Traqueteos y bailes de salón...
El traqueteo de la guagua no impide que te teclee una experiencia importante para mí. Tenía unos veintiséis años y llevaba poco en Margullo de Fuego. Yo paseaba por la calle y ambicionaba pequeñas cosas que estaban al alcance de la mano pero no eran mías. Hasta que un día me rebelé contra esta costumbre o forma de ser y decidí que se vivía mejor sin ese lastre, tanto el ambicionar lo ajeno como el aparentar posesiones que no tienes u honores que no te corresponden.
Le conté esa experiencia a uno del pueblo y me dijo Vaya, lo que se dice ser honrado. Pero no es exactamente por honradez, es por ganar calidad de vida. No deseando lo ajeno y no falseando lo que eres se vive mejor que de cualquier otro modo.
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Ahora que el traqueteo de la guagua me ha despertado, te contaré algo sobre mi adolescencia. Me fui de casa a los dieciséis años. Mis padres no entendían porqué deseaba independizarme; lloraban, preguntaban ¿Qué hemos hecho mal?; amenazaron con hacerme volver a la fuerza, insinuaron un futuro más próspero a su lado: Cuando cumplas dieciocho años, te compraremos una moto. Nunca tuve una moto, sólo una máquina de escribir y muchos libros robados.
En cuanto a la familia, igual siento haberles menospreciado en su aparente simplicidad, les apreciaba pero necesitaba hacer mi camino. Tal vez ese camino, tempranamente independiente, me hizo poco sociable.
En cuanto a mi obsesión por acumular papel impreso y emborronar el que llegaba virgen a mis manos... un día todo eso fue percibido como una losa. Todos mis escritos ardieron, se salvaron unas migajas porque había impreso una pequeña selección de poemas y había intentado venderla. Se acabó el escritor. Empieza una nueva vida con más libertad de movimiento. Fin. No, punto y aparte. Punto y seguido más bien. Sí, a la vuelta de la esquina el Resquicio Juvenil que destruyó toda su obra cuasi completa, está componiendo de nuevo palabras hilvanadas y dibujos en una libreta de la que sigue existiendo un rastro que llega hasta el año dos mil veintitrés, de momento.
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Del mismo modo que la palabra pene suaviza la palabra polla, ¿qué palabra podría suavizar la palabra polvo? Escoged la que os plazca, yo lo que quiero decir es que el mejor polvo de mi vida fue ecuatoguineano. No sé qué hizo la muchacha, empezó a pellizcarme la nuca y fue bajando por la espalda estimulando así, sin delicadeza, el nervio que la recorre, cuyo nombre largo Google ahora mismo no quiere ayudarme a especificar. Ese día fui otro y la muchacha sudó un poquito.
A parte de eso, la primera vez fue una experiencia tardía y decepcionante. Mi relación de pareja más larga duró dos años. Nos convino estar juntos, pero no nos queríamos.
A pesar de todas las implicaciones negativas de la prostitución, a veces he recurrido a ella... y he llegado a la conclusión que la nada, o la autoestimulación, es mejor que una relación sexual de pago.
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Hola, Confidentesa, era para preguntar si has tenido pareja y saber a qué te dedicaste...
Igual que Quasimodo se encaramó a las torres de Notre Dame con el cuerpo de Esmeralda en brazos para acogerse a sagrado, hoy a las diez y media me acojo al sistema de guaguas a ver si son capaces de llevarme de Incomprensión a Honduras, donde empiezo otra actividad de aprendizaje, como la que te conté ayer, pero más estimulante desde el punto de vista artístico. Tú sabes, algo más que la práctica totalidad del resto de lectores, en qué curso me inscribí ayer en la localidad de Muchachitas.
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A veces tenemos sueños recurrentes.
A veces tenemos sueños angustiosos que se repiten. Seguramente significan algo, el discurso enigmático del subconsciente.
Durante un tiempo fui un asesino y tenía enterrados en el campo varios cuerpos de mis víctimas.
Aparentaba normalidad en sociedad, pero mi verdadera personalidad era la de un sicópata asesino en serie.
