La piedra.

 17 18  La piedra.

     ¡Nilo, a tu puesto!, gritó una voz autoritaria y, casi simultáneamente, restalló el sonido de un latigazo que apenas le rozó. Antonio agarró la gruesa cuerda de la que debía tirar para seguir arrastrando esa gran mole de piedra que llevaban, desde la cantera al lugar donde estaban construyendo la nueva gran pirámide, esa que aseguraría una plácida vida eterna para el dios faraón que gobernaba el país.
     Los caminos habían dejado de ser solitarios, Antonio Nilo siguió la riada de gente y acabó enrolado a la fuerza en el grupo de los que arrastraban la gran piedra tallada, una de tantas entre todas las que confluían hacia la futura pirámide; pero no era una de tantas, tenía su lugar predestinado en la construcción y sabían ya que costaría un determinado número de vidas entre los trabajadores. Eran vidas a la vez necesarias y prescindibles.
     Antonio Nilo convivía con los porteadores y aprendió su idioma. Deseaba incitarlos a rebelarse, pero parecía que en su vocabulario no existía el concepto rebelión. El Dios Faraón nos alimenta, nosotros le pertenecemos. Los campesinos os alimentan. El Dios Faraón hace su magia para que cada año el Gran Río fertilice los campos. Las nubes hacen esa magia. Oh, Nilo, calla, duerme...
     Ahora Antonio está en Mesopotamia con una tribu nómada. Regresan al lugar donde el año pasado abandonaron a un viejo impedido que no podía seguir andando, buscan sus restos para honrarlos y sorprendentemente lo encuentran con vida. El viejo ha sobrevivido enterrando semillas en el barro y aguardando a que la plantas den fruto. Algunos deciden quedarse en ese lugar, clavan el dedo índice en la tierra mojada e introducen una semilla en cada agujero. Algunos apilan piedras alrededor del lugar, para proteger la futura cosecha.
     Antonio introduce su dedo en el barro y deja una semilla. A su alrededor ha crecido una ciudad. Antonio introduce su dedo índice en el barro y deja una semilla. A su alrededor han levantado una muralla. Antonio introduce su dedo índice en el barro y deja una semilla. A su alrededor hay edificios construidos con piedras talladas al milímetro y que pesan toneladas. Antonio introduce su dedo índice en el barro y deja una semilla. Un grupo de arqueólogos están alrededor de esos edificios y comentan maravillados que con la tecnología actual difícilmente podrían construir algo semejante. ¿Cómo pudo una civilización de hace milenios alcanzar ese desarrollo? Antonio introduce su dedo índice en el barro y deja una semilla. ¡Un ibis de colores!, dice alguien. Antonio despierta, está amaneciendo en Egipto. En el cielo ve su  cometa y unas nubes que juegan con ella. Una nube le tiende la mano y Antonio Nilo se agarra a ella, alza el vuelo y se aleja, los porteadores contemplan el extraño fenómeno, los soldados traen maniatado a un nuevo porteador.

               Resquicio.


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(Inacabado)
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