Llegaron en tropel...
00 15 Llegaron en tropel...
Llegaron en tropel, salieron a través de mis dedos.
Son sólo palabras tecleadas,
no son útiles de labranza,
no son semillas vertidas en la tierra,
no son perlas en la balanza del joyero.
Son exabruptos,
desesperadas exclamaciones,
imprecisas agresiones verbales
o caricias a tientas sobre tu piel imaginada.
*
Nos faltan la sombra y el cobijo del roble.
Nos falta la caligrafía del esperantista.
Nos faltan el santuario de Notre Dame
y, entrevista entre las sombras, la figura de Quasimodo
llevándose en volandas el cuerpo de su amada.
*
¿Por qué nadie hizo caso cuando, al menos Proudhon y Kropotkin, predijeron los errores de Marx, Lennin, Stalin y Gorbachov?
¿Por qué Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan se limitaron a desmantelar la revolución?
¿Por qué los economistas de Occidente se pusieron a temblar el día que se abrieron las puertas del Gulag?
¿Por qué siguen sin interesar las energías limpias y baratas?
¿Por qué los alijos de droga pasan de las pateras y planeadoras a las chabolas y cárceles?
¿Por qué los banqueros que más viven en la opulencia son los que más aman el fraude y el siseo?
¿Por qué la caridad y la compasión son hoy en día hijas del telediario, su plástica y su implacable horario?
¿Por qué, en el frágil equilibrio entre el bienestar propio y el dolor ajeno, se acallan siempre las voces de la alternativa y la renovación?
¿Por qué se acalla todo aquello que pueda darnos esperanzas de conseguir un mundo mejor?
*
Mientas haya clases, ricos y pobres, privilegiados y parias, la revolución será necesaria...
aunque no es mi trabajo instigarla ni fomentarla:
solo esperar su llegada y temer sus desmanes;
vaciarla de ira y llenarla de luz;
vaciarla de cárcel y llenarla de tolerancia.
Mi trabajo y el tuyo puede ser amar la revolución,
vaciarla de bombo y platillo,
vaciarla de chanzas, lemas, himnos y metralla...
llenarla de silencios y estrellas,
de pláticas y contradicciones,
de tranquilidad y renovación,
de esperanza y creatividad,
de vida, colores y poemas,
de libros y canciones,
de calor humano y números,
números tan diáfanos
como incompatibles con la trampa y la razón de Estado;
números tan diáfanos
como incompatibles con las cajas registradoras trucadas del capitalismo
y sus negocios tan infames como suicidas.
Resquicio.

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