Días (y dos).

10 03  Días (y dos).


     Hoy Pedestre ¿dónde está?

     ¿Es que hay que seguirle los pasos todos los días?


               *


     El Camarógrafo dice, con el teléfono móvil en la mano, que el futuro del cine puede ser vertical. 

     Pedestre le dice a Lovely que lo vertical no siempre es bueno. Durante el franquismo en España teníamos el sindicalismo vertical. Y no era sindicalismo, era ordeno y mando; vertical, de arriba hacia abajo.

     El Guiri Viajero comprende. 

     Pedestre dice que el viento le arruinó un negocio. Lovely argumenta que el viento es el enemigo de los sueños, por aquí. 

     Pedestre está de acuerdo con él. Las cometas y los parapentistas, no tanto.


               *


     El Marino Volador dice que para él lo peor del confinamiento fue no poder tocar el mar todos los días.

     Pedestre dice que, con la mar, él es pasivo. Deja que ella tome la iniciativa.


               *


     Entre Caleta de la Tranquilidad y Caleta de Salitre múltiples caminos improvisados te dan cita con el Atlántico.


               *


     Camino y alforjas.

     Lápices improvisando letras, que pueden derivar en palabras si no eligen quedarse en simples gruñidos. 

     Ecos de mar.


               *


     Las olas estallan sobre las rocas cercanas.

     La muchacha se toca la parte de la entrepierna donde el bañador la constriñe.


              *


     Hay un hombre desnudo, a la intemperie, a la sombra de una novela.


               *


     La no civilización se acaba, el baile de máscaras empieza.


               *


     En la playa nudista una zapatilla deportiva divorciada me saca la lengua con descaro. Parece americana o centroeuropea, pero puede ser magrebí o subsahariana, recién desembarcada de una patera.


               *


     Las mascarillas seguro que enclaustran alguna sonrisa... pero aún nos queda el brillo de las miradas.


               *


     Cuando el mundo se desconfinó... era una alegría contemplar a la gente hacer deporte por los caminos.

     Cuando nos desconfinamos, era hermoso ver a la chavalería  en la playa con el rostro desnudo al viento y al sol. 

     Ahora, por las calles de La Caleta se circula con la cara tapada... por responsabilidad y por obligación normativa. 

     

               *


     El Risco de Famara no es un lugar cualquiera.

     Cuando José Saramago conoció el Risco de Famara, se hizo un poco conejero. 

     A la sombra del Risco, contemplando su reflejo en la arena mojada, vivimos desnudos durante años. Luego se masificó. Más tarde se desmasificará. Quizá vuelva a masificarse. Pero el semblante del Risco es inquebrantable, como el de José. 


                    *


     Hace un par de siglos la isla vivió una erupción volcánica que aumentó su geografía un veintipico por cien. Como las palabras innecesarias que transcribo al papel, que aumentan la geografía de lo que te he dicho al oído, sólo para retenerte un poco más a mi lado, hasta que me venza el tedio o la prisa por eyacular. 

     Son sólo palabras. 

     No rompen ningún himen que no estuviera quebrado. 

     Como los árboles desenraizados, nadie necesita talarlos.


     De nuevo se me olvidó hablar de Menos y Más, los protagonistas principales de la novela. 


                    *


     Tras maldormir una siesta de recién apaleado, Pedestre sale de nuevo a vivir sus andanzas de Quijote digital. A este paso le van a llamar Andariego más que Pedestre. 


    Al pasar por su casa, Pequeño y Grande le dicen que autobautizarse Quijote Andariego es una soberbia pasada, que mejor siga llamándonse Pedestre Rupestre. 

     Desquiciado, unos metros más allá, también expresa unos buenos argumentos a bolígrafo. No esbozados a lápiz como suelen hacer Grande y Pequeño.

     El perro que habita la novela de José Saramago La caverna se llama Encontrado. 

     En la novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera nadie aparece mencionado por su nombre. De no ser así, el perro que lo habita se llamaría Perro Bebedor de las Lágrimas de la Gente. 


     El Camarógrafo quiere rodar un vídeo documental de naturaleza, en Incomprensión, protagonizado por las ruedas viejas de automóvil que habitan los patios traseros de las casas. También, sobre los bombos de hacer mezcla decrépitos y, por supuesto, sobre las distintas especies autóctonas de carretillas de jardín. 

     Sin duda son todas ellas especies protegidas y habrá que pedir un permiso especial para poder filmarlas. 


                    *


     Estos días de agosto, del Año del Susto, continúan desenfocados por la calima. A la sombra de un muro, en Caleta de la Tranquilidad, Pedestre repasa la ortografía del último párrafo. 

     En Caleta de la Tranquilidad veranean algunas autocaravanas y otros anfibios. 

      Tradicionalmente se ven los caminos y carreteras de los alrededores llenos de ciclistas y corredores, pero la pandemia ha paralizado todo ese turismo de deportistas. El hotel que suele acogerlos está al cero por ciento de ocupación, me dice el guardia de seguridad que, no obstante, sigue vigilando la aduana de esta república vacacional nórdica. A este paso no sería descartable que los surfistas y la vegetación oportunista acabaran tragándose todo ese hormigón. Imperios más poderosos han sucumbido así.


     En la península de La Santa hay una zona menos escandinava, el rincón de Moisés, donde viven los Orejudos, el Gatobola y el Corazón Remendado de Griselda. Allá siguen todos estos grafitis, en buen estado de salud.


     Esta novela está patas arriba. Parece que los últimos capítulos hubieran tomado viagra. Y mientras, hay como ciento cincuenta fragmentos que pasar a limpio a la parte anterior a ahora. Estas reflexiones le llevan al muelle del pueblo pesquero de La Santa. Su Celular parpadea, no le queda mucha vida salvo que encontre un abrevadero.


                *


     Pedestre regresa a casa por el camino de La Costa, en el que no hay costa. 

     La Costa es un planeta en el que aterrizó Lazarus Long el Nuevo.

     Al día aún le quedaba papel para un último episodio. Entrando en Incomprensión, Pedestre se encuentra una pelota pequeña de color violeta. Así que la va arrastrando con los pies, hacia la civilización. Qué toque de balón. Sube por la banda de la carretera, lateral ambidiestro. De repente recuerda que hace un par de días se jugó la final de la Champions League y todavía no sabe quién la ganó. Yo fumo marihuana, dice Charry, desentendiéndose de la pregunta. Bayern, dice su sobrina, que al parecer no fuma. 

     Luego Pedestre pasa delante de un banco en el que hay cuatro señores sentados. Lo que hay que hacer por el color violeta, dice. 

     Unos metros más allá, un coche atropella a la pelota. Pedestre la recoge, la cura, la lleva en brazos. Hay que dar una segunda oportunidad a los animales heridos. 

     En la Cuesta Oscura algunas casas tienen una luz que se enciende cuando detecta tu presencia.

     En la Cuesta de los Niños los sueños ya se están poniendo  en fila para ir a la cama, así que pasa sin hacer ruido. 

     Al llegar a casa Pedestre ve su ropa limpia tendida. Es la primera vez que su ropa ondea al viento de Picocolorao. La ropa tendida al sol tras ser lavada es una cierta bandera. Todos esos trapos viejos manchados de colorines son mi patria, fantasea. 


               Pedestre.


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