Esto no es un tweet (y tres).
08 25 Esto no es un tweet (y tres).
En un vídeo corto de esos que se reproducen en bucle hasta la extenuación, salvo que los arrastres p'al limbo con el dedo, una estilista dijo algo que me resultó revelador, sobre los armarios roperos.
No hablaba de los armarios de salir del armario.
No hablaba de los armarios de esconderse de los monstruos imfanticidas.
Ni siquiera hablaba del armario de Millás. Ese que al comprarlo trajo escondido dentro un subrepticio nuevo inquilino a la casa, un individuo que se metió dentro de él en la tienda de muebles y allí se quedó dormido.
La influencer comentó que aproximadamente cada dos meses deberíamos sacar toda la ropa del armario para revisar lo que tenemos , porque se nos olvida lo que vamos metiendo ahí. Revisando lo que hay, además, podemos llegar a una serie de conclusiones sobre lo que compramos por impulso y ni recordamos usar; o todo lo contrario, lo que nos sienta bien.
En mi caso los armarios se vuelven unos obesos ingobernables, por no tirar nada, ni lo rayano al andrajo. Y desde luego, acabo sin saber quién vive ahí. Cuando no queda más remedio, intento una incursión espeológica.
La idea de la estilista puede ser una estrategia adecuada, y extensible a otros ámbitos. Los cacharros de cocina, las herramientas, los libros, los colegas, las rutinas... En conclusión, todo.
Todo lo que nos rodea, todo lo que acumulamos, merece un poco de atención.
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En mi primera cita con el Maestro le dije que mi blog había alcanzado quince mil visitas pero que en gran parte mendigaba esos clics. Es decir, utilizaba cuarenta o cincuenta grupos de Facebook de contenido literario para promocionar el contenido de La marea. Los meses en que publicaba contenido y "mendigaba" esos clics, había visitas. Si estaba inactivo, apenas se producían.
Pero en el último parón empezaron a producirse visitas asiduas procedentes de Singapur, y luego algunas de Hong Kong, y luego unas pocas de la India.
¿Tendrá La marea de Resquicio algún día vida propia, como la tiene la del planeta en que moramos?
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La pelota es para quien más suda.
La copa de campeones, para los desmesurados.
Los frutos de la tierra, para quienes la trabajan con alegría y ahínco.
La teta, para quien la chupa.
Al cabo, quien menos llora es el que más mama.
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No hay que confundir a las diosas Ganesa y Gamesa.
Ganesa es una diosa hindú en forma de elefante con seis brazos. Gamesa es la sucesora del Dios Beta, el que fue alcalde de La Villa Cuadriculada. Como todo Dios, Beta quiso ser ubicuo y al segundo intento lo consiguió. Ahora preside el parlamento de Margullo de Fuego. Por supuesto, el sillón consistorial debía ser para el Dios Gama, en éste caso la Diosa Gama, Gamesa in la intimidad.
La he visto pasar a veces, con su corte, pero no he hablado con ella ni le rezo.
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También están quienes te venden la gran revelación de que todo es un engaño mayúsculo y por tanto te están administrando el necesario jarabe de lo Verdadero.
No hay que ser muy perspicaz para leer entre líneas cómo algunos edulcoran o tergiversan la realidad.
Está el discurso de la boca y está el discurso de los ojos.
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Hay gente que confía en las capacidades de Resqui más que el mismo Quicio.
Por ejemplo Gigi, que sostiene que los garabatos que a ratos ha ido haciendo Resquicio, sin objetivo claro, tienen cierta carga pictórica.
Por ejemplo Colibrí Mecida por la Brisa Marina, que cuando Resquicio pasa a ser Resquicio Acabado o Resquicio en StandBy, pues le dice con convicción Todos los artistas tienen periodos de barbecho.
Oh Colibrí, esperamos tu regreso para arroparte y mecerte en los brazos un milenio de rato.
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En realidad la Brisa Marina es el aleteo intensivo, vertiginoso o estático, de tus alas traslúcidas, con un poco de sal volatilizada por el jadeo de los que están o estuvieron.
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Nata, si al final hacemos la obra de teatro, ¿quién interpretará a la rata Honorata?
