Una cuestión de jotas.
Penélope es mi otra trabajadora social, a parte de de Brisa Marina / Colibrí. He ido de una a la otra y he vuelto a la primera. Ellas hacen un seguimiento de mi situación económica y vital por ser perceptor de una ayuda pública, sin la cual seguramente pasaría penurias. Y una parte importante de que yo no pueda ganarme la vida como antes es de todo este lío en que estoy metido, la indefinición de mi situación psiquiatra ha impedido que pueda renovar el permiso de conducir, y seis años después ya ni lucho para revertir esa sentencia ¿inapelable?
Penélope y Colibrí han insistido en que reciba la ayuda de algún psicólogo privado, para reinsertarme y para combatir mis altibajos también. Por eso en este relato han aparecido el Guitarrista y Sarité, y queda por entrar en escena otro más.
Penélope realizó también una nueva gestión novedosa, intentando limar asperezas con la psiquiatría oficial. Me consiguió cita con el director del departamento de Salud Mental de la Seguridad Social. Él no es psiquiatra ni psicólogo, sino trabajador social. Cuando hablé con él por primera vez no era aún consciente yo de su puesto prominente y decisorio. Entendí que era un trabajador más de esa área del hospital. Alguien que podía ayudar a desfacer los entuertos. Alguien que está para ayudar a los usuarios de psiquiatría precisen de ellos.
El director de Salud Mental escucha mis explicaciones, no me cabe duda de que Penélope le ha hablado de mi caso y, tanto previamente como a posteriori, puede entrar en mi historial médico. Puede acceder a los informes que hayan podido elaborar Campechano OídosSordos, el Doctor Triste, la Encuestadora, la Santa y hasta el primer psiquiatra que me atendió cuando fui detenido, que probablemente se llama Atinado.
El director de Salud Mental, al que tengo que agradecer que invirtiera su tiempo escuchándome, vino a concluir que la ayuda que podía proporcionarme es el reconocimiento de un determinado grado de discapacidad. Le contesto que mi lucha es para conseguir que se me reconozca un grado de discapacidad cero. Me dice que el reconocimiento de una discapacidad no es algo malo. Le digo que no es malo sino que puede ser bueno para quien lo reciba, pero que yo pretendo demostrar no necesitar esa muleta por el apartado mental. Otra cosa serían ciertos achaques de la vejez. Eso no me impide reconocer que no disfruto de una estabilidad anímica al uso.
Que la psiquiatría conozca en detalle cómo funciona nuestra mente, y que tengan paciencia para analizar cada caso, eso lo pongo en duda. Que resuelvan casos, no. Que no acepten alternativas a su farmacopea y que no aceptaran mi decisión de sobrellevar mis altibajos por mi cuenta, eso me parece injusto.
Le digo al director de Salud Mental de Margullo de Fuego que le mandaré por correo electrónico un enlace al capítulo Sortilegio, en el que expongo con más detalle mi punto de vista sobre todas estas cosas. Eso no pasará. Por desidia, no le mandaré el enlace, aunque tuvimos una segunda cita y me dijo al entrar que Estuvo esperando mi correo todos los días. Seguramente no hablaba en serio, pero tampoco sonrió al decirlo.
Entonces le mando desde el despacho mismo el enlace a Sortilegio y él me regala un CD Rom de una exposición que organizaron una asociación de apoyo a la gente con padecimientos mentales. Puede que él también la presida, no estoy seguro. El CD Rom muestra pinturas, algunas de calidad, de individuos que supongo han pasado por las manos de esta buena gente, los loqueros, dicho sin ánimo de ofender. Al parecer se publicó un libro a partir de la exposición, incluyendo poemas. De hecho el hombre me lee un poema escrito por él mismo, relacionado con la muerte. Me cuesta un poco seguirle el hilo porque mientras recita se me ocurre pensar que esté buen hombre puede que parezca algún trastorno de necrofilia, pero si llego a comentar eso ¿qué podría haber pasado?
Salgo del despacho con el CD Rom en la mano y, por su parte, con las puertas de mi blog abiertas de par en par. Igual organizamos un club de debate cultural, sigue ironizando mi mente bipolar.
Hubo una tercera reunión. Como resulta que hace tiempo puse una reclamación pidiendo que se revise mi diagnóstico... y no prosperó, hablamos de eso. Pero ahora mismo no recuerdo los detalles.
Le comento que por mi oarte no estoy cerrado en banda a tener una nueva cita con un psiquiatra. Sólo hay las dos alternativas conocidas. Acepto que puedan ser con la Encuestadora, incluso con OídosSordos. Considero que una cita con este ultimo podría ser incluso más productiva, aunque igual algo problemática. ¿Algo problemática para ti?, pregunta. Supongo que podría ser algo problemática para él, respondo.
El director se despide comprometiéndose a preguntar a la Encuestadora y a Campechano si están dispuestos uno u otro a concertar una cita conmigo. Nos despedimos afectuosamente y salgo del despacho con la poco habitual sensación de que no siempre tiene uno que a Salud Mental a pasarlo mal.
Ya en la puerta, me pregunta por mi nombre, Resquicio Desquicio. Le digo que me llamo Resquicio porque en este mundo y en esta sociedad que levantan tabiques limitantes, busco un resquicio, una grieta que permita, sino pasar, al menos mirar más allá.
¿Y lo de Desquició? Bueno, es que al expresarme e intentar imaginar ese ideal, esa utopía... al expresar lo que pienso del sistema, algunos pequeños poderes locales empezaron a combatirme con tanto empeño que llegué a la conclusión de que estaba desquiciándolos, obligándolos a seguir mi rastro e ir borrar del espacio público todas mis reivindicaciones.
Salgo henchido, considero que he hecho un amigo.
Nunca más se puso en contacto conmigo.
Pregunté en recepción y en ese momento estaba de baja, a punto de reincorporarse
Le digo a Penélope que fui a mi primera cita con Jorge. Me dice que no se llama Jorge, sino J...
Tras la segunda cita le comento a Penélope que he vuelto a ir a hablar con Jorge Javier. Se sonríe...
Tras la tercera cita le cuento a Penélope como me ha ido con Jorge Javier Jacinto.
De vez en cuando Penélope sigue preguntando por J.
De vez en cuando pienso que podría escribirle y darle noticias de cómo me va la vida, como hice alguna vez, sin recibir contestación.
Estoy cada día esperando tu correo, Jorge Javier Jacinto Jaime Juan Julián Jimeno Jeremías...
Resquicio, veinte de mayo de dos mil veintiséis.
Índice de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/indice-de-sortilegio.html?m=1
(Inacabado)
Texto completo de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/sortilegio.html?m=1
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