Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Resquicio Desquicio

El que termina...

Imagen
 02 33 El que termina...      El que termina algo nunca es el mismo que lo empezó.                José Saramago.      Plaza de la Tercera República Posible.      Vamos de culo, pero tenemos freno de mano.      Spanish revolution; La revolución amable, la revuelta del civismo frente al sucio poder especulado.      Estamos en la calle para mostrar nuestro descontento, aprender y autogestionar posibles soluciones, Queremos democracia real ya.      Aunque el dinero es una entelequia y ni siquiera está donde dicen que es, vamos tras su rastro y hasta lo reverenciamos, Despierta.      Hubo una ideología llamada socialdemocracia que quería compaginar libertades individuales, bienestar y justicia social. Hoy le hace el trabajo sucio al gran capital depredador mundial.      Participar en política no necesariamente es chupar del bote,...

Cliogenicémonos, o no.

 14 12  Cliogenicémonos, o no.      Cuando alguien se nos muere solemos decir que no va a dejar de estar vivo mientras lo recordemos. Puede ser una forma de des-desconsuelo. Es difícil imaginar cómo de diferente sería el recuerdo que tendríamos hoy de Federico García Lorca si hubiera sobrevivido al pelotón de fusilamiento y hubiera seguido escribiendo durante cuatro o cinco décadas más. Quizá su remembranza no hubiera crecido tanto por más que sí lo hicieran su obra y sus andanzas de mortal. Es más fácil ensañarse con los vivos. Cuando una persona conocida fallece lo que corresponde es publicar su obituario en algún medio, tradicional o moderno. Es el primer paso de esa perdurabilidad que puede que tenga poco que ver con el desaparecido en sí. No podemos saber si algo de eso le llega. Antiguamente se celebraban misas en favor del alma del difunto. Los pudientes podían comprar así una cierta tranquilidad en vida, a devengar en el más allá. Hoy miramos hacia otros...

María.

 14 11  María.      María vive en el centro de la capital, donde confluyen las avenidas suntuosas, allí por donde pasan los desfiles pomposos de la patria, en donde surgen las inquietantes algaradas del descontento y el progreso social.       María vive en un piso pequeño con un balcón henchido de pecho desde el que se contempla el devenir de la historia. Y si le surge alguna duda sobre lo que está sucediendo, en la retaguardia siempre parlotear y destellea el televisor ejerciendo su magisterio simple, delimitador de la realidad.        Allá a lo lejos se ve la cúpula del palacio del Jefe de Estado. Las palomas que picotean migas de pan en el balcón de la casa de María alzan el vuelo y se posan en los aleros del Palacio de Gobierno.       María trabaja en una oficina burocrática por la que desfilan los ciudadanos del extrarradio  en busca de certificados tan elementales como imprescindibles, sin lo...