Que yo sepa, no soy sonámbulo
Los sueños recurrentes, las personas que acuden a nuestra habitación y entran sin llamar, las casas que seguimos habitando cuando ya no residimos en ellas... Todo lo significativo regresa a nosotros, pero también se aleja, como el oleaje cuando la marea se desadueña de la playa y abre palmo a palmo kilómetros de arena en la que podemos tumbarnos para soñar los pecios nuevos de cada singladura que recorremos o que nos recorre.
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Igual dios hizo trampa cuando dijo que nos hacía con nuestra individualidad exclusiva. En las calles de la India, ese río de gente, vi a uno de mis hermanos, más joven y de tez más morena. También vi a mi compañera de viaje, anciana y de largo cabello blanco. En el momento de verla, la ella joven y viajera no estaba conmigo.
Seguramente, para ahorrar tiempo, dios de vez en cuando hace cortaypegas.
Hoy he cruzado la mirada con Susan Susan Susan. He tenido que mirar tres veces para cerciorarme de que era un cortaypega de ella.
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Respecto a las relaciones sexuales vividas, he recordado una experiencia que deja al polvo ecuatoguineano en el alto honor o la decepción de conseguir la medalla de plata. Fue en la furgoneta que por aquellos tiempos conducía, con una de esas mujeres que se ponen en la acera para que pares y las subas un rato.
Fue un asunto rápido y aparentemente dejó poca huella. Pero en los días siguientes me/se preguntaba Resquicio ¿Qué pasó ahí? Al acabarse, sintió/sentí que debía indagar en quién era esa persona, pero no lo hicimos. Ahora la evoco y sigo preguntándome de dónde salió esa chica.
Decidí catalogarlo como una experiencia tropical, de modo indeterminado. ¿Qué tuvo de extraordinario?
El acto sexual, para el hombre viene a consistir en entrar en... La sexualidad puede ser de otras maneras, pero el acto sexual habitual del hombre consiste en entrar en. Y ese día tardé en reparar en que estaba entrando en un sitio especial. Sé que me costará hacerme entender. Todo era floreado, multicolor, se abrían burbujas con inesperadas formas y colores, fluían las sensaciones indefinidas insospechadas atractivas más allá del placer, que también sucedía. Como para no creérselo del todo.
Reflexiono sobre ello y concluyo que ese día no sólo penetré en la carne, sino en el deseo real y profundo de la mujer. Ese polvo no fue mío, fue suyo. Y fue tan intenso que me transmitió mentalmente parte de lo que sentía.
Quizá me lo estoy imaginando. Quizá, por contra, todo provenía de mí mismo... No, imposible. Era lo que ella sentía y yo sólo pasé por ahí para mediosentirlo.
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La venta de inmuebles puede no ser tan aburrida, Confidentesa, vamos a suponer que te toca mostrar una casa con fantasma, en cuyo caso será necesaria una negociación a tres bandas. Las casas a veces ocultan pasadizos secretos, sótanos clausurados y la habitación de las perversiones sexuales de los sadomasoquistas. Lo aburrido es contar los billetes en el traspaso de la propiedad de los antiguos dueños a los nuevos propietarios.
Supongo que mostrar una casa para venderla es una representación teatral en la que procuras conocer al cliente y mostrarle su posible vida futura según intuyes pueden ser sus gustos y aficiones. Supongo que algunos compradores también representan un papel, a veces simulan un alto status, a veces fingen poco interés... quién sabe qué obras te quedan por representar en pisos, mansiones y chabolas.
