La marea videografiada, todo.

La marea videografiada.

     De momento las lecturas de textos propios ante la cámara pueden agruparse en esta única publicación, Se puede reproducir el vídeo y escucharlo mientras permaneces en el blog y vas ojeando el texto.

00 Palabras.

00 01  Siguiendo la ruta... 





Siguiendo la ruta de las tempestades y la desazón
llegarás al país de las aguas claras.
Siguiendo la ruta de la juventud
llegarás a los campos de la vida madura.
Siguiendo la ruta del mar de los sonidos
llegarás a la isla de los violines, los pianos y las trompetas: 
allí serás huésped de la sinfonía de la selva y la playa, 
del día y la noche, 
del frío y la hoguera.
Será la armonía entre tiempo y latido.
Será la armonía entre sendero y paso, entre pie y camino.

00 02  A veces...



A veces, sin saber hacia dónde huir, escapo sólo hacia las paredes
y allí se queda todo el dolor,
toda la angustia, 
toda la ira...
aunque tiemble mi cuerpo, 
aunque la mirada proclama amor, 
aunque la palabra proclama Te quiero,
porque el amor nos salva cuando estamos perdidos,
porque el humor nos ayuda a sobrevivir, 
porque el perdón se hace necesario cada día, 
porque hemos de aprender a tender la mano,
porque dios mora en los que no contaminan,
porque dios mora en los que no esclavizan,
porque dios mora en los que no extorsionan,
porque dios mora en los que no adoctrinan,
porque dios mora en los que aman el bien.


mmmmm

00 04  No pierdas el hilo...


No pierdas el hilo de las profundidades, pececillo.
No pierdas el hilo de las alturas, gaviota.

Lápiz, tinta china,
Gutemberg que vas recitando las verdades del hombre blanco,
mentiras que cuestan menos que la palabra traicionada de sus tratados, leyes y libros sagrados.
Queremos ser libres como la danza del salvaje.
Queremos ser libres como el silencio de las montañas.
Queremos ser libres como la libertad del que sabe amar.

00 05  Hoy he abierto...


Hoy he abierto o escrito un viejo libro de gruesas tapas polvorientas. 
Hoy he recopilado o leído todas las páginas del sufrimiento,
todas las páginas del amor,
todas las páginas de la perplejidad,
todas las páginas del reposo,
todas las páginas de la guerra, 
todas las páginas de la paz.
He comprendido que las herejías comen carne podrida en las mazmorras o en los suburbios.
He comprendido que las herejías se escriben con sangre.
Es duro decirlo, pero he comprendido que todos llevamos un hereje escondido dentro.
He comprendido que todos somos herejes o no sabemos serlo.
Hoy he leído el libro invertebrado de la vida. 
Hoy he leído el libro vertebrado de la vida.
Hoy atravieso el laberinto.
Hoy el laberinto me atraviesa.

00 06  Un cuerpo destruido...


Un cuerpo destruido, en ruinas,
yace sobre la hierba,
y sin saberlo (duerme:
sueño de amargura, sueño de eufonía)
reverdece plantío
sobre un plantel de lozanías.

              *

Me dice el bosque
que un tal Noé le ha robado toda la madera
para no sé qué proyecto narcisista.

              *

Un tropel de pasiones desatadas
toma la bocacalle de la tarambana
y desemboca a postrarse exhausto
ante el altar de la morigeración.

              *

Un americano dobla una esquina de América
y una repentina ráfaga de viento
tira su sombrero a una alcantarilla
de Subamérica.

              *

Los ritos de la desolación en nada se parecen a los de la incongruencia.
Los ritos de la desolación en nada se parecen a los del desinterés. 

              *

Una gota infinitesimal
acude solícita
en sufragio de un lago que se extingue
y mitiga su naufragio
de sol, plomo y sequía.

              *

El hambre abdica en el plato.
La palabra se remonta al gruñido.
El llanto exhibe su carnet fúnebre
de represor del cariño.

00 07  Quema...


Quema incienso de copal
y pon tres semillas: una para los animales, 
otra para los dioses
y otra para que crezca la planta.

 00 08  Si se te caen los grilletes...


     Si se te caen los grilletes o pierdes una lentilla, encógete de hombros y grita a lo profundo de la noche ¡Que no me despedace el granizo metálico que se cierne sobre la bóveda de este espectro abrumador!  Este altar que preside los últimos ademanes de vida y locura y pasión y frenética transparencia. Esta tarima sobre la que el visionario grita, este pedestal sobre el que se está pudriendo la carnaza de sus ideales. Me arrastro hasta los pies de quien se había bañado en mis ojos. Cometo un crimen sin que me tiemble la mano. Un minúsculo crimen tan necesario como irrumpir de repente en el coro de las ardillas felices de las ramas impares. Un espantoso crimen como lavarse las manos en la sangre de los saltimbanquis que cayeron fatalmente por el imprevisto ángulo de la soledad. 

