El Planeta de los Monstruos Grumo segundo
El Planeta de los Monstruos
grumo segundo
Siete
Cuando pase el tiempo y los monstruos evolucionen hasta el punto de poder percibir nuestra ancestral presencia en su planeta; cuando lleguen a conocernos y empiecen a comunicarse con nosotros, nos preguntarán, al hilo de lo que cuenta esta historia ¿Cómo es posible que unos seres tan minúsculos como ustedes se traguen siete moscas de nuestro planeta? A su entender sería como si un microbio se comiera siete dinosaurios.
Los monstruos no saben que, al desplazarnos por el espacio, viajamos con nuestra propia flora y fauna. No sólo eso, con planos y maquetas, transportadas en las bodegas de carga de nuestras naves transgalácticas, podemos recrear los paisajes de nuestra infancia en los más lejanos confines del universo.
Hay también entre nosotros artistas innovadores que elaboran geografías no antes vistas en las que podemos esparcirnos y recrearnos.
Así que nadie se extrañe si bajo el cobijo de una hoja de árbol centenario se presenten de repente montañas y valles con sus criaturitas a medida.
Ocho
De la frente de los científicos presentes empezaron a brotar gotas de sudor, a alguno le empieza a dar un cierto tembleque, todos lanzan miradas temerosas hacia el bulto que se acerca por el aire, al tiempo que intentan mantener la compostura y transmitir una impasibilidad heroica y patriótica.
Los científicos saben que, cuando nuestras Fuerzas Armadas lanzan un bulto en paracaídas, en aras de la precisión, y para evitar que en el último momento una repentina ráfaga de viento desvíe la caída del bulto del lugar elegido como destino... saben que para evitar esta contingencia, el bulto se desprende del paracaídas y el paracaídas es arrastrado por el viento hacia dónde no moleste. Así somos tan precisos que podemos depositar una botella de vino en una mesa ya dispuesta y con los comensales sentados a su alrededor.
Entonces ¿por qué tiemblan los científicos? Resulta que cuando se lanza en paracaídas un objeto frágil éste puede desprenderse de su sujeción a unos pocos milímetros del suelo, con lo que difícilmente se rompe. Pero en otros casos, en aras de la precisión, el bulto acostumbra a desprenderse a una cierta altura.
Los científicos se sentían en peligro, pero nadie dio un paso atrás, nadie salió corriendo despavorido haciendo aspavientos.
Efectivamente, el bulto se desprendió del paracaídas, cayó al suelo en el interior del corro de científicos que rodeaban al Gran Oráculo y al Presidente del Gobierno. Sonó un ploff y el bulto rebotoooó y rebotooó y rebotoó y rebotó y se quedó en el suelo.
El bulto resultó ser un rollo de tela, una alfombra roja. En ese momento todos los presentes sabían ya que el Presente del Gobierno pretendía solicitar una audiencia formal con el Gran Oráculo, para eso estaba allí la alfombra roja.
Por su parte los tres paracaidistas estaban armoniosamente danzando en el aire, acercándose. Son los funcionarios encargados de alistar el lugar donde se quiere representar una Ceremonia Formal, de las muchas que jalonan nuestras vidas y nuestra Historia.
Entonces ocurrió un accidente relativamente trágico, uno de los paracaídas tuvo un mal funcionamiento y su ocupante cayó a plomo para estrellarse, también de modo preciso, en el corro de científicos. El funcionario quedó hecho pulpa de funcionario y los científicos quedaron salpicados de sangre. Nuestra tecnología es superadelantada, pero a veces tenemos que elegir si priorizamos la seguridad del personal o el abaratamiento de costes en material. Por eso, cuando se necesitan dos funcionarios para un Acto Formal, son reclutados tres. Si se salvan los tres, uno de ellos acostumbra a suicidarse, por lo general el funcionario de menor rango, porque sólo suele haber recursos para repatriar a dos de los intervinientes.
Los científicos sacan de sus bolsillos un pañuelo y cada uno de ellos se limpia la cara y las manos de sangre de funcionario. Con la ropa no pueden hacer gran cosa.
En cambio el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno permanecen en el centro del corro de científicos... inmaculados. Ligeramente compungidos, pero sin derramar una sola lágrima.
¿Por qué el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno no resultaron salpicados por la sangre del paracaidista accidentado?
