Reflexiones sobre política y sociedad (y dos).

 02 02  Reflexiones sobre política y sociedad (y dos).


     Está en el ambiente, lo oímos en los bares y en los supermercados: Todos los políticos son iguales, sólo quieren llegar al cargo para beneficiarse ellos, los unos… y los otros”. 
     Cuando se abren las urnas muchas veces descubrimos que presuntos delincuentes no han recibido la reprobación del electorado, sino más bien una tácita invitación a continuar sus oscuros negocios al socaire del poder.
     En un sistema bipartidista el ciudadano puede sentir la inutilidad de su voto o bien resignarse al llamado voto útil, que puede servir al menos para cerrarle el paso a un partido aún más antagónico a sus ideales de sociedad.
     La letanía Todoslospolíticossoniguales quizá entrañe un peligro por más que pueda también ser el más fiel retrato de lo que está pasando en muchos sitios, casi viene a significar: La democracia es esto, un sistema cerrado, opaco, que no da respuesta a las inquietudes de la gente. 
     Quizá fuera necesario recordar a los que piensan y repiten Políticos-Todos-Iguales la diferencia entre una dictadura y un estado de derecho. Por imperfecta que sea, una democracia ha de permitir las reformas, el perfeccionamiento de lo que funciona mal en el sistema. Eso al menos dicen las constituciones, y lo dice la nuestra también. 
     Los cargos políticos electos representan a los ciudadanos, ejercen el poder en su nombre, y eso en multitud de países se plasma de diferentes modos. En Estados Unidos cada estado aporta al Congreso los representantes de un único partido, el más votado en esa circunscripción. Esto hoy en día puede no tener mucho sentido, pero es el sistema tradicional (de cuando se viajaba a caballo, como quien dice) y parece que va a mantenerse este sistema porque la primera democracia moderna occidental es bastante inmovilista en estas cosas. 
     En Gran Bretaña el político que se presenta a las elecciones interactúa más directamente con el ciudadano, al menos en el momento en que le pide el voto, y aunque sólo sea de forma moral, es ante ellos responsable de su forma de actuar posterior.
     Tenemos los sistemas electorales presidencialistas. El ciudadano elige directamente al presidente y, cuando no hay un candidato que haya obtenido la mayoría absoluta, se produce una segunda votación en la que sólo quedan en liza los dos más votados en la primera vuelta.
     El sistema español prima bastante la territorialidad: cada provincia y, en el caso de los archipiélagos, cada isla, cuenta con sus representantes propios. El político electo se debe al partido en el cual milita pero también tiene el deber teórico de trabajar en las cuestiones que atañen al territorio del cual ha salido representante.
     Así dicho parece razonable, cada territorio, por pequeño que sea, tiene sus parlamentarios, alguien al que se puede pedir cuentas si no ha puesto el empeño adecuado en defender lo local.
     Pero esta forma de representatividad tiene también su lado no tan bueno y, para explicar por qué eso es así, pensemos un momento en lo que ocurre en el parlamento europeo. Allí cada país aporta sus representantes, de las diferentes tendencias ideológicas que en él imperan. Pero a la hora de legislar las ideologías dejan de tener importancia y empiezan a primar los intereses económicos y comerciales de cada nación en concreto. A veces ocurre así.
     Esta forma de representatividad que prima el territorio provoca que en el Congreso y el Senado los partidos nacionalistas como CIU y PNV tengan mucho peso y en cambio los electos de Izquierda Unida o los Verdes sean escasos. Hay que dejar claro que si los votos se centralizaran éstas opciones obtendrían unos resultados notablemente mejores. Esto no quiere decir que el sistema actual sea ilegítimo. Tampoco sería justo decir que sea fácil cambiarlo, pero posible sí es. Los partidos grandes tienen la sartén por el mango y por supuesto, que las cosas sean así ya les va bien.

