mismo tengo a la vista, suman catorce. 
     Pantalón, camiseta, calzoncillos (sólo a veces)... pongamos que hoy sí. Diecisiete somos ya. 
     Cuánta gente. No vamos a caber en la guagua.

     Ahora estamos en la parada de guaguas que está frente al hospital. Justo donde desembarcamos esta mañana. 
     Este es mi segundo día de vida y no está resultando malo. Ahora mismo disfruto de una sombrita. Y hace falta, porque el Lorenzo está arrequintado. Arrequintado es una expresión canaria, creo. 
     Hemos comprado agua en un bar llamado La Tanganilla. 
     Seguro que alguno pensará que una tanganilla es una pequeña tangadora, pero es otra cosa. La tanganilla es una especie de arado de mano que, en vez de arar, sirve para sembrar. En Lanzarote los campos están cubiertos de una capa de ceniza volcánica, o arena, como dicen aquí. La tanganilla contiene un tubo metálico que sirve para introducir las semillas en la tierra sin tener que levantar la capa de arena. Una persona arrastra la tanganilla por el mango, y otra, atrás, va introduciendo las semillas en el tubo. Algunas plantas se siembran de este modo. 
     Pero todo eso es muy rural, y estamos en la ciudad, esperando alguna guagua que nos acerque a casa. 
     Las guaguas últimamente son impredecibles, al parecer les afecta la pandemia.

     Hoy es mi segundo día de vida y no está resultando malo, pero el primero fue mejor. 
     En mi primer día de vida, me enamoré pérdidamente de una moza de Tiagua. Me la encontré en Arrecife, en la otra parada de guaguas, la que está frente a la biblioteca, y estuvimos hablando más de una hora. 
     Ita dice que mis ojos irradian bondad. Ita vive en casa con unos gatos. Ita tiene ochenta años. Nunca se casó porque su novio murió antes de la boda. Ita dice que, al despertar, llora de agradecimiento, por lo bien que se siente a su edad. Y salta a la vista que está bien, de cuerpo y de mente. 
     Receloso, le pregunté por su visión del mundo: Has vivido en otro tiempo y hoy en día la gente puede pensar que, tras la muerte de tu novio, te mortificaste, ¿acaso te parece mal la forma de vida de las chicas de hoy en día, que pueden tener las experiencias que quieran antes se casarse, o sin llegar a casarse? Me parece bien. Y si llegara a haber tenido un hijo homosexual, también habría respetado que esa fuera su opción. Simplemente, le pediría que fuera respetuoso con todo el mundo y viviera su vida, dice.
     Amo a Ita con todos los sentidos. Ella tiene ochenta años, yo dos días de vida. Esperó verla pronto.

     Fui en guagua llevando la mascarilla puesta, como es obligatorio. Si estoy contagiado, los virus se quedan en mí. Esta es la dictadura que nos ha caído encina, señores mentecatos. 
     Espero que los mentecatos no repliquen en la red. A esta altura del relato, ya muchos se habrán ido a hacer su revolución de bragas caídas... de mascarillas caídas, quiero decir.

     En Tiagua, el celular se come un bocadillo y se recupera. Yo me como otro y transcribo, del añejo papel al procesador de texto, este capítulo de las andanzas de Pedestre, en este día que todavía no ha acabado. Quedan cinco kilómetros hasta casa. 
     Toca volver a leer el libro de la carretera de Soo a Tiagua, pero ahora hay que leerlo a la inversa, como si estuviera escrito en árabe.

     En Tiagua los tunos de jardín están maduros. 
     En Tiagua hay parras muertas.
     En Tiagua hay rosas de color rosa.
     En Tiagua hay parras vivas.
     A la salida de Tiagua hay un campo con filas terciadas de millo y batata.
     Todo esto lo transcribo en Muñique, directamente de mi memoria analógica a mi memoria digital.

     En la cuesta de Muñique, donde los coches se embalan casi sin darse cuenta, hay una furgoneta roja y vetusta aparcada en el arcén. Su matrícula la delata: DGT, Dirección General de Tráfico. Dentro se ve a un hombre entretenido con su móvil. Mientras navega por Internet, va haciendo caja. Puedo decir que este sistema de multar a los vehículos que circulan con exceso de velocidad acaba salvando vidas. Puedo afirmar con convicción que todo esto no es más que extorsión, que son salteadores de camino, que es terrorismo de Estado. La demagogia vende. El equilibrio, la mesura y las reflexiones sosegadas, no tanto.

     Voy leyendo el libro La carretera de Tiagua a Soo, y es aburrido. Estoy a punto de dejarlo en la estantería y empezar otro titulado El viejo camino rural donde una palmera creció en pleno desierto. 
     Un poco antes de llegar al desvío que me permitirá dejar el libro y la carretera, se para a mi lado un mercedes añejo de treinta y tres años. Lo conduce Oído Cocina. Así que finalmente encontré la página en que está escrito Te llevo. 
     Mientras viajamos nos ponemos a hablar de la palmera que creció en pleno desierto. Susan Susan Susan atravesaba ese camino polvoriento con una botella de agua en la mochila para la solitaria palmera que vino a nacer incomprensiblemente en un paramos donde nadie esperaría otra cosa que matojos. Algunos consideran que Susan Susan Susan se quedó colgada, tras enviudar, porque se estuvo dedicando a cosas tan absurdas como recoger gatos, llevar perros abandonados a la protectora de animales, dejar los restos de comida para los animales del campo, cargar agua para una palmera solitaria y llevar todos los días un regalo para un caballo amigo suyo. Muchos no la entendían. Algunos la queríamos. Ya no vive en el pueblo.

