Dos Abetos sobre ruedas.

03 09  Dos Abetos sobre ruedas.

     Durante un tiempo Abeto Primero estuvo requiriendo los servicios de Abeto Segundo como conductor de la ranchera con la que, por ejemplo, iban de Incomprensión a Arremolinados a comprar pienso para el ganado del terrícola.
     Al alienígena no le resultó difícil respetar las normas de circulación a motor de los humanos. A lo largo y ancho del Universo Explorado se circula de modos parecidos, con algunas excepciones que ahora no vienen al caso.
     El motivo por el que Abeto Primero recurre a un extraterrestre para realizar estos viajes es que tiene un empleado que, cuando cobra, desaparece durante días. Según Primero, se va de putas. Pero no sabemos a ciencia cierta si eso es así. Sabemos sí que con los años Primero hizo al empleado socio copartícipe del negocio ganadero y las diferencias se subsanaron.
     Todo esto está muy bien, pero ¿qué hacemos aquí en una ranchera en la que viajan Abeto Segundo como conductor y Abeto Primero como copiloto y guía de los itinerarios? Pues escuchar...
     Algunas veces paran en un bar a tomar un trago terráqueo. En una de esas ocasiones, Abeto Primero le dijo al camarero Qué pena que mi hijo no fuera elegido en la reunión del otro día. Evidentemente se refería a una reunión para elegir un cargo en el ámbito de la política.
     Entonces Ann Alf Abeto Segundo movió su lengua dentro de la boca, sin que nadie notara nada, y la llevó hasta la oreja, donde con ella procedió a escuchar la frase pronunciada.
     Ya sé que los humanos de pura cepa no entienden esta forma que tienen las civilizaciones foráneas de utilizar los sentidos, en este caso la recepción de sonido.
     Los congéneres de Segundo están todo el tiempo escuchando, aunque en cierto sentido no les hace falta porque en las galaxias durante todo el tiempo se dice básicamente lo mismo y eso no requiere una especial atención.
     Pero hay palabras y palabras; es decir, palabras y ruido de fondo.
     Por eso, si alguna frase pronunciada a la cara de viva voz, o susurrada por alguien en la lejanía interestelar, merece ser recordada, los abetosecundinos procedemos a introducirnos la lengua en el oído e imprimir el sonido en ella. Viene a ser como un tatuaje en relieve que perdura para siempre en nuestra boca. Nuestras lenguas, a parte de saborear los alimentos y ventear el horizonte al estilo de las serpientes terrestres, tienen gran capacidad de almacenamiento de frases lapidarias.
     Así pues, podemos proceder del siguiente modo con las frases especiales. Podemos quedar con alguien y decírselo. Eso se hace besándolo. En este caso es una conversación privada.
     O podemos proceder de un modo más público. Nos trasladamos a un cementerio y excretamos la lengua con la frase tallada. De este modo se convierte en una lápida expuesta a la visión pública de las multitudes y al escrutinio de los historiadores.
     De ahí el dicho abetosecundino que reza Las palabras importantes son besos y son lápidas, que supongo que todos ustedes conocen, al menos si han viajado alguna vez como turistas a nuestra lejana galaxia.

               Ann Alf Abeto Segundo, treinta y uno de enero de dos mil veinticinco.

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