La próxima vez puede ser ésta. Entras sola en la casa y te sientes acogida, hay espacios singulares que vibran en positivo. Echas un vistazo a la casa y te sientas en el salón. No vas vestida como el día a día, llevas un vestido negro, un bolso negro con remaches plateados, una pulsera plateada y un anillo grande también plateado. Te tumbas en el sofá, pones los pies en alto. Deslizas tu mano por la abertura de la falda y te distraen los pensamientos mientras tu mano sube lentamente por el muslo, se demora, regresa a la región más erógena. Las yemas de tus dedos saben más que un amante ansioso y temeroso de no quedar a la altura. Ya te has dormido. Te despierta el sonido de un libro que alguien ha escogido de la biblioteca, lo ha tirado al suelo dejándolo abierto por la página que, ese ente, sabes que quiere que leas. Te das cuenta de que estás en una casa con fantasma, pero no se te eriza la piel, sientes calor. Estás sola pero no estás sola. Entonces te quitas la ropa y se lo das todo.
Fantasías ligeramente eróticas para ti. Pueden ir increscendo.
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Claro, los fantasmas no tienen deseos eróticos; a lo sumo arrastran frustraciones procedentes de su existencia mundana. El guionista quiso que la actriz principal se desnudara para satisfacción propia. Pero la protagonista ¿hablará alguna vez de sus deseos, de sus experiencias... o la voz femenina tendrá que ser interpretada por el guionista a su masculino antojo?
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Lluvia y sol, si continúa un poco más reverdeceremos en el prado imaginado...
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Hoy no voy a clase porque quiero sembrar unas flores.
Es y no es una metáfora.
Voy dejando estos mensajes en el hueco de un viejo árbol porque sé que pasarás por aquí y los leerás... cuando te des cuenta de que es lo que quiere el árbol, que escuches el eco y la música de estas palabras manuscritas o tecleadas.
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Polluelita, aún no has alzado el vuelo, abres la boca y aparece el fulgor encarnado de tu lengua, por eso sigo depositando en ella el nutriente de estas palabras de amor...
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Hoy han tenido que sacar de la cárcel de perros a Siclona. Hemos tenido un amoroso reencuentro. Luego pasaron tres jóvenes turistas con mochilas camino de Caleta de Salitre. Tuve que andar unos kilómetros para que dejara de irse con ellas. Siclona aulló durante un buen rato ¿Y mi mochila?, ¿dónde me llevas?, yo soy una de ellas. Pero algo se movió en unos matorrales y se puso a olisquear. Para los y las narizotas, los matorrales y sus moradores son la vida. La vida ancestral.
Cuando llegamos a casa Siclona ya no se acordaba de la mochila, ni de las chicas, ni del camino a la playa, ni de su reciente estancia en la cárcel.
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Dices que estás, que te has quedado sola. Igual eso ha ocurrido recientemente y sientes que te han extirpado una parte de ti al acabarse la vida en pareja. Pero todos tenemos nuestra unicidad, somos uno en medio de la multitud. Sí, cuando nos emparejamos renunciamos a una parte, pequeña o grande, de esa unicidad; y al final siempre hay un balance casi inevitable de pérdidas y ganancias. Es difícil pensar en un amor para siempre. Aunque perdure y seamos felices, siempre llegará el momento del balance y de volver al uno individual. A veces el otro cambia, a veces uno mismo evoluciona en lo que es y en lo que siente, del mismo modo que las células que nos conforman van renovándose. El enamoramiento es también un ardid químico para que el hombre y la mujer deseen permanecer juntos, para que lleguen a procrear y la especie no se extinga. La confianza y la lealtad con un compañero, hasta el último día de vida, es posible, quizá deseable, quizá reconfortante, pero es una autoficción paralela a lo que el otro pueda sentir y ficcionar, en fluctuante convergencia o divergencia.
A veces pienso en mi vida afectiva como una sucesión de oportunidades pérdidas. Alguien me dijo Pero lo que tú quieres es estar solo. Claro que no, veo a una pareja joven de la mano y siento que no he vivido una experiencia parecida a esa edad. Veo la complicidad y confianza de una pareja madura y siento que ya no hay tiempo ni lugar para alcanzar una confianza y una complicidad semejantes.
Tampoco es que eso duela todo el rato, la vida tiene otras gratificaciones. Sólo echamos en falta aquello que nos han hecho creer, o nos hemos autoconvencido de que necesitamos.
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Danzo como una bailarina en una caja de música a la que dan cuerda y no puede hacer otra cosa.