     El mercedes y Oído Cocina nos acercan a la tienda. Tras comprar unas vituallas, nos vamos para casa. En la Cuesta de los Perros Amarrados, Desquiciado da un tirón y se rompe la cadena que lo sujeta. Al estar suelto, se lanza al ataque ladrando y amagando morder. Pero algo no le cuadra, avanza, retrocede, avanza, retrocede. Al fin se pone a dar los mismos giros frenéticos que da al estar sujeto. Así que, a pesar de estar suelto, Desquiciado sigue encadenado y desquiciado, por vocación o por costumbre. Quizá sencillamente porque es lo que se espera de él. 
     Un poco más allá está la casa de Grande y Pequeño, que son perros de jardín. Su idiosincrasia es diferente. Te dicen palabrotas, pero te miran a los ojos, procurando conocerte mejor.
     La Cuesta Oscura no parece propiamente la Cuesta Oscura porque todavía es de día. 
     En la Cuesta de los Niños, están Rápida, la carretilla y Lovely, que me vieron salir por la mañana y preguntan a coro ¿Qué tal Arrecife? 
     Los tres mueven la cola y parecen contentos de verme, sobre todo la carretilla, que salta y da vueltas a mi alrededor, y me dice que por la mañana pasó el camión que reparte garrafas de agua potable y ella me compró dos para mí. Como voy cargado, me acompaña hasta casa con las garrafas, y se ofrece además a llevar el maletín con cremallera y el bolso de lana. Todo en la boca. Qué servicial la carretilla. Habrá que darle una golosina cuando lleguemos a casa. 
     Vamos andando. El celular está agonizando, pero consigue llegar a Picocolorao von los ojos abiertos. La carretilla mueve el rabo y tira un vaso que se rompe contra las baldosas del suelo. Los animales actúan sin mala fe. Si alguno no lo hace así, es porque fue adiestrado por los cabezones bípedos para actuar en desacuerdo con su ser. 
     La carretilla se va a jugar con la furgoneta, que últimamente está enferma e indocumentada. Se quedan a dormir juntas. No sé si habrá sexo. De haberlo, será sexo lésbico. 
     Así el día se va acabando. La casa está un poco solitaria porque la carretilla, la furgoneta y el resto de acompañantes duermen al aire libre, y porque hace dos días que murió Gracias Negro.

     Estoy convencido de que si Gracias Negro no hubiera muerto este relato no existiría.




10 02  Días...

     Ayer dos vendedores de alarmas estaban recorriendo el pueblo.
     Dicen que la gente se mete en las casas para quedárselas, que una señora fue al entierro de no sé quién y se encontró su casa okupada.

    Mientras le intentan vender una alarma antiokupa, Francisco ve llegar a Resquicio, y les dice que le pregunten a él si la quiere.
     Si ustedes traen los okupas, yo contrato la alarma.
     Pero no es nada nuevo, Resquicio lo lleva diciendo hace años a los vendedores de seguros que semestralmente recorren el pueblo de puerta en puerta: Si ustedes traen los ladrones, yo contrato el seguro antirrobo.

      Ahora te pueden okupar la casa si vas al entierro de tu marido.
      Y es culpa de los socialcomunistas.
      Y no okupan viviendas abandonadas, sino habitadas, y sin necesitarlas, para ir bolivarizándonos sin que nos demos cuenta.
      Los bolivianizadores planean volver a confinarnos, pero a su manera, cada cual quedará confinado en la vivienda que le quede más cerca, es mucho más democrático a la par que socialcomunista: compra lotería de Navidad.

                *

      Tantos años en el pueblo y es la segunda vez que paso por la Caldera, que es el lugar más bello y mágico de Incomprensión. La Caldera apuntala el pueblo y le hace cosquillas. Los automovilistas no lo saben

      En la Caldera hay un aljibe con agua.
      En la Caldera hay un aljibe sin agua.
      Como no hay viviendas cerca, todo este esfuerzo por recoger el agua de lluvia que cae por las laderas de la Caldera tiene que ver con otros tiempos en que no existían los grifos y el agua corriente procedente de la desalaladora.
     En la Caldera me llama la atención un blanco refulgente en el que se refleja la luz del sol de la tarde.
     Es una cantera de piedra arenisca, casi podría moldearse con los dedos desnudos. Supongo que esta piedra permite cortar bloques con que hacer muros. La piedra desmigajada se convierte en arena blanca.
     Me siento en una de esas piedras a medio tallar... y empiezo a oír música de cencerros. ¿Acaso las cabras están bailando en el interior de la Montaña? He de descubrir la gruta en la que se esconden. No, estoy escuchando la radio. En la Montaña vive algún ermitaño moderno y tiene una radio a pilas. Voy escalando. He de descubrir la caverna musical.
     Escalo y llego a la cumbre. Otra vez la Montaña me ha decepcionado. Sus grutas y pasadizos secretos están por imaginar. Sus pasadizos secretos y cavernas mágicas están por excavar. 
     La Caldera me ha llevado a casa del Timplista por una ruta mucho más corta. El Timplista vive en su Montaña Musical y a todo eso, a sus años vividos aquí, a los que han de llegar, lo llama El Quinto Pino. Hace mucho que no me pasaba por el Quinto Pino, y lo tengo tan a mano, si cruzo por la Caldera.
     Nos ponemos a hablar en el ventanal desde el que se puede ver Caleta de la Tranquilidad en todo su esplendor.
     Cuando me quedé sin vivienda, el Timplista me ofreció acogerme en el Quinto Pino. Se lo agradecí, pero consideré que debía seguir mi camino. Ese camino me llevó a Picocolorao tras unos pocos días sin techo.
     Le digo al Timplista que Gracias Negro ha muerto.
     El Timplista me dice que en el pueblo nadie ha podido envenenarlo. Que no hay gente para eso, por aquí.
      Gracias Timplista.
    