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Ahora que estoy derrochador, compraré una moto de agua y le pegaré un dildo en la parte del asiento del copiloto. Nadie podrá viajar en ella con el bañador puesto.
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Prefiero que no hables, o tendré que amordazaete sutilmente. Dices que eres un personaje de carne y hueso, pero yo nunca he visto esa carne; ni he tocado, de tu clavícula, ese hueso.
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Al sur de Margullo de Fuego hay una playa no urbanizada llamada Guacamayos. Iré ahí y me masturbaré sin tener que imaginarte, ya que desde ahí, con la ayuda de un catalejo, se ven el jardín trasero de tu casa y el jardín trasero de tu coño.
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Los poemas y las prosas sentidas son, también, cadáveres que dejamos en el camino.
Si has cometido un crimen ahí, tarde o temprano pasarás por ese recodo del camino.
Quizá tardes siglos en hacerlo, evitando el sendero que lleva a un crimen concreto que sabes que te revolverá las tripas, por más que sea el crimen justificado de uno mismo, el crimen de andar por casa, o un asesinato sólo por tedio.
A veces me paso siglos ajeno a los crímenes que he cometido, pero como digo, el criminal siempre vuelve a dónde derramó la sangre.
Durante años arrastré crímenes de juventud en la mochila. Y cierto, volvía y aspiraba el aroma en descomposición de cada lugar en concreto.
La verdad, muchos de esos asesinatos no merecieron la pena. Y empecé a enterrar cadáveres en lo profundo del olvido.
Fueron crímenes sin sentido, pero con ellos aprendí a matar sin la vacilación del neófito.
Desde hace unos cinco años me he convertido en un criminal en serie. No me importa si extermino regiones enteras del planeta.
Por supuesto, voy volviendo a algunos de esos crímenes recientes que se van acumulando y que espero poder revisar al completo.
Algunos de ellos, sorprendentemente, me emocionan, con la sorpresa y el sentimiento de descubrir y analizar un asesinato cometido por alguien ajeno a mí.
La última vez que volví a la escena de uno de esos crímenes propios, me desconcertó tanto. No sé cómo pude hacer eso con todas esas vísceras esparcidas por el terreno y expuestas a la intemperie. Qué vértigo sentí al seguir las huellas de mis propios pasos. Me iba preguntando si alguien ajeno sería capaz de paladear todos los matices vertiginosos de un asesinato como ese.
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Más allá de la ciénaga, está el Palacio de Lilibeth.
Yahvé, que es cruel, mancilló mi rostro con su marca; me hizo invulnerable para que sufriera y me condenó a vagar en solitario por la Tierra primigenia. No obstante lo cual, dos veces entré en el Palacio de Lilibeth y fui su amante preferido.
Ya no recuerdo el camino de regreso a su ciudad. Tendré que servirme del mapa satelital que me mandó al chat.
Como de eso hace tres o cuatro milenios, tendré que intuir qué montaña cambió parsimoniosamente de sitio y qué volcán ha emergido interrumpiendo el sendero. Por supuesto, la toponímia es otra, completamente distinta a la del pergamino digital original.
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Doña Pulcra no sale de casa por no pisar el fregado.
Cuando el piso esté seco ya, su anhelo ella habrá olvidado.
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Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, Resquicio había de recordar una conversación que mantuvo con Charnegu en un bar de la isla.
Dice Charnegu que estando él en un bar de la isla, un tipo aparentemente amable acabó diciéndole con cierta condescendencia Porque tú sólo estás aquí de prestado.
Luego Charnegu preguntó a alguien qué significaba esa expresión.
Que según él la isla es de los autóctonos y simplemente durante un tiempo se te tolera, hasta que decidan deshacerte de tí, echándote al mar o deportándote.
Charnegu se levantó y fue a decirle al isleño Que por aquí lo único prestado es el Coño de tu Puta Madre. O algo así.
Claro que esto no sucedió en Margullo de Fuego, ocurrió en otra isla de la que todavía no hemos hablado en La marea.
Nos referimos a la isla de Petardos y Cuchufletas.
A los petardoscuchufleteños no les gustan mucho los margullofueguinos.
De hecho, se matarían entre sí. Lo que pasa es que cada vez que se produce una tensión tal que la tragedia es inminente, no se sabe por qué extraño fenómeno, del mar emerge una isla llamada San Borondón, que se interpone entre las flotas de uno y otro bando. Las brújulas no funcionan, los mapas se desconciertan y los radares se tiran un pedo.
