Trenzado galáctico.

 Trenzados galáctico.

     Trenza de siete textos ya publicados en La marea. Cuatro mil seiscientas y pico palabras para tí, amor.

08 07  El viaje…
08 08  El viaje (y dos).
08 10  El oso hormiguero.
08 11  El telépata.
17 14  Política interestelar.
05 06  Entré en el banco desarmado...
05 10  Entré en el banco desarmado (y dos).

                 *

08 07 El viaje...

     Lazarus Long el Nuevo está un poco harto de la presente situación en el planeta Tierra y por una vez decide no escapar al espacio exterior: utiliza su máquina de viajar en el tiempo p'atrás y regresa a las postrimerías de la pasada centuria, para poder olvidarse un poco de la pandemia, el confinamiento y la uniformización de los ciudadanos, todos siempre con las mascarillas sanitarias obligatorias que impiden sonreírse abiertamente y saludarse con besos en la boca, secos o húmedos.
     Le acompaña Abeto Segundo.
     Tras tomarse unas cañas en un bar en el que se permite fumar, entran en una librería. El librero pone mala cara al ver al alienígena Ann Alf Abeto Segundo, porque sabe que proviene de una civilización que, aunque no sabe leer libros de la manera tradicional terrestre, aprehende el contenido de los libros con sólo tocarlos. Así que ¿qué negocio puede hacer el librero con uno de estos especímenes?

     Mientras Abeto Segundo acaricia el lomo de algún tocho en la sección de clásicos grecolatinos, Lazarus compra Las nueve revelaciones, de James Redfield.
     Es una manera de afrontar el inminente cambio de milenio con esperanza y optimimismo. La novela plantea un renacer espiritual del ser humano, un cambio de mentalidad que surge y se propaga a partir del hallazgo arqueológico de unos antiguos manuscritos escritos en arameo... ¡en Perú! El hallazgo y su difusión se convierten en algo clandestino, alguna gente quiere propagarlos... frente a la actuación del Gobierno y de la Iglesia oficial, que pretenden eliminar los manuscritos y acallar el mensaje que de ellos se desprende.

     El despertar de una nueva consciencia humana empieza cuando el individuo empieza a interactuar con las plantas que nos alimentan, y se alcanza a visualizar su campo de energía.
     El objetivo de la nueva conciencia es romper con el arquetipo de las relaciones humanas, en las que nos robamos la energía vital unos a otros a través de una serie de comportamientos que se producen desde la infancia. El individuo aprenderá a cooperar con aquellos con quienes convive, no apropiándose de su energía, sino incrementándola mutuamente.
     La humanidad cambiará para mejor y todo comenzará a ser así al adoptar una serie de planteamientos positivos hacia las pequeñas cosas y gracias el respeto por la vida, empezando por ponerse a mirar el aura vital de las plantas. Los bosques antiguos se convertirán en templos y la humanidad en general cambiará, de su desenfrenada escalada de destrucción de la naturaleza, propiciadas por la ciencia y la tecnología, hasta el respeto por los espacios naturales y el beneficio espiritual que éstos producen.

     Todo esto ocurrirá/ocurrió en el cambio de milenio.
     El tiempo de la profecía ya pasó, pero eso no lo saben aún Lazarus Long el Nuevo y Ann Alf Abeto Segundo, que están allá por el año 1993 ó 1994.

              Abeto Segundo.

                 *

08 08 El viaje (y dos).

     Ann Alf Abeto Segundo es un alienígena, para los terrestres. Por lo tanto, los terrícolas son alienígenas para Ann Alf Abeto Segundo.
     Al salir de la librería, Ann Alf Abeto Segundo y Lazarus Long el Nuevo se encuentran con un alienígena para ambos.
     Entonces se produce una escena que ya conocemos, pero la reproducimos para los desmemoriados.

