El Lector y los pedruscos.

 03 10  El Lector y los pedruscos.

     Con El Lector empezamos mal. Él vivía asomado a la ventana de su casa, encima del bar del pueblo. Al pasar, Calígula acostumbraba a ofenderme, y él lo jaleaba.
     Calígula tuvo algún problema puntual de falta de oxígeno durante su desarrollo, creo que debido a una enfermedad no bien tratada. Eso quizá le discapacitó a ojos del mundo, pero cada vez se ha afianzado como un ciudadano más de Incomprensión. Hubo una época en que sus características especiales le creaban un conflicto con el mundo y acostumbraba a dialogar no con palabras, sino con las piedras que en ese momento se hallaran al alcance de su mano.
     Cuando Calígula me veía pasar acostumbraba a ofenderme lanzando un gran erupto de desprecio. Si intentaba acercarme a él, el diálogo eran piedras. Y los parroquianos del bar estaban encantados con el espectáculo. El Lector, en la ventana, imitaba a Calígula. Hasta que un día me enfrenté a ellos. Es que no ves cómo es Calígula, me dijo su hermano. Sí, lo que me tiene muy enfadado es que El Lector le imite. Desde ese día mi relación con El Lector fue de lo más afectiva. Y hoy en día a Calígula lo considero un amigo.
     Cuando veía a El Lector en la ventana le gritaba ¡Lean! Eso podría interpretarse como si le llamara por su nombre falso, Leandro, que no tiene nada que ver con la realidad literaria aquí expresada. Tras hacer una pausa, continuaba la frase... Lean y se culturizarán. Era un guiño a su persona. Teníamos una cierta afinidad ideológica.
     Creo que estuvo en la cárcel por comerciar con hachís. Creo que tomaba cocaína. No llegamos a hablar de esas cosas. Le tuvieron que hacer un trasplante de riñón. Y empezó a llevar una vida más saludable. Todos los días hacía una ruta de un par de horas caminando. Ya no vivía en la ventana. Adelgazó. Decía que ese cambio había costado mucho. Le dije que lo importante no es la meta, sino el camino. Un día alguien del pueblo lo acercó al hospital porque se encontraba mal, y no regresó. Nos quedamos sin saber si pudieron hacer más por él en el hospital.
     Nos queda el recuerdo, que inevitablemente se va diluyendo.

     El Lector asistió a mis incivilizados intentos de expresarme, erradicados por los poderes locales. Cuando la cartelería fue eliminada, pasé a los graffitis. Cuando los graffitis fueron eliminados, pintarrajeé unas rocas situadas alrededor del aljibe de Incomprensión. Como se habían llevado los paneles electorales tras actuar sobre ellos con mis consignas, y a la vista de las rocas recién pintadas, le dije a Él Lector... Si no les gustan, que se las lleven. Y se rió con ganas.
     Luego Lamar me dijo que Las piedras están protegidas. Es cierto, las piedras del mundo, deben estar protegidas, como las especies que tienen derecho a existir y los paisajes que no debemos cambiar por puro capricho.
     A parte del error de violar la integridad natural y el color de unos pedruscos, podría considerar que esas piedras son el primer libro que he publicado. Sus proclamas van siendo ocultadas por las hierbas, pero de vez en cuando erradico la maleza para poder leerme, aunque la gente piensa que estoy limpiando el descampado donde está el viejo aljibe de Incomprensión, en pleno centro del pueblo.

              Resquicio, cinco de febrero de dos mil veinticinco.

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