Las cosa (y tres).

 08 03 La cosa (y tres).


     Unas reflexiones sobre esta vivencia universal repentina y trágica llamada coronavirus pandemia confinamiento recuento diario de víctimas debate político en la vorágine de la crispación...
     Lo primero, decir que no tengo conocimientos suficientes en medicina o sociología para que extraigas conclusión alguna más allá de un un intento de razonar y analizar la situación. Sólo conozco la punta del iceberg de todo cuanto se está hablando en las redes sociales, pero intuyo de qué va todo ello.
     Puedo ver a la gente sacando lo mejor y lo peor de sí mismos. Nos cruzamos y nos miramos a la cara, nos saludamos más que antes. También hay gente que deja aflorar al envidioso y "acusica" que lleva dentro.
     Pienso que hay que dejar actuar y decidir a los expertos, aunque en el fondo ellos saben y al mismo tiempo no saben. Se enfrentan a una dimensión desconocida de un proceso conocido, que es la enfermedad. Me temo que van, que vamos a aprender equivocándonos.
     Aparentemente el confinamiento es la respuesta adecuada, la siguen en todas partes. La solución contraria, dejar que la enfermedad progrese a su ritmo y adquirir así inmunidad de grupo, ha sido descartada por inhumana. Implica la muerte evitable de gente, y la prioridad es salvar vidas. No es una política de derechas o izquierdas; no es una decisión de los poderosos, es la respuesta general más adecuada. Pudiera resultar que el no confinamiento ofreciera mejores resultados, pero de entrada es inadmisible. Pero deben analizarse las alternativas. Imaginemos que la enfermedad rebrota y vuelve a rebrotar, el confinamiento dejará de ser la solución porque la parálisis económica también producirá víctimas. No sólo penuria y mala leche, víctimas reales.
     Porcentualmente no muere mucha gente de la enfermedad. Las pestes que asolaron Europa en la Edad Media diezmaron la población de un modo mucho más extremo. Cada muerte es inaceptable, pero la combinación de pandemia y confinamiento mata y salva vidas al mismo tiempo. Están las víctimas, bien o mal contabilizadas, y están las no víctimas: la gente que deja de morir en accidentes de tráfico, en accidentes laborales, por los efectos de la contaminación. Al final del camino tenemos que reflexionar sobre esto.
     Hay gente optimista que quiere ver lo positivo de la crisis: No volvamos a una normalidad nefasta, cambiémonos a energías limpias.
     Yo no comparto este optimismo, la descompresión va a ser petrolística, todos los que no pueden vender petróleo van a querer resarcirse rápidamente cuando la maquinaria vuelva a ponerse en marcha. Es más, creo que nos van a querer vender el argumento de que La crisis nos impide dar los cambios necesarios previstos a un desarrollo más sostenible y ecologista. Por desgracia. Ojalá me equivoque. Los que sí queremos ese cambio a mejor no vamos a tener fuerza. Los viejos engranajes de siempre nos devorarán.
     Con el confinamiento, ciertos negocios están paralizados, y puede deducirse que hay menos corrupción en las esferas de poder. Pero tiene que haber gente perversa ideando los negocios y pelotazos de la reactivación económica. Así es el sistema, y para nada ha llegado el momento de una revolución a mejor. Es lo que siento… y siento decírtelo así de crudo.

     Por otra parte, seguro que hay gente perversa ideando maneras de aprovechar la situación para que las libertades en general, y la libertad de expresión en particular, retrocedan.
     La crisis puede fortalecer a ciertos gobiernos, empoderados en el patriotismo; o acabar con otros, debido a una posible gestión negligente de la lucha contra la enfermedad. Hagan lo que hagan, serán criticados con fiereza por los encargados de realizar ese papel. Los gobiernos manipulan, las oposiciones hacen lo mismo. Quien más inactúe en ese sentido se ganará mi respecto.
      Lo importante es que la democracia no se resienta. ¿Y cómo pueden manifestarse los descontentos si siguen las restricciones de movimiento? No resulta fácil imaginar una manera nueva de protestar. Internet podría parecer la solución, pero está tan cerca de serlo como todo lo contrario: es o puede ser la manera más sencilla de controlar y manipular al ciudadano.
     Intuyo que pueden haber hambrunas y penuria social, a pesar de que se empieca poco a poco a programar la recuperación de la industria y los negocios. Los gobiernos van a aportar ayudas, pero no parece posible salvar al mismo tiempo a los grandes empresarios, a los autónomos, a los trabajadores y a los más menesterosos. Es tan necesario como imposible.
     Por ejemplo, los alquileres de vivienda están con precios disparados, ¿cómo salvamos la posición del propietario y la del inquilino, para que no pierda la vivienda, sin efectuar un reajuste de precios acorde a la nueva realidad socio-monetaria? ¿Cómo de negocia esto? Si no se reajustan los precios, si se elige priorizar la ayuda sólo a los poderosos, o por el contrario, a los menesterosos... se avecina el conflicto. Es el conflicto ideológico de siempre, entre derechas e izquierdas.
     Se va a armar...
     Se va a armar, como por otro lado se arma siempre, y en parte es lo que se espera, que luchen sin cuartel y que sobreactúen en sus acusaciones mutuas.
     Se va a armar, pero deberían entender, ambas partes, que las circunstancias excepcionales requieren soluciones excepcionales. Que las ideologías deben postergarse, para poder encontrarse a medio camino, renunciando ambos a una parte de los postulados. Aunque sea una tregua efímera.
     La izquierda debe renunciar a sus ideas de revolución y la derecha a las suyas de involución. La derecha debe pensar en los postulados de los obreristas y acercarse a ellos porque es que a la postre no sirve de nada estrangular a una parte del tejido social. La izquierda debe hacer lo mismo con el empresariado, autoconvencerse de aparcar la revolución o el sabotaje y salvar lo más posible de un sistema que detestan por cruel e injusto pero es lo que está vigente. Los grandes empresarios  deberían mentalizarse de que van a ser necesarias renuncias, que pretender seguir con los beneficios de siempre conduce al colapso. ¿Y qué me dicen de los bancos?, ¿vamos a conseguir que no se comporten, aunque sea un rato, como auténticos depredadores?
     Hay que decir, a diestra y siniestra, que viene penuria, llanto y hambre, y que posiblemente haya que retorcer las leyes o las normas para evitarlos. El coronavirus mata, y no querer reajustar los planteamientos de unos y otros, matará también, ya sea por inanición pura y dura o por otros tipos de inanición más sutiles.

     Ojalá me equivoque pero debemos ponernos en lo peor, porque siempre llegamos tarde...

               Abeto Segundo, tres de mayo de dos mil veinte.

 

   -   -   -
Siguiente  04  Introspecciones…
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/01/introspecciones.html
Texto completo de Introspecciones…
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/introspecciones.html
Índice de Introspecciones...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/introspecciones.html?m=1


Comentarios

Entradas populares de este blog

Digital y analógico en orden inverso.

Guerras (y dos).

María.