     En Addis-Abeba hay un puente, bajo el puente hay una silla, sentado en la silla hay un hombre, en la mano del hombre hay un reloj que indica puntual la cita. 
     Mujer: Que el Creador ilumine tu frente, anciano.
     Hombre: Veo que no se cumplen mis presentimientos, creía que tenía una cita con el viento del desierto. 
     Mujer: Mi garganta permanece seca como el viento del desierto. 
     Hombre: Bebe.
      Mujer: Este río es un caudal de gargantas sedientas.
     Hombre: Si buceas profundo alcanzarás filtraciones apenas perceptibles desde aquí.
     Mujer: Conozco ese licor. Es el residuo de las lágrimas de los que agotaron sus fuerzas y su ira. 
     Hombre: Es el último alimento, no puedes prescindir de él. 
     Mujer: Aún me queda coraje para vagabundear hasta llegar a la ribera de alguno de los míticos lagos inabarcables con la mirada. ¿Por qué crees que estoy aquí, puntual a la cita? Eres un hombre con suerte, los demás han muerto bajo el polvo del desierto y yo soy quien no ha sentido conmiseración por ellos.
     Hombre: Mi padre era dueño de inmensos rebaños, recorría vastas tierras y elegía los mejores manantiales. Y el padre de mi padre. Y su padre también. Mi hijo murió con aquel llanto insaciable, y sus lágrimas alimentarán a los que resignadamente visten la túnica que conmemora a sus muertos...
     Mujer: ¡Calla! No he venido a que me cuentes tus miserias. Yo me alimento de las quimeras creadas por mentes embriagadas. 
     Hombre: Mi hermano murió arrollado por un caballo. Era poderoso y temido. Había hecho la revolución, y allá en la sierra jamás fue derrotado. Cuando bajó a la ciudad había perdido la generosidad de que hablan sus hazañas de insurgente. Cuando murió, las multitudes gritaron su nombre. Mientras, los hombres admirables que ofrecieron sus vidas sin claudicar, permanecen en el olvido. Yo he visto como retiraban sus cadáveres del camino tras los días de agitación, pero jamás me atreví a alzar la voz. 
     Mujer: Y ahora pretendes que me compadezca de tu debilidad... 
     Hombre: Tú me destruirás. Estoy citado con mi destrucción. 
     Mujer: Me llevaré tus últimas monedas a cambio de una efímera esperanza. Soy como la ponzoña. Nadie descansará hasta que cumpla mi venganza contra quien aniquiló mi estirpe y me dejó sin nombre.
     Hombre: Yo conozco tu nombre. ¿Por qué crees que he acudido a esta cita? Tú eres la Semilla Perdida del Último Labrador. Ahora las tribus se han desintegrado y eres el opio que me mantiene en pie.

00 09   El sombrero...



     El sombrero cayó al suelo cuando el hombre recibió el impacto de la bala en plena sien. El asesino cogió su automóvil y condujo a gran velocidad por la autopista hasta impactar contra un autobús  que circulaba en dirección contraria. El conductor del autobús resultó ileso. 
     Las sombras fueron deshilvanando su dictado. La noche fue espesa y al alba los pájaros que lograron sobrevivir se lanzaron a un espantoso vuelo sin retorno hacia el cráter del volcán de la diosa de las flores carnívoras. 
     El Amazonas sobrevivió a la explosión nuclear. Los poblados indígenas y unos pocos ciudadanos blancos, harapientos y hambrientos, eran la única población planetaria. 
     Todo sucumbió en Occidente. Ni un templo permaneció en pie en la India. Ni una hormiga sobrevivió. Tres mil hojas de poesía ardieron en casa de Osvaldo Gutiérrez Novochoa, que desde niño había sentido una profunda afición a hacer poemas. cayó al suelo cuando el hombre recibió el impacto de la bala en plena sien. El asesino cogió su automóvil y condujo a gran velocidad por la autopista hasta impactar contra un autobús  que circulaba en dirección contraria. El conductor del autobús resultó ileso. 
     Las sombras fueron deshilvanando su dictado. La noche fue espesa y al alba los pájaros que lograron sobrevivir se lanzaron a un espantoso vuelo sin retorno hacia el cráter del volcán de la diosa de las flores carnívoras. 
     El Amazonas sobrevivió a la explosión nuclear. Los poblados indígenas y unos pocos ciudadanos blancos, harapientos y hambrientos, eran la única población planetaria. 
     Todo sucumbió en Occidente. Ni un templo permaneció en pie en la India. Ni una hormiga sobrevivió. Tres mil hojas de poesía ardieron en casa de Osvaldo Gutiérrez Novochoa, que desde niño había sentido una profunda afición a hacer poemas.

00 10  Estás tranquilamente...



Estas tranquilamente sentado sobre las mentiras pronunciadas ayer, catedrático de cuadradas aulas.
Deja ya de poner tus manos de hormigón sobre los niños alborotados. 
Deja de enderezar el tronco de ese árbol que te obsesiona, 
la tramontana pocas veces se equivoca…
y si hoy sopla del sur, no le des más vueltas a los mapas, 
extravía la mirada, conviértete en río
y elige un mar hacia el que desembocar, 
como van meditando la ciénaga y el estanque 
qué dique romper y qué valle fertilizar.

Libros tan pesados como impenetrables a tientas,
cuadernillos con apuntes, garabatos de tedio
y niños atrapados en tus palabras recitadas santurronas acuñadas dichas y escuchadas olvidadas repetidas renovadas informales públicas privatizadas.
Catedrático vocacional en el arte de decir barbaridades cohibiendo restringiendo adoctrinando.

Catedrático de cuadradas aulas, 
días cuadriculados,
horas perdidas dedicadas a hundir la flota enemiga en la cuadrícula de papel
mientras tú viajas por Mesopotamia
o escalas los cerros de Úbeda.




00 25  Habitante del año dos mil...


00 25  Habitante del año dos mil...

Habitante del año dos mil:
hongkong yace bajo las aguas del mar de china,
el mediterráneo ha crecido,
las albuferas se han ensanchado,
los peces merodean por manhattan,
las islas resumen y compendian su orografía,
el everest mengua cada vez que su cima es coronada,
la balsa blanca ya no llega hasta rapa nui,
el diluvio es apenas perceptible a lo largo de los años,
noé mira hacia el cielo y espera en vano la lluvia redentora,
el mapamundi gira impulsado por nuestras manos,
al fondo de la caverna suenan la flauta y el arpa,
las estrellas dictan el rumbo de los hombres,
las estrellas dictan el rumbo de las masas,
el creador anda metido en la médula de nuestros huesos
cual membranas traslúcidas y sensibles del cosmos...
latitud longitud humanidad continente océano meridiano paralelo presión humedad atmósfera.

