Colmillos.

 

18 01 Colmillos.

     Mientras caminaba hacia ella, la montaña se convirtió en un fantasmagórico animal que gruñía y mostraba sus afilados colmillos, pero luego empezó a olisquearme con curiosidad intelectual. 
     A otros animales asilvestrados, los que habitan la cumbre de la montaña, se les ve contemplando extasiados el atardecer. Me pregunto si estudian astronomía o simplemente consideran el ocaso un irremisible extinguirse perpetuo de los días. 
     Al pie de la montaña, la tendera tiene el día locuaz y me paro a sonreírle mientras me cuenta, entre otras cosas, que los animalistas, esos cruzados armados de buenos sentimientos, no viven en la realidad y se escandalizan por ejemplo cuando ven a los burros todo el día amarrado a pleno sol. El burro siempre ha vivido así y se ha utilizado para los trabajos duros del campo, aclara.
     En Internet se pueden ver vídeos de animales de granja acostumbrados a los mimos y caricias de sus cuidadores, entusiasmados y agradecidos por la mera presencia humana. Ellos no son exactamente fuerza de trabajo. Ellos no son exactamente carne. Puedo entender el punto de vista utilitarista, es entre otras cosas lo que nos ha permitido sobrevivir como especie, pero llega un punto en que ciertas tradiciones se aferran a una crueldad atávica ya bastante innecesaria. 

               Resquicio. 

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