               *

     Caracortada trabajó en una fábrica de zapatos. A eso Lamar lo define como estar en la cárcel. Aunque sin rejas y cerrojos. Lamar también estuvo en la cárcel. Fabricaba chasis de motos y cajas fuertes.
     Claro que ¿qué sería de nosotros sin zapatos, vespas y cajas fuertes?
     Desnudos, pedestres e insolventes.
     ¡Me apunto!, dice Alguno.

     Caracortada cobró el paro y estuvo a punto de montar un negocio de fotografía. Luego se dedicó a conducir camiones.
     Mostró algunos trabajos fotográficos en la Red, pero se sentía satisfecho con su nuevo trabajo, en comparación con la fábrica de zapatos de quedarse quieto sin ir a ningún lado.
     Dice que se conforma con su nuevo estatus.
     Su nuevo estatus consiste en que, si llueve, nieva o hace viento, se moja, tiene frío, se despeina.

             *

     ¿Desde cuándo habrán aprendido ellos, los ciudadanos de las distintas naciones perrunas, que cuando el cabezón bípedo se agacha y una de sus dos manos se dirige al suelo... hay que salir en corriendo?
     ¿Será por instinto o lo aprenderán en la escuela?

              *

Manual de coquetería.
En la biblioteca encontré un libro: El lenguaje del abanico.
El lenguaje del abanico era femenino...
El lenguaje, el nuevo lenguaje de la mascarilla sanitaria, en cambio, es unisex.

               *

     El coche de mi vecina, el otro día, ronroneaba.
     Estuve dando vueltas a su alrededor, pero no conseguí resolver el enigma. El viento, seguramente, le entraba por debajo de la falda... El resto del mecanismo del enigma, se me escapa. 

               *

     ¿Has comido aceitunas con plátano?
     ¿Has comido aceitunas con manzana?
     ¿Has comido aceitunas con queso?
     Si eres Menordeedad, amásalo todo con las manos.
     Si eres Viejuno, ponle mantel y cubiertos.

               *

     Sí, cariño, de adolescente me compré una máquina de escribir analógica, de esas entonces tan modernas que iban con una cinta de tinta en la que quedaba escrito el negativo del discurso tecleado.
     A mi alrededor no todos entendían una afición así, quizá sospechaban que tenía vocación de chupatintas de oficina.
     Mis padres me dijeron Cuando cumplas dieciocho años te compraremos una moto. Pero yo nunca supe encontrarle las teclas a las motos.

     Lo que quiero decir es que te mando cartas no manuscritas, amor, porque que están improvisadas en el celular mientras hago unos remiendos de albañilería.

               *

     Amistad, odio, trifulca, debate político... nada es totalmente real en la Red. Aunque la Red sí es real y conviene conocer con detalle su funcionamiento, ya que es casi imposible permanecer al margen de ella.
     Yo vine al ciberespacio para representar mi pantomima. ¿Qué valor tiene ésta? Es pura espontaneidad, al menos lo fue el primer día.
     Procuremos no engordar mucho, aunque nos atiborran con todo ese pienso hormonado.
     Procuremos no engordar mucho y podremos salir de la Red, hermanos merluzos.

               *

     Si no me clavan el colmillo los reaccionarios involucionistas, pienso que algo estaré haciendo mal.

                *

     Cultivan flores en su jardín, pero cruzan la calle y tiran la basura en plena naturaleza. ¿Qué les vas a decir? Son Antiguos y no han sabido o no han querido reeducarse.
      A los que les siguen, a los Nuevos, sí habrá que decirles algo, porque ellos ya conocieron otras escuelas, aprovechadas o no.
     Señores Nuevos Viejunos, la naturaleza es el jardín de todos. Vuestro jardín particular no arregla nada, ya dimos la vuelta al planeta y no queda sitio para los desperdicios de los que no se quieren enterar. No queda sitio para la contaminación de los que quieren enriquecerse a toda costa. Sólo queda un poco de sitio para los que no van a cambiar, arrugados, viejos y sordos, aquellos con los que es inútil hablar de un cambio de hábitos.  

            *

     Un martillazo desatinado, para hacer saltar una madera carcomida, acaba con un clavo oxidado hiriendo un dedo de Pedestre.
     Pedestre pasó mala noche. Le dolía la mano y el brazo. Por la mañana sale a por sus medicinas de diabético y de paciente de cardiología. El dedo le duele menos.
     La ruta asfaltada es más larga, así que empieza a caminar por el jable. De repente ve que todo el brazo le chorrea sangre de una pequeña herida que tiene en el codo. Sobrevivirá. Quizás muera hoy. Hay más posibilidades de que muera hoy que le toque el gordo de la lotería.
     Si Pedestre muere hoy, no le hagáis la autopsia, es seguro que murió de tontería, de indigestión de ideas absurdas revenidas.

