Londres, Berlín...

10 07  Londres, Berlín…

     En Londres, hace tiempo, surgió la moda veraniega de patinar con las tetas al aire. Y las tetas femeninas causaban cierto revuelo. Las masculinas, no tanto. Los sancionadores no alcanzaban a atraparlas; con un par de zancadas rodantes, las tetas traviesas y saltarinas dejaban de estar a su alcance.
     Habría pues que combatir eso con... con las propias armas del delincuente, como las planeadoras de la Ley persiguen a las planeadoras de los narcotraficantes. Así, un escuadrón de patinadoras profesionales, provistas de casco, uniforme reglamentario y sujetadores en ristre... acabaría rápidamente con tanto desbarajuste: ningún pezón al viento, seamos pudorosas. Y en cuanto a la lactancia en público...

     Cuánta gente buscando la paja en el ojo ajeno.
     Todo esto era un preámbulo para hablar de la revolución negacionista de Berlín, pero ahora no sé cómo ligar una cosa y otra...
      Revolución, les imagino gritar. Nos juntamos a miles en la calle, sin mascarillas, y no pasa nada. Esto demuestra que todo lo que nos cuentan sobre la pandemia es mentira…
          Absurdo, pero ¿qué hacer con ellos cuando se juntan? El sistema ha de respetar que opinen de ese modo, pero al incumplir las normas de protección y distanciamiento social, ponen en peligro a otros, empezando por sus propios familiares y allegados vulnerables. ¿Acaso no quedó claro, con lo que ocurrió poco antes del primer confinamiento, que los últimos actos políticos y los eventos deportivos con público generaron infectados?
     Como la gente no ve cadáveres en la calle, como la enfermedad no diezma la población del modo que pudo hacerlo la peste en la Edad Media, todo es mentira. Cuánta gente descubre América todos los días, te vende la panacea universal, te deletrea L A V E R D A D y, por ello, cree vivir un peldaño por encima de la inteligencia media del ciudadano.

     A parte de los negacionistas, que saben más que nadie y no necesitan mascarillas porque todo es mentira, los que optan por acatar las normas ¿lo hacen por no contagiarse o por no contagiar a otros? Los que, desde que existe una cierta conciencia ecologista, no contaminan, ¿lo hacen para evitarse una multa o por el bien de la naturaleza?
     Los concienciados acostumbran a ser una minoría, y por eso a veces se necesitan leyes para producir una corrección de las anomalías, como es el caso de las que establecen cuotas de participación femenina en ámbitos donde la mujer está discriminada. Eso puede provocar situaciones de injusticia puntual, pero es una legislaciuón provisional que debería llevarnos a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
     Las multas y normas antipandemia parecen un ataque al derecho a la diversión, un intento de exterminio del roce en las sociedades de interacción cálida... pero son sólo el método drástico y rápido de que adquiramos conciencia y no sigamos propagando la enfermedad.
     ¿Que todo forma parte de un plan perverso? ¿Que no hay ningún plan secreto pero los poderes fácticos van a aprovechar la situación para robar libertad al ciudadano? Bueno, habrá que estar atentos al devenir de los acontecimientos... Pero los negacionistas, con su presunta revolución, le hacen el juego a los infecciosos; las teorías de la conspiración no dejan ver las teorías sobre lo que estamos viviendo realmente. El virus podría volverse menos dañino, pero no gracias a los que protestan por las restricciones.
    
              Resquicio.


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(Inacabado)
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