La Encuestadora.

06 11  La Encuestadora. 

      A través de la doctora de cabecera, volví a pedir cita al área de Salud Mental de la Seguridad Social. Cuando me di cuenta de que debía regresar a ese sitio donde viví una experiencia desagradable y algo traumática, decidí que no quería volver ahí. Luego recapacité y tuve que pedir la cita de nuevo, que al fin se produjo. Fue con una siquiátrica joven que llamaré la Encuestadora porque, si bien yo intentaba explicarle mis antecedentes y lo que había sucedido con otros profesionales, ella prefería ir haciendo las preguntas estandarizadas con las que se recibe y cataloga a cada nuevo paciente. Le di el informe del Guitarrista y para ella ese papel no tenía ninguna importancia, de hecho creo que los sicólogos no llegan a la categoría de doctores, pero a efectos literarios prefiero que sigan teniendo ese tratamiento, y por lo tanto diré que el informe del doctor Guitarrista no fue tenido en cuenta. En un momento dado los ojos de la Encuestadora se clavaron en la pantalla y le costaba atender a lo que le decía porque  estaba leyendo algo en mi historial. Sospecho que el doctor OídosSordos debió dejar un informe contundente el día que casi me agrede al intentar explicarle porqué decidí prescindir de los tratamientos prescritos. 
     Le explico a la Encuestadora que no tengo realmente problemas. Y ¿entonces por qué vienes aquí? Vengo obligado. ¿Acaso me vas a decir que un juez te obliga a acudir a esta consulta? No, debo pasar por aquí para poder renovar el carnet de conducir. 
     Le comento que no estoy cerrado en banda, pero para llegar a aceptar algún tipo de medicación siquiátrica necesito saber en base a qué consideran que debo tomarla, ¿en base a un episodio que tuvo lugar hace más de dos décadas? Y también exijo saber sobre los posibles efectos secundarios de esa medicación. Considero que la atención sicológica que pueda aportarme la Seguridad Social es suficiente. 
     Ya acabando la cita, la Encuestadora pregunta ¿No quieres medicarte, verdad? Aquello sonó un poco raro, como si estuviera ofreciéndome la última oportunidad de… algo. Musité un No y ella dijo Pues te derivo a la sicóloga. Supongo que era consciente de que me estaba abriendo una puerta que conducía exactamente a ninguna parte.

               Resquicio.



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