     Los caminos en el jable muestran huellas de zapatos y de cuadrúpedos trotadores.
     Campo a través, en el jable se ven impresas las huellas de diversos animales, sobre todo aves, posiblemente gaviotas, infinidad de ellas.
     El jable está sembrado también de conchas de caracoles.
     Un poco más allá, el jable parece una mar "picada", el viento ha generado una pequeña duna a cada paso, sobre los restos de cada planta calcinada.
     Luego empiezan a aflorar rocas en el mar de jable.

     Más allá, la carretera. En el arcén, un limpiaparabrisas tirado. Algún animal rodante habrá llegado a casa bizco, sin una de sus pestañas.
     Los velocirraptores pasan levantando turbulencias que levantan la falda de Pedestre, así que éste vuelve a caminar campo a través. Se acerca a La Villa y, al verlo, el campanario enloquece y repiquetea incomprensibles anuncios u horarios.

     La Villa en sábado, tras la pandemia, el confinamiento y la vuelta a una cierta normalidad inestable e impredecible. El mercadillo de los domingos sigue sin reiniciarse. Unos pocos turistas con sus mascarillas, algunos bares abiertos con sus terrazas al aire libre. No es un paisaje apocalíptico. Es 22 de agosto de 2020.
     La Palmera está cerrada. La Crepería está abierta desde hace unos tres domingos, dice una de las camareras. El Pirata no está. Con los medicamentos y una botella de agua Pedestre emprende el regreso. A estas horas del mediodía el camino será más duro.
     A las afueras de La Villa ve el esqueleto pelado de una carretilla de huerto. No es un buen presagio.
     ¿Sobrevivirá Pedestre al viaje de regreso de La Villa a Incomprensión?

     Pero los pasos de Pedestre se desvían hacia Caleta de Salitre, por un camino, campo a través y luego por la carretera.
     En el arcén izquierdo descubre otro esqueleto, el de una gaviota. En el jable se encuentran a veces huesos de animales que la naturaleza no ha conseguido hacer desaparecer, pero sin duda el caso de la gaviota del arcén es un caso de asesinato cometido por un velocirraptor rodante. No hay que ser forense para deducir tal cosa.
     Hay algo de calima, así que el sol es soportable. A lo lejos se entrevé apenas el archipiélago Chinijo, velado por el polvo sahariano en suspensión.
     Al salir de casa esta mañana tenía dudas respecto a la resistencia de su cuerpo para afrontar estas distancias, pero ahora camina hacia La Caleta con zancadas vigorosas.

     Pedestre ataja por un paisaje que podríamos definir como el desierto de aulagas. Aulagas y matojos es todo cuanto parece poder prosperar por esos pagos. Pero la vida está latente bajo la apariencia de desolación. Si llueve todo revivirá. Las tabaibas mostrarán sus verdes y amarillos. Si el invierno no se tuerce, estallan las flores por doquier. En los años de lluvias abundantes una alfombra de flores aparece, las semillas aguardan pacientes los años que sean necesarios, hasta poder manifestarse.

     Pedestre camina campo a través hacia La Caleta. De repente cruza una región llena de pequeños muros de bloque, de no más de treinta centímetros. Es incomprensible. ¿Quién los habrá construído y con qué fin? Como si los vientos alíseos no los fueran a desmigajar en no mucho tiempo. Sólo un muro de piedra concienzuda alcanzaría aquí a perdurar, mientras los volcanes continúen bostezando. Los muros de bloques parecen un atentado al paisaje natural y sólo se explican en un intento de retener el jable y aprovecharlo para sembrar. Pero hace décadas que nadie siembra por aquí.
     Un cernícalo alza el vuelo. Ayer Pedestre estuvo conversando con su vecina de cernícalos y cuervos. Los cuervos, que para algunos son un signo de mal augurio, aparecen sólo donde la naturaleza está sana, dice Arizona. Pedestre comenta que ha oído decir que son animales muy inteligentes. Ha oído hablar de una pareja de cuervos con un plan estratégico perfectamente diseñado. El macho llama la atención de los turistas playeros, que ante sus payasadas no pueden hacer otra cosa que sacar sus cámaras y enfocarlo, mientras la hembra sigilosa se lleva el almuerzo de los incautos turistas o domingueros desprevenidos.

     Pedestre llega a La Caleta de Salitre. Tras comer y vagabundear un rato por el muelle, retoma el camino, esta vez andando por el arcén de ¿Me llevas? Al poco para un auto conducido por el Venezolano al que las Papayas le Recuerdan su Tierra. Así llegamos rápido a Picocolorao y todavía no son las cuatro.
     El catre le da la bienvenida a Pedestre, que se arranca la ropa sudada y la lanza lejos.
     Por la ventana abierta de la casa entra volando una pluma. Lo interpretaremos como una invitación a continuar este diario.

 



10 03  Días (y dos).


     Hoy Pedestre ¿dónde está?

     ¿Es que hay que seguirle los pasos todos los días?


               *


     El Camarógrafo dice, con el teléfono móvil en la mano, que el futuro del cine puede ser vertical. 

     Pedestre le dice a Lovely que lo vertical no siempre es bueno. Durante el franquismo en España teníamos el sindicalismo vertical. Y no era sindicalismo, era ordeno y mando; vertical, de arriba hacia abajo.

     El Guiri Viajero comprende. 

     Pedestre dice que el viento le arruinó un negocio. Lovely argumenta que el viento es el enemigo de los sueños, por aquí. 

     Pedestre está de acuerdo con él. Las cometas y los parapentistas, no tanto.


               *


     El Marino Volador dice que para él lo peor del confinamiento fue no poder tocar el mar todos los días.