     El alienígena desconocido, cortés: Hola
     Alf: Hola, me llamo Alf.
     El alienígena desconocido: Anda, yo también me llamo Alf.
     Alf: Yo me llamo Ann Alf.
     Alf: ¡Qué coincidencia, yo también me llamo Ann Alf!
     Ann Alf: Bueno, mi nombre completo es Ann Alf Abeto.
     Ann Alf: ¡Vaya, ese es mi nombre completo también, Ann Alf Abeto...!
     Ann Alf Abeto: Pues algo tenemos que hacer, en este planeta no se permite que dos personas tengan la misma identidad, por eso tendremos que numerarnos. Yo conozco a Ann Alf Abeto Primero y soy Ann Alf Abeto Segundo. A ti te toca ser Ann Alf Abeto Tercero. Haber llegado antes.
      Ann Alf Abeto Tercero: En realidad he llegado antes, viajeros del tiempo, estamos en 1967. Pero no importa, me quedo con el número adjudicado, seré Tercero.
     Ann Alf Abeto Segundo: Estoy encantado de conocerte, he oído hablar mucho de tu especie y conozco, a grandes rasgos, la historia de tu galaxia.
     Ann Alf Abeto Tercero: Yo también he oído hablar de vuestra civilización de lectores táctiles...
     Ann Alf Abeto Segundo: Pues vuestra fama de lectores olfativos os precede. Se cuentan historias de verdaderos especialistas capaces de leer un libro a kilómetros de distancia, a través de su olor.
     Ann Alf Abeto Tercero: Bueno, son muy raras excepciones. Para la mayoría de mis conciudadanos la lectura es un trabajo arduo y tienen que aspirar el contenido del libro con éste muy pegado a sus narices. Me recuerdan a los lectores terrestres miopes intentando entrever la letra menuda de alguno de sus libros.
     Ann Alf Abeto Tercero husmea un poco el aire. Lazarus Long el Nuevo lleva un libro en la mano, “El universo” de Isaac Asimov. Ann Alf Abeto Segundo no puede evitar rozarlo. Ambos, Abeto Tercero y Abeto Segundo, intercambian una mirada de complicidad. Lazarus ha viajado en el tiempo para comprar este libro, cuya lectura satisfará tanto a Resquicio a principios del próximo siglo.

              Abeto Tercero.

                   *

 08 10  El oso hormiguero.

     Lazarus Long el Nuevo continuó su viaje por el tiempo acompañado de Abeto Segundo y Abeto Tercero. Decieron acudir a Aracatama, en enero de 1928, para asistir al nacimiento de Gabriel García Márquez. Preguntaron por Macondo, pero nadie les supo decir nada sobre ese lugar, así que entraron en la primera librería que vieron. A las puertas de la librería había un oso hormiguero que olisqueó las mochilas que llevaban los viajeros.
     La librería estaba regentada por un viejo catalán que les dijo No el conec al García Márquez, no ha publicat res.
     Entonces los Abetos cayeron en la cuenta de que los habitantes de la Tierra nacen en estado iletrado y deben ser adiestrados para crear una bibliografía, al contrario de su caso, en que todo es innato e instintivo. En cuanto a Lazarus, su nacimiento ocurrió hace tantos siglos,  ha visitado tantas galaxias... que tampoco cayó en la cuenta. 
     Los visitantes siguieron preguntando al viejo, por Macondo, por los García residentes en Aracatama en ese 1928...
     Si us plau, deixeu-me llegir tranquil, dijo el viejo, y agachó la cabeza sobre un libro abierto sobre la mesa. Como existen tantos cúmulos de galaxias en los que se habla catalán, los viajeros entendieron y salieron de la librería. 
     Afuera seguía el oso hormiguero, que dijo Hola. Entonces los Abetos abrieron mucho los ojos y cayeron en la cuenta de que aquel ser no era un oso hormiguero, sino un alienígena de una raza y una procedencia distintas a las de Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero. 
     Sabían de su existencia pero hasta el momento no habían coincidido con ninguno de ellos. Esta raza, a diferencia de los Abetos, lee y acumula el conocimiento por succión y regurgitación. Con la trompa, absorben todas las letras de cualquier medio en el que figure un escrito. Las letras pasan por su estómago-cerebro y luego los expulsa por la misma trompa depositándolas en el mismo orden en donde estaban... ¡o no! Se dan casos de este tipo de alienígenas que corrigen errores en los libros clásicos y en las enciclopedias; pueden reescribir los manuscritos de autores noveles para convertirlos en best-sellers; pueden borrar pasajes enteros de obras aburridas; pueden mejorar la rima de los sonetos y de cualquier poema de pautas métricas rígidas. 
     Por ello muchas asociaciones de escritores quieren que se les impida la entrada en su galaxia. También son perseguidos por el espacio por los policías recaudadores de los derechos de autor, para ajustar cuentas en su beneficio o en su perjuicio. Cuando los ven llegar, estos alienígenas salen huyendo, ya que son incapaces de asímilar el concepto derechos de autor. Para ellos la cultura transmitida por escrito es una cuestión puramente biológica, tan incuantificable como la cantidad de aire que respira cada habitante de un planeta con atmósfera. 
     ¡El aire y las ideas expresadas no son de nadie!, aducen. Pero nadie atiende a sus protestas. En muchos sitios se les encarcela y tortura hasta la muerte, pero como renacen una y otra vez tras matarlos, optan por expulsarlos de su territorio.