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en lo alto del Cocotero
vive un Coco Gruñón
está es la primera Estrofa
de mi cansSsión
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en lo alto del cocoCocotero
un Coco Gruñón vive
a ver si se Sonríe
al verme sacar de la Nariz
un Moco
pocoApoco pocoApoco
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A los microorganismos no los vemos, salvo que usemos microscopios. Pero ellos sí que nos observan, llevan tiempo estudiándonos.
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Nadie es nadie para considerarse a sí mismo buena persona. Ni creérselo ni pregonarlo. Puede uno llevarse un chasco al conocer al que uno es en realidad cuando bajamos la guardia, el que va por libre metiendo la pata en cada charco.
Si aún así nos comportamos con benevolencia, podemos estar satisfechos de no ir avasallando al personal ni dejando cadáveres en las cunetas.
Pero eso no garantiza la tranquilidad de espíritu. Siempre habrá la duda de un ¿Habré hecho bien? ¿Pudieron malinterpretarme? Siempre mirando para atrás para ver si en nuestro deambular por la vida alguien descarriló por nuestra culpa.
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Está noche participé en un robo importante. Mis dos compañeros se quedaron con un botín de trescientos mil euros. A mí me corresponden doscientos mil porque sólo conduje.
Ahora han surgido problemas. Uno de nosotros ha sido localizado y puede que la policía venga a por mí. He acudido a la reunión para comprobar que las cuentas están claras, ya que fui yo quien hice la repartición. Me quedé el fajo pequeño y les dejé aquí, a la vista, sobre la mesa, los otros dos grandes.
Me llevé a mi padre a otra habitación y le conté todo. Para que sepa de la situación y pueda explicárselo a mi madre. De vuelta al conciliábulo doy las oportunas explicaciones sobre el aparte que he hecho con mi padre. No te preocupes, yo soy abogada... me dice una mujer que no había visto hasta ahora.
Mis padres llevan unos años muertos.
Si todo se sabe voy a perder cierto prestigio social.
Mis padres llevan unos años muertos, no sé qué están haciendo en el barrio.
La última vez que viví una aventura nocturna tan nítida, la narré en Las tres islas, una entrada del blog La marea por Resquicio.
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¿Qué haces ahí tumbada al lado de una cita de Mario Benedetti?
Mario murió, pero tú no estás moribunda, estás doliente de mundo. Del mundo de los vivos. ¿Te han violado las tropas? Esa lágrima en la frente no puede ser sólo maquillaje. Eres la Pachamama doliente de los pueblos sojuzgados que Mario defendió, como Galeano,
como tantos escritores del realismo mágico y de la realidad hijoputesca, amor, levanta. Empieza por alguna de tus partes, levántala, primero de rodillas. Ya alzaremos el vuelo cuando escape la metralla, hermana.
Sí, te ofrezco un regalo, amor, son unas palabras...
La marea, por Resquicio. 08 Introspecciones - 08 21 Leer adrede.
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Estábamos en la Playa del Risco, cerca de Caleta de Salitre, cuando JuanMa exclamó ¿Y Antón? ¿No hace mucho que se metió al agua?
La novia de Antón, y madre de la pequeña Famara, dijo Está ahí, en esos escollos lejanos de ahí.
Lo que no sabía es que tras los escollos hay un reposadero, Gigi, una playa de ensueño para los atletas nadadores y para los náufragos ocasionales.
Sigue mostrándonos los recovecos que apenas alcanzamos a entrever.
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Penélope, tú qué junto a Brisa Marina de Colibrí, sois las guardianas de mi Bienestar y mi Pan...
Brisa y Penélope, Penélope y Brisa, creo que hemos de gestionar un cierto retiro de mi vida laboral. Porque cuando salgo a caminar, sobre todo cuando lo hago cargado de cacharros, me siento hecho una piltrafa. Quizá debido a que entre el treinta y nueve por ciento y el cuarenta y un por ciento de mi sistema cardíaco murió hace cinco años.
En Salud mental de Arremolinados se ofrecieron a gestionar un tanto por ciento de discapacidad, a estudiar, en mi persona, por irrecuperable bipolaridad no tratada.
