Caerse de un guindo.

 


06 03  Caerse de un guindo.

     Resquicio está bastante nervioso, ahí en la sala de espera. Su misión no es fácil, tiene que hablar con el psiquiatra que le trató unos años antes y explicarle porqué ha abandonado el tratamiento y está convencido de no necesitarlo.

     En su adolescencia Resquicio tuvo un episodio relacionado con la psiquiatría, se quedó algo "colgado" tras un par de experimentaciones con LSD. En ese momento vivía en unas cuevas habitadas por una comunidad hippie. Su comportamiento fue notado por alguien, que avisó a su familia. 
     Fue llevado a la fuerza a un ambulatorio siquiátrico situado a cuarenta kilómetros de donde residían. Para él lo más traumático fue el viaje en coche, con su padre conduciendo y su madre llorando a moco tendido durante todo el viaje. No entendía esa actitud ni los motivos de aquel llanto. Hubo una breve estancia hospitalaria, su alta correspondiente, el tratamiento médico a seguir... El diagnóstico, un principio de esquizofrenia. 
     Hubo un segundo ingreso casi calcado. 
     Y un tercero, pero éste fue diferente, no llegó a producirse. En la entrevista con el médico, Resquicio adujo que él se consideraba en condiciones de hacer vida normal y, para su propia sorpresa, le creyeron, de modo que regresaron los tres en el coche por el mismo camino por el que habían venido.
     Fueron pasando los años y a veces Resquicio sentía alguna reminiscencia de esas sombras desasosegante, paralizantes... pero un día se dio cuenta de que llevaban tiempo sin manifestarse y se sintió liberado, cicatrizado.

      Ya residiendo en Margullo de Fuego, tuvo lugar un segundo ingreso, esta vez tras una detención. La verdad es que su estado alterado tenía bastante que ver con el consumo de marihuana, aunque en el juicio se habló solamente de que había consumido alcohol en abundancia. Tuvo que hacer un notable esfuerzo para convencer al doctor encargado de su caso de que estaba en condiciones de retomar su vida con normalidad. 
     Resquicio guarda un buen recuerdo de ese hombre, que le dijo que posiblemente padecía una alteración bipolar. Se le prescribió una medicación, pero él la siguió sólo durante unos meses. El temor a volver a vivir un ingreso siquiátrico forzoso le hizo dejar el consumo de alcohol y cannabis, durante bastantes años.

     Pero Resquicio notaba que tenía épocas de apatía, y pensó que en la Seguridad Social le podían ayudar a combatirlos. Pidió una cita médica y fue derivado a la consulta de un siquiatra al que llamaremos Campechano OídosSordos. 
     Cuando Campechano oyó el relato que Resquicio hizo de sus antecedentes, con el posible diagnóstico de alteración bipolar, cerró los oídos y, muy campechano, hablando con convicción, dijo Cuando uno tiene una pierna rota necesita que se la enyesen.
     Resquicio pensaba que no tenía ninguna pierna rota y que lo que le estaba ofreciendo Campechano no era lo que él fue a buscar a la Seguridad Social, así que de nuevo no tardó mucho en abandonar la medicación prescrita. Siguió con su vida y a veces, esporádicamente, bebía alcohol o fumaba porros sin que por ello se manifestaran problemas o disfunciones. 

     Pero tuvo que volver a la consulta del doctor Campechano porque, para la renovación del carnet de conducir, hacía falta, o bien un informe de la evolución de la enfermedad, o bien el alta correspondiente. 
     Y así llegó el día en que Resquicio tuvo que explicar a Campechano los motivos por los que había descartado continuar con el antiguo tratamiento prescrito. Fue una visita francamente traumática, que se cuenta a continuación. 

     En la sala de espera, la enfermera le dice a Resquicio que se siente, no le gusta que esté dando vueltas y mirando unos dibujos infantiles expuestos en unos paneles de corcho. A Resquicio lo que no le gusta es la amonestación y dice irritado que él no es ningún perro al que mandar estarse quieto. 
     Ahora estamos ya en el despacho de Campechano.
     ¿Qué son esos gritos que he oído afuera?, pregunta el doctor.
     Empezamos mal, pero Resquicio procura explicarse, argumentar. 
     Campechano sigue desahogándose, Que a mí no me levanta la voz nadie, No me ha gritado ni mi padre. 
     Resquicio habla cada vez más bajito, incluso se agacha... 
     Campechano se pone en pie, amenaza con abofetearle y rechaza los argumentos de Resquicio. Cuando éste dice que el área de psiquiatría de la Seguridad Social receta por norma más de lo necesario, replica Eso son generalidades.
     Sin que haya ocurrido nada más en el despacho, sólo el enfado del doctor y el intento de Resquicio de explicarse, el doctor entiende que la situación es tan grave que ha de llamar a la enfermera de recepción para que sea testigo de lo que está sucediendo. 
     Entonces Resquicio abre su bolso y saca su cámara de vídeo, para tener su propio testigo. El doctor Campechano amenaza con romperle la cámara. Al final dice ¡Hay más médicos!, en una clara invitación a que Resquicio no vuelva por su consulta.
     Al salir, Resquicio le replica al doctor algo que ya no recuerda, seguramente que sus servicios no le son necesarios; lo que sí recuerda es a un par de pacientes y a alguna enfermera que, cuando pasa frente a ellos, están sonriendo. Así que siente que esas sonrisas son una especie de respaldo a su postura, que para nada es agresiva ni desequilibrada.
     Resquicio no entiende qué tiene que ver con la medicina un A mí no me grita ni mi padre. No entiende las amenazas de agresión generadas únicamente por una mala contestación a la enfermera al otro lado de la puerta del despacho de la consulta. Eso fue todo. Eso y el intento de contraargumentar sobre la asistencia siquiátrica requerida. 

     Puede que el hombre tuviera un mal día. Puede que, estando donde está, le lleguen historias y actitudes de pacientes que acaben por desestabilizarlo.
     Resquicio piensa que un comportamiento como el del doctor OídosSordos, prepotente e insensible, puede causar daño a alguien vulnerable. 

     Ácrata pregunta, unos años después ¿Y no lo denunciaste?
     Resquicio contesta No, no lo denuncié. Decidí escribir un relato corto sobre el tema, pero luego me dio pereza y se quedó en el tintero... hasta ahora.

                Resquicio.


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