Pues es evidente, el Gran Oráculo y el Presidente del Gobierno, como todos los altos dignatarios de nuestra civilización, están protegidos por un ungüento antisalpicaduras que les permite mantener la compostura en situaciones difíciles y salvar la vida en caso de atentado terrorista, ya que el ungüento es también ignífugo y antibalas.
Desde su más tierna infancia, nuestros aristócratas son untados con el ungüento salvaguardador por los sirvientes de palacio. Los advenedizos y los nuevos ricos también lo utilizan, cuando pueden permitírselo, aunque no por ello consiguen desprenderse de la pátina pueblerina que los delata y los diferencia de la élite de sangre azul añeja.
Nueve
Ya todo está presto para la Ceremonia Formal en la que el Presidente del Gobierno ha de rendir cuentas ante el Gran Oráculo. La alfombra roja está extendida, cada uno de los participantes, como manda el protocolo, están a un extremo y otro de la alfombra. Cuando el Presidente del Gobierno levanta el pie derecho y pisa con suavidad su extremo de la alfombra, suena una fanfarria de trompetas.
Los trompetistas se han colado entre las piernas de los científicos y ocuparon su lugar protocolario en la ceremonia. Eso no debe extrañar a nadie, los trompetistas han sido seleccionados desde tiempo inmemorial entre los individuos de menor tamaño entre nuestra gente. De tal modo que, al reproducirse entre sí, constituyen una raza a parte que suele permanecer oculta y sólo se muestra, por sorpresa, en los momentos solemnes, para así dar más realce a las Ceremonias Formales, con su raro aspecto, sus cuerpos minúsculos y sus largas trompetas bien bruñidas.
¿Y cómo pasan desapercibidos el resto del tiempo?… me preguntan.
Se les castiga si se dejan ver a deshora. Hay trompetistas apostados en todas las regiones de nuestra geografía, por si se les necesita. Algunos se camuflan entre los árboles del bosque y son los que llevan una existencia más llevadera. Los que lo pasan peor son los que han de permanecer a la espera en el desierto; se ven obligados a aguardar enterrados en la arena respirando por unos tubos que simulan ser troncos resecos huecos de raquíticas plantas endémicas del lugar.
El Presidente del Gobierno camina con garbo marcial por la alfombra roja hacia su eminencia el Gran Oráculo. Los científicos permanecen circunspectos. Los trompetistas estiran el cuello y apuntan sus trompetas hacia arriba, en la dirección donde todo sucede, al ritmo que ellos marcan.
A Caminante Campestre no le interesa toda esta parafernalia y sigue su camino, silbando su tonada un poco más fuerte para no escuchar el estruendo de la fanfarria. El avión militar aterriza en su aeropuerto de origen y va a repostar por si vuelven a hacerse necesarios sus servicios. Los aprendices de oraculista están en sus casas roncando porque su jornada laboral ha concluido. El Presidente del Gobierno llega hasta dónde está el Gran Oráculo. Algunos pájaros se hartan de tanto ruido y se alejan del lugar. El Presidente del Gobierno estira ceremoniosa mente el brazo para estrechar la mano del Gran Oráculo. El Gran Oráculo levanta ligeramente un pie sobre la punta, casi imperceptiblemente, y se ve un pequeño fogonazo, un breve resplandor alrededor de su cuerpo. En ese momento todos los presentes son conscientes de que el Gran Oráculo está ahí, con un pie ligeramente apoyado sobre su punta, y al mismo tiempo ya no está. Lo saben los científicos. Lo saben los trompetistas, que al no renovar el aire contenido en sus mofletes dejan que la fanfarria se vaya extinguiendo. Lo sabe el Presidente del Gobierno, que se queda atónito, inmóvil y muy serio.
¿Qué ha sucedido, cómo puede alguien al mismo tiempo estar y no estar en un lugar?… se preguntarán la mayoría de las razas del espacio infinito. Para contestar a esto debemos explicar algunas cosas sobre nuestra naturaleza y sobre nuestra evolución genética.
Diez
Al igual que ocurre con algunas serpientes del Planeta de los Monstruos, nuestra especie acostumbraba a mudar la piel estacionalmente. Con el paso del tiempo, esa necesidad fisiológica se convirtió en un ardid para escapar de los depredadores en los planetas que íbamos colonizando.
