Por fin se revela todo lo oculto sobre los extraterrestres.

08-b  Por fin se revela todo lo oculto sobre los extraterrestres.

03 06  Alf el terrestre...

     Alf es un terrícola que hace unas tres décadas recibió la visita de un alienígena.
     El alienígena, cortés: Hola
     Alf: Hola, me llamo Alf.
     El alienígena: Anda, yo también me llamo Alf.
     Alf: Yo me llamo Ann Alf.
     Alf: ¡Qué coincidencia, yo también me llamo Ann Alf!
     Ann Alf: Bueno, mi nombre completo es Ann Alf Abeto.
     Ann Alf: ¡Vaya, ese es mi nombre completo también, Ann Alf Abeto!
     Ann Alf Abeto: Pues algo tenemos que hacer, en este planeta no se permite que dos personas tengan la misma identidad.
     Ann Alf Abeto: En el mío pasa lo mismo.
     Ann Alf Abeto: Vamos a hacer una cosa, nos nuneramos, como cuando un deportista comparte nombre con otro, o como hacen los reyes de las dinastías terráqueas.
     Ann Alf Abeto: Vale.
     Ann Alf Abeto: Yo tengo sesenta años terrestres, ¿y tú?
      Ann Alf Abeto: Yo he vivido catorce ciclos del Universo Explorado.
     Ann Alf Abeto: Entonces yo seré Ann Alf Abeto Primero y tú Ann Alf Abeto Segundo.
     Ann Alf Abeto Segundo: Vale.
     En realidad Ann Alf Abeto Segundo es más viejo que Ann Alf Abeto Primero, pero eso no tiene demasiada importancia, en las nomenclaturas se prefiere dar prioridad a los aborígenes sobre los forasteros.
     Ann Alf Abeto Primero: Yo no tengo licencia de conducir, no me la conceden porque no se leer y escribir. ¿Y tú?
     Ann Alf Abeto Segundo: Yo sí conduzco, tengo licencia intergaláctica. Leer, no leo, porque nuestro sistema es diferente. Adquirimos el conocimiento inserto en cualquier libro o película con un simple vistazo tridimensional con los rayos equis de nuestra retina, acumulando todo el conocimiento en una memoria fotográfica transferible a distancia a la comunidad en la que estamos casados y con la que conformamos una familia.
     Ann Alf Abeto Primero: ¿Matrimonios de más de dos...?
     Ann Alf Abeto Segundo: Naturalmente, ¿cómo nos íbamos a reproducir si no? ¿Un ser formado con los genes de únicamente dos miembros de la misma especie? ¡No!
     Ann Alf Abeto Primero: No te oigo, se me ha metido algo en la oreja.
     Ann Alf Abeto Segundo: Yo tengo orejas ornamentales, oigo sin necesidad de ellas.
     Ann Alf Abeto Primero: ¿Me ayudas a desgranar millo?
     Ann Alf Abeto Segundo: Como no, siempre es un placer ayudar y aprender las costumbres de las civilizaciones que encontramos en las galaxias que exploramos.
     Ann Alf Abeto Primero: Mira, primero cogemos las piñas de maíz y las introducimos en un saco. Atamos el saco y con un palo golpeamos unas cuantas veces, bien fuerte. Abrimos el saco y gran parte del millo está desgranado. El resto se hace a mano. Siéntate, amigo del espacio exterior. Cuando tenemos dos piñas mal desgranadas, las cogemos y las restregamos una contra otra, para que los granos se suelten por la fricción de ambas piñas, ¿me explico?
     Ann Alf Abeto Segundo: Como un libro abierto...
     Ann Alf Abeto Primero: No sé si será así, yo no he abierto ninguno.
     Ann Alf Abeto Segundo: Yo tampoco.

                 Abeto Segundo.

Enlace a 03 Monólogo.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/monologo.html?m=1

08 07 El viaje...

     Lazarus Long el Nuevo está un poco harto de la presente situación en el planeta Tierra y por una vez decide no escapar al espacio exterior: utiliza su máquina de viajar en el tiempo p'atrás y regresa a las postrimerías de la pasada centuria, para poder olvidarse un poco de la pandemia, el confinamiento y la uniformización de los ciudadanos, todos siempre con las mascarillas sanitarias obligatorias que impiden sonreírse abiertamente y saludarse con besos en la boca, secos o húmedos.
     Le acompaña Abeto Segundo.
     Tras tomarse unas cañas en un bar en el que se permite fumar, entran en una librería. El librero pone mala cara al ver al alienígena Ann Alf Abeto Segundo, porque sabe que proviene de una civilización que, aunque no sabe leer libros de la manera tradicional terrestre, aprehende el contenido de los libros con sólo tocarlos. Así que ¿qué negocio puede hacer el librero con uno de estos especímenes?