Habitante del año dos mil uno: 
odisea en el espacio julio verne aldous huxley.
¿Quién recordará la ballena blanca de las profundidades marinas?
La luna,
la misma luna que alumbró las entrañas de madre,
la vía láctea,
las constelaciones...

Habitante del planeta dos mil dos: 
eva luna tierra vida,
nave interplanetaria,
llanura vendaval espiga choza,
las manos de darsú usala frente al huracán siberiano,
la gran muralla china vista desde la luna
y el noticiario visto desde nuestras casas,
inteligencia artificial,
un túnel sin salida llamado realidad virtual,
robotización caos nomenklatura status quo
pueblos ciudades regiones
momentos viajes tiempos edades.

Dejad que guarde silencio hasta el amanecer,
dejad que descansen hoy la indignación y el apasionamiento
que fluyen por mis venas de grafito y arcilla.
Que nunca renazcan la mojigatería y el fingimiento.
Tal vez un alarido entrecomillado llegaría hasta ti,
hasta tu puerta.
Una interjección estándar puede abrir un nuevo poema cada día
aunque no quede nada por decir.
Unas monedas en el sombrero del mimo ambulante
son capaces de hacerlo revivir en plena calle
y actuará para todos hasta que el sudor desbarate su máscara blanca y risueña.

00 26 El pueblo greñoso...


El pueblo greñoso y airado se asomó a la Bastilla el otro día
y vio lujosos salones enmoquetados.
Allí donde los republicanos cambian su máscara 
por la de unos negocios poco honorables, opacos. 
Una decoración cuartelaria,
oficinas y fábricas soviéticas
al descubierto por el ala izquierda. 
Por doquier mártires y visionarios silenciados,
gente que tuvo que dar su vida por otra gente...
o por una idea luminiscente.
Los nacionalistas se trocaron en patriotas abanderados y armados hasta los dientes,
poco dados al diálogo con sus nuevos vecinos. 
Los anarquistas crecieron y se multiplicaron,
soñaron con los campos sin terratenientes y las fábricas en cooperación.
La huelga general y los sueldos que suben y que bajan,
la jornada laboral de ocho horas,
el voto femenino,
la crisis económica,
el petróleo y los negocios que destruyen la Tierra.
La democracia al fin lograda,
televisada por el poder del dinero y sus trampas. 
El maná de la libertad regalada.
Hoy las colonias pidieron la independencia, a la hora estipulada. 
Comercio y estafa,
riqueza y pobreza,
embajadores y generales dándose la mano
por inquietantes pasillos subterráneos.
Laboratorios clandestinos,
la guerra de las galaxias,
la guerra de las bacterias,
la guerra de lo inimaginable imaginado.
El pulcro locutor, engominado, expone los hechos. 
El pueblo, greñoso y airado.
  

00 27  El trapecista...


El trapecista conoce todos los secretos
de los ocho vientos,
domina todos los ángulos del riesgo
y realiza las nueve fases completas de una pirueta invertida
y vuelta del derecho
a tiempo para respirar por los aleros
sin fatigarse.
Pero eso no importa en absoluto 
porque ahora el trapecista está en guerra,
siete hordas de honderos se acercan a él
e intentan derribarlo.
El trapecista se pone en pie
y realiza las inevitables y cotidianas
piruetas de la subsistencia.


06 Sortilegio.

06 01  Gregorio y Andrés...



     Gregorio y Andrés llegaron a ser alcohólicos. Empezaron probándolo, acompañaban la comida de un vaso de vino, ejercieron el beber recreativo y, de vez en cuando, cogían la gran cogorza, con su enigmático despertar. Fiestas señaladas... ¡Un día es un día! Hoy me desmeleno. El lingotazo de las nueve de la mañana… Quizá fue de este modo o en circunstancias similares. 
     Gregorio y Andrés llevaron existencias parecidas. Pero un día a Gregorio se le olvidó ser alcohólico, sin saber muy bien cómo. Quizá empezó a importarle una persona en especial, o simplemente su espíritu se abrió a nuevas enciclopedias. Andrés decía Yo es que no puedo, no puedo; nunca conseguiré dejar de beber.
     Lo que pasaba es que no había manera de que se despistara y olvidara, ni por un momento, la petaca del bolsillo, la tertulia en la bodega, los escarceos en la discoteca...

     Gregorio murió y Andrés siguió bebiendo durante años. A Gregorio no le hicieron la autopsia, así que nadie echó un vistazo a su hígado, nadie pudo decir con negro humor ¡Ves como dejar de beber mata!
     Una noche alegre, o triste, ya a ciertas horas no puede uno estar muy seguro, a Andrés se le apareció Gregorio y el whisky dijo Carajo, Gregorio, cuánto tiempo, ¿cómo te va? ¡Uf, qué cara llevas, te veo preocupado!
     No, no estoy preocupado, Andrés, simplemente un poco impresionado porque he visto tu futuro. Tendrán que amargarte a una cama de hospital, y, dentro de lo que cabe, tendrás suerte porque te tratarán con paciencia y con un cierto cariño, aunque sea el cariño que se siente por una mascota, ese querido compañero de andanzas que debe permanecer amarrado y al que hay que llevar sujeto con la correa para que camine por el arcén y no invada alocadamente la calzada. 
     Te medicarán y durante un tiempo no sabrás ni quién eres ni dónde estás.
     Un día te examinarán. No, no te examinarán como si fueras un bicho raro: te abrirán la puerta de un despacho y tendrás que hablar. No, no se tratará de un test con preguntas y respuestas acertadas o equivocadas; sólo te pedirán que hables de ti, de lo que quieres hacer. 
     Y no va a ser sencillo, sólo habrá una oportunidad por semana, hasta que tus palabras lleguen a ser convincentes. Llegarás a no saber bien si estás encerrado o puedes cruzar libremente la puerta de salida. Y de hacerlo, ¿las piernas te sostendrán para dar los primeros pasos o te derrumbarás al primer intento?
     Hasta que un día te dirán que sí, que puedes salir, que sólo tienes que adquirir una serie de hábitos saludables, continuar con la medicación prescrita y no beber.
     Pero volverás a beber y volverás al hospital.
     Volverás, no sabría decirte cuántas veces, pero un día desearás no regresar nunca más a ese sitio tan horrible. No me refiero a la cama con las correas de los primeros días; no me refiero a la camisa de fuerza, a los temblores y a los gritos desesperados. Me refiero al despacho donde tienes que hablarle a unos ojos que permanecen atentos, en silencio. Desearás no volver a tener que demostrar que eres capaz de caminar por la calle, pasar desapercibido o relacionarte con la gente normalmente; desearás poder administrar tus días sin que nadie te pida cuentas.
     Lo desearás tanto que será fácil y ni te acordarás de los No puedo…

