Trenzado africano.

     Trenzado africano.

     Trenza de tres textos ya publicados en La marea con África como telón de fondo. Mil doscientas y pico palabras para ti.

08 05  Introspecciones (y dos).
14 10  Sombra.
17 06  Lo más grande…

               +

08 05 Introspecciones (y dos).

     Amor, he leído un libro sobre tu país.
     Tu país es un río sembrado de aldeas.
     Dicen que, allí donde ves alzarse un baobab, hubo una aldea.
     En cada aldea hay un viejo baobab bajo el que los ancianos deliberan y toman decisiones, y la gente acude a escucharles.
     En la entrada de cada aldea puedes ver el árbol de los viajeros. En sus ramas, los que parten dejan sus ofrendas. Y los que recorren los caminos encuentran allí el sendero que lleva hasta el poblado y también el que les permite seguir su rumbo sin demora. Cuando pasan son rodeados por la chiquillería del lugar, ávidos de novedades. Muchas veces el viajero, circunspecto, no da explicaciones de la historia que sus pies están escribiendo.
     La historia la guardan los hombres-memoria. Ellos vienen a ser libros, enciclopedias vivientes. Llegan de año en año a la aldea y recitan los hechos importantes vividos por los ancestros de cada familia, remontándose varios siglos. No se equivocan. Su trabajo consiste en recordar todo lo que merece ser rememorado. También los hombres sabios y santos visitan la aldea.
     A cada familia le es asignada una parcela de campo para que cultive su alimento, de acuerdo a sus necesidades. En un recodo del río, las mujeres se encargan de sembrar el arroz, uno de los pilares de la alimentación de este pueblo, junto al cuscús. La época de sequía es dura, algunos años muere gente de hambre, pero la naturaleza acaba estallando en la opulencia renovada, tras la espera de ver como maduran lentamente los mangos en las ramas.
     Cuando va a nacer una criatura, el padre debe reflexionar durante una semana sobre el nombre que habrá de llevar ésta. Y no debe pronunciarlo en voz alta. Ha de ser el bebé la primera persona en escucharlo, susurrado al oído, ante las estrellas espectantes.
     Allí nació y vivió Kunta Kinte, hasta que fue cazado por los demonios blancos que comen gente.
     En la aldea no volvieron a saber de él. Siete generaciones después apareció allí un descendiente norteamericano del mencionado Kunta Kinte, Alex Haley, que andaba buscando completar el árbol genealógico de sus antepasados africanos. Y los hombres-memoria le supieron decir.

               Abeto Segundo.

               *

14 10 Sombra...

     Tras una moratoria de siglo y medio, se desencadenó la guerra genética en el planeta. Ya no había soldados americanos de menos de tres metros y los atletas nepalíes eran capaces de subir cinco veces seguidas al Everest sin oxígeno ni vituallas. Los recursos del Sistema Solar se estaban acabando y los saltos intergaláctico eran, de momento, una mera especulación intelectual de los científicos. Fue en ese momento cuando Sombra pronunció ante la asamblea de la Organización de las Naciones Unidas su discurso martinlutherkingiano.

     En África, con algún retraso, la tecnología occidental acaba llegando. Por eso los masais adultos eran todos de al menos cinco metros de altura y no necesitaban saltar para tocarles las orejas a las jirafas. Les gustaba salir de detrás de las acacias y hacerlo. La evolución genética natural de las jirafas tardó bastante en asimilar aquel nuevo peligro relativo que requería un trote de huida y poco más.
     Por su parte los pigmeos siguieron sus propias tradiciones y optaron por internarse más en los escasos bosques que quedaban y seguir empequeñeciéndose. Ya se les consideraba extintos, cuando salió de los matorrales un anciano pigmeo diminuto y se acercó a un baobab bajo el que tenía lugar una asamblea mandinga. Era su lugar tradicional de reunión, pero ahora tenían que entrar bajo la copa del árbol agachados, para no golpearse con las ramas más bajas del baobab.
     El pigmeo dijo El ser humano está arrasando el planeta; pero si todos hicieran como nosotros, empequeñecer, los recursos se multiplicarían.
     El jefe de los mandinga dijo El ratón quiere sombra pero este lugar es nuestro.
     Así fue como el pigmeo viajó de poblado en poblado y, creyendo todos que buscaba sombra, lo llamaron Sombra.
     Pero Sombra no buscaba sombra, Sombra ofrecía sombra. Ante la asamblea de las Organización de las Naciones Unidas propuso una tregua en la batalla del desarrollo genético interracial. Paren el estruendoso desarrollismo de los cuerpos, cultiven lo pequeño, vivan lo reposado y alcanzarán un bienestar insospechado. Hubo algunos aplausos corteses. 