     Pedestre dice que, con la mar, él es pasivo. Deja que ella tome la iniciativa.


               *


     Entre Caleta de la Tranquilidad y Caleta de Salitre múltiples caminos improvisados te dan cita con el Atlántico.


               *


     Camino y alforjas.

     Lápices improvisando letras, que pueden derivar en palabras si no eligen quedarse en simples gruñidos. 

     Ecos de mar.


               *


     Las olas estallan sobre las rocas cercanas.

     La muchacha se toca la parte de la entrepierna donde el bañador la constriñe.


              *


     Hay un hombre desnudo, a la intemperie, a la sombra de una novela.


               *


     La no civilización se acaba, el baile de máscaras empieza.


               *


     En la playa nudista una zapatilla deportiva divorciada me saca la lengua con descaro. Parece americana o centroeuropea, pero puede ser magrebí o subsahariana, recién desembarcada de una patera.


               *


     Las mascarillas seguro que enclaustran alguna sonrisa... pero aún nos queda el brillo de las miradas.


               *


     Cuando el mundo se desconfinó... era una alegría contemplar a la gente hacer deporte por los caminos.

     Cuando nos desconfinamos, era hermoso ver a la chavalería  en la playa con el rostro desnudo al viento y al sol. 

     Ahora, por las calles de La Caleta se circula con la cara tapada... por responsabilidad y por obligación normativa. 

     

               *


     El Risco de Famara no es un lugar cualquiera.

     Cuando José Saramago conoció el Risco de Famara, se hizo un poco conejero. 

     A la sombra del Risco, contemplando su reflejo en la arena mojada, vivimos desnudos durante años. Luego se masificó. Más tarde se desmasificará. Quizá vuelva a masificarse. Pero el semblante del Risco es inquebrantable, como el de José. 


                    *


     Hace un par de siglos la isla vivió una erupción volcánica que aumentó su geografía un veintipico por cien. Como las palabras innecesarias que transcribo al papel, que aumentan la geografía de lo que te he dicho al oído, sólo para retenerte un poco más a mi lado, hasta que me venza el tedio o la prisa por eyacular. 

     Son sólo palabras. 

     No rompen ningún himen que no estuviera quebrado. 

     Como los árboles desenraizados, nadie necesita talarlos.


     De nuevo se me olvidó hablar de Menos y Más, los protagonistas principales de la novela. 


                    *


     Tras maldormir una siesta de recién apaleado, Pedestre sale de nuevo a vivir sus andanzas de Quijote digital. A este paso le van a llamar Andariego más que Pedestre. 


    Al pasar por su casa, Pequeño y Grande le dicen que autobautizarse Quijote Andariego es una soberbia pasada, que mejor siga llamándonse Pedestre Rupestre. 

     Desquiciado, unos metros más allá, también expresa unos buenos argumentos a bolígrafo. No esbozados a lápiz como suelen hacer Grande y Pequeño.

     El perro que habita la novela de José Saramago La caverna se llama Encontrado. 

     En la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera nadie aparece mencionado por su nombre. De no ser así, el perro que lo habita se llamaría Perro Bebedor de las Lágrimas de la Gente. 


     El Camarógrafo quiere rodar un vídeo documental de naturaleza, en Incomprensión, protagonizado por las ruedas viejas de automóvil que habitan los patios traseros de las casas. También, sobre los bombos de hacer mezcla decrépitos y, por supuesto, sobre las distintas especies autóctonas de carretillas de jardín. 

     Sin duda son todas ellas especies protegidas y habrá que pedir un permiso especial para poder filmarlas. 


                    *


     Estos días de agosto, del Año del Susto, continúan desenfocados por la calima. A la sombra de un muro, en Caleta de la Tranquilidad, Pedestre repasa la ortografía del último párrafo. 

     En Caleta de la Tranquilidad veranean algunas autocaravanas y otros anfibios. 

      Tradicionalmente se ven los caminos y carreteras de los alrededores llenos de ciclistas y corredores, pero la pandemia ha paralizado todo ese turismo de deportistas. El hotel que suele acogerlos está al cero por ciento de ocupación, me dice el guardia de seguridad que, no obstante, sigue vigilando la aduana de esta república vacacional nórdica. A este paso no sería descartable que los surfistas y la vegetación oportunista acabaran tragándose todo ese hormigón. Imperios más poderosos han sucumbido así.


     En la península de La Santa hay una zona menos escandinava, el rincón de Moisés, donde viven los Orejudos, el Gatobola y el Corazón Remendado de Griselda. Allá siguen todos estos grafitis, en buen estado de salud.


     Esta novela está patas arriba. Parece que los últimos capítulos hubieran tomado viagra. Y mientras, hay como ciento cincuenta fragmentos que pasar a limpio a la parte anterior a ahora. Estas reflexiones le llevan al muelle del pueblo pesquero de La Santa. Su Celular parpadea, no le queda mucha vida salvo que encontre un abrevadero.


                *


     Pedestre regresa a casa por el camino de La Costa, en el que no hay costa. 

     La Costa es un planeta en el que aterrizó Lazarus Long el Nuevo.

     Al día aún le quedaba papel para un último episodio. Entrando en Incomprensión, Pedestre se encuentra una pelota pequeña de color violeta. Así que la va arrastrando con los pies, hacia la civilización. Qué toque de balón. Sube por la banda de la carretera, lateral ambidiestro. De repente recuerda que hace un par de días se jugó la final de la Champions League y todavía no sabe quién la ganó. Yo fumo marihuana, dice Charry, desentendiéndose de la pregunta. Bayern, dice su sobrina, que al parecer no fuma. 

