Zarité o las aventuras de Configirl.
14 21 Zarité o las aventuras de Configirl.
A Confidentesa le mandaron un pasaje de avión a Nueva York y una reserva de hotel, con todos los gastos pagados, de parte de una gran inmobiliaria llamada La Caverna de Platón... Extraño nombre para una constructora y especuladora de terrenos e inmuebles, pensó nuestra heroína. Y cruzó el charco en primera clase.
Naturalmente, llevaba puesto el traje negro escotado por arriba y entreabierto por abajo, siempre dependiendo del ritmo que marcaran sus caderas al andar. Ese día tenía prisa de ejecutiva, así que sus pasos no eran especialmente insinuantes, aunque al salir del aeropuerto, en la avenida, un jovencito, y luego otro, y más allá otro, y otro más al doblar la esquina, profirieron silbidos de admiración y le iban proponiendo no supo bien qué experiencias tropicales de cama, algunas al parecer altruistas y otras con salario por los servicios prestados.
Confidentesa continuó hacia el hotel arrastrando su maleta de viaje con ruedas, que iba cambiando de melodía según recorriera el suelo de asfalto, el de baldosas o el de adoquines. Confidentesa se concentró en ese sonido mientras los jóvenes de acento cubano permanecían apoyados en algún escaparate iluminado de neón o le seguían los pasos un rato.
Confidentesa estaba por primera vez en Nueva York, un lugar extraño y posiblemente peligroso, así que procuró dar seguridad y diligencia a sus pasos
En el hotel tenía reservada la mejor suite, con todos los lujos a su alcance, pero no prestó mucha atención a lo que la rodeaba. Durmió y a la mañana siguiente acudió con su vestido negro a La Caverna de Platón Demoliciones y Nuevas Construcciones. Allí los directivos de la empresa le dijeron que habían sabido del buen hacer profesional de Confidentesa y deseaban contratarla para un trabajo específico, que pagarían a buen precio, a ella y a la empresa para la que trabaja habitualmente en la isla macaronésica de Aventurillas.
En la sede central de La Caverna de Platón los empleados reciben a Confidentesa con reverencias, ya saben quién es y a lo que ha venido, así que la encaminan al gran despacho central del Consejo de Administración.
Sabemos que las facciones de tu rostro inspiran ternura y confianza, queremos que convenzas a una anciana reticente de que nos venda su vieja casa, ya que no adquirirla nos impide construir un centro comercial en una manzana entera de la zona actualmente emergente de la ciudad. Es la única propietaria que no ha aceptado nuestras reiteradas ofertas, así que tu trabajo será congeniar con ella y convencerla de que venda. Para facilitarte las cosas, vamos a hacerte en pretty woman. Vamos a transformar tu imagen facial, tu estilo de vestir y hasta el perfume que llevas, para así intensificar la cualidad innata que tienes, la de inspirar confianza en los demás. Te llamaremos Configirl y, si consigues que la vieja venda, te daremos lo que pidas.
Una Confidentesa convertida en Configirl llama a la puerta de la casa que había que conseguir para los proyectos de La Caverna de Platón. Abrió la puerta Zarité, una negra con el rostro lleno de arrugas. Pasaron al salón y Zarité sirvió un te a Configirl, y empezó a contarle su historia. Nació en Santo Domingo. De niña fue entregada como esclava personal de la futura esposa del dueño de la plantación. Cuando se desarrolló como mujer fue obligada a mantener relaciones sexuales con éste. Le quitaron a su hijo, lo regalaron. Cuando la rebelión de los esclavos que originó la creación de Haití, la familia se trasladó a Luisana. Allí, cuando su amo y violador estaba ya viejo, pensó en ella para que le cuidarse en los últimos años de existencia, no en vano habían compartido las alegrías y sinsabores de toda una vida. Ella sencillamente dijo No puedo.
Todo eso dijo Zarité mirando a un punto de la pared, concentrada en sus recuerdos, y cuando alzó la mirada vio el rostro de Configirl lleno de lágrimas. Entonces se levantó, fue al cuarto de baño, trajo una toalla mojada y limpió el rostro de la maquillada mujer que había acudido a su casa para convencerla de que abandonara la misma. Debajo del maquillaje de Configirl apareció Confidentesa. Zarité dijo Hola Confidentesa, continúa llorando un rato más ..
No te preocupes, esta vez voy a vender, quiero volver a Haití.
Así pues, Configirl triunfó en los negocios, en Nueva York, casi sin proponérselo. Le regalaron una estancia de quince días en Cuba. En el aeropuerto, Confidentesa perdió el vuelo, regresó sobre sus pasos y fue a buscar a Zarité, con la que se embarcó rumbo a Haití.
De este país han dicho algunos que está maldito porque hizo un pacto con el diablo para conseguir la independencia cuando los esclavos negros se revelaron y quemaron las plantaciones. De ahí el atraso, la pobreza y los terremotos, dicen en ciertos púlpitos. Los desastres y las enfermedades son un castigo de Dios. En la ciudad en ruinas, destruida por el terremoto, ka felicidad de las cosas pequeñas, un reencuentro, un abrazo, un mendrugo de pan compartido, ¿eso de quién es obra, clarividentes profetas?
Confidentesa alquiló una habitación en uno de los pocos hoteles que permanecían en pie. Allí durmieron la primera noche ella y Zarité. De noche, un rumor las despertó. Se asomaron al balcón y vieron pasar una riada de detritus, las consecuencias de un maremoto caribeño o universal. La gente era arrastrada por el agua negra y, si no se ahogaba, perecía golpeada por toda clase de objetos flotantes. Allí abajo luchaban por su vida sirios, afganos, palestinos, chechenos, saharauis, amerindios, rohingyas, africanos de todas las etnias, asiáticos de diferentes culturas y, también, la tribu de los hombres invisibles que Isabel Allende describe en sus obras.
Zarité y Confidentesa empezaron a llorar por toda esa gente. Uno no imagina las lágrimas que pueden surgir de cuatro ojos hasta que lo ve. Las lágrimas resbalaron por el suelo del balcón, empaparon la fachada del hotel y gotearon sobre la riada negra, en la que se formó un burbuja de agua clara hacia la que bracearon los que todavía permanecían con vida. Allí, se sentaron y jadearon hasta recuperar el aliento, en el fondo de una riada que se había amansado gracias a un flujo de lágrimas. Y esa gente emprendió el regreso a casa caminando por el lecho marino, lleno de peces y corales de inimaginables formas y colores. Algunos de los peregrinos subacuáticos llegaron a Honduras, que es una ciudad dormitorio situada entre Arremolinados y el aeropuerto de la isla Margullo de Fuego. Allí, pisaron la arena sintiendo su calor, recogieron las ropas que poco antes habían llevado y fueron encaminándose al prado del que salieron una hora antes. Se tumbaron en la yerba, podían ver árboles a los lados. Escucharon la voz de Zarité diciendo que fueran incorporándose. Sonaba una música relajante, Zarité llevaba un pañuelo sobre los hombros como suelen llevarlo las mujeres en la India, era más joven y más blanquecina que la Zarité caribeña, pero tenía la misma voz.
Resquicio, catorce de febrero de dos mil veintitrés.
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Esta mañana las olas me trajeron un mensaje, este relato, en una botella…
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