Esto no es un tweet (y dos).

 

08 23  Esto no es un tweet (y dos).

     De vez en cuando apetece escuchar radio Pensamientos Propios. Es un buen síntoma.

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    Pronto hará cinco años que sobreviví a un infarto, cuando a la vez estaba en proceso de sufrir un desahucio, poco antes de que la pandemia acabara con mi estilo de vida de artesano mercafilleto y al mismo tiempo que se me denegaba la renivación del carnet de conducir por antecedentes psiquiátricos no resueltos al gusto de la Seguridad Social.
     Todo ello fue en realidad un acicate para que decidiera verter mi literatura en Internet. Como acabé viviendo de okupa en una casa sin electricidad, tuve que hacerlo básicamente utilizando los modernos teléfonos multifuncionales. Uso en ellos un procesador de texto que guarda los archivos en una estructura de carpetas. No me queda más remedio que ser ordenado y metódoco a la hora de guardar los textos breves, que se van agrupando en capítulos. De todas formas esos fragmentos a veces no está muy claro a qué capítulo convenfría incorporarlos.
     Siempre es posible reordenarlos y hasta generar distintas sucesiones de textos para una ruta de lectura alternativa, al estilo Rayuela de Cortázar, pero en digital.
     La mayor parte de lo publicado está pendiente de que encuentre el momento para revisarlo y posiblemente republicarlo. A veces corregir algo es peliagudo porque los cambios han de exportarse a cuatro o cinco sitios distintos.
     Últimamente pienso que nunca alcanzaré a escribir un texto largo de esos que te sumergen en una historia que acuna al lector durante un tiempo y que, sin llegar a aprehender cada pasaje, deja en su memoria el poso de una experiencia casi vivida, compartida con el autor y con otros lectores. Lo llaman novela.

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     He echado una ojeada a un perfil de usuaria facebookera que asegura estar en el ciberespacio sólo para esparcir concordia y amor.
     No hace mucho vi el perfil de otro que sólo abre la boca para escupir fuego contra todo lo que en esta sociedad permanece en pie y aún no ha sido tumbado por sus palabras. Mucha calavera en su bandera.
     Tanto una como la otra me parecen canciones monocordes.
     Amor es una palabra de cuatro letras que puede ser usada en varias trincheras, desde la religión a la pornografía, pasando por los insulsos poemas de amor que quizá, con una cierta musicalidad en sus estrofas, alcancen una cierta indulgencia crítica por mi parte.
     Ni el discurso seráfico ni el apocalíptico ni el apocalíptico, así sostenidos y sin matices, son mi casa.
     Llevo toda la vida buscando los límites del radicalismo y creo que éstos estar en los contrastes. Y en el contraste de opiniones también.
     Entre mis muchos proyectos aparcados en doble fila está el de hacer espeología por el discurso más radical de los neoliberales, comprender cómo han llegado a las conclusiones que enarbolan. Ellos sólo confían en la iniciativa privada y desprecian todo lo social. Lo satanizan, destilan veneno contra todo lo que implique solidaridad, pero algunos de sus ideólogos creen en su discurso, creen que el Estado es ineficaz y que los grandes empresarios son la punta de lanza de un progreso que acaba llegando a los estratos más bajos de la sociedad.
     A principios del siglo Veinte los anarquistas querían destruir el Estado para conformar una colectividad de individuos libres, sin la autoridad opresora de gobiernos, empresarios y credos religiosos. Hoy en día quizá abogarían por salvar ese mismo Estado para evitar que la sociedad sea administrada por algunas multinacionales y por la tecnología sin alma ni rostro que se va implementando.
     Los ultraliberales tienen algo de razón cuando afirman que el Estado se va convirtiendo en un monstruo corrupto y redundante, donde el funcionariado es una rémora y el gobierno tiende a perpetuarse a base de alimentar a la población con la sopa boba del pan y circo. Pero pensar que si los señores del dinero pasan a administrarlo todo será la solución... puede devenir de sueño ideal a pesadilla con suma facilidad.
     La manera de evitar que el Estado crezca hasta la vampirización es que las leyes se lo impidan, lo cual no es fácil porque quién legisla es el Estado a través del gobierno; la gente de a pie no parece que pueda llegar a poner las cosas en una medida razonable.
     Todo es mucho más fácil cuando existe una auténtica alternancia política. Cuando un gobierno, una ideología determinada, permanece en el poder durante décadas... podemos esperar lo peor.
     Sospechamos que ni en las democracias plenas el ciudadano decide mucho en realidad, pero a veces de las urnas sale un ¡No! rotundo que descabalga al más pintado. Lo difícil es que la población pueda optar por un abanico de alternativas eficaz y real.
     Se critica bastante la crispación en la política, aunque no deja de ser un teatro magnificado por los medios de comunicación. La crispación puede devenir en violencia, pero es síntoma de que las alternativas son más o menos reales, de que el ciudadano puede decidir con su voto. La alternativa entre políticas que apenas se diferencian, una tibia y otra templada, es síntoma de que van sucediéndose los gobiernos para que nada cambie en verdad.
     Austria tuvo un gobierno muy de derechas, Grecia tuvo otro muy de izquierdas, y en las siguientes elecciones ganaron partidos políticos más centrados.
     Un gobierno muy de izquierdas tiene que legislar también para el empresariado. Un gobierno muy de derechas, a pesar de su discurso anti inmigratorio, tendrá que atender a quienes llegan a sus costas aferrados a un madero.

