Cristóbal...
00 17 Cristóbal...
Cristóbal y sus secuaces vestidos de hierro,
un cura blandiendo una cruz y un libro sagrado ante los ojos sorprendidos de la primera tribu que los ha avistado a su llegada a Cipango.
-Aunque fuera la luz de sus hojas entintadas más clara que la luz del dios sol;
aunque fuera el poder de su mensaje mayor que el poder del mensaje que nos susurra al oído el dios de la selva...
jamás rendiremos vasallaje a seres tan estrambóticos que se alimentan de pepitas de oro y esmeraldas.
El agua y el sol de esta tierra templarán vuestra piel pálida y salitrosa.
La fruta de todos estos árboles os saciará
y las noches plácidas harán que recuperéis el ánimo.
-¿Acaso no acatáis la palabra de Yahvé?
Esta tierra se llamará Nueva España.
A partir de ahora debéis obediencia a vuestros nuevos amos, nosotros,
y al Rey.
A partir de ahora exigimos tributos
y os concedemos las tierras más yermas para que podáis vivir en paz con el Imperio.
-¡Cháchara ininteligible, gualichú!
¡Relinchante bestia de cuatro patas, con brazos de hierro y con cañas relucientes que escupen fuego!
¡Cizaña que invade las islas, las llanuras y las montañas!
Nuestra gente muere de vuestros males
y a vuestras manos;
sólo entendéis de destrucción y pavimentaciones,
de guerra y politiqueos,
de mafia y ejecuciones en masa,
de expolio y bendiciones a mansalva.
Vuestro corazón se parece al de los tiburones que merodean alrededor de nuestras canoas.
Resquicio.

Comentarios
Publicar un comentario