06 02  La segunda detención de Resquicio.


      En el Atelier Estancias en Incomprensión han crecido un par de plantas de marihuana en una jardinera. Doña SerRoja pasa, de camino al gallinero, y pregunta a Resquicio ¿Qué plantas son esas?, albahaca no, desde luego. 
     Resquicio se lo dice. 
     SerRoja comenta la suerte que han tenido, ella y su marido, ya que ninguno de sus hijos ha vivido ningún escarceo con la droga. Los progenitores orgullosos saben todo de sus hijos. A veces los cordones umbilicales se rompen tarde, abruptamente. 
     Pero estamos hablando de Resquicio y sus intoxicaciones. A veces compra costo, pero no ha practicado mucho el autocultivo. No tiene paciencia para dejar que las plantas maduren y se sequen correctamente. Las poda y deshidrata en una sartén al fuego. No hagáis nunca esto, niños. Prestad atención a los que van arrastrándose por la calle tras una vida de adicciones y decidme si merece la pena, por un momento de euforia, acabar así. 

     Aquel día, Resquicio Intoxicado está indeciso entre si ir o no al mercadillo de los domingos. Se pasa la hora límite en que se permite montar los puestos, por lo que hoy no va a poder trabajar. Pero al final decide sí ir al mercadillo. ¿Qué pretenderá hacer, a estas horas, el muy insensato?
     A media mañana, la policía está requisando la mercancía de un puesto porque su titular habrá incumplido algún requisito para poder ejercer la venta ambulante. Resquicio llega con su furgoneta y la arrima al furgón policial, simulando un choque, un encontronazo.
     Ahora los policías tienen que gestionar dos asuntos a la vez, y Resquicio acaba en volandas, esposado; sus abarcas saltan por los aires y son recogidas del asfalto por la autoridad competente. 

     En la parte de atrás del coche de la Policía Municipal, Resquicio está muy locuaz. Cuando dice algo de Cabroncete y medio, su acompañante de asiento le invita a no propasarse y cerrar la boca. Resquicio, convencido, le asegura que toda esta situación no es más que una performance. 
     El desarrollo de la performance les lleva al cuartelillo de la Guardia Civil en una localidad costera del municipio. Ahora Resquicio está rodeado de guardias civiles. Del piso de arriba baja un aparente mandamás, que está fumando un cigarrillo. Al verlo llegar, Resquicio empieza a decir ¡No, el fumador no!, como si estuviéramos en una sesión de tortura y el fumador fuera el poli duro, el último recurso de los maderos para que Resquicio confiese hasta la primera papilla que tragó.
     Luego la performance continúa en una ambulancia. El enfermero que le acompaña en la parte trasera del vehículo conversa un poco con la verborrea de Resquicio. Hablan sobre si José Saramago es comunista o es una ideología que le atribuyen sus detractores. 
     La ambulancia lleva a Resquicio al ala de siquiatría del hospital general de la isla. Allí permanecerá ingresado un poco más de una semana, hasta que es dado de alta. 
      Estando en el hospital, entra en su habitación un hombre, que lo observa un rato y se va. Luego averiguaremos que ese hombre es el forense de guardia y va a dar testimonio en un juicio que tendrá lugar unos meses después. En el juicio se dictamina que Resquicio es inimputable, por estar el día de autos en un estado de intensa ebriedad. 

     Más de una década después, Resquicio habla con uno de los policías, que intervino en el juicio. Resquicio no recordaba el detalle en sí, pero al parecer el detonante de la detención fue un empujón que el intoxicado dio a ese policía. El juez le preguntó si pensaba que el empujón fue intencionado y el policía consideró que no fue así. 
 
     La experiencia, no ya de la detención y el juicio, sino del ingreso psiquiátrico, hizo que Resquicio se planteara el modo de conseguir que tal cosa no volviera a suceder… ¡nunca más vivir una situación semejante! Y el modo de conseguirlo fue mantenerse durante mucho tiempo lejos de las sustancias que posiblemente contribuyeron a desencadenar los hechos. 

     Es posible que hoy en día, en la asiento trasero del coche de la Policía Municipal y esposado, Resquicio no dijera Todo esto es una performance, seguramente diría Todo esto es literatura. Fin.