     Mientras Abeto Segundo acaricia el lomo de algún tocho en la sección de clásicos grecolatinos, Lazarus compra Las nueve revelaciones, de James Redfield.
     Es una manera de afrontar el inminente cambio de milenio con esperanza y optimimismo. La novela plantea un renacer espiritual del ser humano, un cambio de mentalidad que surge y se propaga a partir del hallazgo arqueológico de unos antiguos manuscritos escritos en arameo... ¡en Perú! El hallazgo y su difusión se convierten en algo clandestino, alguna gente quiere propagarlos... frente a la actuación del Gobierno y de la Iglesia oficial, que pretenden eliminar los manuscritos y acallar el mensaje que de ellos se desprende.

     El despertar de una nueva consciencia humana empieza cuando el individuo empieza a interactuar con las plantas que nos alimentan, y se alcanza a visualizar su campo de energía.
     El objetivo de la nueva conciencia es romper con el arquetipo de las relaciones humanas, en las que nos robamos la energía vital unos a otros a través de una serie de comportamientos que se producen desde la infancia. El individuo aprenderá a cooperar con aquellos con quienes convive, no apropiándose de su energía, sino incrementándola mutuamente.
     La humanidad cambiará para mejor y todo comenzará a ser así al adoptar una serie de planteamientos positivos hacia las pequeñas cosas y gracias el respeto por la vida, empezando por ponerse a mirar el aura vital de las plantas. Los bosques antiguos se convertirán en templos y la humanidad en general cambiará, de su desenfrenada escalada de destrucción de la naturaleza, propiciadas por la ciencia y la tecnología, hasta el respeto por los espacios naturales y el beneficio espiritual que éstos producen.

     Todo esto ocurrirá/ocurrió en el cambio de milenio.
     El tiempo de la profecía ya pasó, pero eso no lo saben aún Lazarus Long el Nuevo y Ann Alf Abeto Segundo, que están allá por el año 1993 ó 1994.

              Abeto Segundo.

08 08 El viaje (y dos).

     Ann Alf Abeto Segundo es un alienígena, para los terrestres. Por lo tanto, los terrícolas son alienígenas para Ann Alf Abeto Segundo.
     Al salir de la librería, Ann Alf Abeto Segundo y Lazarus Long el Nuevo se encuentran con un alienígena para ambos.
     Entonces se produce una escena que ya conocemos, pero la reproducimos para los desmemoriados.

     El alienígena desconocido, cortés: Hola
     Alf: Hola, me llamo Alf.
     El alienígena desconocido: Anda, yo también me llamo Alf.
     Alf: Yo me llamo Ann Alf.
     Alf: ¡Qué coincidencia, yo también me llamo Ann Alf!
     Ann Alf: Bueno, mi nombre completo es Ann Alf Abeto.
     Ann Alf: ¡Vaya, ese es mi nombre completo también, Ann Alf Abeto...!
     Ann Alf Abeto: Pues algo tenemos que hacer, en este planeta no se permite que dos personas tengan la misma identidad, por eso tendremos que numerarnos. Yo conozco a Ann Alf Abeto Primero y soy Ann Alf Abeto Segundo. A ti te toca ser Ann Alf Abeto Tercero. Haber llegado antes.
      Ann Alf Abeto Tercero: En realidad he llegado antes, viajeros del tiempo, estamos en 1967. Pero no importa, me quedo con el número adjudicado, seré Tercero.
     Ann Alf Abeto Segundo: Estoy encantado de conocerte, he oído hablar mucho de tu especie y conozco, a grandes rasgos, la historia de tu galaxia.
     Ann Alf Abeto Tercero: Yo también he oído hablar de vuestra civilización de lectores táctiles...
     Ann Alf Abeto Segundo: Pues vuestra fama de lectores olfativos os precede. Se cuentan historias de verdaderos especialistas capaces de leer un libro a kilómetros de distancia, a través de su olor.
     Ann Alf Abeto Tercero: Bueno, son muy raras excepciones. Para la mayoría de mis conciudadanos la lectura es un trabajo arduo y tienen que aspirar el contenido del libro con éste muy pegado a sus narices. Me recuerdan a los lectores terrestres miopes intentando entrever la letra menuda de alguno de sus libros.
     Ann Alf Abeto Tercero husmea un poco el aire. Lazarus Long el Nuevo lleva un libro en la mano, “El universo” de Isaac Asimov. Ann Alf Abeto Segundo no puede evitar rozarlo. Ambos, Abeto Tercero y Abeto Segundo, intercambian una mirada de complicidad. Lazarus ha viajado en el tiempo para comprar este libro, cuya lectura satisfará tanto a Resquicio a principios del próximo siglo.

