Los siete.

17 24  Los siete.

     Cuando llaman a la puerta, Urbano y Civilizado salen agarrados de la mano y preguntan sonrientes ¿Qué se le ofrece? 
     Si dan unos toques suaves y rítmicos en la puerta, salen Curioso e Intrigado abriendo los ojos de par en par. 
     Si aporrean la puerta con rotundidad de visita oficial, salen Hosco e Inocente, uno detrás del otro. El primero tiene el ceño fruncido y el segundo llega con su mano derecha haciendo pantalla parabólica tras el oído derecho, ladea un poco el rostro y casi sonríe, pero se coloca hombro con hombro al lado de Hosco cual si fueran un inexpugnable parapeto. 
     Y si directamente derriban la puerta, Maldito sale a defenderse con las manos y con palabras que le salen a borbotones. 
     Ni Urbano ni Civilizado ni Curioso ni Intrigado ni Hosco ni Inocente sabían que Maldito vive en la casa. Seguramente se esconde en la buhardilla y se alimenta por la noche de las sobras de los demás. Maldito en realidad se llama Maldecidor. Lo llevamos dentro y sale cuando una piedra se interpone en el camino y nos lástima el pie. Cuando nos acorralan e intentan hacernos daño todo nosotros se convierte en Maldecidor 
     Maldecidor vomita todos los exabruptos guardados en la buhardilla, sin olvidarse de uno solo. Los demás se quedan perplejos al ver publicadas en el aire las obras completas del lo que podemos llegar a pensar y a decir; de lo que somos en realidad cuando todas las máscaras y  todos los maquillajes han desaparecido de nuestra piel 

                Resquicio, veinticinco de diciembre de dos mil veintitrés.




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