Días...

10 02  Días...

     Ayer dos vendedores de alarmas estaban recorriendo el pueblo.
     Dicen que la gente se mete en las casas para quedárselas, que una señora fue al entierro de no sé quién y se encontró su casa okupada.

    Mientras le intentan vender una alarma antiokupa, Francisco ve llegar a Resquicio, y les dice que le pregunten a él si la quiere.
     Si ustedes traen los okupas, yo contrato la alarma.
     Pero no es nada nuevo, Resquicio lo lleva diciendo hace años a los vendedores de seguros que semestralmente recorren el pueblo de puerta en puerta: Si ustedes traen los ladrones, yo contrato el seguro antirrobo.

      Ahora te pueden okupar la casa si vas al entierro de tu marido.
      Y es culpa de los socialcomunistas.
      Y no okupan viviendas abandonadas, sino habitadas, y sin necesitarlas, para ir bolivarizándonos sin que nos demos cuenta.
      Los bolivianizadores planean volver a confinarnos, pero a su manera, cada cual quedará confinado en la vivienda que le quede más cerca, es mucho más democrático a la par que socialcomunista: compra lotería de Navidad.

                *

      Tantos años en el pueblo y es la segunda vez que paso por la Caldera, que es el lugar más bello y mágico de Incomprensión. La Caldera apuntala el pueblo y le hace cosquillas. Los automovilistas no lo saben

      En la Caldera hay un aljibe con agua.
      En la Caldera hay un aljibe sin agua.
      Como no hay viviendas cerca, todo este esfuerzo por recoger el agua de lluvia que cae por las laderas de la Caldera tiene que ver con otros tiempos en que no existían los grifos y el agua corriente procedente de la desalaladora.
     En la Caldera me llama la atención un blanco refulgente en el que se refleja la luz del sol de la tarde.
     Es una cantera de piedra arenisca, casi podría moldearse con los dedos desnudos. Supongo que esta piedra permite cortar bloques con que hacer muros. La piedra desmigajada se convierte en arena blanca.
     Me siento en una de esas piedras a medio tallar... y empiezo a oír música de cencerros. ¿Acaso las cabras están bailando en el interior de la Montaña? He de descubrir la gruta en la que se esconden. No, estoy escuchando la radio. En la Montaña vive algún ermitaño moderno y tiene una radio a pilas. Voy escalando. He de descubrir la caverna musical.
     Escalo y llego a la cumbre. Otra vez la Montaña me ha decepcionado. Sus grutas y pasadizos secretos están por imaginar. Sus pasadizos secretos y cavernas mágicas están por excavar. 
     La Caldera me ha llevado a casa del Timplista por una ruta mucho más corta. El Timplista vive en su Montaña Musical y a todo eso, a sus años vividos aquí, a los que han de llegar, lo llama El Quinto Pino. Hace mucho que no me pasaba por el Quinto Pino, y lo tengo tan a mano, si cruzo por la Caldera.
     Nos ponemos a hablar en el ventanal desde el que se puede ver Caleta de la Tranquilidad en todo su esplendor.
     Cuando me quedé sin vivienda, el Timplista me ofreció acogerme en el Quinto Pino. Se lo agradecí, pero consideré que debía seguir mi camino. Ese camino me llevó a Picocolorao tras unos pocos días sin techo.
     Le digo al Timplista que Gracias Negro ha muerto.
     El Timplista me dice que en el pueblo nadie ha podido envenenarlo. Que no hay gente para eso, por aquí.
      Gracias Timplista.
    
               *

     Caracortada trabajó en una fábrica de zapatos. A eso Lamar lo define como estar en la cárcel. Aunque sin rejas y cerrojos. Lamar también estuvo en la cárcel. Fabricaba chasis de motos y cajas fuertes.
     Claro que ¿qué sería de nosotros sin zapatos, vespas y cajas fuertes?
     Desnudos, pedestres e insolventes.
     ¡Me apunto!, dice Alguno.

     Caracortada cobró el paro y estuvo a punto de montar un negocio de fotografía. Luego se dedicó a conducir camiones.
     Mostró algunos trabajos fotográficos en la Red, pero se sentía satisfecho con su nuevo trabajo, en comparación con la fábrica de zapatos de quedarse quieto sin ir a ningún lado.
     Dice que se conforma con su nuevo estatus.
     Su nuevo estatus consiste en que, si llueve, nieva o hace viento, se moja, tiene frío, se despeina.

