El suicida...
00 20 El suicida...
El suicida me dijo: En un monasterio zen puedes llegar a ser dios, conseguir que nada te perturbe... pero luego miras a tu alrededor y descubres que no eres nadie, que no has hecho ni solucionado nada. No me inmuté ante tan desgarradoras palabras. Yo también había sido dios y había construido mi propio templo, que luego desmonté trabajosamente al saber que nadie podía penetrar en él. Pero me asombró que pudiera haber otros dioses a parte de mí. Renuncié a los bellos oráculos y opté por zambullirme en la duda, a merced de la incierta corriente. Me presenté en sociedad y fui uno más. Desde entonces apareció en mi vida esta afición por las ventanas abiertas de par en par al vacío.
Si penetras porfiadamente en la madrugada alcanzarás el momento en que los metales se funden en extrañas aleaciones perpetradas por llamaradas o simplemente ojos. El Creador de Sueños pondrá su mano sobre tu frente y no se sosegará el universo hasta que te recuestes sobre la almohada del alba.
Amanece desfigurada y lentamente va perfilándose.
Hay veces que alberga una cierta incógnita, pero siempre aparece bajo la bruma de la madrugada como una incertidumbre que al fin se desvanece.
Los primeros indicios de claridad iluminan su rostro, brota su particular belleza, se acentúan sus facciones con las horas y estalla su mirada con la llegada de la noche.
A partir de ese momento penetra en todo y todo penetra en ella.
Es el momento de amarla y evitar que se rompa.
Cualquier perturbación destroza el momento.
Hay que limpiarse por dentro para llegar a ella.
Sólo ella existe. Sólo ella existe o todo se quebrará.
Negro se ha sentado frente a mí con las manos vacías y la mente libre. Ha disfrutado de mi hospitalidad y alimento... y se ha vuelto a zambullir en la incertidumbre de la calle. ¿Adónde conducirá el azar a Negro, de qué gentes se empapará, la salitre de qué mares penetrará por los poros de su piel? Seguirá rodando por el mundo con la mente libre y las manos vacías. Negro es libre como sus antepasados, como todos los negros esclavos de la historia, pero ¿cómo puede ser feliz en esta tierra en la que hay tantas cosas y ninguna es para él? Negro coge lo que necesita y sigue su camino. Pronto lo abatirán los cazadores de mentes voladoras. Pero seguirá volando urdiendo palabras con sus dedos de malabarista, urdiendo música sobre un pentagrama de humo.
Resquicio Juvenil.
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