     Si cualquier territorio, por pequeño que sea, tiene al menos un representante, se crea una disfunción y es que, en una provincia o isla con poca población, un congresista o senador se ha conseguido a través de x votos, al tiempo que en las islas o provincias muy pobladas han salido una serie de representantes, una cantidad mayor que en las circunscripciones despobladas, pero comparando resulta que los electos en las metrópolis tienen detrás el respaldo de mucha más gente que los de los campos e islotes. De esta forma se dio la paradoja de que en Cataluña hubo un candidato con más votos y otro con más representantes en el Parlamento catalán, porque la provincia de Barcelona está mucho más poblada y las otras tres han de tener su representación particular primada por el sistema. Fue una paradoja pero las reglas de juego no se pueden cambiar después de disputarse el partido. 

     A veces la ciudadanía se indigna porque en una elección una fuerza política ha sido la más votada y luego surge una alianza de presuntos perdedores que acaba dejando al más votado en la oposición. 
     Generalmente los partidos políticos se quejan de ello cuando este acontecer les deja sin el poder local o nacional, pero esto también viene a ser una letanía, que nos viene a decir: Al final no sale elegido el más votado, se efectúa un chanchullo, un mercadeo del poder. No estoy de acuerdo: los representantes electos van a legislar en los Ayuntamientos, las Comunidades autónomas y en Madrid, y todos los concejales o congresistas tomarán las decisiones por votación. Si fuera obligatorio que el más votado fuera automáticamente elegido alcalde o presidente del gobierno le tendríamos gobernando mientras el resto de los partidos dispondrían de una mayoría para aprobar leyes con las que el gobernante podría no estar de acuerdo. 
     También hay que decir que hay pactos y pactos, no tendría mucho sentido que un partido muy de derechas y uno muy de izquierdas hicieran la pinza para arrebatar el poder a otro. Esto sí puede ser un tanto inmoral, pero que los nacionalistas efectúen alianzas con conservadores o socialistas es lógico, como también se puede entender el pacto PP-PSOE que ha provocado que los nacionalistas vascos hayan tenido que apearse del poder en la actual legislatura en Euskadi.

     En algunas democracias el que obtiene el poder ve restringido su mandato a dos legislaturas. El sentido de esto es fomentar la alternancia, evitar un poder anquilosado o usado por alguien en beneficio propio, el poder durante muchas legislaturas es una invitación a que surja la corrupción en las instituciones, como surgen las setas cuando ha llovido en el bosque. La alternancia es el remedio, pero el límite de sólo dos legislaturas, que en España no existe, también tiene su lado menos bueno. 
     En Estados Unidos, por ejemplo, la limitación a sólo dos legislaturas es sagrada, no sé si por ley o por tradición, pero a veces parece que esto actúe en detrimento de una democracia auténtica, porque siendo la gloria del poder así de efímera da la sensación de que los auténticos poderes fácticos no se dedican a presentarse a las elecciones, más bien ejercen un control subrepticio o mediático, y los parlamentarios son un poco actores, personajes que prestan su imagen a las campañas electorales hechas a base de marketing, de tal modo que un jugador de baloncesto retirado o un actor célebre obtienen en su retiro la dignidad de ejercer el poder pero sin que se les permita sacar los pies del tiesto. En este sentido, la victoria electoral de Obama ha supuesto un aparente cambio, una sorpresa, pero tampoco parece que las cosas vayan a cambiar mucho allí, con o sin Obama, Estados Unidos ejerce un dominio cultural y económico en el mundo y sobre todo tiene el ejército más intervensionista que existe, en realidad ni siquiera le importa perder guerras porque, a parte de los atentados del 11-M, nada de esto, la guerra, la guerra fomentada y retransmitida por televisión, ocurre en su territorio, y los muertos de los países pobres parece que son menos muertos que las víctimas americanas, israelíes o europeas. En las guerras modernas de Estados Unidos ya ni se permite la libertad de información, han aprendido rápido y existe un filtro de censura porque hay que reconocer que a las personas de bien, a la gente, a lo que se supone que es la mayoría, las guerras no nos gustan, nos repugnan.  

     Túnez, Egipto, Yemen, Siria, Libia… y ahora el 15-M en España, la spanishrevolution, un toque de atención, un ejemplo de disenso ciudadano, una protesta ante las limitaciones del sistema en el que vivimos, una protesta por la manipulación que sufrimos, porque el tan alabado sistema neoliberal tiene un pequeño defecto: junta en la misma pecera a los peores tiburones del gran capital y a los indefensos alevines del mar que son los trabajadores, los jóvenes que buscan un porvenir, los ciudadanos adultos a los que se pretende exprimir hasta la vejez, solo para que unos pocos puedan seguir viviendo MUY bien. 