     Luego Pedestre pasa delante de un banco en el que hay cuatro señores sentados. Lo que hay que hacer por el color violeta, dice. 

     Unos metros más allá, un coche atropella a la pelota. Pedestre la recoge, la cura, la lleva en brazos. Hay que dar una segunda oportunidad a los animales heridos. 

     En la Cuesta Oscura algunas casas tienen una luz que se enciende cuando detecta tu presencia.

     En la Cuesta de los Niños los sueños ya se están poniendo  en fila para ir a la cama, así que pasa sin hacer ruido. 

     Al llegar a casa Pedestre ve su ropa limpia tendida. Es la primera vez que su ropa ondea al viento de Picocolorao. La ropa tendida al sol tras ser lavada es una cierta bandera. Todos esos trapos viejos manchados de colorines son mi patria, fantasea. 


               Pedestre.




10 05  El vendedor de enciclopedias.

     Oh, un peluche que se mueve, ¿va a pilas?
     No, va a corazón...
     ¿Es pequeño, o nuevo?
     Tiene dos semanas... ¡Miriam! ¡Miriam! 

     En el bar todos hablaban del calor. Nadie decía, por ejemplo, Supercalifragilísticoespinalidoso, que resulta más original y sorprendente. 
     Los peces de montaña volvían a estar a remojo por la tarde.

     Hoy vi a un gato, negro pero atigrado, salvarse por milímetros del paso de una rueda velocirraptora. Le salvó el repentino ritmo mulato de sus caderas de pantera.

               *

     Al primer canto de los grillos, iniciamos la insurrección, tomando el distrito Catorce, llamado Por-Ruh.

      Buenos días, dijo Buenosdías, y la tropa se sobresaltó. El coronel estuvo toda la noche yendo de fogata en fogata, allá en Por-Ruh.

     Dicen que mataron al coronel Buenosdías.
     Nadie lo cree.
     Su caballo estuvo cabalgando, desbocado, de distrito en distrito, y todos entendieron cuál era la consigna.

                *

     Ayer adopté un cachorro, llamado Por-Ruh. Como se portó bien, hoy traje toda la camada. Les rasco el lomo y les limpio la cara de legañas. 
     Pertenecen a tres razas distintas...
     El primero y otros trece forman parte de una manada llamada Enciclopedia Salvat de 1997. 
     Otras tres cachorresas se llaman Eva, el arte de ser mujer, Enciclopedia Gráfica Femenina de 1968. 
     Y de 1993, dos volúmenes de Grandes Biografías.
     Estos veinte cachorros pertenecen a tres familias enciclopédicas. Recién me doy cuenta de que las tres están incompletas. En algunos orfanatos no tienen el cuidado y la estrategia de no separar a los hermanos huérfanos.

     Una pelota morada, un pasaporte suizo, un sujetador negro, un sombrero adornado con un pañuelo y veinte libros... esos son los nuevos animales que han llegado a Picocolorao. A ver si se llevan bien con los imprevisibles ratones, con la familia de perenquenes, con los lagartos ocasionales y con Enciclopedio.

                *

     Desde lo alto, en el camino de la montaña, Enciclopedio vio otros animales retozando en el patio de la casa donde viven. Miriam, la cachorresa de dos semanas y un día de vida; el muchacho que la cuida y le muestra lo vasto que es el universo; la bicicleta, todavía no adulta, que a su lado pastaba y relinchaba.

     Por la tarde, un velocirraptor de color verde recogió a Enciclopedio en la parada de guaguas y lo llevó hasta el hospital. En el hospital le quieren auscultar el corazón. Veremos si el corazón se deja auscultar, o se esconde en lo profundo de la madriguera.

     El Guiri Corredor regala abrazos a los animales familiares. 
     El Guiri Viajero regala utensilios a quien parece necesitarlos.
     El Guiri dice que vive atento a que no le traten como a un guiri en las tiendas y en los talleres de la ciudad. Por los recargos que ello puede implicar. En el pueblo ya le conocen. Aunque los cazadores igual no entienden esa forma de tratar a los podencos canarios. Ellos sostienen que, bienalimentados, no cazan. Pero lo cierto es que bienalimentados y bienabrazados, siguen rastreando la montaña en busca de los inquilinos de las madrigueras cercanas.

                *

     El coronel Buenosdías dice La revolución ha fracasado, solo catorce distritos nos hemos levantado contra el Gobierno. En los restantes territorios se están rearmando. Se hacen llamar La Contra. Están financiados por corporaciones multinacionales y por los viejos hacendados que ven peligrar un status quo ancestral que les permitía gobernar el país sin presentarse a las elecciones, a base de mantener unos privilegios sociales autoconcedidos desde la colonización. Esto es y seguirá siendo así hasta que sepamos decir ¡Basta! con una sola voz. Pero no será hoy. Hoy sólo es la antesala de una nueva guerra civil. Una inútil guerra civil que no podremos ganar. Y si la ganamos, ya no seremos nosotros quienes la ganemos. La ganarán las balas, y nosotros tras ellas, indignos ya de pedir la palabra en las asambleas.
     Murmullos... 
     ¿Y entonces qué hacemos? ¿Nos rendimos? Armados hasta los dientes, como vienen, no querrán negociar sin disparar primero, para probar su nuevo armamento y para demostrar su hombría soldadesca.

