Todos roban...
01 23 Todos roban...
Una vez un ciudadano se indignó con los que gobiernan y gritó hasta desgañitarse Todos los políticos son iguales, todos roban.
Aunque ese ciudadano vivía en las afueras, en un erial de penas y sufrimiento, las montañas y desfiladeros de la región hicieron eco de su voz y aquello se convirtió en un mantra que se podía escuchar sin cesar por los suburbios y a las puertas de las universidades. Todos roban, todos son iguales.
Ya les viene bien a los políticos de las antiguas democracias anquilosadas y bipartidistas… este mantra. Ahora gobierna el partido Azul, ahora gobierna el partido Encarnado... Todos son iguales, todos roban... Ahora te toca a ti, luego me tocará a mí... Nos recreamos en una batalla de personalismos, pero no cuestionamos la esencia del sistema. Surge lo nuevo, pero qué fe puede tener el ciudadano en lo nuevo si todos los políticos llegan a la escena pública con el objeto de medrar y robar. Lo innovador acaba pareciéndose a lo de siempre. Quién sabe si ya venían con la idea de corromperse o es la realidad y el ejercicio del cargo lo que los uniformiza para mal.
Ya debe haber en la Red un algoritmo que fomenta este mantra involucionista... Todos vienen a robar, qué más da quién gobierne, todos son lo mismo.
Y como este estado de desesperanza no puede mantenerse eternamente, otro algoritmo se encargará de la efervescencia de las nuevas ilusiones, el partido político innovador que eclosiona, sobre todo en las redes sociales, y viene a arreglar las cosas... hasta que nos damos cuenta que no, que éstos son también lo mismo de siempre.
¡Qué desesperanza! ¿Qué podemos hacer?
Algunos buscan un terruño e intentan vivir de modo alternativo en lo que les permiten sus manos y sus fuerzas. Cambiarse a sí mismo e interactuar con el entorno es, para ellos, el comienzo de un gran revolución... o al menos una manera de no traicionarse, una manera de negarse a vivir una vida no deseada.
Y si queremos algo más ¿a qué nos apuntamos?
Puede que ahí este el error. La política en democracia no debería ser "apuntarse a"... sino salir de casa y buscar al conciudadano para constituirse en entidad política simplemente por ser persona, por ser ciudadano.
Siempre encontraremos la oferta de una asociación política que nos hace dimitir de nosotros mismos y pasar a "pertenecerles", y la culminación de esa renuncia es el voto. Por muy concienzudo que sea el voto, al elegir a un representante silenciamos nuestra voz y la unimos a la del coro. Ya sé que es necesario, pero ¿tiene que ser siempre inútil?
Y aunque sea inútil, porque tanto azules como encarnados van a actuar de modo parecido, ¿sirve de algo no elegir a tu representante? ¿Es rompedor y revolucionario no votar?
Me temo que si quieres dejar de ser un ciudadano pasivo y manejado por esos políticos, que son todos iguales, tienes una ardua labor por delante.
Vamos a olvidarnos de las revoluciones, que total son un momento de agitación pasajera, el terremoto tras el cual las aguas vuelven a su cauce…
Si quieres hacer algo en política, con honestidad, por altruismo...
Si quieres hacer algo en política, por la gente, por el futuro, por el planeta...
... eso no es un momento.
... eso no es un simple voto o un clic de ratón.
... eso debería ser la democracia asamblearia, la democracia directa.
Es decir, deberías robarle tiempo a tu ocio, a tus aficiones, a tu familia... para reunirte con los vecinos y con los ciudadanos de inquietudes afines, para debatir qué se puede hacer por mejorar las cosas.
Mucho tiempo y mucho sacrificio, sin ninguna garantía de éxito.
Mucho sacrificio y mucho tiempo sin obtener un beneficio personal palpable.
Si empiezas, acabarás desesperanzado y asqueado, te lo dice el algoritmo que quiere impedir que empieces a plantearte ponerte a ello...
Resquicio, salvo que sea un algoritmo.
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