     Felipe González afirma que, aunque uno no tenga vocación evangelizadora, si te ha tocado ejercer el rol de presidente del gobierno es muy difícil no llegar a creértelo, a ello te invita toda una cohorte de aduladores, millones de ojos y oídos puestos en ti.
     Quienes hicieron la transición española a la democracia no eran profesionales de la política, salieron de diferentes ámbitos de la sociedad para trabajar en la idea de dejar atrás la época de la dictadura y sus métodos. Hoy la designación de candidatos parece que lleve tras de sí un mero trabajo de mercadotecnia. Es revelador cómo son nombrados los candidatos a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos. La cúpula del partido en cuestión busca hacer un “cartel electoral” en el que lo que prevalece es la imagen del sujeto presidencializable, la empatía que despierta, la confianza que despiertan su fisonomía y sus ademanes, su simpatía y telegenia. Los militantes de base pocas veces intervienen en la elección de candidatos, los problemas que atañen a esa ciudad o región no parece que importen tanto como si uno da bien ante la cámara o no.
     Quizá el fallo no esté en los políticos, quizá su tendencia a la corrupción sea un mero reflejo de la naturaleza humana, donde la integridad no es moneda corriente… y sí el engaño y la búsqueda del beneficio propio y los privilegios. Quizá quien ha dejado de ejercer una vigilancia sobre lo que hacen los políticos seamos los propios ciudadanos, que entendimos que una vez acabado el franquismo e instaurada la democracia el trabajo ya había acabado, bajó el ánimo transformador, el activismo y la militancia se redujo a una pequeña minoría de gente, la mayoría no participa, no hace partidos, los padece. 
     Una democracia no es un trabajo acabado, es el principio de una labor que nos permite conformar una sociedad más razonable y justa. ¿Por qué habrían de regalarnos, de la noche a la mañana, un sistema decente? Es la gente que tiene que trabajar para construir día a día la democracia, para decidir el futuro, para evitar los tejemanejes y el robo institucional.
     Para que la transición tuviera éxito fue necesario reinstaurar la monarquía en España. Los franquistas interpretaron que el rey era el sucesor del dictador. Los demócratas lo aceptaron porque lo importante era dejar atrás el pasado y conformar un sistema moderno a semejanza de las democracias occidentales. Los monárquicos puros no eran muchos. La monarquía, la aristocracia en sí, es algo del pasado, no debería ya existir, es un claro ejemplo de desigualdad, de vasallaje, pero se decidió soslayar la cuestión para que las derechas y las izquierdas empezaran un tiempo nuevo, se optó por la reconciliación, a pesar de que hubo momentos dolorosos, y España acabó siendo una referencia en el proceso de democratización, tanto para lo bueno como para lo malo: se demostró que un país puede democratizarse sin una revolución violenta (éste es el lado bueno), pero los delitos y crímenes del franquismo nunca han sido juzgados, y hasta hay quien puede seguir manteniendo que el golpe militar y la dictadura fueron legítimos. No se permite una revisión en los tribunales porque impera una tácita ley de punto final más efectiva que la que han intentado implantarse en las ex dictaduras del cono sur latinoamericano.
     El cambio político en España lo timoneó un partido conformado básicamente para ello, la UCD, que luego desapareció del mapa porque era un conglomerado heterogéneo. Hubo un intento de golpe de estado y se produjo la llegada al poder de los socialistas, que, no sin algunas tribulaciones, hizo que el sistema se consolidara y hoy en día es bastante difícil imaginar una España no democrática.
     La derecha, el PP (antes Alianza Popular) tardó bastante en llegar al poder porque existía un resquemor, la duda de si realmente eran demócratas o preconizaban una involución. Demócratas sí son porque acceden al poder y lo desalojan cuando les corresponde, pero ideológicamente son bastante ultraderechistas, al menos una parte de ellos, una parte bien visible y significada. Lo curioso es que tan patriotas como dicen ser y, tras la victoria electoral de Zapatero, han llegado a estar muchas veces al borde de la traición en la manera en que han criticado en el exterior la actuación gubernamental de los socialistas, y ahora con la crisis parece que no les importe clavarle el cuchillo por la espalda al país con tal de triunfar en las próximas elecciones. José María Aznar no fue el responsable de la (segunda) guerra del golfo pérsico, pero sí puso mucho empeño en salir en la foto de las Azores, y en su actual condición de ex presidente saca rédito económico de esa (falsa) imagen de líder mundial e ideólogo de la derecha.