El soldadito de plomo aguarda, firme y sin pestañear, que alguien abra la caja de música.
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Estimada Maite, Traqueteos y bailes de salón... es una publicación inconclusa, va pasando de mano en mano entre los distintos yos que pululan por Facebook, esos que afloran de repente y, a veces, se sumergen en un silencio de meses.
Este pequeño capítulo de las caóticas obras completas de los días y las noches contadas al éter, este pequeño capítulo es largo porque tengo el propósito de llegar a sincerarme al cien por cien, sobre mi ser íntimo, hasta que alguien desee bailar un vals conmigo. Faltan aún párrafos y kilómetros, kilómetros y párrafos...
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Hola, Pedro Ríos, imagino que estás a orillas del Manzanares, así que te llamaré Señor Manzanares o, sin formalidades, colega.
Aunque estoy poco en casa, procuro regar un poco el huerto y quitar las malas yerbas.
Sigo una política inadecuada, ya que cuando cae un chaparrón, en lugar de centrarme en las plantas que ya están ahí, subsistiendo a duras penas, me imagino días feraces y nubes preñadas de aguaceros lentos y prolongados, así que echo a la tierra las semillas de ilusiones nuevas.
Creo que una de ellas ya ha brotado.
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El vecino te llamó Catastrófica, Siclona.
Algunos sostienen que los lapsus linguae no existen, simplemente son las meigas que toman el control de nuestra boca.
¿Qué catástrofe puede ser ésta que, cuando me ve, se abalanza sobre mí para mordisquearme la oreja?
Cualquier día de estos me equivocaré yo también, amor, y te llamaré República Orweliana.
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Cuando una ministra socialista dijo aquello de Los miembros y las miembras de... etcétera, el Hombre de las Cavernas dijo El lenguaje no se cambia a voluntad de uno. Es cierto, de uno no, pero el lenguaje se moldea a voluntad de las mayorías, y los académicos acaban claudicado ante esa avalancha; el lenguaje incluso puede cambiar a voluntad de una minoría un poco cohesionada. Desde ese día he escuchado muchas veces la palabra miembra en la calle, aunque ahora mismo el corrector ortográfico no la acepta. ¿Quién introdujo el concepto la miembra, en lugar de la miembro, en el lenguaje popular? Probablemente quien lo hizo fue el Hombre de las Cavernas.
Por eso, cuando la Caverna Troglodita Política y Mediática chilla y se rasga las vestiduras al oír a una ministra actual decir que la derecha fomenta la cultura de la violación con una actitud paternalista que le dice a la mujer No te metas en según que sitios o No te vistas de según qué modo... Cuando se produce toda esa algarabía de indignación e insultos, en realidad la gente en general va dándose cuenta de que algo de razón debe de tener esa ministra si pretenden hacerla callar los carcas. Sí, los carcas sienten su honor mancillado cuando una mujer es capaz de expresarse sin ambages, incluso en el Congreso de Diputados, y su paternalismo no es de recibo en esta sociedad moderna que va a conseguir pronto que ellas puedan caminar por cualquier calle en penumbra, a la hora que quieran, vestidas como quieran y sin miedo.
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Inconstante desea volver a la playa donde los expedicionarios oceánicos emergen y se tumban en la arena cálida a respirar profundo, hasta despertar en el prado fértil de la palabra podemos podemos podemos... susurrada e interminablemente devuelta por el eco eco eco...
Si no llego hoy, que la gratitud que siento te envuelva en sus aterciopelados brazos.
Resquicio, febrero de dos mil veintitrés.
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Abel permaneció muchos días al pairo. Las nutrias lo alimentaban.
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Abel en realidad se llama Caín, no dio tiempo a confesárselo a Lilí.
Caín busca regresar al Palacio de Lilibeth, en el que ha estado dos veces. Huele los aromas de sus jardines en la distancia, pero el mar, o un lago, le impiden acercarse.
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Durante las noches atlánticas, Abel delira soñando con amantes nuevas o con Lilibeth.
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