Bocetos de todo, obras de nada.

 

19 02  Bocetos de todo, obras de nada...

     El señor Ríos me dijo que no ha conocido otro pintor que muestre los bocetos así como hago. Je, esto me hace pasar de autodidacta a iconoclasta.
     Quizá no esté en mi ánimo mostrar los bocetos. 
     Quizá no tengo la técnica necesaria para acabar las obras. 
     Quizá no pinto para llegar a una obra acabada, empaquetable y vendible. 

     Mi primera vocación fue la escribir, y claro, se desarrolló en analógico, por edad no puede ser de otro modo. 
     Tangencialmente, también garabateé desde joven dibujos esquemáticos e improvisados sobre los mismos folios que utilizaba para pasar a máquina los textos. 
     En un momento dado, los textos y los dibujos surgieron de un modo paralelo y complementario.
     Me he pasado años alejado de la escritura. 
     Los dibujos también me han acompañado de forma intermitente. 
     Surgían sin premeditación, sin un objetivo concreto, para distraerme, para practicar con el lápiz... 
     Curiosamente, el tema que surgía era casi exclusivamente uno. Dibujaba caras imaginadas. Caras no basadas en personas concretas, pero que sin duda evocan algo significativo de mí o de lo que percibo mi alrededor. 
     Un día mostré esas caras a Gigi y él expresó que le parecían perfectamente válidas, que no las consideraba de un valor pictórico inferior a su obra. Él vende sus pinturas en los mercadillos y ha hecho algunas exposiciones. 
     Mi sustento ha provenido siempre de la artesanía. También me aficioné al diseño gráfico. La manipulación de imágenes en la pantalla me gusta. Pero siempre albergué el íntimo deseo de saber manejar los pinceles. 
     Gigi, Lamar de Raro y Trenzas de Fuego me animaron a pintar e intentar que esta actividad pudiera sustituir a la elaboración y venta de artesanía. El intento fue un fracaso porque no soy bueno interactuando con la gente a la que hay que vender, porque no supe elaborar un producto apetecible para el cliente de los mercadillos, por lo que fuera.. 
     
     Hace tiempo Gigi me regaló un libro sobre el grupo COBRA, qué significa Copenhague, Bruselas, Amsterdam. Surgió tras la Segunda Guerra Mundial y pretendía hacer arte y distribuirlo al margen de los mercados capitalistas y las galerías, que anteponen el negocio y la especulación a lo puramente dilectante. Pensaron un arte para el proletariado, por y para el proletariado.
     A mí no me gustaría pensar que, si lo que pinto o dibujo trasciende, pase a formar parte del engranaje comercial de subastas, especuladores, galerías y presuntos museos capaces, por ejemplo, de elevar una simple cagarruta a la condición de codiciado objeto enigmático de arte. 

     De todas formas, el ofrecer la obra quizás a medio elaborar podría ser una constante en mí. Por ejemplo, publico vídeos que considero que a posteriori puedo reelaborar, resumir o editar con medios y técnicas que todavía no he aprendido. 
     En cuanto a los textos, los modifico aunque estén ya publicados. Y llegará el día en que repase lo publicado en Facebook y en el blog, que empieza a no ser poco, y quizá decida que una parte de ello no merece perdurar. 
     No creo que deba importarnos la posibilidad de mostrar nuestros defectos e inconsistencias. Eso no nos debilita. Sobre todo, no lo hace si sabemos reconocer los errores, si sabemos identificar las banalidades de nuestro propio discurso. 

     Hace tiempo, en la efervescencia del 15M, elaboré unas consignas ideológicas, y lo hice en público, en la calle. Y me di cuenta que eso implicaba ganar en autenticidad, aunque sea simplemente ante uno mismo.

               Resquicio, ocho de febrero de dos mil veintitrés.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Digital y analógico en orden inverso.

Guerras (y dos).

María.