Dice: Yo soy un político honrado, sólo traspapelo un milloncejo de vez en cuando.

      02 07  Dice: Yo soy un político honrado, sólo traspapelo un milloncejo de vez en cuando.


     En todos los partidos políticos que han ejercido algún tipo de poder han surgido casos de corrupción. ¿Será la naturaleza humana? ¿Tan grande es la tentación? ¿O bien es que los partidos grandes no son ni transparentes ni auténticamente democráticos? En sus listas encontramos siempre a gente que aspira a obtener el poder para administrar la cosa pública, con negocios lícitos… y no tan lícitos. Pero sería bastante fácil encontrar gente sin este tipo de intereses bastardos. Imagina que un grupo de gente los busca y les propone ponerse a trabajar durante cuatro años por el bien común. ¿Sería esto posible o, a estos innovadores, les harían la vida imposible los poderes fáctico$? ¿Acabaría siendo lo de siempre? Podemos averiguar la respuesta, tarde o temprano nos van a pedir el voto. Podríamos estar preparados, juntos, conversados, no resignados, no desesperanzados, haciendo frente a la involución con que nos amenazan. 
     No queremos volver a la situación anterior al comienzo de la crisis, la cultura del pelotazo sólo es una bola de nieve que acaba siempre aplastando a los de abajo. Los trabajadores, los que no aspiramos a tener cuentas millonarias en Suiza, queremos sostenibilidad, futuro para el planeta y para la gente que lo puebla. No mero interés, negocio ciego insolidario belicista asesino caníbal inmisericorde.
     Para cambiar la situación ¿es necesario acabar con el capitalismo o bastaría con racionalizarlo?… poniendo límites a las compañías y a los bancos que tienen más poder que muchos gobiernos, eliminando formas de negocio especulativas e improductivas.
     Ahora mismo lo que más urge es algo así como un re-comienzo, no quedarnos hipotecados durante lustros por culpa de cuatro hijosdeputa. Y hay maneras de hacerlo. Por ejemplo, si el dinero periódicamente tuviera que re-valorizarse (demostrando su naturaleza lícita) las fortunas nacidas del tráfico de drogas y armas, y de la corrupción, se perderían. Y no tan solo eso: pasarían a tener poco sentido ciertas actividades como robar y acumular dinero, ya que transcurrido no mucho tiempo éste caducaría. Esto podría ser la génesis de una sociedad más justa en sí, y aparecerían recursos que se podrían utilizar para ayudar a los necesitados, a las víctimas de los bancos, a los expulsados del sistema laboral, a los excluidos de la asistencia sanitaria…
     ¿Quién se atreve a ponerle el cascabel al gato? Ni siquiera un gobierno en solitario tendría garantías de éxito. Haría falta un consenso a nivel de las altas instancias de la ONU para, de la noche a la mañana, hacer desaparecer del mapa todos los paraísos fiscales, todo el atildado y enmoquetado fraude que hoy por hoy rige la economía mundial. 
     Ni siquiera una revolución es garantía de un cambio a mejor. La revolución la harán los audaces. Los audaces se atreverán a hacer la revolución si no tienen nada que perder. Y cuando lleguen al poder habrá que ver cómo reaccionan al contacto con el terciopelo de los palacios. 
     ¿Qué nos queda entonces? Algunas opinan que sí hay una manera de cambiar las cosas, aunque es lenta y poco espectacular: ir concienciándonos de todos los sinsentidos que nos rigen a nivel de especie. Concienciarnos y transmitir esa conciencia crítica a las nuevas generaciones, procurando evitar que sean programadas según las necesidades del poder. 
     Uno mismo puede re-educarse si consigue abstraerse de tantos dogmas y tantas ideas prefijadas que nos inculcaron; si consigue dejar al margen prejuicios y xenofobias; si pone en cuestión los límites del camino trillado que nos enseñan a seguir y no abandonar. Quieren que respiremos sólo desaliento pero no es obligatorio. Podemos empezar por no engañarnos unos a otros, ir siempre con la verdad por delante, renunciar a aparentar lo que no se es y lo que no se tiene… y todo empezará a fluir mejor en nuestra relación con los demás. 
     No es tan difícil aprender a distinguir los engaños y la manipulación de los medios de comunicación. Las noticias que nos transmiten no son en sí la realidad de lo que pasa, es una interpretación que alguien hace de lo que pasa, y no pocas veces es una interpretación interesada. La frase que miente lleva la mentira en su interior. Pocas veces no acaba haciéndose evidente cualquier engaño. La sucesión de imágenes en televisión genera en nosotros determinados estados de ánimo, ya eso está más que estudiado, ya casi ni se puede decir que sea periodismo la ciencia de que se sirven para hacerlo. Pueden convencernos, doblegar nuestra opinión inicial, sin expresarlo con palabras, sólo con la edición de vídeo.
     Alguno dirá: La situación no está tan mal. El sufrimiento y la desesperación quizá no se paseen por la calle mayor de tu ciudad. Pero las víctimas de las actuales políticas de recortes sociales existen, deberíamos interesarnos por saber de ellas e intentar dar resonancia a su débil voz. Ellas no pueden: se están quedando sin casa injustamente, se están quedando sin asistencia médica porque durante años la sociedad vivió a tope y alguno robaron y robaron y escondieron los beneficios en el exterior, haciéndolos improductivos. El sufrimiento de los dependientes que se quedan sin asistencia no es portada de ningún noticiero. La educación se está deteriorando y eso tendrá graves consecuencias a largo plazo. Quieren privatizar servicios públicos porque dicen que son deficitarios: es posible que haya que administrarlos mejor, pero al privatizarlos habrá empresas que sacarán tajada de lo que pasará a ser un negocio, ¿y cómo va a ser mejor el servicio si hay que añadir al precio actual esa tajada que se lleva el empresario?
     ¿Salimos ya a la calle a protestar?
     ¿Por cuál de los problemas que nos acucian empezamos?
     Si la economía repunta ¿nos apaciguamos y cerramos un poco los ojos porque es “normal” que un cargo público se enriquezca de algún modo?
     Si la economía no repunta ¿nos plantamos en medio de la calle deteniendo el tráfico hasta que la policía empiece a aporrearnos?
     ¿Qué hacemos dímelo tú! 

               Llorens Pons, febrero de 2013.

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