Hijos de puta, si son ellos los que me están intentando matar negándose a renovarme el carnet de conducir si no accedo a que me den por culo un rato, a estudiar cuánto, cuándo, cómo, dónde y por qué.
Besos, amigas.
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En el cuarto de baño del ambulatorio hospitalario de SSRHA no hay espejo. Y en el de señoras tampoco. Supongo que no es casualidad.
SSRHA es una localidad de Margullo de Fuego. En extendido, se llama Samba, Salsa y Reggae Hasta el Amanecer.
Los eslogans y las toponimias ufanas son toponimias y eslóganes, simplemente eso. No tienen porqué cumplir lo que prometen.
Pregunten a los ciudadanos feos de Villapreciosa.
Más vale no hacerse ilusiones ni levantar espectativas a destajo.
Las dádivas inesperadas nos alegran el fondo del alma. Así que, aunque SSRHA se llama SSRHA, lo empezaremos llamando El Pueblo Silencioso. Y como está en el centro de la isla, erigiremos a su entrada el que llamaremos Monumento al Pescador. Así, los marinos que lleguen al puerto de Arremolinados no podrán verlo. Es decir, tendrán que escalar la cordillera imaginaria que lleva a Pueblo Silencioso, para ver el monumento que homenajea a los hombres y mujeres trabajadores y amantes del océano y las lagunitas.
Por las fiestas del Carmen, todos los ciudadanos margullofueguinos pasean en sus barcas de puerto en puerto. Parrandas y romerías acuáticas hasta el amanecer.
Pero los auténticos lobos de mar detestan esa celebración de marineros de secano y escapan de la costa durante la noche de las romerías del Carmen. Escalan a tientas las cordilleras y creen estar llegando a Comala, pero en realidad sus pies les han llevado a Pueblo Silencioso.
Como en Comala, en Pueblo Silencioso el silencio es relativo. En las afueras hay garitos de adobe en los que, como a través de un pasadizo angosto, se escuchan viejas músicas de gramófono, escupitajos y estridentes risotadas hembra.
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Hoy me desperté somoliento, di unos pasos tambaleantes para mear a los pies de una platanera enana y me di cuenta de que no me he levantado Resquicio Desquicio. Hoy me he levantado Acracio Despacio. Y no sé qué puede esperarse de mí, no me ha dado tiempo a conocerme aún.
Acracio es reacio a utilizar la Justicia para sus desavenencias con el Mundo y sus moradores.
Al parecer, en una vida anterior, Acracio llegó a presentar una denuncia ante la policía municipal de La Villa Cuadriculada. Había recibido una agresión y a un vecino le pareció algo gracioso. A otro le pareció lo más normal entre las cosas que suceden porque han de suceder.
Al final retiré la denuncia para abortar el juicio. El de las risitas sigue riéndose de lo gracioso que puedo llegar a ser cuando me expando y trepo al escenario imaginario que está a los pies del Escenario ese que encumbra los parlamentos de los Encumbrados.
En cuanto al Normalizador de Todo, un tipo muy locuaz al que a veces había prestado, a ratos, la oreja... pues ese desde entonces no me dirige la palabra, desde que denuncié la agresión y eso implicaba que él tendría que acudir al juicio como testigo. Es posible que debido a su mutismo, Locuaz sufra una indigestión de palabras no pronunciadas, o quizá padezca estreñimiento, no le veo muy buena cara cuando nos cruzamos. Si le hablo desde la tangente, a veces suelta un Aaaay, dirigido al éter. Si al final alguna vez me subo al escenario de los Encumbrados quizá le rompa las tripas con un par de risotadas a traición.
Pero me dispersé en meros recuerdos de Resquicio, y de momento hoy soy Acracio Despacio, un tipo que anteayer estuvo a punto de interponer una denuncia contra el Ratón Antón, contra la Rata Honorata y contra el (Atado) Perro del Hortelano.
Pues pasé por el despacho de don Tildo Tilde y renuncié a denunciar, pues resulta que el Ratón Antón no merece quedar implicados en los hechos. Así que me veo en la disyuntiva de presentar una denuncia sólo contra la Rata Honorata y el (Atado) Perro del Hortelano.