     Como el oso hormiguero ha leído los cuadernos de bitácora de los viajeros, cuando olisqueó sus mochilas, directamente dijo Me llamo Ann Alf Abeto Cuarto. Él mismo, al coincidir su nombre con el de los otros alienígenas, se numeró Cuarto. Pero entonces hubo un breve conciábulo y se decidió que, mientras estuvieran en la Tierra, Ann Alf Abeto Cuarto sería para ellos, para evitar problemas, un simple oso hormiguero domesticado por unos simples viajeros que andan rebuscando obras por las librerías del pasado y del futuro. 
     Así ocurrió/ocurrirá.

               Abeto Cuarto, dieciséis de enero de dos mil veintidós.

                 *

08 11  El telépata.

     El viaje a través del tiempo y de los libros escritos o por escribir, de Lazarus Long el Nuevo y sus amigos los lectores alienígenas, continúa y han llegado a un lugar inconmensurable.
     Están en la biblioteca imaginada por Jorge Luis Borges. Una sucesión de salas repletas de libros puestos en estanterías que cubren todas las paredes. Escaleras circulares hacia arriba y hacia abajo llevan a otras salas similares. En esos libros está todo libro posible. Es decir, todas las letras que existen ordenadas en todas las disposiciones posibles conformando todos los libros que pueden llegar a existir. Libros, pues, en los que el azar ha querido que no aparezca ninguna palabra comprensible en ningún idioma conocido; o sí, una palabra en la lengua materna del lector; o bien, por el contrario, sólo palabras bien dispuestas y comprensibles, sin florituras ni pedantería, conformando libros que llegan al alma.
     Por lo tanto, en esa biblioteca se encuentran también todas las obras clásicas de la literatura universal de la humanidad. Pero hay que dar con ellas y Lazarus Long el Nuevo no tiene paciencia y refunfuña Aquí puedes pasarte una vida entera leyendo para conseguir encontrar una palabra de un posible libro que podría llegar a gustarte.
     En esto que entra en la sala un nuevo ser extraterrestre, un tipo un poco enclenque con un cabezón enorme que parece mentira que pueda sostenérsele sobre los hombros. Y está a punto de ocurrir una tragedia cuando el oso hormiguero salta de la estantería en la que está encaramado  a los hombros del recién llegado, que se tambalea pero consigue no caer al suelo, por otro lado bien enmoquetado para preservar al lector del sonido de los pasos de otros usuarios de la gran biblioteca borgiana.
     El oso hormiguero se mete entre las ropas del cabezón y sale por una pernera del pantalón. El alienígena sonríe quitándole importancia a las travesuras de un animal no ponzoñoso como es un oso hormiguero terrestre.
     Hola, soy un telépata de la civilización de los telépatas de la galaxia de los telépatas. Somos unos seres con poderes inimaginables para el resto de habitantes del Universo.
     Sabemos quien eres...
     ¿Cómo vais a saberlo si aún no os lo he dicho?
     Pues...
     En fin, da lo mismo, yo sí sé quienes sois cada uno de vosotros porque acabo de leeros la mente. Se da la circunstancia extraordinaria de que me llamo Ann Alf Abeto, como los aquí presentes Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero...
     Lo sabemos...
     ¿Lo sabéis?, ¿sois también telépatas?
     Yo he leído la documentación que llevas en la cartera que está en el bolsillo interior de tu chaqueta.
     Ah, pero tú no eres un oso hormiguero terrestre, eres un ser del espacio que lee aspirando las letras con su trompa y luego regurgita los textos inalterados o corregidos.
     ¿Y no te diste cuenta antes, telépata?
