Macondos.

09 06  Macondos.

     He conocido a unos tipos muy raros que sostienen que las cosas tienen que vivir su vida propia a parte de la de los amos a los que han servido, dejan escapar aleteando los libros leídos, dejan que emigren a otros talleres las herramientas obsoletas y oxidadas, que en manos nuevas se ponen a brillar. No expulsan de los campos baldíos al labriego primario que llega para alimentar la tierra y se sienta a esperar el regalo de sus dones. 
     También he conocido a gente creyente y caritativa que te da las migajas para ganarse una parcela en el cielo. Otros ni eso, un miedo atávico a perder sus posesiones y privilegios les impide abrir los brazos. Ellos, los que acaparan y esconden lo que no necesitan, no saben lo que se pierden en realidad. No saben que las cosas tienden a fluir en el cosmos, que quien da, recibe; que quien no engaña, resplandece; que quien prefiere hundirse a pisarte, tiende a flotar…

     Cuando acabe de escribir La Cuesta de los Niños la guardaré al lado de Cien años de soledad, para que conversen de sus cosas.
     Han de pasar los años y quizá el Astrónomo leerá los manuscritos indescifrables de Melquíades, hasta comprender. ¿Tarde? Nunca es tarde. Ni más allá del punto y aparte, ni más allá del punto y final.
     El Astrónomo tiene pocos años, pero no es pequeño.
     Estrella brilla. Estrella tiene algunos años más, pero, como su hermano, tampoco es pequeña.
     Oklahoma cambió de nombre y ahora es Arizona Amor.
     Lovely creemos que se llama Guiri Corredor, aunque hay que comprobarlo. Le estamos tramitando un pasaporte español para derribar fronteras. 
     Esta familia, con sus manos, hace emerger macondos en el camino. Ellos, y otros que les secundan, van generando una epopeya sin pretensiones.

     Igual que Cien años de soledad tiene sus incongruencias, en La Cuesta de los Niños se han cometido ya algunos errores.
     Al mencionar a los animales salvajes de este macondo se nos olvidó mencionar a los skates asilvestrados que te llevan plácidamente cuestarriba o cuestabajo, pero que también se encabritan y te desmontan si tienen un mal día o si no les llenas el pesebre con buenas palabras cantarinas cada mañana.
     Tampoco se mencionó el Cofre de los Tesoros Desenterrados, que entre todos los animales es el único herbívoro que no tiene ruedas, aparentemente. Puede que el Tesoro guarde sus ruedas en el tesoro, pero no vamos a meternos en cosas tan íntimas como qué piensan los Cofres de los Tesoros Desenterrados cuando permanecen ensimismados.

              Resquicio.


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