Busco diván...

06 06  Busco diván...

     Busco diván en el que tumbarme para hablarle al techo con los ojos semicerrados, mientras tú cruzas las piernas sentada al otro lado de la mesa del despacho.
      
      Doctora, cuando naufragué en la isla desierta fabriqué como pude partituras y las repartí entre los pájaros salvajes cantores de la espesura. Quise armonizar sus trinos con el devenir de los riachuelos y la inclinación de los cocoteros sobre el océano y su diapasón.
     Redistribuí algunas piedras y seleccioné las mejores hojas de la floresta para componer una estampa digna de los mejores atardeceres. No pude fotografiar ese momento, pero lo guardo en el recuerdo, en la pinacoteca de los ensueños que acunarán mi vejez. 
     Sólo soy el náufrago de la isla desierta, pero antes fui Peón Arquitecto, edificaba sin licencia en los descampados, planificaba reformas en las ciudades por las que vagabundeaba. 
     Sólo soy el náufrago de la isla desierta, pero antes fui Cine Conde Bate,  un cine al aire libre conformado sólo por un  proyector de imágenes. 
     Doctora, sólo soy el náufrago de la isla desierta, pero un día encontré un escenario abandonado y me convertí en Teatro Troglodita Atapuerca. 
     No dio tiempo de materializar todos esos proyectos. 
     Ahora lo que me importa son las islas. Creo poder conseguir que naden hacia el sur en invierno en busca de climas más templados donde crezcan flores exóticas que libar.
     ¿Estoy muy mal, doctora?

                Resquicio.

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