     Para leer las mentes hemos de concentrarnos en las facciones del sujeto a desentrañar, y no había reparado en que fueras un ser pensante, te consideraba un simple animal no evolucionado incapaz de comunicarse con otras especies.
     Mira tus documentos...
     El telépata saca su documentación y lee en ella Ann Alf Abeto Quinto. Dice Oh, has alterado mi nombre cuando te colaste entre mis ropas. Es un truco interesante, pero no se puede comparar con lo que podemos llegar a hacer nosotros los telépatas. Podemos...
     Lo sabemos...
     ¿Qué?
     Sabemos que podéis llegar a leer un libro que el autor todavía no ha escrito, que recién acaba de imaginar, con sólo mirarlo a la cara. Es algo interesante
     Pero ¿cómo podéis saber eso si resulta que soy el primer telépata que ha viajado hasta este rincón del Universo?
     Muy sencillo, Abeto Quinto, eres transparente, todo lo que piensas se te refleja en el rostro. Es algo en lo que quizá no reparaste al vivir desde siempre entre seres iguales que tú.
     Oh, qué vergüenza, yo que pretendía anonadaros con mis habilidades para penetrar en vuestros pensamientos y resulta que son mis propios pensamientos los que están expuestos a vuestra mirada.
     No importa, nos pareces buena gente.
     Abeto Quinto se da la vuelta un momento, saca de su mochila una máscara y se la pone sobre el rostro. Pero al parecer esa máscara introspectiva y aislante que utiliza su civilización para conseguir momentos de intimidad... tiene como contrapartida que dificulta sobremanera las dotes telepáticas, así que debe quitársela para continuar la conversación. Acaba ruborizándose y vuelve a ponerse la máscara para disimular el sentimiento de vergüenza, bochorno y zozobra que le domina. Pero el grupo no se lo tiene en cuenta y deciden continuar el viaje en busca de bibliotecas un poco más acotadas que la de Borges. Todos ellos, Lazarus Long el Nuevo, un lector táctil, un lector olfativo, un oso hormiguero y un ser enmascarado. ¿A dónde se dirigen...?

               Abeto Quinto.

               *

17 14  Política interestelar.

     Nosotros en Ganímedes tuvimos problemas políticos muy similares a los vuestros hasta que cambiamos el sistema electivo.
      ¿En lugar de votar se eligen los cargos por sorteo?
     Eso se plantó así durante un tiempo, pero no funcionó del todo, aunque una minoría de ganimedianos optó por continuar con este sistema y procedieron a colonizar un asteroide cercano. Su devenir histórico es curioso, azaroso, sorprendente... a veces estimulante.
     ¿Y cuál es el sistema definitivamente implantado?
     Para evitar que el poder caiga en manos de quien lo desea ostentar sobremanera, la población vota a cualquier ciudadano para las funciones específicas a administrar, y para los cargos representativos a desempeñar. No es necesario presentarse a las elecciones, cualquiera puede hacerte el favor o la gran putada de pensar en ti para un puesto importante... o de poca monta. Se elabora una lista de los ciudadanos que más votos han obtenido, pero no es obligatorio aceptar el cargo. Gobernará el primero que sí acceda a entronizarse. Por su parte los ciudadanos que, habiendo sido encumbrados a los primeros lugares de la lista, renuncian, son invitados a ser consejeros de los gobernantes. Tampoco es obligatorio ejercer ese cargo. Algunos prefieren permanecer en su privacidad familiar. De este modo a veces nos gobiernan ilustres mentes lúcidas y a veces caemos en la mediocridad... Pero, desde que implantamos este sistema, han dejado de llegar al poder los usurpadores y depredadores atroces que antes no hacían más que encaramarse al pedestal del gobierno de todas las naciones ganimedisianas, sin excepción, primo.

