Las montañas itinerantes.
17 19 Las montañas itinerantes. Tras sobrevolar el Mediterráneo, las nubes juguetonas depositaron a Antonio en lo alto de los Alpes italianos. Sentado sobre la nieve, éste vio como se acercaba lentamente un montículo blanco. Cuando el montículo estuvo cerca, escuchó un resuello en su interior. El montículo llegó a la cumbre y se precipitó ladera abajo. Luego apareció otro montículo. Esta vez divisó un pequeño ojo en él, parecía asustado, empezó a bajar la montaña con cuidado. Apareció un tercer montículo. Éste de repente barritó, se sacudió la nieve que lo cubría y se mostró. Era un elefante, uno de los elefantes con que Aníbal Barca quiso llegar a Roma cruzando los Alpes. Y a lomos del elefante estaba el mismísimo Aníbal Barca, erguido, indicando el rumbo a seguir e instando a que sus huestes le siguieran. Aníbal vio a Antonio, pero no le prestó mucha atención. Continuó su camino. Entonces su elefante perdió pie y empezó a precipitarse, ...