                *

      En la calle Tristeza, los ojos de los enmascarillados se desvían hacia el suelo.
     No es como en los primeros días del confinamiento. Entonces los ojos nos buscábamos e interactuábamos sin muchos preámbulos, como interactúan las lenguas en los bis a bis.

     Hay una habitación de mi corazón que murió, como las casas de Beirut que saltaron por los aires, pero las otras restantes siguen bien. Se puede transitar por los pasillos y salir al balcón. De momento no hay que apuntalar el techo. Se puede confiar en él.

                *

     Cuando la Transición, de la dictadura a esta democracia imperfecta, en el vaivén de los atentados, cuando quienes golpeaban eran unos, los beneficiados solían ser la parte contraria. 
     No sé hasta qué punto. No sé si alguien tuvo la perversa destreza de infiltrarse entre las filas del enemigo y lanzarse el bumerán contra sí mismo. 
     Los antietarras siguen alimentándose de todo aquello. Pero no quiero dar un paso hacia atrás sino hablar de los comentarios de las redes sociales. 
     El insulto y la descalificación chabacana equivalen a las bombas bumerán. No sé qué utilidad tienen, a parte de denigrar al que lo la practica. 
     A lo mejor te quedas a gusto lanzando la piedra y escondiendo la mano. A lo mejor te quedas a gusto diciendo siempre la última palabra. 
     Y te lo estoy diciendo especialmente a ti, militante de izquierdas. Los otros tienen sus púlpitos. Los otros tienen la saña, el confesionario y el diezmo de la caridad que les salva del infierno y del desamparo en que vivimos nosotros los sindiós.

                Enciclopedio.




10 04  Días (y tres).

     Son las seis y media de la tarde, de regreso en Caleta de Salitre. El Atlántico le ha masajeado un poco los pies a Pedestre porque ha intuido que le dolían ligeramente.

     Recopilemos: eran las nueve y media de la mañana y el archipiélago Chinijo se mostraba en todo su esplendor, aunque con un quince o veinte por ciento de visibilidad, desenfocado por la calima que no nos abandona desde hace días. En la playa había un elefante dibujado en una toalla; había una fila de tablas de surf adolescentes; había un grupo de niños, acompañados de un monitor, jugando a ese deporte en el que dos equipos se van lanzando una pelota intentando impactar en el cuerpo del adversario.
     Pedestre no se puede quedar a vivir un día de playa. Le reclaman las burocracias de la capital del municipio, así que deja la arena de la playa y sube por la carretera.
     Una zapatilla femenina  se vislumbraba escondida tras una aulaga. Ya cansa enumerar tanta zapatilla seguramente indocumentada. Unos pasos más allá estaba su pareja, haciendo de avanzadilla, penetrando en la isla.
     En el Recodo de las Tabaibas, Pedestre abandona la carretera y toma el antiguo camino de tierra que sube a La Villa.
     Pedestre se cruza con algunos corredores y ciclistas. Llegando a La Villa se da unos abrazos con unos burros. Miento, uno de ellos, posiblemente ella, se aleja temerosa; luego, el segundo burro sí le da unos abrazos; y el tercero, adolescente, le abraza y mordisquea con suavidad. Gente noble.

     Pedestre entra en La Villa y saluda a un artesano del reciclaje que tiene una casa atelier muy bonita. El hombre dice que lleva treinta años en esa casa y le quieren echar, que está sin contrato. Pedestre ha vivido una situación parecida, aunque por aquel entonces no se llamaba Pedestre.
     Luego, el teléfono móvil sale corriendo hacia la tienda, donde contrata 30 gigas de datos para pasar el mes.
     Luego, la entrevista mensual con Penélope Tejedora Detejiente.
     A Penélope le dice que recién se ha hecho una operación de cambio de cuerpo y mente y que a partir de ahora en la documentación pertinente de los servicios sociales, referentes a él, debe figurar su nuevo nombre, Pedestre Rupestre, Pederrupe en abreviado.
     A la Administración no hay que darle todos los datos, aunque sea la benéfica concejalía de Bienestar Social, así que al salir de allí, Pedestre Rupestre se cambia el nombre por el de Andariego Pintoresco, Andaresco en abreviado.
     Andaresco se pasa por la Crepería, se toma un par de tes en compañía del Pirata y otras gentes que tienen allí su guarida.
     Luego, el camino de tierra, un poco de atajo campoatravés y la carretera que baja a La Caleta. Esta vez el arcén izquierdo de esa carretera guardaba tesoros como si fuera un árbol de navidad en Nochebuena. Primero vio lo que parecía un libro rojo. ¿Será el libro rojo de Mao? No, era un pasaporte suizo tirado. Andatesco, aunque no sabe con qué fin, lo recoge. No tiene intención de nacionalizarse suizo, quizá intente encontrar a su propietario.
     El segundo regalo de la carretera fue un sujetador, de esos que te levantan las tetas con un refuerzo metálico. Andaresco, con síndrome de Diógenes evidente, recoge el sujetador porque dice que quiere hacer una bandera con él. Posiblemente sea un fetichista pervertido.
     Ya está Andaresco llegando a La Caleta y se encuentra un sombrero de paja con un pañuelo de colores que lo sujeta al cuello del portador... a veces, porque a alguien el viento se lo quitó a pesar de la sujeción. Es un sombrero muy pintoresco y armoniza con Andariego Pintoresco.
     La isla de Lanzarote causa estragos entre sus visitantes centroeuropeos que, influidos por el calor, se desnudan de tetas y cabeza y tiran sus pasaportes para empezar una nueva vida, para calzarse zapatillas subsaharianas, embarcar en una patera y emigrar ilegalmente a África, donde se vive mejor. Si supiera, te lo diría en suahiri.