             *

     ¿Desde cuándo habrán aprendido ellos, los ciudadanos de las distintas naciones perrunas, que cuando el cabezón bípedo se agacha y una de sus dos manos se dirige al suelo... hay que salir en corriendo?
     ¿Será por instinto o lo aprenderán en la escuela?

              *

Manual de coquetería.
En la biblioteca encontré un libro: El lenguaje del abanico.
El lenguaje del abanico era femenino...
El lenguaje, el nuevo lenguaje de la mascarilla sanitaria, en cambio, es unisex.

               *

     El coche de mi vecina, el otro día, ronroneaba.
     Estuve dando vueltas a su alrededor, pero no conseguí resolver el enigma. El viento, seguramente, le entraba por debajo de la falda... El resto del mecanismo del enigma, se me escapa. 

               *

     ¿Has comido aceitunas con plátano?
     ¿Has comido aceitunas con manzana?
     ¿Has comido aceitunas con queso?
     Si eres Menordeedad, amásalo todo con las manos.
     Si eres Viejuno, ponle mantel y cubiertos.

               *

     Sí, cariño, de adolescente me compré una máquina de escribir analógica, de esas entonces tan modernas que iban con una cinta de tinta en la que quedaba escrito el negativo del discurso tecleado.
     A mi alrededor no todos entendían una afición así, quizá sospechaban que tenía vocación de chupatintas de oficina.
     Mis padres me dijeron Cuando cumplas dieciocho años te compraremos una moto. Pero yo nunca supe encontrarle las teclas a las motos.

     Lo que quiero decir es que te mando cartas no manuscritas, amor, porque que están improvisadas en el celular mientras hago unos remiendos de albañilería.

               *

     Amistad, odio, trifulca, debate político... nada es totalmente real en la Red. Aunque la Red sí es real y conviene conocer con detalle su funcionamiento, ya que es casi imposible permanecer al margen de ella.
     Yo vine al ciberespacio para representar mi pantomima. ¿Qué valor tiene ésta? Es pura espontaneidad, al menos lo fue el primer día.
     Procuremos no engordar mucho, aunque nos atiborran con todo ese pienso hormonado.
     Procuremos no engordar mucho y podremos salir de la Red, hermanos merluzos.

               *

     Si no me clavan el colmillo los reaccionarios involucionistas, pienso que algo estaré haciendo mal.

                *

     Cultivan flores en su jardín, pero cruzan la calle y tiran la basura en plena naturaleza. ¿Qué les vas a decir? Son Antiguos y no han sabido o no han querido reeducarse.
      A los que les siguen, a los Nuevos, sí habrá que decirles algo, porque ellos ya conocieron otras escuelas, aprovechadas o no.
     Señores Nuevos Viejunos, la naturaleza es el jardín de todos. Vuestro jardín particular no arregla nada, ya dimos la vuelta al planeta y no queda sitio para los desperdicios de los que no se quieren enterar. No queda sitio para la contaminación de los que quieren enriquecerse a toda costa. Sólo queda un poco de sitio para los que no van a cambiar, arrugados, viejos y sordos, aquellos con los que es inútil hablar de un cambio de hábitos.  

            *

     Un martillazo desatinado, para hacer saltar una madera carcomida, acaba con un clavo oxidado hiriendo un dedo de Pedestre.
     Pedestre pasó mala noche. Le dolía la mano y el brazo. Por la mañana sale a por sus medicinas de diabético y de paciente de cardiología. El dedo le duele menos.
     La ruta asfaltada es más larga, así que empieza a caminar por el jable. De repente ve que todo el brazo le chorrea sangre de una pequeña herida que tiene en el codo. Sobrevivirá. Quizás muera hoy. Hay más posibilidades de que muera hoy que le toque el gordo de la lotería.
     Si Pedestre muere hoy, no le hagáis la autopsia, es seguro que murió de tontería, de indigestión de ideas absurdas revenidas.

     Los caminos en el jable muestran huellas de zapatos y de cuadrúpedos trotadores.
     Campo a través, en el jable se ven impresas las huellas de diversos animales, sobre todo aves, posiblemente gaviotas, infinidad de ellas.
     El jable está sembrado también de conchas de caracoles.
     Un poco más allá, el jable parece una mar "picada", el viento ha generado una pequeña duna a cada paso, sobre los restos de cada planta calcinada.
     Luego empiezan a aflorar rocas en el mar de jable.

