El Planeta de los Monstruos Grumo primero

 El Planeta de los Monstruos.


                  grumo primero

Uno

      Como otras civilizaciones del universo cercano, descubrimos el Planeta de los Monstruos gracias a nuestros telescopios y a nuestras naves no tripuladas que rastrean el espacio en busca de nuevos hábitats en los que poder establecer colonias.
     El Planeta de los Monstruos es enorme y está poblado en origen por unas raras criaturas gordas y parsimoniosas, muy desperdigadas, que no impiden para nada que nuestra especie erija ciudades y naciones en él; como lo han hecho tantas otras especies que nos resultan conocidas por proceder de la misma galaxia, y otras con las que aún no hemos entrado en contacto.
     Resulta difícil hallar la ubicación de esas otras civilizaciones en el vasto Planeta de los Monstruos, aunque esta dificultad resulta en algo bueno. Entrar en contacto con otras civilizaciones puede acarrear todo tipo de problemas, como por ejemplo guerras de exterminio mutuo. La prudencia es una virtud y preferimos que nadie conozca la ubicación de nuestra colonia, situada debajo de una hoja cualquiera de un árbol centenario, en una región tropical.

      Así el tiempo pasó y nuestra especie prosperó en este planeta hasta el punto de establecer otros asentamientos en diferentes ubicaciones. El desarrollo de nuestra tecnología nos permitió elegir emplazamientos óptimos. Así mismo desarrollamos mecanismos avanzados para espiar a las otras razas estelares sin delatar nuestra presencia.
     Cuando una de nuestras colonias pereció entera aplastada por un monstruo del Planeta de los Monstruos, empezamos a estudiar el comportamiento de esos seres gordos y a veces no tan parsimoniosos. Descubrimos que los monstruos se habían constituido también en una civilización, aunque primitiva, y estaban expandiéndose a lo largo y ancho del planeta, destruyendo insensatamente muchos dones naturales que los seres vivos necesitamos, urbanizado sin tino, creando bandos militares muy dados a bombardearse entre sí y, en tiempos de paz, los monstruos eran propensos a llevar una vida agitada e insatisfactoria.
     Nuestros científicos se infiltraron en el entramado de comunicación de los monstruos, que ellos llaman Internet, para seguir estudiando su forma de ser y para idear algún modo de combatir de forma indirecta a unos seres que de por sí son cientos de veces más grandes que cada uno de nosotros.
     Y no fue difícil encontrar maneras de exterminarlos, con astucia y tecnología bélica de sabotaje contra ingenios y artefactos que los monstruos crearon sin atender a su intrínseca peligrosidad.
     Entonces apareció entre nosotros una corriente de opinión que preconizaba que lo que debíamos hacer era ayudar a los monstruos para que conocieran las ventajas de un desarrollo no contaminante y unas relaciones interpersonales basadas en el respeto y la armonía.
     Como no nos poníamos de acuerdo, acudimos a las sacerdotisas del Gran Oráculo en busca de una respuesta.
     El Gran Oráculo habló y nos dijo: Los monstruos no son muy distintos de nosotros, lo que pasa es que tienen los pies muy grandes.



Dos

     El Gran Oráculo habló y nos dijo: Los monstruos no son tan distintos de nosotros, lo que pasa es que tienen los pies muy grandes. Y últimamente se les ve a casi todos deambular preocupados con la boca y la nariz cubiertas: averiguad a qué se debe tan insólito comportamiento y os diré más.
      El Gran Oráculo calló y muchos pensamos que se había dormido. Las sacerdotisas nos sacaron de nuestro error: unos ojos cerrados no son óbice para la lucidez y perspicacia con las que el Gran Oráculo llega a elaborar sus sentencias sobre lo que es, sobre lo que ha sido y sobre lo que será, que no siempre son departamentos estancos de su saber.

     Así pues empezamos a enviar naves espías tripuladas por nuestros mejores aprendices de oraculista, unas naves enormes que no obstante los monstruos sólo serían capaces de detectar si llegásemos a cruzar con ellas bajo el área de foco de alguno de esos aparatos que ellos llaman microscopio electrónico de barrido. A parte de esa circunstancia, podemos permanecer el tiempo que sea frente a sus narices sin que lleguen a sospechar que los estamos analizando.



