Inducción a la euforia.

06 14  Inducción a la euforia. 

     Encendido y Apagado se alternan en el gobierno de Resquicio. Si Encendido tarda en aparecer, quizá haya modos de conseguir la transición. Sentir aprecio por una persona, o no querer defraudarla, podría desencadenar el cambio, aunque lo lógico es hacerlo por uno mismo. Por lo general el paso a la creatividad llega por sí mismo, acaba cayendo de maduro tras algunos intentos frustrados de mentalización: Espabila, ponte en marcha. Sin saber muy bien cómo, acaba produciéndose. 
     Pero la espera se hace larga. Una vez Resquicio consiguió un cambio de humor radical usando café y una botella de whiskey, su metabolismo y su ritmo circadiano cambiaron de la noche a la mañana, durante un tiempo se le cerró el estómago y estuvo descansando menos de lo normal porque estaba en ebullición. No es recomendable acudir a este tipo de sustancias, pero en ese caso lo hizo a conciencia y disfrutó de las ventajas del cambio. Curiosamente, al producirse la transición sin utilizar ninguna sustancia, el cambio metabólico y circadiano es bastante parecido, aunque no tan radical. 
     En determinados momentos Resquicio estimuló la creatividad a través del cannabis. Lo hizo aún sabiendo que esa euforización artificial seguramente lleva implícito a posteriori un bajón más acentuado del habitual. De todas formas, él considera que el alcohol y el cannabis no han sido importantes en su vida, fue capaz de prescindir de ellos por largos periodos de tiempo y, tras un episodio cardiaco sufrido, posiblemente ya permanecerán lejos de su organismo para siempre.  
     El Resquicio Encendido e Intoxicado, ya sea con alcohol o con cannabis, era más locuaz, ingenioso y desinhibido que el común, pero  a veces eso le hacía chocar un poco con cierta urbanidad social en su afán de romper esquemas y representar sus performances, con o sin sentido. Eso incluso pudo generar algún roce con sus más allegados, pero fueron episodios breves y no se ganó ninguna enemistad por ello. 

     Cuando salimos de la inactividad es como si nos surgieran alas. Quizá es sólo el contraste en el paso de un estado a otro. La mente se ve estimulada por proyectos nuevos, las ideas se concatenan y relucen más sencillamente porque provenimos de un periodo de penumbra.
     No quiero seguir pensando que los períodos de desconexión de toda creatividad son necesarios y nos alimentan. No quiero creer a quienes afirman que el tiempo negado sirve para crecer espiritualmente. Hay gente químicamente estable y propensa por naturaleza al optimismo, incluso a la felicidad, ¿tenemos que presuponer que esa estabilidad va en detrimento de su crecimiento interior?
     ¿Sirven para algo los periodos de inapetencia y pesimismo general? Bueno, si en lugar de definirlos así los llamamos tiempo de barbecho, la percepción de los mismos podría ser distinta. Creo que si esos periodos te suceden, así es tu vida y tienes que aprender a transitar por ella incluyendo esos vaivenes anímicos. La realidad de lo que eres, de lo que piensas y sientes, no está en exclusiva ni en los altos ni en los bajos; eres un compendio de ambos. Por más que el lado activo se muestre y luzca más, también el lado retraído te conforma.
     
     Podemos dar por hecho que tras la exaltación llegará un cierto bajón. Podemos dar por hecho que de la depresión siempre se acaba saliendo, tocar fondo sirve para empezar a remontar. Quizá podemos minimizar los altibajos si no nos dejamos arrebatar por la euforia en los momentos altos. Quizá algún día en los momentos bajos conseguiremos seguir las pautas correctas que nos alejen de la desazón. Cada cual ha de encontrar las claves de su propio equilibrio imperfecto. Y si nuestro sino es seguir dando bandazos, seguiremos saboreando alternativamente el dulce y el amargo en la montaña rusa de la vida. 

     Me he dando cuenta de que Encendido también tiene sus mantras, frases recurrentes de significado enigmático, pedacitos de canciones que rompen el silencio para sorpresa de uno mismo, como expresión de alegría y optimismo. Reflejan un cierto bienestar y a la vez lo generan. ¿Podrían esos mantras en algún momento volverse agobiantes? Parece que no, pero si impiden el paso de todo lo que ha de habitarnos sucesivamente, también podríamos llegar a detestarlos. 
     Hay días de inacción que no llevan otros concatenados. Los automatismos positivos resurgen sin tener que implorárselos a los dioses. Los  mantras paralizantes no tienen ningún poder si no se lo concedes. Disfruta de hoy, Encendido, pero tampoco sería realista creer que ya nunca más volverás a sentirte estancado.

               Resquicio.

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