Vida laboral.

Vida laboral.


04 01  Vida laboral.


     Estuve trabajando como asalariado en un almacén de los 14 a los 18 años, aunque sólo figuran la mitad como cotizados a la seguridad social.

     ¿Y dónde estuviste desde entonces?, ¿qué hiciste?, pregunta un innecesario fiscal. 

     Tras un periodo cobrando el subsidio del paro correspondiente, estuve trabajando en los mercadillos, fabricando y vendiendo artesanía.


     Resquicio se independiza con 16 años. Sus padres no están de acuerdo e intentan impedirlo, pero él amenaza con irse lejos, para así poder hacer su vida, y finalmente transigen. 

     Tras acabar la escolarización obligatoria, intenta seguir estudiando, compaginándolo con su trabajo… pero no está lo bastante centrado para conseguirlo. Su obsesión es aprender a escribir, y a ello, a leer y a escribir, dedica casi todo su tiempo libre. 

     Cuando se ve con la perspectiva de un año por delante cobrando el subsidio del paro, la vida de Resquicio cambia en gran medida, la rutina se ve alterada, come y duerme cuando se lo pide el cuerpo, y de ese modo llega a vivir jornadas de 30 ó 35 horas, sin horarios fijos que tengan que ver con el día y la noche. 

     Resquicio se está convirtiendo en un raro, en un solitario, en un maniático del papel. Se van acumulando los folios llenos de palabras. Es un ejercicio de emulación de la literatura que ha conocido, un autoaprendizaje.

     Pero llega el día que la realidad cotidiana llama a su puerta, ha ido estirando el subsidio del paro lo más posible, pero éste se agotan y, como solución, pasa a compartir piso con una pareja que ha llegado a Menorca con la intención de pasar el verano trabajando en los mercadillos. Al año siguiente Resquicio trabaja con ellos. Y al siguiente, está solo fabricando y vendiendo artesanía. 


     Lo cierto, señor fiscal, es que me enamoré de esa forma de vida. Veía llegar a esa gente, que calificaremos de hippies, con su mochila y su guitarra... y que a veces vivían en una simple cueva los meses de verano, que se ganaban la vida fabricando pulseritas y vendiéndoselas a los turistas. 

     Para mi fue un embriagador perfume de libertad. Dedicarme a ello fue una elección más que un recurso, y esa elección se produce incluso sabiendo que vivir al margen del sistema laboral puede tener como consecuencia la percepción de una jubilación mínima al final de la vida. 

     Para un adolescente la vejez es algo tan lejano... Me declaro culpable, he sido siempre bastante inconsciente, y ni siquiera los años y los golpes de la vida han conseguido hacer de mí un ser con los pies en la tierra. No, me sigo descubriendo, tantas veces, transitando por las arenas movedizas de la ficción y la utopía.


     Un día entran en conflicto las dos personalidades de Resquicio, El sedentario maniático del papel no es muy compatible con el aventurero e itinerante hippie en que pretende convertirse. 

     Y opta por destruir toda esa montaña esclavizante de folios, arden tantas palabras muertas clavadas con alfileres sobre blanco, algunas seguramente merecerían el indulto; otras quizá sólo eran un ejercicio gimnástico de músculo intelectual, sin trascendencia. 


     Pero al poco de ese acto catártico, tenemos a Resquicio con una libreta, dibujando y expresándose desaforadamente, con intensidad y un sentir profundo que le sale espontáneamente de los poros. Casi cuatro décadas después, sigue protegiendo esa combinación de textos y dibujos. No puede evitar sentir un poco de orgullo de que todo eso naciera de su ser de esa manera. 




04 02  VIDA LABORAL (y dos).


     Estuvo trabajando seis veranos en los mercadillos de Menorca. Digo veranos porque el turismo es estacional en las islas Baleares y, aunque algunos mercadillos siguen existiendo en invierno, están enfocados hacia una clientela local, a la que se puede vender un tipo de productos diferentes a los que se vende a los visitantes estivales. 

     Normalmente aprovechaba esos meses sin turismo para preparar existencias, y en temporada alta se dedicaba a vender en los mercadillos la mayor parte de días posibles a la semana. 

     El penúltimo invierno estuvo viviendo en la península, con una socia extremeña, haciendo mercadillos en los periodos de navidad y carnavales, principalmente por Andalucía. 

     En noviembre de 1989 llegó a Lanzarote para pasar medio año, y lo hace ya con la referencia de la existencia del mercadillo de Teguise, al que se incorpora, al mismo tiempo que sigue pagando la licencia para vender al verano siguiente en Mahón. 

     En enero de 1990 empiezan a exigir el pago de autónomos para ejercer la venta ambulante en Menorca, se da de alta y su familia le ayuda con el pago de los seis primeros meses. Trabaja el verano allí y regresa a Lanzarote en noviembre de 1990, pero no se da de baja como autónomo y se va generando una deuda con la Seguridad Social.


     Durante un tiempo vive en su furgoneta, pero residiendo ya en Soo, en 1994 pasa por su casa un inspector de Hacienda que pregunta por su situación, por cuáles son sus propiedades… El coche, la tele y poco más, ¿no?, dice. Así es. Resquicio le cuenta que el alta vino dada por exigencias administrativas en Baleares, que ha vivido a salto de mata, que no sabía qué hacer... El hombre arguye Pero estás ejerciendo la misma actividad aquí. Sí. 

     Al final se ofrece a gestionar una baja que detenga la bola de nieve de la deuda, pero Resquicio vuelve a darse de alta ante Hacienda, para seguir trabajando su artesanía y vendiendo en los mercadillos, de una forma quizá no legal del todo pero sí tolerada en la isla. 