               Resquicio.

               *

05 06  Entré en el banco desarmado...

      Entré en el Banco de Siempre desarmado, tras una larga ausencia debido a mi último viaje por del espacio. Tuve que dejar a mi compañero el cuadrúpedo y científico matemático Gracias Negro en casa... porque imaginé que los bancos no habrían cambiado tanto, en el tiempo y el espacio de la Tierra, como para atender a los clientes con servicio gratuito de guardería para bebés y mascotas.
     En algunas galaxias puede ser, pero en la Vía Láctea las cosas tienden a la conservación, y no a la conservación del medio ambiente, por ejemplo, sino a la conservación de los privilegios de unos pocos y el sometimiento de las masas.

     Pero cometí un error. El Banco de Siempre estaba francamente cambiado. No había ni rastro del mostrador donde el cajero o la cajera acostumbraban a despachar; ni rastro de los asientos donde antiguamente los habitantes del planeta se sentaban esperando a ser atendidos.
     En mi última estancia en la Tierra, en los bancos se formaban colas interminables de clientes mal atendidos. Algunos morían de inanición y el personal ocultaba los cadáveres bajo la alfombra. Todo era un complot para deshacerse de un gran número de empleados de los bancos y que los clientes se vieran obligados a aprender a hacer los trámites atendidos por máquinas, en principio más dóciles y no sindicadas.

     Ahora el Banco de Siempre no parece a un banco. No se parece a la idea que siempre he tenido de un banco.
      La puerta se abre automáticamente y veo unas mesas redondas con sus correspondientes sillas alrededor, como si fuera un bar en el que pasar un rato tomándose algo.
     A primera mano un pequeño estand atendido por una pulcra azafata. ¿Será Atención al Cliente? En la ese mostrador está escrito HOLA, a lo que contesto alegremente ¡Hola! Pero la tarima no responde. Sí la azafata, muy cordial. Le explico que el objeto de mi visita es abrir una cuenta corriente en el Banco de Siempre, que ya fui cliente del mismo, que la cuenta se canceló y que traigo con un documento oficial de los servicios sociales. Entonces la azafata, que quizá no sea de carne y hueso, salta como un resorte diciendo "¡Nuestras comisiones...!" Pero le corto en seco Nada de comisiones, según la documentación que afortunadamente puedo aportar. Se trata de un documento elaborado por P., con la colaboración de Conchita y la firma oficial del Dios Beta.
     Esto desarma un poco al artilugio mecánico o azafata de carne y hueso. Me invita a sentarme en una de esas mesas de bar, tan relajantes, y permanecer a la espera de… ¿de qué?,  ¿de que algún robot me atienda?, ¿de que algún dron me destruya? ¿Será eso?
     Pues no, no fue eso. Lo primero que sucedió fue una pesquisa comprobativa de una empleada humana, a la que tuve que explicar los términos en que la legalidad vigente exige que el Banco me abra una cuenta nueva... con la condición de que sea gratuita, por comprobada precaridad económica, para poder percibir en ella una ayuda para la reinserción social de vagabundos espaciales sin recursos. La empleada me invita a seguir esperando.
     Luego llega Pablo.
     ¿Tú eres Pablo Iglesias?, pregunto.
     No, soy otro, ni mejor ni peor, diferente.
     Ah, digo, y le comento que soy un vagabundo espacial. Le repito las condiciones en que la administración (los servicios sociales terrestres de la Villa de Cuadriculez) me permiten abrir una cuenta corriente, y entonces sí, Pablo reconoce que eso es posible, legal, es una cuenta bancaria de inserción social, pero como todo está jodidamente automatizado y estamos azotados por una pandemia, se requiere efectuar el trámite con cita previa, por ejemplo el próximo lunes a las once...
     Perfecto...