No sé si me explico. Es decir, sé que me explico confuso y puede que mal. Son las cosas de Acracio Despacio, que confunden hasta a Confucio, pero que gustan a Lamar.
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"M'agradaria escriure tots els versos en un sol regló..."
Josep Revert.
Jo ho vaig escriure tot de jove.
Després ho vaig cremar.
I ja no vui escriure
Son les idees les que'm porten al paper
I diuen tot lo que volen i com volen.
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En la guerra quizá conviene no difundir las debilidades propias. Pero caminando esta vida me siento casi más seguro exponiéndolas todas, incluso a mis posibles enemigos.
¿Qué explicación puede tener eso?
No sé, quizá al desguarnecer los flancos haces que las incursiones enemigas no puedan avanzar por ellos ya que lo impiden absolutamente, de momento, los manuales de estrategia militar de la suspicacia implícita al homo sapiens
Por desgracia, los tratados de estrategia militar elaborados con inteligencia artificial subsanaran esta imperdonable deficiencia humana en el noble arte de aniquilar todo lo que se mueva, teledirigidamente confortablemente distancialmente rutinariamente autoglorificadamente pulcramente asépticamente, mierda.
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Sí, pasé por ahí y me insulté a mí mismo, ¿cómo es posible que lleves más de medio año sin pisar este paraíso de paz, calor y color? Si apenas vives a cinco o seis kilómetros, desgraciado, y puedes recorrerlos hasta caminando. Poco a poco me estoy indultando. Y sé que en los próximos meses voy a ir bajando de mi casa en Picocolorao a Caleta del Salitre y a la Playa del Risco, para respirar no tan sólo los efluvios de la marea, sino también los efluvios del calor y los colores que se respiran ahí, en tu dibujo que no necesita ni el abecedario del arcoiris porque en negro sobre blanco se puede decir todo.
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Apuntes para una novela de cienciaficción. La Tierra es visitada por extraterrestres.
Antes de que pueda saberse cuáles son sus intenciones, si hostiles o turísticas, se ven obligados a abandonar el planeta porque por doquier hay humanos exhalando el humo de unos apestosos cigarrillos.
Tener que aguantar esto, en un mundo con una atmósfera medio respirable... pues no, dijeron al irse.
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Ojeando mis últimas aportaciones a Esto no es un tweet, resulta que mi verdadero nombre debería no ser otro que Incongruencia Narrativo. Ya que constantemente alterno entre la primera y la tercera persona. Esto viene siendo así desde el principio. A Incongruencia le/me duele reparar en esos aparentes fallos. Pero siempre puede/puedo aducir que el desdoblamiento de personalidad no es un simple recurso narrativo. O quizá estemos ante un tipo de literatura rompedora en las formas, como cuando se narra intercalando los tiempos verbales pasado y presente.
Si resulta útil al autor, vamos a intentar ser benévolos.
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Hágaselo mirar, señor algoritmo de Facebook, está usted un poco estresado, parece usted una vieja frígida rancia meapilas reprimida, que al ver en la lejanía de una foto de playa una raja de culo o un pezón hembra, se pone usted a restringir nuestra danza alegre de inocentes ciudadanos desobedientes para su poco original proyecto de Gran Hermano orweliano.
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La verdad es que no corro peligro de morir de frío e inanición; pero, mi sensibilidad, sí.
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A veces las musas son como chinches que no te dejan dormir. Normalmente gozo de su presencia y, por otro lado, si se ausentan, hábito en mí un inmueble vacío. Así que supongo que no está mal del todo narcotizarlas cuando se ponen pesadas.
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Aunque desde hace diez días mi nombre es Acracio Despacio, en realidad podría llamarme más bien AntiAcracio, porque ya no creo en la destrucción del Estado. Ahora los únicos áctatas que cacarean son los de derechas, que quieren menos Ley y menos Estado para que así nos gobiernen los hombres de negocios, según la teoría del castillo de copas de champán.
Esa teoría consiste en que, si a través del capitalismo permitimos que los que están en la cúspide de la pirámide social se enriquezcan sin cortapisas, ese enriquecimiento desborda su capacidad personal de acumulación y va llenando las copas inferiores en un presunto sistema económico más natural y no intervenido por ideologías socializantes.
