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Mostrando entradas de marzo, 2023

Las montañas itinerantes.

 17 19 Las montañas itinerantes.      Tras sobrevolar el Mediterráneo, las nubes juguetonas depositaron a Antonio en lo alto de los Alpes italianos. Sentado sobre la nieve, éste vio como se acercaba lentamente un montículo blanco. Cuando el montículo estuvo cerca, escuchó un resuello en su interior. El montículo llegó a la cumbre y se precipitó ladera abajo. Luego apareció otro montículo. Esta vez divisó un pequeño ojo en él, parecía asustado, empezó a bajar la montaña con cuidado. Apareció un tercer montículo. Éste de repente barritó, se sacudió la nieve que lo cubría y se mostró. Era un elefante, uno de los elefantes con que Aníbal Barca quiso llegar a Roma cruzando los Alpes. Y a lomos del elefante estaba el mismísimo Aníbal Barca, erguido, indicando el rumbo a seguir e instando a que sus huestes le siguieran.      Aníbal vio a Antonio, pero no le prestó mucha atención. Continuó su camino. Entonces su elefante perdió pie y empezó a precipitarse, ...

La piedra.

 17 18  La piedra.      ¡Nilo, a tu puesto!, gritó una voz autoritaria y, casi simultáneamente, restalló el sonido de un latigazo que apenas le rozó. Antonio agarró la gruesa cuerda de la que debía tirar para seguir arrastrando esa gran mole de piedra que llevaban, desde la cantera al lugar donde estaban construyendo la nueva gran pirámide, esa que aseguraría una plácida vida eterna para el dios faraón que gobernaba el país.      Los caminos habían dejado de ser solitarios, Antonio Nilo siguió la riada de gente y acabó enrolado a la fuerza en el grupo de los que arrastraban la gran piedra tallada, una de tantas entre todas las que confluían hacia la futura pirámide; pero no era una de tantas, tenía su lugar predestinado en la construcción y sabían ya que costaría un determinado número de vidas entre los trabajadores. Eran vidas a la vez necesarias y prescindibles.      Antonio Nilo convivía con los porteadores y ap...

Una lágrima.

 17 17  Una lágrima.      Antonio Ganges dio un gran salto arrastrado por la cometa. Como se ha visto a los delfines jugar con una brizna de alga, las nubes fueron pasándose la cometa con la boca, con la nariz, con la espalda, con las caderas, con las rodillas, con los talones y con los dedos de los pies. Las manos las utilizan para otros menesteres.      Al fin las nubes soltaron la cometa y ésta aterrizó suavemente en una desolada planicie etíope. Las nubes se alejaron formando un círculo alrededor de Antonio Ganges. Probablemente planeaban estrategias coreográficas, alguna sugirió un chaparrón sobre esa tierra sedienta en la que se divisaban profundas estrías de antiguos cauces de agua.      Me siento un poco Borges al decir que un punto se agotó en el horizonte hasta convertirse en un explorador británico vestido de explorador británico bamboleándose encima de un dromedario. Éste se arrodilló frente a Antonio, ...