     Un momento, un momento, no tan rápido…
     ¿Qué pasa?
     Si ésta es la segunda detención de Resquicio, ¿cuál fue la primera?
     Eso es agua pasada…
     Cuenta, cuenta…
     Bueno, Resquicio era menor de edad o había dejado de serlo no mucho antes, era barbudo y melenudo a más no poder. Cuando subía por una calle empinada en dirección a su casa, un coche de la Policía Nacional que iba bajando paró en seco; los policías se acercaron y le pidieron la documentación.
     ¿Por qué?, pregunta Resquicio.
     Porque nosotros no te conocemos, argumentan ellos.
     Yo tampoco les conozco a ustedes.
     Y así, tras esta frase seguramente inapropiada, se desencadenaron los hechos.  Resquicio ya está viajando en el asiento trasero del coche patrulla de la Policía Nacional, hasta el cuartelillo que ésta tiene en la capital de la mediterránea isla donde tienen lugar los hechos. 
     Allí los policías dejan solo a Resquicio en un cuartito pequeño en el que, sobre una mesa, han dejado una metralleta. Resquicio, aunque no ha fumado nada, alucina un poco, Esta gente, ¿qué pretende?
     Como Resquicio no toca la metralleta, al fin aparecen los policías. El que lleva la voz cantante, una eminencia aleccionadora al parecer, pregunta a Resquicio ¿En dónde estamos?
     En Mahón...
     Que que ¿en dónde estamos…?
     En la comisaría, en Mahón…
     Estamos en España. Dilo.
     Estamos en España.
     Y eso fue todo.
     Esa sí fue una buena performance.

     No tenía intención de retrotraerme a cuatro décadas atrás, sólo pretendía hablar de la segunda detención de Resquicio, el ingreso siquiátrico y la concienciación y autoterapia que siguió. 
     El texto anterior, Gregorio y Andrés, pretende recrear literariamente esa experiencia. Y fue concebido también para dar aliento a una amiga cuyo hermano estaba causando problemas a la familia debido al consumo de alcohol.
     Estoy convencido de que no tan solo hay maneras e salir del pozo, sino que a veces es fácil hacerlo, si aprovechamos el momento justo en que pasa ese tren. Todos tenemos un determinado
 momento de clarividencia que nos da la fuerza necesaria para cambiar a mejor, y aún así a veces la despreciamos, no nos la creemos y, tontamente, volvemos a lo de siempre aún sabiendo que nos hace daño; volvemos a lo de siempre aún sabiendo que poco a poco perdemos el bienestar, la paz y la libertad de elección.

06 03  Caerse de un guindo.


     Resquicio está bastante nervioso, ahí en la sala de espera. Su misión no es fácil, tiene que hablar con el psiquiatra que le trató unos años antes y explicarle porqué ha abandonado el tratamiento y está convencido de no necesitarlo.

     En su adolescencia Resquicio tuvo un episodio relacionado con la psiquiatría, se quedó algo "colgado" tras un par de experimentaciones con LSD. En ese momento vivía en unas cuevas habitadas por una comunidad hippie. Su comportamiento fue notado por alguien, que avisó a su familia. 
     Fue llevado a la fuerza a un ambulatorio siquiátrico situado a cuarenta kilómetros de donde residían. Para él lo más traumático fue el viaje en coche, con su padre conduciendo y su madre llorando a moco tendido durante todo el viaje. No entendía esa actitud ni los motivos de aquel llanto. Hubo una breve estancia hospitalaria, su alta correspondiente, el tratamiento médico a seguir... El diagnóstico, un principio de esquizofrenia. 
     Hubo un segundo ingreso casi calcado. 
     Y un tercero, pero éste fue diferente, no llegó a producirse. En la entrevista con el médico, Resquicio adujo que él se consideraba en condiciones de hacer vida normal y, para su propia sorpresa, le creyeron, de modo que regresaron los tres en el coche por el mismo camino por el que habían venido.
     Fueron pasando los años y a veces Resquicio sentía alguna reminiscencia de esas sombras desasosegante, paralizantes... pero un día se dio cuenta de que llevaban tiempo sin manifestarse y se sintió liberado, cicatrizado.

      Ya residiendo en Margullo de Fuego, tuvo lugar un segundo ingreso, esta vez tras una detención. La verdad es que su estado alterado tenía bastante que ver con el consumo de marihuana, aunque en el juicio se habló solamente de que había consumido alcohol en abundancia. Tuvo que hacer un notable esfuerzo para convencer al doctor encargado de su caso de que estaba en condiciones de retomar su vida con normalidad. 
     Resquicio guarda un buen recuerdo de ese hombre, que le dijo que posiblemente padecía una alteración bipolar. Se le prescribió una medicación, pero él la siguió sólo durante unos meses. El temor a volver a vivir un ingreso siquiátrico forzoso le hizo dejar el consumo de alcohol y cannabis, durante bastantes años.

     Pero Resquicio notaba que tenía épocas de apatía, y pensó que en la Seguridad Social le podían ayudar a combatirlos. Pidió una cita médica y fue derivado a la consulta de un siquiatra al que llamaremos Campechano OídosSordos. 
     Cuando Campechano oyó el relato que Resquicio hizo de sus antecedentes, con el posible diagnóstico de alteración bipolar, cerró los oídos y, muy campechano, hablando con convicción, dijo Cuando uno tiene una pierna rota necesita que se la enyesen.
     Resquicio pensaba que no tenía ninguna pierna rota y que lo que le estaba ofreciendo Campechano no era lo que él fue a buscar a la Seguridad Social, así que de nuevo no tardó mucho en abandonar la medicación prescrita. Siguió con su vida y a veces, esporádicamente, bebía alcohol o fumaba porros sin que por ello se manifestaran problemas o disfunciones. 

     Pero tuvo que volver a la consulta del doctor Campechano porque, para la renovación del carnet de conducir, hacía falta, o bien un informe de la evolución de la enfermedad, o bien el alta correspondiente. 
     Y así llegó el día en que Resquicio tuvo que explicar a Campechano los motivos por los que había descartado continuar con el antiguo tratamiento prescrito. Fue una visita francamente traumática, que se cuenta a continuación. 