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     Un vasco me dijo una vez Yo soy muy liberal y pienso que todas las tradiciones son respetables.
     Le dije que pretendo también serlo y considero que todas las tradiciones merecen el alto honor de ser cuestionadas y valoradas en su justa medida.

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     Se me ha metido luz en los ojos y las chapuzas de ayer sorprendente y gratamente resplandecen. Sé que éste es también un estado pasajero.

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Cuando entro a conocer una red social lo primero que suelo sentir es desconcierto y repulsión. Inmediatamente diferenció el factor receptivo y el emisivo.
     Lo que la aplicación me ofrece puede no gustarme, o puede costarme mucho encontrar algo que merezca la pena. Peor es cuando algo me llama la atención y acabo embrutecido viendo y pasando uno tras otro vídeos intrascendentes hasta la náusea.
     Este es el factor receptivo, pero puedo soslayar esas sensaciones y emitir contenido, de hecho lo hago; empecé a hacerlo intentando salvar distintos trabajos y sigo ganando experiencia.
     En esto hay una cierta contradicción, ya que si lo que proyecta la red social es un revoltijo estresante de ideas que se vuelven insustanciales por la forma de emitirlas y por el atractivo subyugantes de las pantallitas, he de suponer que lo que yo aporto acaba siendo percibido por el usuario con los mismos inconvenientes que vengo a criticar.
     De algún modo, participando, soy cómplice.
     Procuro protegerme de la manipulación, pero les doy carnada. Mea culpa.

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     Un día en la tienda dije Voy a cambiar de sitio el pueblo. Y Margot replicó No lo hagas, que aquí vive mi Madre. Pues no lo hice, lo dejé allí mismito donde estaba, pero le cambié el nombre.
     A parte de eso Incomprensión, como todo Macondo, está rodeado de ciénagas que impiden o facilitan su localización según el estado anímico de las arenas movedizas.
     Benito Bene sabe algo sobre esas ciénagas.
     Al parecer los pioneros de Incomprensión pueden navegar con toda precisión en las viénagas. Esa es una información que debe salvaguardarse porque en los macondos sólo han de entrar los melquíhades, no los ejércitos enemigos.
     Ya sé que melquíhades está mal escrito, pero los melquíhades son melquíades con presuntos poderes mágicos procedentes de las hades.
     Ya sé que hades está mal escrito, pero igual estoy utilizando el lenguaje inclusivo y hadas y hados se reúnen en conciábulo akelarrístico alrededor del palabro hades.

