El motorista.
Monólogo...
03 01 El motorista.
Un día se cruzó con Resquicio un motorista embozado (con el casco reglamentario, por otra parte) que le lanzó una mirada fulminante… se supone, ya que no llegó a verle los ojos. No era un miembro del Ku Kux Klan, ni de la triple A aaasesina, era un policía municipal.
En los barrios y pueblos de la isla hay unos paneles de madera en los cuales, durante las campañas electorales, se pega la publicidad de los partidos políticos en liza, y durante el resto del tiempo sirven para que, quien lo precisa, exponga sus anuncios.
Resulta que Resquicio había estado actuando sobre esos paneles. Tras elaborar una serie de carteles al calor de la efervescencia del 15-M, y tras hacer una exposición reivindicativa en un bar de la capital, decidió reciclar material pegándolo en los paneles publicitarios del pueblo.
Pero su intervención fue "degenerando" poco a poco y llegó a convertir los paneles en una especie de mural, aplicando pintura donde la lógica espera encontrar sólo papel engomado bien alineado en una perfecta verticalidad declamativa: Vota por Fulano, Fiesta de luna llena en el Volcán Dormido, Se dan clases de esperanto, etcétera.
¡Es que una cosa es la libertad y otra muy distinta el libertinaje...!, interrumpe Antediluviano.
¿Y qué es el libertinaje? , replica Resquicio. Existen y han existido siempre la libertad y la falta de libertad, para ello están las Leyes y la Justicia, que marcan el territorio fronterizo entre ambas, pero quienes hablan de "libertinaje" intentan imponer cortapisas y limitaciones a voluntad de una moral propia que quieren universalizar...
Pero nos estamos dispersando: un día Resquicio vio que los paneles publicitarios habían desaparecido, el Ayuntamiento se los había llevado, y a partir de ese momento sólo los vuelve a colocar durante las campañas electorales...
¡Tienen derecho, son suyos!, vuelve a interrumpir Antediluviano.
... Resquicio, tras permanecer un buen rato con la boca abierta, se hizo con un papel adhesivo y lo pegó directamente sobre la pared delante de la que habían estado los paneles, con un dibujo y unas frases...
Fue entonces cuando llegó el policía municipal a lomos de su motocicleta, se cruzó con él, siguió circulando, arrancó el papel adhesivo y le dijo a uno del pueblo que estaba por allí: Ese ya tiene dos denuncias en el Ayuntamiento.
Cuando el "mensaje" llegó a oídos Resquicio, se partió de risa, ¡Qué es esto, el tardofranquismo...?
¡Estamos hablando de gamberrismo!, vuelve a interrumpir Antediluviano.
Desde entonces Resquicio ha ido recibiendo las visitas periódicas de los policías municipales avisados por las autoridades locales, por el centro sociocultural o por algún vecino molesto con alguna de sus actividades, actitudes o perversiones varias.
Ninguna denuncia prosperó realmente... más bien ha ido teniendo una serie de conversaciones con los agentes, normalmente cordiales y serenas.
Resquicio.
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