     En la sala de espera, la enfermera le dice a Resquicio que se siente, no le gusta que esté dando vueltas y mirando unos dibujos infantiles expuestos en unos paneles de corcho. A Resquicio lo que no le gusta es la amonestación y dice irritado que él no es ningún perro al que mandar estarse quieto. 
     Ahora estamos ya en el despacho de Campechano.
     ¿Qué son esos gritos que he oído afuera?, pregunta el doctor.
     Empezamos mal, pero Resquicio procura explicarse, argumentar. 
     Campechano sigue desahogándose, Que a mí no me levanta la voz nadie, No me ha gritado ni mi padre. 
     Resquicio habla cada vez más bajito, incluso se agacha... 
     Campechano se pone en pie, amenaza con abofetearle y rechaza los argumentos de Resquicio. Cuando éste dice que el área de psiquiatría de la Seguridad Social receta por norma más de lo necesario, replica Eso son generalidades.
     Sin que haya ocurrido nada más en el despacho, sólo el enfado del doctor y el intento de Resquicio de explicarse, el doctor entiende que la situación es tan grave que ha de llamar a la enfermera de recepción para que sea testigo de lo que está sucediendo. 
     Entonces Resquicio abre su bolso y saca su cámara de vídeo, para tener su propio testigo. El doctor Campechano amenaza con romperle la cámara. Al final dice ¡Hay más médicos!, en una clara invitación a que Resquicio no vuelva por su consulta.
     Al salir, Resquicio le replica al doctor algo que ya no recuerda, seguramente que sus servicios no le son necesarios; lo que sí recuerda es a un par de pacientes y a alguna enfermera que, cuando pasa frente a ellos, están sonriendo. Así que siente que esas sonrisas son una especie de respaldo a su postura, que para nada es agresiva ni desequilibrada.
     Resquicio no entiende qué tiene que ver con la medicina un A mí no me grita ni mi padre. No entiende las amenazas de agresión generadas únicamente por una mala contestación a la enfermera al otro lado de la puerta del despacho de la consulta. Eso fue todo. Eso y el intento de contraargumentar sobre la asistencia siquiátrica requerida. 

     Puede que el hombre tuviera un mal día. Puede que, estando donde está, le lleguen historias y actitudes de pacientes que acaben por desestabilizarlo.
     Resquicio piensa que un comportamiento como el del doctor OídosSordos, prepotente e insensible, puede causar daño a alguien vulnerable. 

     Ácrata pregunta, unos años después ¿Y no lo denunciaste?
     Resquicio contesta No, no lo denuncié. Decidí escribir un relato corto sobre el tema, pero luego me dio pereza y se quedó en el tintero... hasta ahora.

06 04 Caerse de un guindo (y dos).


     Lo peor de la cita con el doctor Campechano OídosSordos no fue que amenazara con agredirme, ni que hiciera ademán de romperme la cámara de vídeo, ni que expresara que no deseaba que volviera a su consulta; lo peor fue que empezó a hilvanar la idea de que mi comportamiento era signo de un desorden de personalidad. Sólo fue un comentario, un esbozo. Me miró esperando una respuesta que no se produjo y continuó con su discurso, destilando enfado y sapiencia profesional.

     Cuando pienso en ese comentario mi imaginación se desborda, ¿qué podría llegar a suceder si un siquiatra quiere buscarte gratuitamente un desorden de personalidad... y tú en ese momento estás en sus manos, o confías en su buen criterio médico?
     No necesito inventar un ejemplo con que ilustrar esta situación, ya lo hizo Gabriel García Márquez en su libro de relatos Doce cuentos peregrinos… 
     Es una pareja mexicana, residente en Barcelona, que realizan un espectáculo de magia por diferentes establecimientos hosteleros. Ella ha ido a Zaragoza a visitar a unos familiares. Él la está esperando para efectuar juntos la representación de la noche. Ella nunca llegó, el coche de alquiler se descompuso en la carretera. Él tuvo que improvisar el espectáculo sin su ayudante. 
     La lluvia, la noche, los coches que pasan a gran velocidad... y una guagua que para y se ofrece a llevar a la mexicana hasta el teléfono más cercano. Le dan una manta, ella está mojada. En la guagua viajan sólo mujeres. Las mujeres duermen, cada una con su manta correspondiente. Al fin llegan al destino y la mexicana pide un teléfono para llamar a su marido y avisar de que no llegará para la primera representación. Su solicitud no es atendida, le mandan seguir la fila con el rebaño. Y resulta ingresada en el manicomio al que están llevando a esas mujeres, en un traslado nocturno de locas semisedadas.
     Un poco perplejos por la ausencia de la documentación de la loca mexicana, los psiquiatras deciden continuar con el tratamiento que precisa. Ella es una paranoica obsesionada con los teléfonos que siempre está pidiendo poder efectuar alguna llamada. Pasa mucho tiempo, los doctores son comprensivos con ella, pero debe seguir las reglas establecidas. Un día se queda sola en una habitación, por descuido. En la habitación hay un teléfono. De este modo la pareja se reencuentra. 
     El director del manicomio explica al marido lo mal que está su cónyuge y él, durante un tiempo, la visita todos los fines de semana intentando inútilmente apoyarla en su recuperación.

     Da pavor pensar en un poder tan impune e inapelables. Por supuesto, estamos ante una ficción. Puede que en la realidad existan casos peores, del mismo modo que muchos pacientes habrán encontrado en el tratamiento siquiátrico remedio a sus males. Pero me parece obvio que la gente que acude al área de Salud Mental de la Seguridad Social recibe una atención muy mecanizada, y sí, se médica en exceso, para ahorrar trabajo o por algún otro oscuro interés. Como me dice una amiga, ¿aceptarían ellos mismos ese trato para sus propios hijos, sin estudiar los pros y los contras de un determinado tratamiento?