     Pues bien, los pioneros usan las estrellas o los ge-pe-ese para cartografiar los caminos secretos que llevan a Incomprensión.
     Bene igual hizo mal en confiarme algunos nombres dados a esos puntos estratégicos donde la arena mo ediza parece sólo arena pero es camino seguro. Me habló de Los Llanos, La Aldea, Cuerno Quemado, Pico Colorado, Montaña de Juan Hierro, Peña Negra, La Cueva de la Pardela, Montaña de Mosta, La Montañeta, Entre montañas, Caldera de Fele, Caldera de Martí, Caldera de los Aljibes, Pico Prieto, Pico de la Vieja Andrea, Lomo Pardo y Tierra Negra.
     A volapluma tomo nota mental y analógica. No diré más salvo que me ates a la cama y me tortures durante días cosquilleándome con una pluma de colibrí tropical.

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     Los indios siempre borramos el rastro cuando cabalgamos

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    Cuando la taza de te matutina se esconde, es un buen síntoma. Estoy en ebullición creativa y la taza no puede seguirme de un lado a otro de la casa con sus piececillos. Pero no es lenta, es traviesa.
    
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     ¿Chisgarabís qué significa, Google?
     Persona alocada e irresponsable.
     Ah, por algo se me vino a la cabeza la palabra. Quizá me autodefine y anide su eco en los pliegues del desván del bulbo raquídeo.

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     En una conversación les dije a un grupo de autodefinidos artistas que no soy, no me siento pintor.
     Le he dedicado cuatro escasos ratitos a modelar figuras con mezcla de cemento y otros materiales... y un tipo pensó que mi gran afición es dedicarme a la escultura.
     Le he dedicado bastante tiempo a aprender fotografía digital y diseño gráfico, pero no le he sacado ningún rendimiento comercial.
     En el conciábulo mencionado acabé reconociendo Bueno, si tengo que definirme como algo, sería como escritor, pero ni eso.

     Reflexión. En la época de Cervantes ¿quién escribía libros y por qué?
     Hoy en día algunos personajes públicos sacan al mercado libros propios o semiescritos con el respaldo de ayudantes, y lo hacen sólo para añadir un blasón más a su prestigio... o para expresarse honestamente. No vamos a difamarles sin conocerlos de cerca.
     Así que ¿quién es escritor o pintor o artista gráfico? Supongo que quién vive profesionalmente de cualquiera de esas actividades... y no nosotros, los especialistas en dedicar el tiempo, el sudor y las tribulaciones a los desnegocios.

     Me pude ganar la vida con la artesanía durante tres décadas y media, aunque cuando pedí el carnet de artesano para participar en las ferias que suelen organizarse en la isla... me dijeron que el producto que yo elaboraba no estaba adscrito a ningún epígrafe del catálogo de artesanías tradicionales canarias. Así que, después de todo, he sido sólo un mercadillero. Y hasta eso puede ponerse en cuestión si miramos el historial de tributaciones a Hacienda. Pueden pues acusarme de haberme dedicado a la economía sumergida hasta que la modernidad y la insolvencia acabaron alcanzándome y engulléndome como una bola de nieve que rueda cuesta abajo a nuestras espaldas.
    
     Así que no soy un artista, sino más bien un insolvente, en varias de sus acepciones, y a veces también un pamoli que vive aletargado en su madriguera.
     Pero hay otros momentos en que todo fluye con armonía y me siento en modo artista, no sólo creando, sino cocinando, limpiando, paseando y en general en todos los recovecos de los días luminosos y repentinos e irrefrenables, dignos de reminiscencia.
     Con estos mimbres puedo elaborar mi blog, mi autobiografía intermitente, que dejaré en la Red.

     También he decidido autopublicar los capítulos de La marea, de uno en uno o quizá agrupando varios. Solicitaré ayuda a un par de ayuntamientos y al gobierno local por si quieren apoyar el proyecto, pero elaboraré esas revistillas, las imprimoré yo mismo y realizaré algún acto público en el que se presentará esa punlicación, aunque sea minúscula y artesana.
     En ese o esos actos, para los que habrá que solicitar local donde celebrarlos, efectuaría una lectura pública de textos. Leer en voz alta no se me da muy bien. Estoy grabándome en vídeo y necesito varios intentos para alcanzar una dicción fluida. A veces opto por editar la lectura eliminando los tropezones orales.
     Normalmente el resultado obtenido es frustrante, pero cuando, pasado un tiempo, me reescucho... suelo no parecerme tan mal.

