La sonrisa solidaria.

 17 04  La sonrisa solidaria.

     Raimundo se crió en un orfanato y luego estuvo interno en buenos colegios que alguien, en la sombra, pagaba.
     Así pues, Raimundo sabía que tenía una familia, pero que esa familia lo quería ocultar ante la sociedad. Eso le importaba poco. Cuando se hizo mayor la banda de rock en la que se enroló pasó a convertirse en su familia.
     Pero un día se cansó de la vida en la carretera y en los escenarios, llenos de adrenalina y decibelios. Se fue remontando el gran río y, en un recodo del mismo, se asentó con un grupo de leñadores que abastecían de madera a los barcos de vapor. La selva era cada vez algo más lejano, casi a punto de desaparecer, pero los leñadores hacían su trabajo sin pensar en el fin de la selva ni en el fin del río ni en el fin de los tiempos.

     Un día atracó en el muelle improvisado por los leñadores un barco del que todos conocían su peculiar historia. En él viajaban dos ancianos enamorados, que hacían así su vida al margen de los asuntos y las gentes de tierra firme. Él era el dueño de la compañía fluvial que durante mucho tiempo monopolizó la navegación por el río. Ella era su amor de juventud, con la que se reencontró ya en los años de vejez, cuando al fin la mujer enviudó y él reapareció en su vida.
     Viajaban con toda la tripulación, con una orquesta que les permitía tener sesiones de baile y admitían a muy pocos pasajeros, como fue el caso de la gigantesca amante del también fornido capitán alemán del barco.
     Raimundo y el resto de leñadores vieron desembarcar a las dos parejas cogidas de la mano, los descomunales y los viejitos, mientras ellos subían a bordo a mano la carga contratada.
     La viejita se plantó ante Raimundo, se fijó en la marca de nacimiento que éste tenía en el desarrollado bíceps izquierdo, con una ligera forma de corazón, se descubrió el pecho y mostró una marca similar en el flácido pecho izquierdo de la mujer.
     Yo soy tu abuela, dijo. Mi marido, que ya murió, estuvo pagando tu educación. Tu madre vive en Miami, está casada y tiene otros hijos. A ti te tuvo demasiado pronto. Eran otros tiempos. Cuando enviudé y empecé a recuperar mi relación con este amigo de la adolescencia, mi hija vino de vuelta para recriminármelo. Entonces le dije Primero nos jodieron la vida porque éramos demasiado jóvenes y ahora queréis jodérnosla porque somos demasiado viejos; no quiero volver a verte en la vida. Eso le dije, y he cumplido mi palabra.
     Raimundo esbozaba una ligera sonrisa solidaria.

                  Resquicio.


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