     No nos falles, gritaba la multitud a Zapatero tras las elecciones de 2004, tras el vuelco electoral que se produjo con los atentados del 11-M y la actuación del gobierno de Aznar, que intentó convencer a la gente de que la responsable de la masacre era ETA, siendo ya evidente que todo señalaba a los islamistas radicales. 
     La derecha, a parte de la teoría de la conspiración que a veces sigue enarbolando, se queja de que por culpa del choc que supusieron los atentados salieron votantes de debajo de las piedras. Es decir, que ciudadanos que normalmente no votan, porque no creen que eso sirva para mucho, esta vez sí, acudieron a las urnas, y de esta forma ganaron los socialistas. Qué poca vergüenza hay que tener para decir que se han perdido las elecciones porque han acudido a votar habituales abstencionistas, como si éstos no pudieran ejercer el derecho al voto en el momento que lo crean oportuno.
     Del mismo modo que los medios informativos de la derecha nos han estado intoxicando con la teoría de la conspiración (la que pretende que después de todo ETA sí era responsable del 11-M porque pudieron coincidir en alguna cárcel presos abertzales e islamistas, etc.)… del mismo modo ahora mienten propagando la idea de que el PP dejó un país boyante y son las políticas de Zapatero las que han provocado (o agravado) la crisis actual. Como si no fuera evidente que la crisis ha sido global, pudo haberse gestionado mejor o peor aquí, pero provocarla la han provocado los desmanes del gran capital bancario, el sistema neoliberal. Los neoliberales enarbolan el dogma capitalista de que todo aquello que pueda ser gestionado por empresas privadas no debe estar en manos del estado. 
     Sería razonable que asuntos tan controvertidos como la energía nuclear, la red de distribución de energía eléctrica, el traslado por mar de petróleo, la fabricación de armamento y tantas otras cosas… sí las gestionara el estado. Esto no es una garantía de que las cosas fueran mejor, pero al menos serviría para poder pedir cuentas de la gestión efectuada a los gobernantes y no a no se sabe bien quién. Cuando estalló la crisis, los gobernantes más derechistas tuvieron un momento de duda. Se llegó a insinuar que había que refundar el capitalismo, para poner, por ejemplo, coto a los desmanes de los bancos. Pero de eso ya ha dejado de hablarse, la solución fue inyectar dinero a las entidades bancarias, de las que unos pocos siguen sacando suculentas tajadas en forma de sueldos y primas escandalosos, mientras a la ciudadanía se nos pide que nos apretemos el cinturón. 
     Ahora se nos viene encima el llamado Pacto del Euro, que puede resumirse como que, para que el sistema continúe tal cual, las clases medias han de empobrecerse y los pobres de solemnidad tendrán que pasarlo aún peor. Es lo que se avecina. Por ello la ciudadanía ha empezado a movilizarse en contra, no ya del Pacto del Euro, la gente ha salido a las calles y ha tomado las plazas para plantear quejas, sugerencias y posibles vías alternativas a los fallos del sistema y a la explotación intensificada de los pueblos que Bruselas está planeando. 
     Democracia Real Ya convoca para el domingo 19 de junio, a las 19 horas, en los alrededores del Cabildo Nuevo, una manifestación en contra del Pacto del Euro, y también quiere dar a conocer a la ciudadanía conejera su proyecto de trabajo en los próximos meses para fomentar la conciencia social y la participación ciudadana. Todas las semanas (viernes o sábados, alternativamente) tienen lugar asambleas participativas en las que tus ideas o inquietudes pueden verse reflejadas. Acude si sientes curiosidad, participa si piensas que ha llegado el momento de movilizarse y actuar por el bien común.

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