Tres

      El primer aprendiz de oraculista que regresó a nuestra colonia y se personó ante el Gran Oráculo fue Veloz Sin Pormenores.
     Veloz Sin Pormenores visitó la casa de un ermitaño que había escrito con grandes letras en una pared de su patio: Gracias coronavirus por salvar el mundo. Luego pasó cerca de un transistor en el que sonaba en esos momentos una canción que expresaba exultante: Los pájaros cantan más fuerte desde que no salimos de casa.
     El Gran Oráculo escuchó a Veloz Sin Pormenores y quedó bastante insatisfecho con su trabajo: ¿Has comprobado si la situación del planeta ha mejorado realmente? Podría ser sólo una ilusión de unos pocos.
     Veloz Sin Pormenores volvió a salir en su nave de reconocimiento en busca de más información sobre lo que estaba ocurriendo en el Planeta de los Monstruos, donde al parecer se estaba propagando una pandemia que hizo que los monstruos debieran permanecer un tiempo confinados en sus domicilios, y luego, al acabar este periodo, empezaron a relacionarse con precaución embozados en esos tapabocas que tanto nos habían llamado  la atención.
      Al parecer el virus ese iba a mejorar la calidad del aire y beneficiaría a muchas especies en vías de extinción... reflexionaba el Gran Oráculo, cuando regresó Veloz Sin Pormenores, que era así de veloz, y le comunicó: No está tan claro que lo de la pandemia resulte en la regeneración del planeta. Están todos cabreados con la situación generada por culpa del virus, sobre todo los economistas, y especialmente las víctimas de los economistas, que sufren más aunque se les escucha menos.



Cuatro

     De repente llegaron cientos de naves espías y los aprendices de oraculista hablaron al unísono al Gran Oráculo: Ya hemos descubierto toda la verdad respecto a la pandemia que asola el Planeta de los Monstruos. Resulta que un potentado del planeta, uno de los monstruos que más dinero ha conseguido amasar con negocios relacionados con las nuevas tecnologías, y que en teoría había abandonado su empresa para crear una fundación filantrópica... resulta que este monstruo perverso pretende esclavizar y robotizar a sus congéneres, de modo que ha creado un virus de laboratorio en previsión de que ese virus precisará una vacuna, y esa vacuna fabricada por la oligarquía de los monstruos llevará incorporado un chip de control ciudadano, para que esa pequeña élite de monstruos pueda controlar y alienar a su antojo a toda la población.
     Los aprendices de oraculista hablaron así, a coro, con una sola voz, pero el Gran Oráculo meneó la cabeza, se llevó el dedo índice de la mano derecha a la oreja derecha de su cabeza de Oráculo y dijo: Sssh, a ver, repetid la frase Ya hemos descubierto toda la verdad respecto a la pandemia que asola el Planeta de los Monstruos.
     Así lo hicieron los aprendices de oraculista.
     Ajá, dijo el Gran Oráculo, alguien entre vosotros permanece en silencio y no secunda el coro. ¿Quién es?
     El Gran Oráculo empezó a caminar entre los aprendices de oraculista, observándolos uno a uno, hasta que se detuvo frente a Supersónico Despistado.
     -Fuiste tú el que no secundó el coro.
     -Fui.
     -¿Por qué?
     -Es que he obtenido otra información. Pero si los otros rastreadores, todos ellos, han llegado a la misma conclusión, será verdad eso que dicen.
     -¿Y cuál es tu teoría?
     -Bien, habida cuenta de que mi nave es de las más rápidas y sigilosas que existen, decidí recorrer todas las sedes de gobierno de las naciones de los monstruos. Y al inspeccionar el Despacho Rectangular, del presidente de la mayor superpotencia que existe en el Planeta de los Monstruos, alcancé a enterarme de que, efectivamente, el virus ha sido creado en un laboratorio, pero no para poder fabricar una vacuna que esconda un microchip de control de la población. El virus ha sido creado por una superpotencia secundaria... con la intención de arruinar la economía de la Primera Potencia del Planeta, así como la de las naciones aliadas de ésta. De este modo la Superpotencia Secundaria dejará de ser Superpotencia Secundaria y pasará a ser Nueva Superpotencia Hegemónica.
     Silencio general.
     El Gran Oráculo estaba reflexionando.



Cinco

     En los días siguientes van llegando naves exploradoras y la información aportada por los aprendices de oraculista es cada vez menos coherente...
     Unos dicen que el virus no existe; que nadie muere realmente de esa enfermedad, son asesinados por la mano negra de la conspiración. Otros afirman que las mascarillas anticontagio son más perjudiciales para la salud de los monstruos que el riesgo de contagio.
     Recopilando: el virus que no existe es cien veces más pequeño que las microscópicas aperturas de las mascarillas que no protegen y si exterminan a quienes las usan.