Es una teoría que nos puede llevar al paraíso económico o al colapso, que es un sitio al que recurrentemente el capitalismo suele llegar.
Por lo tanto Acracio es sólo ácrata de un modo folclórico y moral, por respeto a los anarquistas que buscaron un mundo mejor sin la tutela de un Estado burgués, por muy democrático que éste pudiera aparentar ser.
Son dos anarquismos antagónicos. Uno buscaba la autogestión obrera, la colectivización de los medios de producción y la instauración de la utopía social en un planeta sin fronteras ni estadistas. El otro busca la desregularización de los negocios y hasta incluso la extraterritorialidad de los mismos. Es decir, poder hacer negocios en Marte sin tener que atenerse a las leyes de la Tierra.
A eso se le llama civilización y Europa ya ejerció esa extraterritorialidad de la guerra y de los negocios a lo ancho y a lo largo de este planeta. Primero se robó el Mundo para sí y luego le puso las leyes precisas para sacralizar el derecho inalienable a la propiedad privada de lo robado.
Por favor díganle a Elon Musk que todo esto lo piensa y dice un barrendero en paro.
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Ahora PseudoAcracio, si tiene que decantarse por unos o por otros, siempre cojea y se escora a la izquierda, pero también es capaz de entender el discurso de quienes se sienten bajo el yugo de un Estado omnipresente y metomentodo.
Como ya dejó dicho no sé dónde, la sofisticación hay que pagarla y no la pagan las élites, se costea con los impuestos. De poco sirve pensar que en la edad de las cavernas se vivía mejor.
El elixir mágico, la panacea universal, sería pues una alternancia real entre los presupuestos de los unos y los de los otros. Para conseguir eso, a parte del voto libre, hacen falta la libertad de expresión y la ausencia de la histeria demagógica con que se amamanta a la sociedad por parte de los medios de comunicación de los acaudalados.
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Se planteó ante el Parlamento de los Sapiens Pensantes la siguiente teoría: La felicidad no tiene tanto que ver con lo que posees como con lo que deseas.
Si eres un sapiens sin ningún deseo, eres como un vehículo sin motor y sólo te queda vegetar hasta el final.
Pero tener dos anhelos contrapuestos; el deseo de hacer dos cosas o de estar en dos sitios distintos a la vez, eso genera infelicidad, malestar, angustia.
Y triplícalo, cuatriplícalo, quintuplícalo... en las altas esferas de la toma de decisiones.
La Asamblea General del Parlamento de los Sapiens Pensantes aprobó por aclamación la propuesta: Los deseos excesivos crean más infelicidad que el no tener.
Pero se estaban olvidando de los que por no tener no tienen ni siquiera información, y por lo tanto no saben de la existencia de un Parlamento de los Sapiens Pensantes.
Se estaban olvidando de los que por no tener no tienen ni siquiera vista para desear lo que puede verse.
Se estaban olvidando de los que por no tener no tienen ni siquiera oído para escuchar. En este último caso, por ejemplo, la felicidad suya consistiría en pensar que ya han escuchado todo lo que tenían que oír.
Por lo tanto el noble trabajo de los miles de voluntarios que intentan llevar palabras de aliento a los sordos es inútil.
Por cierto, estoy tecleando estás ideas en la oscuridad del preamanecer y la luz del celular atrajo a un mosquito sobre el teclado, que murió lanzando, en no sé qué idioma, este último y quizá revelador mensaje para la humanidad: hjbbb. Exégetas, actuad.
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Se me había traspapelado está importante nota. Así que léanla unos párrafos antes que ahora.
Amor, tú que conoces perfectamente mi intratable bipolaridad y este pertinaz desdoblamiento de personalidad que me convierte en una ficción de carne y hueso...
Te cuento que desde hace tres días me he convertido en Acracio Despacio. Pero cada vez que intento pronunciar Acracio digo Arcadio. Así que le hice caso a las musas, renuncio a combatirlas. Ellas sabrán lo que quieren decir.
Firmado Arcadio Acracio Despacio, que te quiere sin acelerones.
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Un novelista entrevistado ahora mismo en Radio 3 me ha desvelado que una de las cosas que hago habitualmente al escribir se llama prosopopeya. A parte de eso, me encanta cómo suena la palabra. Prosopopeya. Me gustaría componer un rap, el rap de la prosopopeya.