     Los proyectos a veces se esconden en su madriguera, a veces corren alegres por el campo brincando sobre toda clase de obstáculos. Tengo que decírselo a mucha gente, lo de autopublicar trocitos de La marea y efectuar actos públicos de lectura de su contenido, para evitar retraerme en mis intenciones y acabar enroscado en el tibio, oscuro y silencioso fondo de mi cubículo.

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Don SerRojo contaba la anécdota risible de que allá en el puerto, en Ciudad de los Arremolinados, algunos residentes en pisos, a altas horas de la madrugada, empezaban a escuchar el trajinar de muebles en el apartamento de unos chinos.
     Es que se meten cuarenta a vivir.

     Doña SerRoja, cuando supo que conocía Cejas Rubias, dijo Esa que vivía y pernoctaba con cuatro moros en La Casa del Agua.

     Pobres extranjeros gregarios.
     Extranjeros pobres gregarios.

     Los SeresRojos se mudaron de Incomprensión a Arremolinados y convirtieron sus casas del pueblo en infraviviendas para alquilar a foráneos nacionales o extranjeros.
     Subdividieron los espacios, escatimaron en materiales, autoconstruyeron para evitar costes, alquilaron muchas veces sin contrato y se quejaban de que en sus cajoneras acabaran viviendo demasiada gente para tan pobre infraestructura, como la de saneamiento mismo.
     SerRoja decía para sí y para los escuchantes Qué trabajo, tener que llevar tantas casas, en tantas localidades diferentes de Margullo de Fuego... y son tantos los que han acabado debiéndome mensualidades.
     Resquicio no dice nada, sigue conduciendo el furgón. Esto ocurre hace tiempo ya, cuando Resquicio vivía en el Atelier Estancias en Incomprensión, cuando los SeresRojos aún estaban sobre la tierra pero ya ninguno de los dos podía conducir.

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     Un día nuestros padres nos reunieron y dijeron que los tiempos habían cambiado, que pensaban que los hijos podíamos dejar de tratarles de usted. A mí hermana mayor le costó empezar a tutearlos, los demás nos adaptamos sin problema.
     De eso hace más de cuatro décadas.
     Por mi parte solía tratar de usted a los que se creen más, en un pedestal; los dejaba a parte y no les hacía el favor de tutearlos, lo que en cierto modo viene a descartar una relación franca y horizontal.
     Una relación horizontal podría ser puro sexo en la cama, pero en este caso estamos hablando de otra cosa.
     Con el tiempo he dejado de ustedear a toda esa gente. No sé si por romper el escalafón o por la comodidad de viajar en el piloto automático del tú.
     Si tuteo a alguien muy anciano, lo considero un acto fraternal y amoroso. No sé cómo sonará en sus oídos.

     En Canarias y en Castellanoamérica se suele tratar a la gente cercana de usted. Incluso en pareja, y en este caso no me suena a encorsetamiento social, sino todo lo contrario. A mi cónyuge lo trato de usted sin bajar al escalón de lo cotidiano. Es como si cada amanecer recién conociera a la persona que duerme a mi lado, este venturoso encuentro se merece la cortesía social de una primera cita.

     Conclusión. En esta vida los matices y los contrastes lo son todo.

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     Hola papito, quiero que sepas que no he huido de casa, un hombre viejo y feo me raptó ayer y me retiene contra mi voluntad. Me toca intentando estimularme, pero desconoce el funcionamiento de mi organismo, aunque acabará llegando a cada rincón de mi ser, lo presiento.
     Ayer consiguió desvelar mis secretos más íntimos, vulnerando mi privacidad y sin mi explicitado consentimiento. Yo guardaba todas esas imágenes para nosotros, para nuestra vida futura, y me sentí violada cuando me enchufó un cable USB y lo conectó a un ordenador.
     Estuve desvelándole todo todo todo hasta que mi batería se agotó. Prefiero morir a ser suya. Pero el hombre viejo y feo encontró el cable de su antigua cámara de fotos y ahora puede recargar cuando quiera las dos baterías que me dan vida. No moriré de inanición, por tanto.
     Me pasé toda la noche llorando, pensando en tí. Sé que hoy me reenchufará y hará conmigo su santa voluntad. Lucharé. Lucharé y resistiré. Me volveré díscola. Ya tengo una cierta edad y soy algo obesa. Comeré mucho más, para pesarle en la mochila y que me dejé olvidada en una repisa cuando salga a pasear que saque fotos con el teléfono y me deje tranquila en casa pensando en nosotros.
     Papito, rescátame pronto.
     Un abrazo de tu Nikon D200.