     El Gran Oráculo escucha la caótica información aportada por los exploradores que han recorrido todos los rincones del Planeta de los Monstruos. El coro de acólitos se convierte en una algarabía, una feria de egos en la que los aprendices de oraculista compiten por llevar la voz cantante y por convencer a los demás de que la suya es la versión correcta de los hechos.
     El murmullo de voces va aumentando, como el zumbido de un enjambre de abejas, hasta que el Gran Oráculo, irritado, levanta las palmas de las manos y se hace el presilencio, ya que el zumbido sigue resonando unos segundos en los oídos de los presentes.
     Del presilencio se pasa al silencio y, cuando éste se asienta, aparecen unos científicos vestidos con sus batas blancas y rodean al Gran Oráculo. Ha llegado su momento, ellos no han explorado el planeta, pero en el recogimiento de sus laboratorios han investigado el comportamiento de la enfermedad y cómo éste se asemeja o diferencia de otras enfermedades y pandemias padecidas a lo largo de la historia por los monstruos.
     Los científicos son más comedidos que los aprendices de oraculista, así que aguardan en silencio a que el Gran Oráculo les de la palabra. No obstante, empiezan a competir por llamar la atención de éste,  se dan disimulados empujones, yerguen el cuello y luchan para que el rostro de cada uno de ellos entre en el campo visual del Gran Oráculo.
     Pero el Gran Oráculo parece no verlos. El corro de científicos se estrecha, parece un cerco infranqueable, empieza a ser un poco agobiante. 
     El Gran Oráculo alza las manos, juntas palma con palma, y las separa haciendo un gesto explícito de que se retiren un poco. Los científicos dan unos pasos atrás, pero justo en ese momento sobrevuela el lugar un avión militar. Los científicos alzan la vista y, como están retrocediendo, algunos tropiezan entre sí y quedan amontonados en revoltijos de piernas, cabezas con chichón y batas manchadas de polvo.
     El avión describe un círculo, regresa a menor altura y de él salta un paracaidista, que va maniobrando hasta conseguir aterrizar en el corro. Los científicos ya se han recompuesto, pero palidecen un poco cuando el paracaidista se quita el casco y pueden ver que el recién llegado es el Presidente del Gobierno en persona.
     Ninguno de los científicos habla, ni una palabra ni una genuflexión. El Presidente del Gobierno aguarda a que alguien pronuncie las palabras protocolarias de bienvenida hacia su persona, pero los científicos son muy tímidos, pasa el tiempo y se escucha el zumbido del vuelo de una mosca. Al fin uno de los científicos, que nada sabe de protocolos, levanta la mano en señal clara de que quiere hablar.



Seis

     Intrépido Hechadopalante Redundante fue el científico que levantó la mano para pedir la palabra, pero justo en ese momento el resto de sus colegas tuvieron la misma idea y realizaron el mismo gesto, milésimas de segundo después.
     Desconcierto general. Al fin Vergonzoso Apocado Redundante, primo de Intrépido, empezó a bajar el brazo, se acarició la frente, se rascó disimuladamente la oreja y dejó la mano balanceándose un rato a la altura de las caderas. Con el tiempo la mano se detuvo, como inanimada. Y sí, como estarán imaginando, cuando Vergonzoso bajó la mano… al resto de científicos les dio por hacer lo mismo.
     El Presidente del Gobierno alzó una ceja. El Gran Oráculo permaneció inmutable.
     Con ligeras variaciones, estos gestos mancomunados se repitieron varias veces sin que nadie atinara a romper esa involuntaria coreografía. Justo en ese momento pasaba por ahí Caminante Campestre y creyó que todo eso era una danza, una danza algo sosa porque no se escuchaba música, así que empezó a silbar una tonada.
     El Gran Oráculo empezó a mover un pie al ritmo de la tonada de Campestre. Los científicos se apercibieron de ello, por lo que al unísono desviaron la mirada y se quedaron unos instantes contemplando la estela que había dejado en el cielo el avión militar que lanzó al Presidente del Gobierno en paracaídas sobre el corro de científicos que rodeaban al Gran Oráculo.
     Entonces ocurrió, el Gran Oráculo empezó a mover las caderas... y los científicos ya no pudieron desviar la mirada, sino que abrieron la boca.
     Como suele ocurrir en estos casos, siete moscas entraron en la boca de cada uno de los científicos boquiabiertos. Entonces el Presidente del Gobierno sacó del bolsillo una calculadora y, tras contar el número de científicos presentes, multiplicó la cantidad por siete. ¿Y eso por qué? ¿Pretende aplicarles una multa a los científicos? ¿Pretende hacerles repoblar la población perdida de moscas boquífilas? Nada de eso, el Presidente del Gobierno calculó y tomó nota del número de moscas perdidas para pasar un informe al Gran Oráculo, al que le gusta estar al tanto de todo lo que sucede, y no va a ser él quien se tome la molestia de realizar los cálculos… Porque, cómo habrán deducido, aunque formalmente nuestra civilización es una democracia, en realidad somos teocráticos y el Gran Oráculo es nuestro Guía Espiritual o Mandamás. Y el Presidente del Gobierno es una Ilustre Eminencia en Apariencia o Lameculos. Éste último cargo es mejor no mencionárselo a la cara, porque el Presidente del Gobierno es irascible y peligroso para los donnadies.
     El Presidente del Gobierno echa una mirada en derredor y se detiene, pensativo, en la figura del Gran Oráculo. Reacciona al fin y, presto, hace unas señales con las manos hacia el avión militar, que justo en ese momento estaba sobrevolando otra vez el corro de científicos. Nuestra civilización tiene diferentes formas de expresión y, cuando no nos apetece hablar por telepatía, lo hacemos con el lenguaje gestual de las manos.
     El mensaje llegó hasta la tripulación del avión militar, por lo que éste volvió a virar y, al llegar al punto correcto estimado por los pilotos, todos vimos como del aparato saltaban tres paracaidistas y un bulto dotado también de paracaídas.

               Resquicio.


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