Autobiografía de la no autobiografía.
06 13 Autobiografía de la no autobiografía.
No sé si soy escritor. Serlo fue una vocación temprana y luego he pasado épocas ajeno a ese empeño. No me queda mucho tiempo para sentir que soy eso, un animal literario con discurso propio. Tampoco era mi intención hablar en especial de mí mismo, ciertas circunstancias me han llevado a ello. Cuando no eyaculo pura imaginación, procuro ser veraz; pero no lo soy del todo, mi discurso es bastante sesgado, sólo se manifiesta una parte de mí y por lo tanto hay otro yo que tergiversa la realidad de lo que soy y de lo que siento, y lo hace sencillamente permaneciendo en silencio. El que no escribe ni dibuja ni pinta ni fotografía ni le apetece comunicarse con amigos y conciudadanos; el que prefiere que los días se vayan rápido y no disfruta del cielo abierto ni de los rayos del sol… ese ¿qué aporta a ésta mi autobiografía de íntimos sentires, dudas y debilidades expuestas así como carnaza al viento?
A él lo llamo Apagado, y su contraparte, Encendido, en su discurso es evidentemente una representación incompleta de ambos. A Apagado no lo conoces y probablemente nunca sabrás de él, salvo que te decidas a hacer espeleología en su guarida.
Apagado y Encendido escuchan radios diferentes. La del primero es política y deportiva; la del segundo, cultural y musical. Una te informa de lo que sucede en el mundo, aunque acaba saturándote de palabras y eslóganes reiterados. La otra también te informa pero acaba llevándote en volandas con ingenio y ritmos tropicales. ¿Por qué Apagado no enciende la radio de Encendido? Sí, a veces la sintoniza, pero su cuerpo y su mente no hallan receptividad a todo lo que ofrece esa emisora.
Apagado y Encendido tienen un régimen alimenticio distinto. Apagado sólo saldrá a comprar cuando ya no quede nada en casa. Encendido tiene una alimentación más sana y variada; eso le aporta más energía y le induce a estar más activo. Apagado podría esforzarse un poco en no perder ciertas costumbres saludables, pero si hiciera eso dejaría de ser Apagado. Encendido se despierta y se prepara un té, y más tarde otro, y otro más. Apagado no se toma ni siquiera la molestia de hacerse el primero.
Nadie tiene que decirle a Encendido que se asome a ver los primeros rayos del día, ni que se dé un pequeño paseo al atardecer. Apagado dará vueltas en la cama intentando dormir un rato más a pesar de ser asediado por una cierta mala conciencia de estar equivocándose. Los sueños a veces se abren paso intentando explicitarle que debe cambiar de comportamiento, pero su mensaje normalmente acaba desvaneciéndose pronto, para así poder continuar un día más asentado en la inacción. Atiende a las obligaciones que le surgen, pero no disfruta de las pequeñas cosas importantes de la vida, como encontrarse y conversar con la buena gente que lo aprecia o pasear. Vive de espaldas a muchas cosas que le harían sentirse mejor y que sin duda lo transformarían con facilidad en ese otro que lo describe con saña aquí.
Para conseguir no estar presente en la realidad, Apagado desarrolla una serie de estrategias, entre las que destacan los juegos de palabras y la repetición de datos aprendidos. Son como mantras cuyo objetivo podría ser simplemente que no surjan ideas nuevas. Es una retahíla de lugares comunes, como países, ciudades, equipos de fútbol, resultados deportivos. En un principio parecería un inocente ejercicio memorístico, pero como eso se empoza e impide el fluir normal de la mente, resulta un agobio. Quizá debería aprender a no temer la presencia de esos mantras, pero no resulta tan sencillo conseguirlo porque recuerda que otras veces le ha costado dejarlos atrás. No ya dejarlos atrás, minimizarlos.
Esas transiciones mentales, los cambios que desplazan de modo abrupto ciertos temas recurrentes de interés, no son una abducción, no son algo así como una posesión. El fútbol, la geografía y los juegos de palabras estaban ya ahí, en una repisa secundaria del orden doméstico de las neuronas, sencillamente pasan a convertirse en una cortina que lo tapa todo e impide el paso del sol. Apagado prefiere permanecer tras esa cortina, Encendido acabará ventilando la estancia, aunque al no poder saber cuándo va a ocurrir eso, se produce cierta angustia.
En determinados momentos puede hacer falta una desconexión del ser consciente, del homo razonador, ¿por qué no habría de ser lícito ausentarse con mantras u otros subterfugios? El problema se da cuando esa situación puede llegar a durar meses, cuando modifica las costumbres cotidianas y afecta al bienestar físico.
Durante el día, Apagado puede desarrollar otras estrategias para conseguir su objetivo de permanecer ausente de la realidad, incluso algo tan positivo y liberador como la lectura puede servirle a tal fin. Releerá una y otra vez un libro sólo para evadirse, pero desde luego lo más sencillo es conseguirlo a través de las pantallitas. Son las mismas pantallitas que sirven a la creatividad de Encendido, pero usadas al servicio del No estar. Bajo su influjo subyugador, las horas se van rápidamente y, cuando al fin las aparta de sí para dormir, los mantras regresan, retoman su espacio y dificultan su transición hacia el reino del sueño.
De alguna manera, para No estar, Apagado también requiere un esfuerzo, una parafernalia; en cambio Encendido abre los ojos y fluye.
Resquicio.
- - -
Siguiente 06 14 Inducción a la euforia.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2023/12/induccion-la-euforia.html?m=1
Índice de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/indice-de-sortilegio.html?m=1
(Inacabado)
Texto completo de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/sortilegio.html?m=1
Siguiente 06 14 Inducción a la euforia.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2023/12/induccion-la-euforia.html?m=1
Índice de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/10/indice-de-sortilegio.html?m=1
(Inacabado)
Texto completo de 06 Sortilegio...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/sortilegio.html?m=1
Comentarios
Publicar un comentario