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No se me olvida que ayer aprendí la palabra prosopopeya.
Con ella puedo decir, por ejemplo, yo prosopopeyo, que suena que te cagas.
Además, el procesador de texto lo subraya en rojo, como suele hacer con todos los verbos atrevidos e incisivos que carcomen a los tikismokis pusinimes con levita y chistera.
Los ex censores son hoy sólo adalides de la fórmula inmutable de la Coca Cola con caspa.
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Me asomé afuera oscuro y vi un gajo de luna creciente al oeste acompañado de una perla luminosa. Recordé que fue Leila quien me dijo que eso era Venus.
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Siempre al galope en Facebook, resulta difícil detenerse y leer un texto sustancioso, por eso me guardo todo lo bueno para luego. He de llegar a su puerta directamente, sin perderme por vericuetos y vómitos varios.
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Pasó por la aldea un tipo con prisa que llevaba en las orejas los tambores de una aldea remota.
Si el ejemplo cunde, nos quedaremos sin trabajo los viejos telegrafistas del tam-tam transmitido de colina en colina y de poblado en poblado.
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Si en un camino mi pie golpea una piedra, miro alrededor buscando un culpable. Y si estoy solo, busco una razón esotérica por la cual una piedra cualquiera decide golpear mi pie. Todo eso pasa por mi mente en centésimas de segundo. Instintivamente, busco un culpable, alguien de quien vengarme.
Luego el dedo gordo del pie se calma y transmite el sosiego a las piernas, que lo transmiten al tronco y a las extremidades superiores, hasta que mi ser recupera una cierta ecuanimidad. Hoy no mataré a nadie. Es más, quizá nadie nos persigue y boicotea. Somos plenamente dueños de nuestros errores y tropiezos.
Del ego al suelo hay poco más de un metro. Hay simas más peligrosas.
La palabra defenestrar está justo ahí, delante de las ventanas centroeuropeas por la que se arrojaba a aquellos que no profesaban la religión correcta.
La palabra defenestrar está justo ahí, a la vera del barranco por el que se despeñó a los perdedores anónimos de la guerra civil española.
La palabra defenestrar vuelve a estar ahí, frente a la ventana de una comisaría franquista, por la que presuntamente intentó escapar el preso político, tras el interrogatorio.
La palabra defenestrar está ahora justo frente a la puerta del helicóptero, en pleno vuelo sobre el Atlántico. Por esa puerta arrojan maniatados a los futuros desaparecidos de las sucesivas dictaduras argentinas de antaño. Mar adentro, ahí siguen.
¿Y todo esto por una piedra en el camino?, se preguntan sin duda mis antagonistas. ¡Nosotros también tenemos nuestros mártires!
Perdón, buscaba ecuanimidad y emcontré ausencias que recomponer en la memoria.
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Hay mucha poesía que simplemente se asemeja a poemas leídos. Me cuesta transitar por ahí, por donde la voz del autor enarbola simplemente los más nobles sentimientos. Casi sin voz propia, mera sonoridad de palabras que convergen y se visten de terciopelo, sin tener algo propio que decir porque han leído y llevan a cuestas a todos los clásicos.
*
También hay quienes piensan que para escribir y tener notoriedad, no tan sólo no debes ser tímido o acomplejado, sino que es bueno ser transgresor.
Ser atrevido está bien. Siendo comedido puedes ser un remanso de paz para alguien. Siendo rompedor, reluces.
Aunque lo más importante sería nunca llegar a traicionarte a tí mismo, al comunicar.
*
Desde siempre estaba con los que se definían a sí mismos como la oveja negra de cierto entorno, o de la familia, y con quienes se ponían de su parte, normalmente a contracorriente de las masas.
Pero desde la pandemia, desde el apogeo de los negacionismos, ya no pienso del mismo modo.
El orgullo de las ovejas negras puede ser igual de detestable que cualquier orgullo, como el orgullo de país o el de clase alta.
Los más nobles sentimientos se echan a perder con una gota de orgullo.
*
A veces ponerse a escribir es una quimera imposible de ver concretada debido a mil lastres o autoimpedimentos.
