Felipe Octavo.

 15 12  Felipe Octavo...

     Hola Leoncio, hola Nene... ¿habéis desayunado?
     Sí, ahí tienes un te para ti, Resqui. ¿Qué haces hoy?, ¿vas a la biblioteca de Arremolinados para trabajar con el ordenador?
     No, me quedo en Picocolorao escardando las hierbas jóvenes que han salido en el huerto.
     Genocida, ¿no tienen las hierbas silvestres derecho a existir?
     ¿Qué preferís, comer yerbajos o pastel de calabaza?

               *

     ¡Resqui, ven p'acá! Anda sigue contando la historia de los visitantes de Picocolorao en fin de semana... 15 12 Una visita en sábado...
     No, vamos a llamarlo

15 12  Felipe Octavo...
    
     Resquicio está viviendo su segunda experiencia en cuestión de desahucios. La primera puedes leerla en los capítulos anteriores de La marea... si estás, lector, en dos mil veinticinco por ejemplo, y Resquicio Inconcluso se puso manos a la obra de una puñetera vez.
     Él siempre dice que sus estados de ánimo no dependen de la situación económica o coyuntural. Que con dinero en el bolsillo puede estar apático... y sin un duro puede sentir que se come el mundo. Ahora bien, se ha pasado muchos meses acreativo, negándose a seguir pintando y sin arreglar mucho la casa en que vive y de la que le pueden echar en cualquier momento. Se dice a sí mismo que no quiere invertir sus sentimientos en cosas nuevas que luego tendrá que dejar atrás... pero lo cierto es que tampoco escribe. Para escribir sólo necesita su teléfono móvil, y eso no se lo arrebatarán si lo desahucian de Picocolorao.
     Después de treinta y seis años trabajando en los mercadillos, a los que no puede volver por varios motivos, es contratado por el Ayuntamiento durante seis meses como peón de limpieza. Durante ese período de tiempo tiene lugar un juicio contra él para que desaloje la propiedad que una empresa de la capital ha comprado al banco que antes era el dueño de la finca.

     En esto que Resquicio recibe la visita de Felipe Octavo...
     Hola, ¿eres el propietario?, ¿estás en régimen de alquiler?
     No, estoy en proceso de desahucio.
     Yo estoy en negociaciones para comprar este lugar. Quiero convertirlo en vivienda vacacional. A ti te conviene que sea yo el que lo compre. Yo te ayudaré dándote dinero o buscándote un lugar alternativo para vivir.

     Unas semanas después Felipe Octavo regresó con un amigo a ver la casa y los terrenos. Más tarde sabremos que ese amigo era el socio con que Octavo quería comprar Picocolorao. A este hombre el negocio no le convenció. Las visitas se sucedieron. Felipe consiguió otra socia para comprar Picocolorao, pero ya no era para restaurar la casa ellos mismos, sino para venderla rápido. Se anunció en Internet y las visitas de gente interesada en comprar se sucedieron.
     Resquicio desea confiar en Felipe Octavo, pero claro, tiene dudas, a veces las palabras se las lleva el viento. En una de las reuniones que mensualmente tiene con Brisa de las Islas, una trabajadora social que hace un seguimiento de su situación, le comenta lo que está sucediendo. Brisa le habla de una asociación que defiende a las víctimas de desahucios, le cuenta de un caso similar a este en que se ofreció un dinero a un desalojado para que dejara la propiedad... y los abogados de esa asociación supervisaron las negociaciones. Y la cosa salió bien. Brisa aconseja a Resquicio que se ponga en contacto con esa asociación y que formalice ante el Gobierno de Canarias su condición de desahuçiado, del mismo modo que se ha inscrito en el registro de demandantes de vivienda protegida unos días antes.

               Resqui.


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