Relámpagos.

 14 13  Relámpagos.

     En Radio 3, el programa El bosque habitado, que te atraca el fin de semana al grito de ¡Arriba las ramas!, suele dar cobijo como colaborador a Ignacio Abella, que suele verter en nosotros, las orejas, su sapiencia sobre la vida vegetal; su amor y su admiración por esos seres tan incomprendidos como minusvalorados. Los mamíferos no solemos comprender la importancia, por ejemplo, de los insectos para la continuidad de la vida en el planeta; así como ignoramos lo interrelacionados que están el reino animal y el vegetal.
     Contaba Abella que se hizo un experimento con una planta trepadora. Periódicamente iba moviéndose el soporte al que la planta iba agarrándose, y con el tiempo esa planta tomaba por sí misma la iniciativa de crecer en esa dirección y esperar allí la llegada de la estaca, más parsimoniosa. Dice el vegetalista que esto implica que existe una inteligencia, del tipo que sea, que somos incapaces de entender pero que podemos admirar sorprendidos si somos capaces de concentrarnos un poco.
     Lo que ignora Abella es que la de las plantas es una inteligencia superior. Fue el reino vegetal el que concienzudamente creó el reino animal. Primero creó a los herbívoros, que eran inmortales, lo cual resultaba un poco problemático, por lo que procedió a crear a los carnívoros. De hecho todos los animales son inmortales y es el reino vegetal el que gestiona ese inconveniente para el planeta poniendo coto a la población del mismo. Las plantas han desarrollado una diversidad de formas de matar. Aparentan estar sujetas irremisiblemente al suelo, pero en realidad son capaces de desenraizarse, redirigir el tráfico urbano para provocar accidentes, colarse en los hospitales creando pandemias, pasar por el dormitorio de los Jefes de Estado de todas las naciones para decidir si despertarán o no de su sueño y, finalmente, regresar a su lugar, tan rápido que no somos capaces de percibirlo, ya que se mueven a una velocidad de relámpago.
     Si pisas una planta, si la arrancas o la riegas, ella lo recuerda y sabe quién eres, porque es capaz de moverse así de rápido que cuando pasas por su lado te saca la cartera del bolsillo, inspecciona tu DNI y regresa a su lugar sin que te des ni cuenta. Ellas no necesitan dinero, pero a veces redistribuyen billetes de bolsillo a bolsillo.
     Las plantas saben quién eres.
     Las plantas saben dónde vives.

               Resquicio, once de enero de dos mil veintitrés.


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