A veces el transporte público y un simple teléfono con procesador de texto es la mejor oficina para desencadenar toda la creatividad, y hasta los baches de la carretera colaboran a tu lado tecleando su propia opinión, en paralelo a la del autor.
*
Los días infelices
nacieron con la pretensión
de ser días de cosecha.
Y el trigo se agacha.
El trigo se esconde.
*
¿Te imaginas que el número uno del tenis mundial se levante una mañana con la conciencia clara de que lo último que desea en la vida es dar raquetazos a una pelota?
Del mismo modo, un político radical puede amanecer con dudas sobre su ideología y desear asomarse a los postulados "del otro lado", para buscar en ellos agua potable.
Del mismo modo, el columnista del periódico quizá no encuentra nada imaginativo que decir y se siente casi como un engranaje más de la imprenta.
Al escritor de bestsellers le esperan hoy en el despacho del editor, tiene que vender con desparpajo su nuevo proyecto y no sabe en qué bolsillo esconder ese manojo de dudas que le suscitan su estilo y su estilo.
Su estilo literario, por un lado, y su estilo de vida, por otro.
Claro, somos unos amargados que vertemos nuestras obras frustradas en las apps de microblogging. Seguro que estaría muy bien ser Juan José Millás. Imaginar sus posibles dudas y hastíos nos reconfortará un poco a algunos.
*
No debería el escritor sobrevalorar la literatura sobre otras formas de expresión como el cine o la fotografía. Eso hay que dejarlo para el usuario final de estos distintos modos de contar historias. Puede que sí, una novela te acompaña como no puede hacerlo una película, que te avasalla un poco. Un podcast fluye a tu lado como un riachuelo que suena y te arrulla. ¿Al final qué cosa va a importarnos más? Pues el recuerdo, el poso que cada obra nos dejó. A veces el recuerdo de un millón de palabras es tan perecedero. A veces una imagen se nos queda para siempre en la conciencia tras un segundo de visualización. Así que bájate de ese pedestal de cultureta, colega.
*
¿Oclocracia?
¿Que por obra y gracia de la manipulación sufrida por la sociedad por parte de los medios de comunicación... nos gobierna una oclocracia?
¿Desde cuándo?, ¿desde hace siglos o desde hace sólo unos meses?
¿Porque tú lo digas o por consenso universal?
¿Y los manipulados no concienciados del problema que representa la oclocracia, tienen voz a la hora de declararse inmisericordemente oclocratizados, o sólo cuenta la opinión de las élites pensantes?
En fin, cuando depositamos el voto en una urna de algún modo abdicamos, hacemos dejación de nuestra soberanía intelectual. Es como si nos suicidáramos, lanzándonos a una pira en concreto, que no a otra distinta con siglas diferentes. Luego se cuentan los cadáveres y gobierna quien se lo ha ganado.
Que algunos suicidas salen de casa con las ideas poco claras y se dejan arrastrar por eslóganes y burdas patrañas periodistas, y que acaben en una fosa común inadecuada, pues ¿quién tiene ahora los santos cojones de pontificar sobre eso? Haberte dedicado a culturizar a las masas con un altavoz calle arriba calle abajo, durante cuatro años, en lugar de retorcer ahora los números hasta encontrarle una explicación a tu derrota, a nuestra derrota si quieres.
Seguro que, si han ganado las elecciones unos descerebrados, es que no importa tanto que nos gobiernen unos descerebrados.
*
Ya te dije, Oklahoma, que he leído bastante a Saramago y no sé con certeza si me gusta, si me aburre o ambas cosas a la vez.
No conocía esa novela de tapas amarillas que me prestaste. En ella el autor repasa el Antiguo Testamento. En principio, a Caín la juzgué como una recreación banal de la mitología antigua judía, o de la parte que devino en cristianismo.
Pero a la postre me parece bastante más que un repaso a lo ya sabido e interiorizado de esas religiones. Queda un poso. Ciertos pasajes no se olvidan, y no son los estrictamente bíblicos, sino los que aportan la visión propia del autor.
Leer El Evangelio según Jesucristo fue una experiencia muy parecida a ésta.
Quizá la mejor literatura es la que parece banal y deja, pese a ello, cierta huella en tí, transcurrido un tiempo no olvidaste todo lo ahí expresado.
Resquicio, enero-febrero de dos mil veinticinco.
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