Así fuimos desarrollando la capacidad de desprendernos de algo más que un pellejo inerte: podíamos dejar a la vista del depredador una imagen de nosotros mismos mientras escapábamos rápidamente. Esta estrategia se fue sofisticado y desarrollamos la capacidad de que el pellejo-señuelo se moviera durante un tiempo y atrajera la atención del atacante. Éramos capaces de escapar a tal velocidad que ningún ojo de depredador podía ver nuestra huida, pero sí eran capaces de seguir el rastro por nuestro olor... y no somos la especie más veloz del universo. De este modo el cazador centra toda su atención en el pellejo y, cuando se da cuenta del engaño, el rastro que dejamos al huir ya se ha evaporado.
El pellejo ya no se puede considerar tal, es un icono, una representación esculpida de nosotros mismos excretada instantáneamente y a voluntad.
Así fue nuestra evolución, y cuando los depredadores dejaron de ser un problema, continuamos evolucionando en la bimaterialización de nuestro ser para situaciones sociales que poco tienen que ver con un peligro inminente de muerte.
Nos bimaterializamos para dar esquinazo a alguien, por ejemplo.
También se da el caso de que algunos obreros dejan a ese segundo cuerpo realizando las tareas tediosas en las cadenas de montaje mientras se dedican a otras actividades.
Las réplicas de uno mismo creadas por los infantes de nuestra especie son poco duraderas, se deshacen como pompas de jabón... están aprendiendo.
Los ancianos y alguna gente ilustrada acostumbran a transmaterializarse en estatuas graníticas, para que su imagen perdure a lo largo de los siglos.
Nuestras sacerdotisas acostumbran a dejar en lugares estratégicos una representación de sí mismas con el fin de que éstas vayan transmitiendo las enseñanzas de nuestra cultura.
Los Grandes Oráculos, espiritualmente más avanzados, se transmaterializan y dejan a su paso no ya cuerpos estatuarios, sino auténticos templos a los que acuden los peregrinos en busca de respuesta a sus dilemas vitales.
Los Grandes Oráculos, en la distancia, atienden y dan respuesta a las preguntas de los peregrinos que acuden a sus diversos templos, diseminados por planetas y galaxias.
Es toda una responsabilidad para un Gran Oráculo dejar atrás una transmaterialización de sí mismo en forma de templo, ya que, de desatenderlos, los creyentes que acuden a postrarse ante su efigie no reciben respuesta a sus plegarias.
Cuando en un planeta la representación de un Gran Oráculo no responde y parece ausente, surgen problemas. Aparecen visionarios, gente poderosa o aprendices de oraculista advenedizos que pretenden sustituir al Gran Oráculo
De ahí surgen disputas, de las disputas surgen guerras y las guerras acostumbran a provocar la destrucción de los planetas.
Y sí, hemos de reconocerlo, somos una especie superadelantada, pero a veces no podemos evitar generar este tipo de conflictos entre nosotros. Vasmos dejando a nuestro paso por el universo un reguero de planetas destruidos. Por eso algunos filósofos sostienen que no tenemos autoridad moral para intervenir en la historia de los monstruos y evitar que éstos destruyan nuestro planeta común.
La gente práctica en cambio sostiene que debemos reconducir su cultura o exterminarlos, ya que si evitamos que vayan degradando el planeta o lo destruyan rápidamente, quedará a nuestra disposición para que lo vayamos degradando y destruyendo a nuestro ritmo y de acuerdo a nuestras necesidades.
Para qué vamos a engañarnos, la única civilización que no colapsa es la civilización que se limita a "pacer" en su hábitat, sin pretensiones de desarrollo. Únicamente podría darse un progreso no destructivo en una civilización de seres que crecieran y se desarrollaran en la introspección, pero la vida celular de todos los seres estelares que conocemos los aboca a deteriorar el medio para sustentarse y para alimentar algo más voraz que la célula, el ego.
Y nosotros somos tan culpables como los demás. Se da de vez en cuando el caso de que dos Grandes Oráculos despiertan en dos puntos alejados del universo y hacen revivir sus efigies en un planeta ya destruido y abandonado. Esas efigies toman vida, las viejas rencillas no resueltas toman cuerpo y las efigies continúan la batalla en el planeta desolado triturando los escombros ya devastados infinidad de veces.
