Parasitito y Junior.
03 13 Parasitito y Junior.
Parasitito dice Yo siempre he sido un suelas gastadas. Cuando trabajaba de tractorista no movía un dedo si no me traían una botella de vino.
Suelas Gastadas cuenta sus epopeyas de otros tiempos...
Una vez fui al Barrio Chino de Arremolinados, cuando aún no tenía carnet de conducir, y aparqué frente al bar. Entraron unos guardias civiles y preguntaron ¿De quién es ese coche? Mío, dije. ¿Y el carnet de conducir?, preguntaron. Haberme parado ahí, en la rotonda, respondí.
Y claro, todo eso acabo como el rosario de la aurora, dice Parasitito.
Nada más llegar, Parasitito deja las cosas claras. Aquí el que manda soy yo. Y yo ya he trabajado bastante en esta vida. Así que esto es lo que hay.
Con estas palabras nos recibe Parasitito a los peones de limpieza de una contrata de seis meses que organizó el ayuntamiento de Cuadriculez. En ella se da preferencia a los parados de larga duración y a los inadaptados sociales, a los que necesitamos reinsertarnos en el mercado laboral, entre las manadas de lobos que medran en el capitalismo y la asistencia social que procura que nadie se quede fuera del todo del presunto bienestar social de Occidente.
Parasitito y Gasolinero Junior son uña y carne, a parte de que él segundo manda sobre el primero, como concejal que es de Obras públicas, Limpieza y No Recuerdo Qué Más en el ayuntamiento de La Villa Cuadriculada.
Es fácil llevarse bien con Parasitito por más que haga de perro pastor del rebaño. A los trabajadores de la limpieza pública no se les exige demasiado, más que hacer deben aparentar hacer. Eso lo sabe todo el mundo, desde el mandamás al último en llegar.
El último en llegar en este caso es Resquicio, un rebelde que no está dispuesto a acatar la norma de los trabajadores públicos, que es Despacito, despacito, despacito...
¿Despacito por qué? ¿Acaso descontaminar no es un ideal de vida? ¿Acaso servir al ciudadano no es lo más reconfortante que puede hacer uno andando por la calle?
Así, Resquicio trabaja a su aire y empieza a recibir ciertos elogios por parte del enemigo. Bueno, no es así exactamente. Gasolinero Junior y Parasitito pensaron que se les venía encima un problema al entrar Resquicio a trabajar con ellos. Poco a poco se dieron cuenta de que, en este aspecto, Resquicio no era un problema.
Resquicio sabe de algunas conversaciones habidas entre Parasitito y Gasolinero Junior, en las que el demonio, el loco o lo que fuera que esperaran de él, fue adquiriendo forma de dócil animalito doméstico.
En cierto modo se equivocaban si pensaban que, por comer de su mano, Resquicio iba a quedar domesticado, pero eso es algo que ya se verá en el futuro.
Hoy es el último día en que Resquicio trabaja para el Ayuntamiento y Gasolinero Junior le felicita y le dice Te has comportado como un caballero.
Ante esto, Resquicio piensa que Junior tampoco es el ogro que, él mismo, podría haberse tenido. Sabe tratar con los trabajadores, supongo que desde su puesto tiene que vérselas con muchos peones de limpieza con adicciones y problemas varios, ante los que hay que ser por un lado exigente y por otro condescendiente.
No se les puede pedir mucho porque todo el entramado de trabajadores públicos está viciado por el mantra de Despacito, despacito, despacito...
¿Cómo exigirles ímpetu y dedicación a los de abajo, si los mandos intermedios viven la vida fofa, y los de arriba gobiernan sobre sus santos e incuestionables cojones?
Es fácil querer a Parasitito.
Es posible no detestar a Junior.
Esas conclusiones se materializaron hace un par de años.
Resquicio, diecisiete de febrero de dos mil veinticinco.
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