     El Resquicio mercadillero pierde en gran medida su costumbre de escribir, a veces incluso deja de leer. Pero cuando algo le impulsa a retomar la escritura, las palabras fluyen con facilidad. Él lo atribuye no a un don natural, sino a la "gimnasia" hecha en su adolescencia.

     Algunos inviernos se hacen un poco duros, pero en Canarias el turismo acude todo el año, el clima es benigno, y así las cosas fueron mejorando.,

     Resquicio puede permitirse realizar dos viajes a la India con compañeros del mercadillo. 

     Tras un periodo de trabajo intensivo, ve la perspectiva de poder tomarse prácticamente un año sabático. Decide que lo que quiere es aprender informática. Piensa en sus antiguos textos, pero al entrar en contacto con el ordenador, se apasiona por la fotografía digital y el diseño gráfico. Realiza un aprendizaje autodidacta de programas no sencillos de entender y manejar.

     Intenta rentabilizar sus diseños, como postales y cuadritos, en el mercadillo, pero nunca hubo ganancias, más bien pérdidas, y más si tenemos en cuenta los ordenadores, cámaras digitales e impresoras que ha necesitado adquirir a lo largo de los años, para poder continuar con su afición.

     Resquicio no tiene el título de diseñador gráfico que le pueda conducir a un trabajo. Ni lo busca. Intenta hacer alguna exposición. Cuando llega el 15-M, aúna diseño gráfico y literatura para expresarse en una serie de carteles, pero eso tampoco es monetarizable.




04 03  VIDA LABORAL (y tres).


     Si hubo una época de bonanza en la actividad de Resquicio en los mercadillos de Lanzarote, ésta se vio dinamitada por la llegada, primero, del euro, y después, de la crisis económica global.

     Él nunca supo o quiso llevar una contabilidad de las inversiones efectuadas. Al principio no hacía mucha falta llevarla, pero desde la llegada del euro la carestía de todos los productos ha sufrido una escalada de vértigo... y él se quedó estancando vendiendo casi con los mismos precios de los tiempos de la peseta. 

     Se veía pues embarcado en un negocio insostenible, pero que servía para sobrevivir. Siguió elaborando sus paisajes de arena teñida de colores dentro de botellas, algunas veces gracias a materiales comprados tiempo atrás, y a veces gracias a las entradas de dinero que los hermanos tuvieron tras la muerte sucesiva de sus dos padres en no más de medio año.

 Se  vendió la casa de sus padres y el dinero se fue muy rápido por motivos que ya serán contados.


     Si el negocio era medio insostenible, y a ello sumamos una serie de periodos en que deja de trabajar la artesanía para intentar dedicarse a pintar, más otros en que se sume en un desánimo paralizante, llegamos a una situación límite para Resquicio. 

     Desde ese cero, desde ese menos que cero, tiene Resquicio que resurgir cuando toca fondo, con la ayuda de amigos y conocidos, y con la ayuda de los servicios sociales también. 

     Antes de eso comete una especie de suicidio social al quedarse sin teléfono y clausurar su cuenta en el banco. El banco estaba aplicando tasas de mantenimiento abusivas. Las facturas mensuales de la compañía telefónica aumentaban poco a poco de modo incomprensible para Resquicio. De Hacienda empezaban a llegar embargos a su cuenta bancaria por deudas atrasadas, con sus correspondientes recargos por morosidad. 


     Resquicio nunca ha vuelto a pagar las cuotas de autónomo, pero sí efectuaba el pago trimestral del Impuesto de Actividades Económicas. En un determinado momento Hacienda deja de facilitarle los impresos, pretende que firme un impreso reconociendo que trabaja 1.800 horas al año. Él se niega a firmar, y Hacienda le insta a que pase a hacer las gestiones a través de Internet. Ello implica la contratación de un asesor fiscal, ya que Resquicio no consigue hacerlo por sí mismo. En ese momento lleva muchos años trabajando en un solo mercadillo a la semana, y especificando esa cantidad de horas, el pago es muy distinto al que Hacienda exige. De todas formas quizá habría que contabilizar las horas que dedica, en casa, a producir sus botellas, pero eso es difícil de cuantificar. En definitiva Hacienda supone que si te dedicas a los mercadillos tienes que estar trabajando al menos 1.800 horas al año y no le interesan los pormenores de cada caso.

     Por no poder amoldarse a esas normas, Resquicio cierra su cuenta en el banco, en un erróneo intento de soslayar los problemas, pero los problemas se incrementar. Al no tener cuenta corriente, deja de poder pagar las tasas municipales, no puede cobrar una bonificación por traslado médico que le correspondería. Y no resulta tan fácil abrir una cuenta nueva, tiene que justificar una actividad económica; le exigen adaptarse a la era digital y hacer las gestiones vía Internet. Todo eso para que luego te masacren con las comisiones que quieran inventarse amparados en que eres un usuario de poca monta y no vas a saber reclamar ante los abusos.

               Resquicio.


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Comentarios

  1. Él no iba a escribir, le daba bástante reparo, pero le ha llamado la atención la redaccion del contenido del blog. Resquicio, él cree que sí sabe reclamar a un banco, sólo hay que ver el contrato de apertura de la cuenta (se puede solicitar) y, luego es cuestión de indagar en "sus normas". Siempre las incumplen. Si sigue en la situación referida y Resquicio quiere intentar tener una segunda, tercera o la que sea, opinión él puede dársela.
    Con hacienda, habría que ver la situación, pero se puede paralizar la deuda e intentar arreglarla, todo es cuestión de verlo. Si Resquicio se vé muy apretado que respire hondo, cierre los ojos y confíe en un desconocido

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