     Mientras Pablo ¿Iglesias? está haciendo los trámites con el ordenador para darme cita, le pido permiso para hacer unas preguntas como si no fuera un cliente, de ser humano a ser humano. La situación puede ser un poco irregular, pero Pablo, que al parecer no es una máquina, escucha...
     Le cuento que he arribado recientemente a la Tierra y que durante un tiempo no he contado ni con teléfono móvil ni con cuenta bancaria, y que esto último ha sido lo más difícil de resolver. Hoy en día no puedes hacer nada sin esas dos cosas. Si no cuentas con ellas, no existes. Y si resulta que no sabes manejarte en el ciberespacio, serás un paria de la modernidad por los siglos de los siglos, a lo ancho y a lo largo de todas las galaxias por las que nos desperdiguemos.
     Pablo aduce que esa modernidad es el Progreso.
     Le replico que todo este presunto progreso no es más que un ardid, para prescindir de personal y que trabajen las máquinas, sin cotizar ni contestatar.
     Pablo dice que en eso, hasta él puede estar de acuerdo.
     Entonces me comprometo a acudir el próximo lunes desarmado al Banco de Siempre. Y sin la compañía del científico matemático cuadrúpedo, tan dado a alzar la pata y a mear por los rincones de los Bancos y de cualquier negocio mierdoso y capitalista.

     Cuando salí del Banco de Siempre vi un pequeño león subido en el alféizar de una ventana.
     Al lado de donde estaba el león había un puesto de artesanía de encaje de bolillos. Le pregunta al del puesto si el león es suyo, pero No.
     Es un león perdido o abandonado.
     Buf, una nueva responsabilidad para el vagabundo espacial, y ¿qué comen los leones?, ¿vacas?, ¿vacas vivas o fileteadas? El del puesto de encaje de bolillos está muy serio, se niega a sonreír a pesar de que le invito a ello.
     Quien no sonríe cuando puede y le invitan a ello... en fin...
     Me largo silbando y silbándole a mi leoncito.

               Lazarus Long el Nuevo.

     Nota: Lazarus Long es un personaje de las novelas de Robert A. Heinlein, por ejemplo Las cien vidas de Lazarus Long.
     Lazarus Long el Nuevo es una reencarnación fraudulenta de aquél.

               *

05 10  Entré en el banco desarmado (y dos).

     Volví a entrar en el Banco de Siempre desarmado... la recepcionista me hace pasar "hasta el fondo", donde una relajante mesa de bar me espera. En otra mesa está sentada una señora, frente a una enorme pantalla plana que emite en bucle publicidad de la Entidad, y la señora muestra en sus ojos síntomas evidentes de estar prácticamente abducida.

      Lazarus Long el Nuevo se sienta de espaldas a la pantalla, frente a una pared azul con cuatro círculos artísticos rojos. Dos de ellos son puro ornamento pictórico. Los otros dos son cajas fuertes que exhiben la rueda esa con la que, tras introducir la clave pertinente,  se puede desbloquear la pesada losa de acero que, así, desvela lo que esconde y guarda.
     Una de las cajas fuertes tiene su puerta con forma de puerta. Esto es, del tamaño de las puertas con que se entra a las casas. La otra parece el acceso a una madriguera, parece un butrón con cerradura al que sólo es posible entrar reptando.
     Lazarus Long el Nuevo se pregunta por qué la entidad necesita dos cajas fuentes y qué significa que una parezca la puerta de acceso a un palacio, o al mismísimo paraíso musulmán con sus ríos de leche y sus huríes... mientras que la otra parece el acceso a una angosta mina, a una trinchera sin duda repleta de cadáveres.
     La Entidad ¿en cuál de las dos cajas fuertes guardará lo esencial, los elementos de más valor?, y esos elementos ¿son el papel moneda o los documentos firmados y sellados en los que los ciudadanos del planeta les venden el alma a la Entidad, a cambio de una ilusión seguida de unos cuantos ceros en fila. Oh fila de ceros que cuál pasacalles o fanfarria de fiesta mayor hace que los terrícolas sigan entrando en la Entidad, como si en ella residiera el mimísimo flautista de Hamelín.
          Lazarus Long el Nuevo sigue elucubrando sobre las cajas fuertes. ¿Y si los aparentes accesos a las mismas fueran puro ornamento, y las verdaderas cajas estuvieran camufladas en los círculos rojos pintados?
          Lazarus empieza a imaginar códigos secretos que pudieran abrir esas puertas verdaderas que parecen ficticias; está a punto de gritar Ábrete sésamo, cuando de repente empieza a sonar una música hipnótica que se sobrepone al murmullo de las conversaciones. Sin duda es música paralizante antiatracadores, ¿cada cuántos minutos la emitirán?, ¿dará tiempo, entre emisión y emisión a...?
     La música ha resultado efectiva. La señora de al lado está conversando tranquilamente con una empleada, ella con un teléfono móvil en la mano, la amable empleada con una tableta inalámbrica.  Puede que la conversación se produzca entre los dos artilugios, pero se nota en la cara de la señora que todo va bien, es feliz. Parece que los trabajadores de la Entidad son buena gente...