              Abeto Tercero.

 08 10  El oso hormiguero.

     Lazarus Long el Nuevo continuó su viaje por el tiempo acompañado de Abeto Segundo y Abeto Tercero. Decieron acudir a Aracatama, en enero de 1928, para asistir al nacimiento de Gabriel García Márquez. Preguntaron por Macondo, pero nadie les supo decir nada sobre ese lugar, así que entraron en la primera librería que vieron. A las puertas de la librería había un oso hormiguero que olisqueó las mochilas que llevaban los viajeros.
     La librería estaba regentada por un viejo catalán que les dijo No el conec al García Márquez, no ha publicat res.
     Entonces los Abetos cayeron en la cuenta de que los habitantes de la Tierra nacen en estado iletrado y deben ser adiestrados para crear una bibliografía, al contrario de su caso, en que todo es innato e instintivo. En cuanto a Lazarus, su nacimiento ocurrió hace tantos siglos,  ha visitado tantas galaxias... que tampoco cayó en la cuenta. 
     Los visitantes siguieron preguntando al viejo, por Macondo, por los García residentes en Aracatama en ese 1928...
     Si us plau, deixeu-me llegir tranquil, dijo el viejo, y agachó la cabeza sobre un libro abierto sobre la mesa. Como existen tantos cúmulos de galaxias en los que se habla catalán, los viajeros entendieron y salieron de la librería. 
     Afuera seguía el oso hormiguero, que dijo Hola. Entonces los Abetos abrieron mucho los ojos y cayeron en la cuenta de que aquel ser no era un oso hormiguero, sino un alienígena de una raza y una procedencia distintas a las de Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero. 
     Sabían de su existencia pero hasta el momento no habían coincidido con ninguno de ellos. Esta raza, a diferencia de los Abetos, lee y acumula el conocimiento por succión y regurgitación. Con la trompa, absorben todas las letras de cualquier medio en el que figure un escrito. Las letras pasan por su estómago-cerebro y luego los expulsa por la misma trompa depositándolas en el mismo orden en donde estaban... ¡o no! Se dan casos de este tipo de alienígenas que corrigen errores en los libros clásicos y en las enciclopedias; pueden reescribir los manuscritos de autores noveles para convertirlos en best-sellers; pueden borrar pasajes enteros de obras aburridas; pueden mejorar la rima de los sonetos y de cualquier poema de pautas métricas rígidas. 
     Por ello muchas asociaciones de escritores quieren que se les impida la entrada en su galaxia. También son perseguidos por el espacio por los policías recaudadores de los derechos de autor, para ajustar cuentas en su beneficio o en su perjuicio. Cuando los ven llegar, estos alienígenas salen huyendo, ya que son incapaces de asímilar el concepto derechos de autor. Para ellos la cultura transmitida por escrito es una cuestión puramente biológica, tan incuantificable como la cantidad de aire que respira cada habitante de un planeta con atmósfera. 
     ¡El aire y las ideas expresadas no son de nadie!, aducen. Pero nadie atiende a sus protestas. En muchos sitios se les encarcela y tortura hasta la muerte, pero como renacen una y otra vez tras matarlos, optan por expulsarlos de su territorio.

     Como el oso hormiguero ha leído los cuadernos de bitácora de los viajeros, cuando olisqueó sus mochilas, directamente dijo Me llamo Ann Alf Abeto Cuarto. Él mismo, al coincidir su nombre con el de los otros alienígenas, se numeró Cuarto. Pero entonces hubo un breve conciábulo y se decidió que, mientras estuvieran en la Tierra, Ann Alf Abeto Cuarto sería para ellos, para evitar problemas, un simple oso hormiguero domesticado por unos simples viajeros que andan rebuscando obras por las librerías del pasado y del futuro. 
     Así ocurrió/ocurrirá.

               Abeto Cuarto, dieciséis de enero de dos mil veintidós.

08 11  El telépata.

