El tándem.

 17 20  El tándem.

     Pedro y Antonio solían pasear por Madrid, en el garaje tenían siete limusinas de colores, una para cada día de la semana, pero preferían ir en tándem por el carril bici, conversando, por el placer de hablar, porque sabían todo el uno del otro, antes de decirlo.
     Pedro, si yo he nacido en la India y mi madre murió hace tiempo, y tú eres madrileño y tu madre vive en Marbella, ¿cómo podemos ser realmente hermanos?
     La que ahora consideramos mi madre recurrió a la gestación subrogada, y la que llamamos tu madre, fue el vientre de alquiler. Así que de alguna forma ambas son nuestras madres, una aportó los genes y la otra nos llevó en su interior durante el embarazo.
     ¿Y por qué nos separaron?
     Al parecer, tu madre se arrepintió del trato y quiso quedarse con el hijo que había crecido en su interior, por mucho que no fuera realmente suyo. Por suerte, del parto nacimos dos niños sanos y se llegó a un acuerdo, tú quedaste a orillas del Ganges y te llamaste Antonio Ganges y yo, en Madrid, crecí como el Pedro Manzanares que tienes ante ti.
     Nuestro apellido es un tanto particular, cuando estuve en Egipto me convertí en Antonio Nilo.
     Así es, fluctúa. De algún modo, somos Antonio y Pedro Ríos.

     Pedro y Antonio se casaron con dos hermanas, Prisca y Bea, con las que vivieron como si fueran una comuna hippie en la que los hijos eran un poco de todos. Pero poco a poco surgió un desasosiego en su interior que tenía que ver con su sincronización. ¿Cómo era posible que lo que sabía o sentía uno lo supiera y sintiera el otro, siempre? Así que salieron de viaje en busca de respuesta, allí donde alguien supiera darles razón de ello.
     Tenían cuatro jets privados de distinto color, uno por cada estación del año, pero se fueron andando por caminos secundarios. Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero ellos llegaron hasta el Oráculo de Delfos. Y el Oráculo de Delfos se les apareció en sueños y les dijo ¿Por qué perturbáis mi descanso milenario con menudencias?, ¿acaso me necesitáis para discernir lo evidente?, ¿no tenéis ojos en la cara? Vosotros no sois dos, sois uno. Del parto nació un solo niño, al que ninguna de las dos madres, ni la biológica ni la gestante, quiso renunciar. Hubo un juicio presidido por el insigne y bíblico juez Salomón, que dictaminó que, puesto que las dos mujeres decían ser las madres de la criatura, debía partirse al niño por la mitad y que cada una de ellas se quedara una de las partes... ¿Por qué ponéis esa cara de asombro? ¿Acaso no fuisteis por la vida el uno dando saltos con el pie derecho y haciendo todo con la mano derecha, y el otro saltando y utilizando el pie y la mano izquierdas... hasta el día que os rencontrasteis y empezasteis a caminar, hombro con hombro, sincronizando vuestras cojeras?
     A partir de ese día, entre Pedro y Antonio empezaron las desavenencias, los malos entendidos y la soterrada lucha por el predominio. Por eso un día decidieron separarse, Antonio Pedro Ríos se fue por un lado y Pedro Antonio Ríos por otro. Estuvieron desde entonces buscando una singularidad y una especificidad propias. No sabemos si encontraron lo que buscaban, pero ambos especificaron en sus respectivos testamentos que deseaban ser enterrados en el mismo mausoleo.

                 Resquicio.

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