               Andaresco, treinta y uno de octubre de dos mil veintidós.

               *

17 06  Lo más grande...

     A los dieciocho años y un día Eu se fue de casa. Vagamundeó por la costa y se alimentó de sus charcos. En un puerto del sur encontró trabajo y se enroló en un barco mercante apestoso que llevaba  espejos y bisutería a África para allí intercambiarlos por esclavos.
     Remontaron un ancho río. Los nativos huían al ver el barco. Llegaron a la factoría. Los negros que iban a comprar estaban desnudos hacinados en agujeros putrefactos, los marcaban con hierros al rojo vivo y sólo los seleccionados como mercancía válida salían del agujero. El capitán del barco negrero negociaba con los reyezuelos locales que guerreaban para proporcionarle los esclavos. Pero al capitán le gustaba salir de caza, así que escogió a tres de sus más jóvenes marineros. recién enrolados, y se internaron en la selva. Eran Aldo, Rimbaud y Eu los elegidos. 
     Sorprendieron a un mandinga que estaba talando un viejo tronco para hacerse un tambor y lo apalearon para que dejara de resistirse. El luchaba con las manos desnudas, intentaba morderlos, buscaba dónde había dejado su hacha rudimentaria. El capitán se disponía ya a encadenarlo, cuando Eu intervino. Cogió el hacha del mandinga y decapitó al capitán de un golpe certero. Aldo y Rimbaud, al ver que Eu se les encaraba, salieron huyendo.
     Hola, blanco, ¿tú no comes gente, como hacen los otros blancos?
     Ellos no os quieren para comeros, se os llevan para haceros trabajar. Así no les alimentáis un día, sino todo el tiempo que consigan manteneros con vida.
     Creo que eso es peor. ¿Por qué me ayudaste?  Ahora no podrás volver con los tuyos. Acompáñame a la aldea.
     Se encaminaron al poblado pero no entraron en él. Pasaron la noche al raso y por la mañana Kunta se fue y regresó con un cojín e hizo que Eu se lo pusiera debajo de la camiseta, sobre el estómago.
     Entonces se cruzaron con un grupo de niños pequeños que salían como cada mañana a llevar a pastar a las cabras. Cuando vieron al blanco, empezaron a chillar espantando a los animales. Entonces Kunta dijo Este blanco ya ha comido mucho hoy. Eu mostró a los niños su estómago abultado. Los niños reagruparon las cabras y se fueron yendo, pero intranquilos echaban la mirada hacia atrás por si el blanco les seguía.
     Así fue como Kunta Kinte pudo salvarse de la esclavitud, se casó varias veces, tuvo muchos hijos y murió, ya anciano, rodeado de los suyos. Siete generaciones después, un Kinte llegó a Estados Unidos para estudiar y acabó siendo estrella de la NBA.

     En cuanto a Eu, vivió entre los mandinga el resto de su vida, también se casó y tuvo un hijo.
     Cuando nació su hijo, lo sacó de la choza de su madre y le susurró al oído Nicanor, Nicanor, Nicanor; ese es tu nombre.
     Luego lo descubrió, lo levantó hacia el firmamento y dijo Esto es lo único más grande que Tú...

               Resquicio.

   -   -   -
08 05  Introspecciones (y dos).
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/01/introspecciones-y-dos.html
14 10  Sombra.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/sombra.html?m=1
17 06  Lo más grande…
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/09/lo-mas-grande.html




Comentarios

Entradas populares de este blog

Aleaciones...

Si se te caen los grilletes...

Introspecciones (y dos)