     El viaje a través del tiempo y de los libros escritos o por escribir, de Lazarus Long el Nuevo y sus amigos los lectores alienígenas, continúa y han llegado a un lugar inconmensurable.
     Están en la biblioteca imaginada por Jorge Luis Borges. Una sucesión de salas repletas de libros puestos en estanterías que cubren todas las paredes. Escaleras circulares hacia arriba y hacia abajo llevan a otras salas similares. En esos libros está todo libro posible. Es decir, todas las letras que existen ordenadas en todas las disposiciones posibles conformando todos los libros que pueden llegar a existir. Libros, pues, en los que el azar ha querido que no aparezca ninguna palabra comprensible en ningún idioma conocido; o sí, una palabra en la lengua materna del lector; o bien, por el contrario, sólo palabras bien dispuestas y comprensibles, sin florituras ni pedantería, conformando libros que llegan al alma.
     Por lo tanto, en esa biblioteca se encuentran también todas las obras clásicas de la literatura universal de la humanidad. Pero hay que dar con ellas y Lazarus Long el Nuevo no tiene paciencia y refunfuña Aquí puedes pasarte una vida entera leyendo para conseguir encontrar una palabra de un posible libro que podría llegar a gustarte.
     En esto que entra en la sala un nuevo ser extraterrestre, un tipo un poco enclenque con un cabezón enorme que parece mentira que pueda sostenérsele sobre los hombros. Y está a punto de ocurrir una tragedia cuando el oso hormiguero salta de la estantería en la que está encaramado  a los hombros del recién llegado, que se tambalea pero consigue no caer al suelo, por otro lado bien enmoquetado para preservar al lector del sonido de los pasos de otros usuarios de la gran biblioteca borgiana.
     El oso hormiguero se mete entre las ropas del cabezón y sale por una pernera del pantalón. El alienígena sonríe quitándole importancia a las travesuras de un animal no ponzoñoso como es un oso hormiguero terrestre.
     Hola, soy un telépata de la civilización de los telépatas de la galaxia de los telépatas. Somos unos seres con poderes inimaginables para el resto de habitantes del Universo.
     Sabemos quien eres...
     ¿Cómo vais a saberlo si aún no os lo he dicho?
     Pues...
     En fin, da lo mismo, yo sí sé quienes sois cada uno de vosotros porque acabo de leeros la mente. Se da la circunstancia extraordinaria de que me llamo Ann Alf Abeto, como los aquí presentes Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero...
     Lo sabemos...
     ¿Lo sabéis?, ¿sois también telépatas?
     Yo he leído la documentación que llevas en la cartera que está en el bolsillo interior de tu chaqueta.
     Ah, pero tú no eres un oso hormiguero terrestre, eres un ser del espacio que lee aspirando las letras con su trompa y luego regurgita los textos inalterados o corregidos.
     ¿Y no te diste cuenta antes, telépata?
     Para leer las mentes hemos de concentrarnos en las facciones del sujeto a desentrañar, y no había reparado en que fueras un ser pensante, te consideraba un simple animal no evolucionado incapaz de comunicarse con otras especies.
     Mira tus documentos...
     El telépata saca su documentación y lee en ella Ann Alf Abeto Quinto. Dice Oh, has alterado mi nombre cuando te colaste entre mis ropas. Es un truco interesante, pero no se puede comparar con lo que podemos llegar a hacer nosotros los telépatas. Podemos...
     Lo sabemos...
     ¿Qué?
     Sabemos que podéis llegar a leer un libro que el autor todavía no ha escrito, que recién acaba de imaginar, con sólo mirarlo a la cara. Es algo interesante
     Pero ¿cómo podéis saber eso si resulta que soy el primer telépata que ha viajado hasta este rincón del Universo?
     Muy sencillo, Abeto Quinto, eres transparente, todo lo que piensas se te refleja en el rostro. Es algo en lo que quizá no reparaste al vivir desde siempre entre seres iguales que tú.
     Oh, qué vergüenza, yo que pretendía anonadaros con mis habilidades para penetrar en vuestros pensamientos y resulta que son mis propios pensamientos los que están expuestos a vuestra mirada.
     No importa, nos pareces buena gente.
     Abeto Quinto se da la vuelta un momento, saca de su mochila una máscara y se la pone sobre el rostro. Pero al parecer esa máscara introspectiva y aislante que utiliza su civilización para conseguir momentos de intimidad... tiene como contrapartida que dificulta sobremanera las dotes telepáticas, así que debe quitársela para continuar la conversación. Acaba ruborizándose y vuelve a ponerse la máscara para disimular el sentimiento de vergüenza, bochorno y zozobra que le domina. Pero el grupo no se lo tiene en cuenta y deciden continuar el viaje en busca de bibliotecas un poco más acotadas que la de Borges. Todos ellos, Lazarus Long el Nuevo, un lector táctil, un lector olfativo, un oso hormiguero y un ser enmascarado. ¿A dónde se dirigen...?

               Abeto Quinto.
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Enlace a 08 Introspecciones...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/introspecciones.html?m=1


 

Comentarios

  1. Recopilación de varios relatos ubicados en los capítulos Monólogo e Introspecciones, que combinan por la continuidad de la situación y de los personajes.

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