     Sobre el funcionamiento de la mente y sus disfunciones, considero que la mayor parte de lo que se sabe son sólo suposiciones. Actuando con sustancias químicas se pueden obtener efectos cuantificables e inferir que gracias a ellas ciertos síntomas remiten, pero poco más. 
     Ante problemas graves, cuando la mente del afectado causa un daño sobre sí mismo o en su entorno, puede conseguirse una especie de reseteo, un nuevo comienzo tras un periodo de aletargamiento inducido. Ello puede ser una solución o el simple soterramiento del problema. Lo ideal sería que el individuo comprenda lo que le pasa y lo afronte, ya sea por sus propios medios o a través de terapias. Pero ¿qué ayuda real puede ofrecer una simple cadena de montaje con respuestas estandarizadas para los problemas y las tribulaciones del ciudadano común? 

 06 05 El doctor Triste.


     A Resquicio se le asigna otro doctor en el área de siquiatría de la Seguridad Social. Lo llamaremos Cubano Triste. Resquicio le cuenta que sus altibajos tienen que ver con la creación artística. A los momentos de creatividad siguen otros en que esa actividad parece perder el valor y el sentido que le dábamos. Elevación y reflujo. Digamos que los períodos de bajón son el peaje a pagar tras el vértigo de la inspiración, que puede llevarte a ideas y sensaciones insospechadas, de donde tienes que volver a la realidad. Resquicio dice que prefiere sobrellevar eso por su cuenta. 
     Con los informes del doctor Triste, Resquicio pudo renovar el carnet de conducir varias veces. Acudía a él a última hora, cuando debía efectuar el trámite de la renovación. Los informes venías a decir que se desconocía la evolución de una enfermedad que figuraba diagnosticada en el historial del paciente, y al fin le dijeron que para la próxima renovación era necesario que estuviera supervisado por un profesional. No obligatoriamente debía acudir a la Seguridad Social, un sicólogo privado podía hacer perfectamente ese seguimiento. 
     El doctor Cubano Triste dice que no cree que lo que Resquicio cuenta del doctor OídosSordos pudiera suceder realmente, ya que es buena grente. La última vez que acudió a su consulta, le dijeron que estaba de baja. A las puertas del ambulatorio, un amigo ironiza con la idea de que el siquiatra pueda estar de baja por depresión. Cuando, unos días después, Resquicio pudo verlo por fin, no le cupo duda de que esa era la realidad. Se le veía hinchado, como te deja cierta medicación siquiátrica. No mucho después, el hombre dejó el trabajo.

     Resquicio siente deseos de literaturizar el caso de doctor Cubano Triste. Imaginemos que huyó de su isla natal en búsqueda del amparo de una Europa Desarrollada y esa Europa desarrollada acaba convirtiéndose en su trastorno y padecimiento. Aconsejémosle que, en lugar de seguir el tratamiento estándar que él mismo prescribiría, pruebe a encontrar mejoría a sus males volviendo a inhalar la fragancia de las selvas, los cayos y los manglares de su tierra. 

19 Tiktokeos.

19 01  Las redes sociales...


     Cuando en un momento dado llego a afirmar que las redes sociales me asquean, sin duda estoy siendo bastante injusto.
     Lo que me asquean es la banalidad, el vértigo de la intrascendencia sin fin. Es decir, una experiencia insatisfactoria de la que yo mismo soy al cien por cien responsable. Ya que soy yo el que abre el programa y el que va haciendo una sucesión de clics que me llevan a la nada. Los estímulos de las redes sociales que considero negativos son perfectamente evitables. 
     Las redes sociales sí me gustan cuando en ellas soy sujeto activo. A la hora de encontrar contenido de interés, cuesta bastante. En ningún momento he sentido que las redes sociales intentarán censurarme o he recibido comentarios agresivos. También es cierto que lo que publicó normalmente no trasciende mucho. 
     Mi historia es ésta. 
     Tras unos diecisiete años realizando trabajos personales en el mundo de la informática y de la fotografía digital, sufrí un desahucio y llevo viviendo unos tres años en una casa sin electricidad.
     Vi claramente la posibilidad de que todo el contenido de mis discos duros acabara en un vertedero, y en el mejor de los casos en un cajón cerrado. 
     Entonces decidí que lo mejor que podía hacer era salvarlo, ofrecerlo, mostrarlo, en primer lugar en Facebook. Luego creé un canal de YouTube. Luego creé un blog para mis textos. Luego he utilizado Twitter para entresacar citas, extractos, de mis escritos. Ahora empiezo a expresarme en Tik Tok. 
     Podría ser que en los próximos meses mi situación habitacional mejorara, pero actualmente me apetece perseverar en ir mostrando en las redes textos, fotografías, diseño gráfico y vídeos, tanto antiguos como nuevos. 

              Resquicio, dos de febrero de dos mil veintitrés.

19 02  Bocetos de todo, obras de nada...


     El señor Ríos me dijo que no ha conocido otro pintor que muestre los bocetos así como hago. Je, esto me hace pasar de autodidacta a iconoclasta.
     Quizá no esté en mi ánimo mostrar los bocetos. 
     Quizá no tengo la técnica necesaria para acabar las obras. 
     Quizá no pinto para llegar a una obra acabada, empaquetable y vendible. 