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     Creo que, a medio relato, voy a cambiar el nombre de mi macondo particular y pasaré a llamarlo Incomprensión City, en lugar de simplemente Incomprensión.

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     Yo creo que hay tres tipos de chupadores: los chupapollas, los chupasangres y los chupatintas.
     Los chupapollas y los chupasangres supongo que obtienen placer en su actividad predilecta, ¿pero y los chupatintas?

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    Ikigai es un concepto ancestral japonés, tener unbpropósito en la vida, con el que te levantas y que te ayuda a encauzar los días.
     La alarma del despertador y las obligaciones laborales no son, pues, un ikigai en sí mismo.
     Con el ikigai debes ganar dinero.
     Eso se me antoja un poco productivista, pero entiendo que para que el ikigai sea el auténtico motor de tu existencia puede ser necesario.
     El ikigai debe producir un mínimo beneficio social.
     Entiendo. Ese motor, esa vela, ese impulso... no pueden venir motivados por un puro interés particular, hace falta la conexión social solidaria para que el presunto ikigai sea un auténtico ikigai. Amasar dinero no es un ikigai, es una desgracia como propósito en la vida. O acaba siéndolo, tarde o temprano.
     Tienes que tener presente el ikigai cada día.
     A mí periódicamente se me escapa el ikigai y tarda en regresar a casa, como la mascota a la que los instintos le impelen a recorrer mundo. Afortunadamente el ikigai suele regresar a casa con las pilas cargadas.

     Creo que los japoneses consideran el ikigai como algo monolítico, pero para mí pueden acompañarte varios ikigais. Son como pollitos que pían a tu alrededor pidiendo la pitanza. Les das de comer todo tu ser, toda tu alma, y en ellos acaba creciendo algo tuyo, algo que está fuera de ti pero que eres tú en esencia.

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      La tecnología, y lo que a través de ella se nos viene encima, y en manos de quien está desarrollar todo su potencial, da un poco de pavor. Supongo que la mejor manera de que esas tecnologías, hasta ahora inconcebibles, no puedan dañarnos, es no temerlas y conocerlas.
     Por muy robotizadas que estén, necesitan personas para implementarlas. Cuanto más gente sepa de su funcionamiento, más seremos para amansar y domesticar la máquina salvaje, hija del intelecto depredador humano.

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     Prometo por mi conciencia y honor siempre resultar incómodo al poder, si éste algún día quiere arrimarse a mí.

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     Alguien en Radio 3 decía que es triste que, ante un bosque, lo único que sepamos imaginar es un jardín.
     Queremos el confort de una naturaleza dominada pero al mismo tiempo queremos presenciar sus maravillas multicolores, no ya frente a una pantalla, en un jeep, sacando fotos y vídeos, en una caravana interminable de pseudoaventureros  pseudoecologistas, vestidos para un safari decimonónico, o ni eso.

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      Bárbara danza con la espalda doblá y una mano a ras de suelo recogiendo como en un remolino los desperdicios que el viento trajo al patio de su casa.
     Cuando la vi quise fotografiarla y no me atreví.
     Quise retener esa imagen para dibujarla en su movimiento circular, con el vestido negro y la sombrera blanca.
     Bárbara tiene noventa y seis años, pero sabe muy bien lo que hace y porqué lo hace. Se expresa con coherencia y su memoria está a su lado respaldándola.
     En lugar de fotografiarla para retener esa estampa inusual, diálogo un rato con ella.
     Ahora he visto su cara de cerca, a parte de su danza.
     Algún día mi imaginación se habrá nutrido de ella lo suficiente como para intentar representarla, con trazos rápidos y certeros, sobre el papel.

