Molliznó...

14 03  Molliznó...


     Esta noche molliznó y las nubes anidaron en las cumbres de Picocolorao y del Risco. 

     Andaresco, nada más salir de casa, quiso registrar el fenómeno con su teléfono móvil, pero éste tenía el nivel de brillo al mínimo y no fue capaz de abrirle los ojos al Ojo Tecnológico.

     Frustrado y huérfano emprende el camino por el margen izquierdo de la carretera que va de Incomprensión a Caleta de Salitre, para en primer lugar ver que un pequeño caracol está atravesando la carretera mojada.

     Un kilómetro más allá, adelanta a Andaresco un pelotón de vociferantes ciclistas alemanes. Andaresco apostaría todo lo que tiene a que Caracol de Asfalto sobrevivió al pelotón de ciclistas. Si fuera un pelotón de tanques, ya sean éstos alemanes o bien soviéticos, la apuesta sería distinta.

      Luego Andaresco ve algo triste, un círculo de plumas pertenecientes a una gaviota de la que los carroñeros dejaron sólo eso, plumas. Y más allá otra gaviota llorando. Unos pasos después, Andaresco se da cuenta de que la segunda gaviota es una bolsa blanca de plástico enredada en una aulaga. Pero la literatura es la literatura y no vamos a emborronarla con pormenores superfluos.

     Andaresco, mientras camina, va contando con la yema de los dedos las cosas que tiene que contar... y que el teléfono móvil de ojos cerrados no le permite teclear en el ciberespacio. 

     Entonces saltan de la mochila la Libreta de Apuntes y el Bolígrafo de Cuatrocolores, que se ponen a andar detrás de Andaresco levantando los brazos y gesticulando. Pero Andaresco no para.

     Andaresco para luego, para orinar, y se plantea si el charco de orina debe consignarse en el cuaderno de bitácora de la mañana. Luego, al levantar la vista, ve la atmósfera, que esa suscinta lluvia ha dejado limpia de polvo sahariano. También percibe una inusual ausencia de viento.

     El bolígrafo le dice a Andaresco Apúntalo, apúntalo todo, que luego se te olvida 

     Pero Andaresco está concentrado en la yema de sus dedos. Recuerda que una vez Lamar de Raro le preguntó al respecto de las ideas que no se anotan en el acto de surgir y se pierden. Andaresco sostiene que, aunque creamos olvidar las ideas brillantes que hemos tenido, si son importantes vuelven solas, regresan a casa como regresan las palomas al palomar. 

     Y si no regresan, es que esas ideas eclosionaron de un huevo no fecundado. A veces podemos perder una buena idea porque la Memoria y la Inspiración están en otros coitos, ya le harán sitio en la cama luego.  

     El bolígrafo dice Apunta eso también, que lo pierdes, desmemoriado. Más vale pájaro en mano que ciento revoloteando.

     La Libreta de Apuntes, jadeando, dice Úsame, soy tu perra. Cómo se pone la Libreta de Apuntes cuando le frotas un poco el clítoris. 

     El bolígrafo, que tiene las patas cortas, suda. 

     Andaresco también suda porque lleva varias capas de ropa en previsión de más lluvia. 

     El Bolígrafo Paticorto dice Aguarda un poco, ¿qué prisa tienes, Andaresco?

     La Libreta Ninfómana dice: Aligérate de ropa, desnúdate, soy tuya.

     El bolígrafo duda y jadea. 

     Andaresco duda y sigue caminando. 

     La Libreta jadea pero no duda porque se ha puesto a aletear con sus páginas y sobrevuela el asfalto. Pretende dar picotazos en la coronilla a Andaresco, pero Andaresco sigue y sigue  concentrado en la yema de sus dedos. 


     Luego Andaresco llega a Caleta de Salitre y el teléfono móvil abre los ojos y bosteza como siempre que deja de estar a la intemperie. Pero Andaresco no le hace caso y abraza a la Libreta de Apuntes, le acaricia el clítoris y le cuenta algo al oído. 

     Luego Andaresco estimula también el pene del bolígrafo. No hay nada más bonito que el sexo compartido. El móvil tiene los ojos muy abiertos pero no dice nada. 

     Sobre la mesa hay un tintero. Andaresco mira si en el tintero se ha quedado algo. Entonces del tintero sale M. Pérez y dice Yo sólo escribo de sentimientos. Andaresco le sonríe. Andaresco piensa que todos los escribidores escriben de sentimientos. Ya sea de amor o de odio, lo que impulsa a escribir es siempre un sentimiento. 

     Incluso la redacción de las Leyes es la materialización de un sentimiento. Muchas veces las Leyes son un sentimiento de opresión del ciudadano. Otras veces las Leyes pueden nacer del sentido intento de evitar que nos despedacemos unos a otros.

     Incluso la literatura del dinero es un sentimiento. Pagar los impuestos correcta o incorrectamente; ofrecer un donativo a una ONG; invitar al café que se está tomando el vecino en el bar; regatear inmisericordemente en una posición de ventaja... todas estas situaciones son también un sentimiento. 

     Todo escrito es un sentimiento, toda letra es un sentimiento, empezando por la letra a encerrada en un círculo, que encierra el sentimiento de esperanza de la gente frente al Poder, que es analfabeto porque no tiene sentimientos  y porque sus discursos son redactados por escribas asalariados.


               Andaresco, veintiséis de diciembre de dos mil veintiuno.


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