     Mi primera vocación fue la escribir, y claro, se desarrolló en analógico, por edad no puede ser de otro modo. 
     Tangencialmente, también garabateé desde joven dibujos esquemáticos e improvisados sobre los mismos folios que utilizaba para pasar a máquina los textos. 
     En un momento dado, los textos y los dibujos surgieron de un modo paralelo y complementario.
     Me he pasado años alejado de la escritura. 
     Los dibujos también me han acompañado de forma intermitente. 
     Surgían sin premeditación, sin un objetivo concreto, para distraerme, para practicar con el lápiz... 
     Curiosamente, el tema que surgía era casi exclusivamente uno. Dibujaba caras imaginadas. Caras no basadas en personas concretas, pero que sin duda evocan algo significativo de mí o de lo que percibo mi alrededor. 
     Un día mostré esas caras a Gigi y él expresó que le parecían perfectamente válidas, que no las consideraba de un valor pictórico inferior a su obra. Él vende sus pinturas en los mercadillos y ha hecho algunas exposiciones. 
     Mi sustento ha provenido siempre de la artesanía. También me aficioné al diseño gráfico. La manipulación de imágenes en la pantalla me gusta. Pero siempre albergué el íntimo deseo de saber manejar los pinceles. 
     Gigi, Lamar de Raro y Trenzas de Fuego me animaron a pintar e intentar que esta actividad pudiera sustituir a la elaboración y venta de artesanía. El intento fue un fracaso porque no soy bueno interactuando con la gente a la que hay que vender, porque no supe elaborar un producto apetecible para el cliente de los mercadillos, por lo que fuera.. 
     
     Hace tiempo Gigi me regaló un libro sobre el grupo COBRA, qué significa Copenhague, Bruselas, Amsterdam. Surgió tras la Segunda Guerra Mundial y pretendía hacer arte y distribuirlo al margen de los mercados capitalistas y las galerías, que anteponen el negocio y la especulación a lo puramente dilectante. Pensaron un arte para el proletariado, por y para el proletariado.
     A mí no me gustaría pensar que, si lo que pinto o dibujo trasciende, pase a formar parte del engranaje comercial de subastas, especuladores, galerías y presuntos museos capaces, por ejemplo, de elevar una simple cagarruta a la condición de codiciado objeto enigmático de arte. 

     De todas formas, el ofrecer la obra quizás a medio elaborar podría ser una constante en mí. Por ejemplo, publico vídeos que considero que a posteriori puedo reelaborar, resumir o editar con medios y técnicas que todavía no he aprendido. 
     En cuanto a los textos, los modifico aunque estén ya publicados. Y llegará el día en que repase lo publicado en Facebook y en el blog, que empieza a no ser poco, y quizá decida que una parte de ello no merece perdurar. 
     No creo que deba importarnos la posibilidad de mostrar nuestros defectos e inconsistencias. Eso no nos debilita. Sobre todo, no lo hace si sabemos reconocer los errores, si sabemos identificar las banalidades de nuestro propio discurso. 

     Hace tiempo, en la efervescencia del 15M, elaboré unas consignas ideológicas, y lo hice en público, en la calle. Y me di cuenta que eso implicaba ganar en autenticidad, aunque sea simplemente ante uno mismo.

               Resquicio, ocho de febrero de dos mil veintitrés.

19 03  Con patatas...


     Como algunos de ustedes ya sabéis, el reto tecnólogico del que se habla últimamente es el desarrollo de la Inteligencia Artificial para pintar, escribir, fotografiar, hacer cine, componer música...
     ¿Acaso voy a decir ahora que las máquinas van a reemplazar al ser humano? No, las máquinas no tienen criterio sobre nada, van absorbiendo lo que las personas han llegado a expresar en Internet, como la forma de hablar, los escritos que se publican, las fotos que se suben y los vídeos en los que nos mostramos. La Máquina, que todavía no es el Gran Hermano que lo controla todo, recopila lo que encuentra y lo devuelve amalgamado. Puede que los primeros resultados obtenidos sean pobres, pero la técnica mejorará y se irán subsanando las deficiencias. No es que el hardware y el software vayan a tener características humanas, es que van a copiar lo que el humano hace, piensa y dice, y pueden ir mejorándolo hasta que el humano se vea abocado a jugar en Segunda División, en Tercera, en Cuarta División; en la división residual de los que escriben, fotografían, pintan y componen música sin el refuerzo tecnólogico del éxito asegurado de quien ha estudiado los gustos del ciudadano medio para seducirlo y tenerlo anonadadamente boquiabierto. 
     No, no nos van a suplantar las máquinas. Estamos enseñando a las máquinas cómo somos, y nos mostramos al universo básicamente haciendo gilipolleces. Así que el robot que nos cuide en el futuro, cuando seamos viejos dependientes, atenderá básicamente a nuestras necesidades de gilipollas. El futuro, en definitiva, será gilipollas, por elección mayoritaria de la especie imperante. 
     Además, cuando una civilización extraterrestre tecnológicamente superior llegue a la Tierra para dominarnos, habrá aprendido como somos gracias a Tik Tok. Y para engañarnos y que les consideremos una especie no peligrosa, abrirán las puertas de la nave espacial y saldrán así, tal cómo nos mostramos en los vídeos cortos de Tik Tok que triunfan. Nosotros les daremos Like y ellos nos comerán con patatas en cuatro días.

               Resquicio, cinco de febrero de dos mil veintitrés.

19 04 Entra sin llamar...


     Si un jeque árabe quiere tener cuatro esposas, ha de construir cuatro palacios iguales, para ser justo y equitativo con cada una de ellas. 
     Del mismo modo, he construido cuatro mansiones, cuatro castillos, cuatro rascacielos, cuatro chabolas, cuatro casas... y son todas ellas para ti. 
     Están en barrios diferentes, bastante bulliciosos. Por eso, a la entrada de cada una de las moradas hay un jardín y un carrusel y una caja de música y una sonata y un libro de poemas y un beso en los labios y una fuente donde refrescarte.
     Puedes dormir cada noche en alguno de esos palacios, tanto en la alcoba nupcial como en la habitación de invitados... o en una butaca o en el sofá o en una repisa o en el pajar o en la buhardilla o en el jardín o en la casa del vecino o en tu propia cama o en un rincón de la mía o descalza sobre la arena o desnuda sobre la yerba o deslizándote suavemente sobre la nieve o sonriendo al lado de las brasas o sencillamente suspendida en el aire, puedes...

               Resquicio, quince de febrero de dos mil veintitrés.

 

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