     Más allá, la carretera. En el arcén, un limpiaparabrisas tirado. Algún animal rodante habrá llegado a casa bizco, sin una de sus pestañas.
     Los velocirraptores pasan levantando turbulencias que levantan la falda de Pedestre, así que éste vuelve a caminar campo a través. Se acerca a La Villa y, al verlo, el campanario enloquece y repiquetea incomprensibles anuncios u horarios.

     La Villa en sábado, tras la pandemia, el confinamiento y la vuelta a una cierta normalidad inestable e impredecible. El mercadillo de los domingos sigue sin reiniciarse. Unos pocos turistas con sus mascarillas, algunos bares abiertos con sus terrazas al aire libre. No es un paisaje apocalíptico. Es 22 de agosto de 2020.
     La Palmera está cerrada. La Crepería está abierta desde hace unos tres domingos, dice una de las camareras. El Pirata no está. Con los medicamentos y una botella de agua Pedestre emprende el regreso. A estas horas del mediodía el camino será más duro.
     A las afueras de La Villa ve el esqueleto pelado de una carretilla de huerto. No es un buen presagio.
     ¿Sobrevivirá Pedestre al viaje de regreso de La Villa a Incomprensión?

     Pero los pasos de Pedestre se desvían hacia Caleta de Salitre, por un camino, campo a través y luego por la carretera.
     En el arcén izquierdo descubre otro esqueleto, el de una gaviota. En el jable se encuentran a veces huesos de animales que la naturaleza no ha conseguido hacer desaparecer, pero sin duda el caso de la gaviota del arcén es un caso de asesinato cometido por un velocirraptor rodante. No hay que ser forense para deducir tal cosa.
     Hay algo de calima, así que el sol es soportable. A lo lejos se entrevé apenas el archipiélago Chinijo, velado por el polvo sahariano en suspensión.
     Al salir de casa esta mañana tenía dudas respecto a la resistencia de su cuerpo para afrontar estas distancias, pero ahora camina hacia La Caleta con zancadas vigorosas.

     Pedestre ataja por un paisaje que podríamos definir como el desierto de aulagas. Aulagas y matojos es todo cuanto parece poder prosperar por esos pagos. Pero la vida está latente bajo la apariencia de desolación. Si llueve todo revivirá. Las tabaibas mostrarán sus verdes y amarillos. Si el invierno no se tuerce, estallan las flores por doquier. En los años de lluvias abundantes una alfombra de flores aparece, las semillas aguardan pacientes los años que sean necesarios, hasta poder manifestarse.

     Pedestre camina campo a través hacia La Caleta. De repente cruza una región llena de pequeños muros de bloque, de no más de treinta centímetros. Es incomprensible. ¿Quién los habrá construído y con qué fin? Como si los vientos alíseos no los fueran a desmigajar en no mucho tiempo. Sólo un muro de piedra concienzuda alcanzaría aquí a perdurar, mientras los volcanes continúen bostezando. Los muros de bloques parecen un atentado al paisaje natural y sólo se explican en un intento de retener el jable y aprovecharlo para sembrar. Pero hace décadas que nadie siembra por aquí.
     Un cernícalo alza el vuelo. Ayer Pedestre estuvo conversando con su vecina de cernícalos y cuervos. Los cuervos, que para algunos son un signo de mal augurio, aparecen sólo donde la naturaleza está sana, dice Arizona. Pedestre comenta que ha oído decir que son animales muy inteligentes. Ha oído hablar de una pareja de cuervos con un plan estratégico perfectamente diseñado. El macho llama la atención de los turistas playeros, que ante sus payasadas no pueden hacer otra cosa que sacar sus cámaras y enfocarlo, mientras la hembra sigilosa se lleva el almuerzo de los incautos turistas o domingueros desprevenidos.

     Pedestre llega a La Caleta de Salitre. Tras comer y vagabundear un rato por el muelle, retoma el camino, esta vez andando por el arcén de ¿Me llevas? Al poco para un auto conducido por el Venezolano al que las Papayas le Recuerdan su Tierra. Así llegamos rápido a Picocolorao y todavía no son las cuatro.
     El catre le da la bienvenida a Pedestre, que se arranca la ropa sudada y la lanza lejos.
     Por la ventana abierta de la casa entra volando una pluma. Lo interpretaremos como una invitación a continuar este diario.

               Pedestre.


   -   -   -
Siguiente  03  Días (y dos).
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/01/dias-y-dos.html
Texto completo de 10 Pedestre...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/pedestre.html?m=1
Índice de Pedestre...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/indice-de-pedestre.html?m=1


Comentarios

Entradas populares de este blog

Digital y analógico en orden inverso.

Guerras (y dos).

María.