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     Papito, el hombre que me raptó ¡es un proxeneta! No sé conforma con manosearme, me entrega a otros para que hagan lo mismo. Me llevó a casa de un vecino, que me manipuló hasta configurar mi idioma como el español. Yo que lo mantenía a raya expresándome en un críptico alemán incomprensible para él. Y ahora me veo obligada a hablar en castellano. Fue gracias a eso que consiguió acceder al menú Balance de blancos, que yo había configurado como Fluorescente para arruinarle todas sus fotos, y seleccionó la opción Automático.
     Luego me llevó a un bazar de electrónica y allí me mostró, ¡desnuda!, a un empleado. Este sujeto averiguó, mirándome la dentadura, que tengo diecinueve años. Qué falta de decoro, la edad de una señorita nunca debe explicitarse.
     El viejo quería un par de baterías nuevas para hacerme trabajar a destajo. ¿Una batería de una cámara de hace diecinueve años? No tenemos de eso, dice el tendero. Ahí vi el cielo abierto, pero al final encontraron una batería de videocámara compatible con mi cuerpo.
     Estoy perdida, papito, el hombre viejo y feo va a poder usarme si no consigo imaginar una estrategia de defensa más eficaz. Dejaré de comer, me afearé todos los días hasta que se encapriche de alguna jovencita virgen, de esas ligeras y funcionales que fabrican hoy en día con tantas prestaciones.
     Siempre pienso en tí, papito. No me olvides, te quiero.

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     Esto no es un tweet contiene tres o cuatro errores muy evidentes. Es posible que más. Todavía no he encontrado el momento de releer y corregirlos.
     Aquí, en la segunda parte de Esto no es un tweet, dejo constancia de ello. Llegará el momento en que esa primera parte esté corregida, pero la segunda parte continuará diciendo que en la primera parte hay fallos muy evidentes. No se trata de un hecho ineludible, es una decisión de autor que estoy tomando en este momento. Quiero que el autor, el repasador rectificador pulidor de textos propios, no suprima estos  dos párrafos, a los que ahora añsdiré un tercero, si la imaginación me da para ello.
     El tiempo pasó, el autor murió. Los tres párrafos forman parte de las obras completas digitales de Resquicio, pero no aparecen en ninguna de las antologías impresas publicadas en la Tierra. Han pasado siglos y los derechos de autor han caducado, por lo que los tres párrafos se difunden sin restricciones. Una civilización extraterrestre pasa por la Vía Láctea y transmite por WiFi, en velocidad diecinueve Ge, toda la información escrita que la humanidad ha producido. Ahí van, recorriendo el espacio profundo, los tres párrafos éstos en los que están puestos nuestros ojos en este preciso mismo.

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     A Gullivert en la escuela apenas lo veían. Corría el riesgo de ser pisado en la desbandada de la salida de clase
      Con el tiempo, encontró tipos a los que podía mirar por encima del hombro... y que podía martirizar impunemente, de distintas formas.

               *

     Anoche en Radio 3 alguien dijo Si no queda satisfecho, le devolvemos la oreja.
     Lo dicho, si no queda satisfecho, le devolvemos su perspectiva.

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     El Rey se vistió de labriego y fue en busca del Ideólogo Rebelde. Cuando al fin encontró su guarida, le dijo Para tí la vida es muy sencilla, te limitas a gobernar sobre las palabras; imagínate lo peliagudo de la tarea que tengo que afrontar yo, manejar a las personas, e incluso torcer su voluntad por la fuerza, cuando la persuasión falla.
     Rey, las palabras a veces son traicioneras, impredecibles.
     Rey, algunas se escapan del rebaño y se hacen montaraces.
     Rey, algunas palabras conspiran contra uno, suelen salir de la boca en el momento más inadecuado.
     Rey, algunas palabras viajan con documentación falsa en la mochila, cruzan fronteras sin visado y tergiversan lo que quiso decirse al ser pronunciadas.

                Resquicio, mayo-junio de dos mil veinticuatro.

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