              Andaresco.

 



10 06  La política...

La política de las flores es perfumar
La política de los pájaros es trinar
La política de las pulgas es picar

La política de los martillos es golpear
La política de las ruedas es viajar
La política de las semillas es germinar

La política de algunos humanos es cooperar
La política de algunos humanos es acaparar y arrasar todo a su paso
La política de algunos humanos es huir a la naturaleza
La política de algunos humanos es rezar
La política de algunos humanos es rebelarse
La política de muchos humanos es luchar por sus ideales
Algunos humanos se definen como completamente apolíticos, y esa es su política

Puedo desarrollar una política de abrazos o una huelga de ojos caídos con su retraída política asocial
Pero lo que no puedo es pronunciar las palabras política o políticos... todos se enervan, se tapan los oídos y huyen pronunciando el reiterado mantra Todos roban, todos son iguales

Puede que todos los políticos, al ejercer el poder, se amolden, sean tentados, acaben haciendo gran parte de lo que criticaban cuando empezaron a predicar sus ideales
Pero si ningún político, si ninguna política va a servir ¿qué nos queda?, ¿qué hacer?

Creo que el error es considerar que la democracia y la obtención del voto libre para elegir a los gobernantes es el fin del camino
Es el comienzo, y equivocarse una y otra vez no debería desalentarnos tanto
Lo desolador es perder el espacio de participación
Y si analizas el panorama y no encuentras una opción política interesante y útil, entonces toca tomarse el trabajo de crearla, poco a poco, desde abajo
Habrá que seguir la política de hablar con el vecino
Habrá que seguir la política de perder mucho tiempo en asambleas que igual no conducen a nada
Habrá que desgastarse y reilusionarse... y volverse a desgastar y recuperar otra vez la ilusión
Si actúas así te garantizo: nada
Igual no consigues, no conseguimos nada... pero se habrá intentado, se habrá hecho un camino, se habrá aprendido algo

               Resquicio.




10 07  Londres, Berlín…

     En Londres, hace tiempo, surgió la moda veraniega de patinar con las tetas al aire. Y las tetas femeninas causaban cierto revuelo. Las masculinas, no tanto. Los sancionadores no alcanzaban a atraparlas; con un par de zancadas rodantes, las tetas traviesas y saltarinas dejaban de estar a su alcance.
     Habría pues que combatir eso con... con las propias armas del delincuente, como las planeadoras de la Ley persiguen a las planeadoras de los narcotraficantes. Así, un escuadrón de patinadoras profesionales, provistas de casco, uniforme reglamentario y sujetadores en ristre... acabaría rápidamente con tanto desbarajuste: ningún pezón al viento, seamos pudorosas. Y en cuanto a la lactancia en público...

     Cuánta gente buscando la paja en el ojo ajeno.
     Todo esto era un preámbulo para hablar de la revolución negacionista de Berlín, pero ahora no sé cómo ligar una cosa y otra...
      Revolución, les imagino gritar. Nos juntamos a miles en la calle, sin mascarillas, y no pasa nada. Esto demuestra que todo lo que nos cuentan sobre la pandemia es mentira…
          Absurdo, pero ¿qué hacer con ellos cuando se juntan? El sistema ha de respetar que opinen de ese modo, pero al incumplir las normas de protección y distanciamiento social, ponen en peligro a otros, empezando por sus propios familiares y allegados vulnerables. ¿Acaso no quedó claro, con lo que ocurrió poco antes del primer confinamiento, que los últimos actos políticos y los eventos deportivos con público generaron infectados?
     Como la gente no ve cadáveres en la calle, como la enfermedad no diezma la población del modo que pudo hacerlo la peste en la Edad Media, todo es mentira. Cuánta gente descubre América todos los días, te vende la panacea universal, te deletrea L A V E R D A D y, por ello, cree vivir un peldaño por encima de la inteligencia media del ciudadano.

     A parte de los negacionistas, que saben más que nadie y no necesitan mascarillas porque todo es mentira, los que optan por acatar las normas ¿lo hacen por no contagiarse o por no contagiar a otros? Los que, desde que existe una cierta conciencia ecologista, no contaminan, ¿lo hacen para evitarse una multa o por el bien de la naturaleza?
     Los concienciados acostumbran a ser una minoría, y por eso a veces se necesitan leyes para producir una corrección de las anomalías, como es el caso de las que establecen cuotas de participación femenina en ámbitos donde la mujer está discriminada. Eso puede provocar situaciones de injusticia puntual, pero es una legislaciuón provisional que debería llevarnos a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
     Las multas y normas antipandemia parecen un ataque al derecho a la diversión, un intento de exterminio del roce en las sociedades de interacción cálida... pero son sólo el método drástico y rápido de que adquiramos conciencia y no sigamos propagando la enfermedad.
     ¿Que todo forma parte de un plan perverso? ¿Que no hay ningún plan secreto pero los poderes fácticos van a aprovechar la situación para robar libertad al ciudadano? Bueno, habrá que estar atentos al devenir de los acontecimientos... Pero los negacionistas, con su presunta revolución, le hacen el juego a los infecciosos; las teorías de la conspiración no dejan ver las teorías sobre lo que estamos viviendo realmente. El virus podría volverse menos dañino, pero no gracias a los que protestan por las restricciones.
    
              Resquicio.


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Siguiente capítulo 13  El Planeta de los Monstruos.
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