Pero todo eso no es lo que nos ocupa ahora. Estamos asistiendo a la transmaterialización del Gran Oráculo en el Planeta de los Monstruos, justo cuando el Presidente del Gobierno estaba dirigiéndose hacia él con la mano extendida para saludarlo y dar comienzo a una Ceremonia Oficial que quizá podría echar luz sobre lo que está pasando en el Planeta de los Monstruos y las Pandemias.
Once
Una ráfaga de viento agita el pelo de uno de los científicos, debido al paso por su lado del Gran Oráculo recién huido del corro de los científicos y los trompetistas.
Los trompetistas de carrillos flácidos y trompetas a media asta abren perplejos la boca. Un grupo de moscas pasa por ahí sin interesarse por las bocas abiertas de los trompetistas atónitos.
En ese momento aparece en escena y entra en el corro haciéndose sitio un tipo con levita y chistera, el Notario Oficial de Nuestra Nación en el Planeta de los Monstruos.
Llega con retraso, desarrugándose el traje y recolocándose el sombrero, posiblemente se ha quedado dormido, o estaba lejos en el momento de ser convocado. Esto acostumbra a ocurrir porque en sus desplazamientos no cuenta con el transporte militar aéreo que le permitiría realizar su función con puntualidad. Se sospecha que esto está oficialmente estipulado así para que no siempre quede constancia de los tejemanejes del Gobierno. Cuando llega el Notario Oficial a una Ceremonia Institucional, para dejar constancia de todo lo que ocurre, ya se han podido retirar de ahí los maletines de la corrupción y los cadáveres de las víctimas colaterales de los negocios semiclaros semiopacos semisucios semitaquigrafiados por el testimonio perpetuo de Nuestro Gran Notario Oficial.
Así pues ese día el Notario levanta acta de que el Gran Oráculo permanece inmóvil con un pie en el aire y de que el Presidente del Gobierno permanece también inmóvil con la mano derecha extendida hacia el Gran Oráculo.
Todos los presentes son conscientes de que el Gran Oráculo se ha transmaterializado y lo que están viendo es su efigie. Y del mismo modo, todos saben que lo que ocurre con el Presidente del Gobierno es que duda, se está planteando transmaterializarse y abandonar el lugar de la Ceremonia Oficial boicoteada... o bien permanecer en el corro de los científicos y trompetistas para capear el temporal y afrontar la vergüenza de que le hayan dejado con la palabra en la boca.
El Notario Oficial de Nuestra Nación Estelar también sabe lo que allí todos saben, pero no puede dejar constancia de ello, no tiene autoridad para confirmar que el uno se ha transmaterializado ni que el otro permanece quieto sin transmaterializarse. Para ello se requiere un análisis químico efectuado por un equipo forense.
Ustedes se preguntarán ¿qué pinta un equipo forense si de momento no ha muerto nadie... a parte de las mil quinientas veintiséis moscas contabilizadas por el Presidente del Gobierno, y el tercer paracaidista, que no cuenta porque su baja ya se da por descontada en cada misión?
Los forenses son los únicos cualificados para dar testimonio de si un acto de transmaterialización ha sido un acto de transmaterialización, ha sido un crimen o bien ha sido un semicrimen.
Cuando se va a producir un crimen en nuestra cultura pueden ocurrir estás tres cosas: que haya crimen, que el sujeto víctima de asesinato escape transmaterializándose o que intente escapar y se transmaterialice sólo a medias, muriendo de este modo a medias también.
Por supuesto, el trabajo de los forenses es interesantísimo, aparte de espeluznante, y por eso en nuestra cultura abundan las novelas de crímenes y semicrímenes; así como las series televisivas que muestran las enrevesadas investigaciones de nuestros más eminentes forenses audaces guapos intrépidos sexis autoritarios fotogénicos...
Resquicio.
- - -
Siguiente El Planeta de los Monstruos Grumo tercero
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2021/12/el-planeta-de-los-monstruos-grumo_27.html
Texto completo de El Planeta de los Monstruos.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/el-planeta-de-los-monstruos.html
Índice de 13 El Planeta de los monstruos...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/09/indice-de-el-planeta-de-los-monstruos.html
Comentarios
Publicar un comentario