La lucha.

02 08  La lucha.

     Un día el hijo de mis caseros me dice: Yo respeto tu lucha... 
     En ese momento se me había olvidado que estoy embarcado en una lucha... 
     De hecho no me considero en lucha, mi única intención fue expresarme, opinar, regalar unas ideas a mis contemporáneos y aplicar algunas pinceladas sobre la materia que nos rodea. 

     La lucha, si existe, vino luego... al no querer resignarme a verme borrado sistemáticamente.
 Quizá esa censura fue en realidad una ayuda y un aliento. Al ver que mis opiniones generaban una reacción adversa empecé a plantearme ¿porqué será?, ¿porqué no las ignoran? Total, lo expresado podían considerarse como cuatro tonterías de un raro inadaptado presunto artista posible loco...
     ¿Realmente piensan los pequeños poderes fácticos locales que hoy en día todavía pueden prohibir al ciudadano expresarse? ¿Acaso creyeron que esas opiniones iban a expandirse y provocar un cambio social? Favor que me hicieron al procurar anularme.

     En el Ayuntamiento tengo una especie de aliado al que un día expresé mis problemas y mis proyectos artísticos. Desde entonces me ayuda, o al menos me escucha, que no es poca cosa.
     Ogro Bueno me dice un día Como saben que somos amigos, vienen a mí y me preguntan ¿Qué es lo que quiere? 
     Le respondo ¡A partir de ahora diré que no te conozco!
     Y estalla a mis espaldas la risa de la concejala de mercadillos.
     Doy por casi seguro que la persona que preguntó ¿Qué es lo que quiere ese?, es aquella a la que tantos quebraderos de cabeza he causado, porque las normas de urbanidad exigen que las paredes de la isla permanezcan blancas y silenciosas. Y él se ha visto obligado a mandar tras mis pasos a los blanqueadores de paredes.

     ¿Qué es lo que quiero? ¿Ocupar su cargo de concejal en el Ayuntamiento? ¿Una revolución? ¿Un golpe de Estado? 
     He visto arrancar mi cartelería de donde es correcto que esté y de donde es incorrecto colocarla. 
     Y después de eso he hecho alguna que otra pintada, a plena luz del día, para que no quedar completamente difuminado.

               Publicado el veintinueve de diciembre de dos mil veintiuno. Ha pasado mucho tiempo siendo la introducción de Margullo de Fuego. Siempre he sabido que este capítulo incluiría los textos que ahora anteceden a esta publicación. Esos textos, más que literatura en evolución, son un retrato de una cosmogonía ideológica que no debe mudar, igual que las hemerotecas le recuerdan a un político o a un personaje público todo lo que pregonaba... antes de que el paso del tiempo fuera desvelando aquello que algunos quisieron mantener oculto. Y los textos siguientes van acompañados del diseño gráfico y la cartelería con la que fueron concebidos. Ahora debería tachar el nombre que firma las reflexiones anteriores y escribir en su lugar Resquicio Desquicio. Cuando lo haga borraré esta frase y la anterior y tú no estarás leyéndolas. 



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