     Cabe la posibilidad de que algunas de las cámaras de vigilancia estén programadas para detectar a aquellos clientes que se sientan de espaldas a la pantalla plana hipnotizadora, en cuyo caso despegan unos microdrones de un microaeropuerto secreto camuflado en los conductos del aire acondicionado. Los microdrones detectan automáticamente al cliente renuente, se lanzan de forma kamikace contra algún espacio de piel visible y le inoculan sustancias químicas que convierten al cliente más díscolo en un sumiso y dócil cliente perfecto.

     Ahora pasa frente a Lazarus Long el Nuevo un artilugio mecánico o androide en forma de bonita señorita, que le dice En seguida viene Pablo.
     Lazarus, receloso, pregunta ¿Pablo Iglesias o Pablo Casado? La máquina o linda señorita responde que Pablo Asecas, y esboza una sonrisa, seguramente falsa y ciberprogramada, mientras se aleja.
     La pantalla plana himnótica, la música paralizante, las androides amables... Lazarus se lleva instintivamente la mano bajo la falda escocesa, pero ahí no está su desintegradora. ¿Será esta vez sí el fin?

     Entonces llega el señor Asecas, que seguramente irradia un perfume hipnótico, porque Lazarus piensa que total no ha tenido que esperar ni cinco minutos, cuando seguramente lleva años aguardándolo y no es capaz de percibir esa realidad debido al perfume inibidor de descontento del local.
     El señor Asecas efectúa el trámite para que de nuevo el vagabundo espacial esté registrado en el banco, una cuenta de mantenimiento gratuita, una cuenta que permitirá a los servicios sociales terrestres canarios aportarle en breve una ayuda de emergencia, y luego una asignación mensual... Si se porta bien, claro.
     Ay, Lazarus, quien te ha visto y quien te ve, estás acabado, te van a domesticar.
     El amable señor Asecas se despide, le recuerda que dentro de diez días puede recoger su tarjeta, con la que se puede sacar dinero desde cualquier planeta habitado de la Vía Láctea, y también en los de las galaxias aledañas no beligerantes.
     Y le tiende la mano. ¿Será esa mano un artilugio mecánico que atrape definitivamente a Lazarus?
     No, Lazarus sobrevive al apretón de manos del señor Asecas. Pero está a punto de desmayarse cuando Asecas en lugar de llamarle Señor Cliente Lazarus Long el Nuevo, le dice Loren. ¿Cómo se habrán enterado, la Entidad y Asecas, de cuál fue la primera identidad de Lazarus?
     Dada su increíble e ilegal longevidad, ha tenido que ir cambiando de nombre, tramitando falsa documentación, a lo largo de los milenios terrestres.
     Lazarus sale del Banco de Siempre y echa un vistazo al dragón de César Manrique, que ya en el Pleistoceno estaba en esa sucursal, y es lo único que no ha cambiado. Piensa ¿y qué tendrá que ver el arte con el dinero? Por desgracia esa relación existe, pero es fraudulenta; hay unan jauría de especuladores dispuestos a poner precio a lo que no lo tiene ni puede tenerlo.

                  Lazarus Long el Nuevo.

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08 10  El oso hormiguero.
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08 11  El telépata.
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05 06  Entré en el banco desarmado...
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05 10  Entré en el banco desarmado (y dos).
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