El Planeta de los Monstruos Grumo tercero.

 El Planeta de los Monstruos. 

               grumo tercero

Doce

     Cuando se corrió la voz de que el Gran Oráculo se había transmaterializado y el Presidente del Gobierno dudaba si hacerlo o no, toda la gente de nuestra colonia acudió al lugar de los hechos, apiñándose alrededor de los científicos y los trompetistas, que clavaron con fuerza los pies en el suelo para no perder su lugar preeminente y poder ser testigos directos de acontecimientos sin duda perdurables en nuestra Historia.
     Decir "toda la gente" de nuestra civilización es una forma de hablar...
     -¿Una hipérbole, maestro?
     -Una exageración, chupatintas, una simple exageración.
     ... ya que, por ejemplo, a Caminante Campestre no le interesa el devenir de la Historia ni otras politiquerías menores. Él sigue su camino silbando y brincando, alegre, decidido, independiente, algunos dirán que estrafalario porque no es dado a seguir las costumbres del rebaño.
     Y Campestre no está solo, le sigue el Gran Oráculo, quizá atraído por la música de su tonada, ya que podemos ver que de vez en cuando también brinca alegre y despreocupado... mientras la población entera de nuestra raza asentada en el Planeta de los Monstruos espera que su efigie, allá en el corro de los científicos y los trompetistas, que ahora es el corro de toda la población, realice algún movimiento revelador o llegue a pronunciar las primeras palabras de su nueva doctrina de efigie. Los más devotos encienden cirios, se respira esperanza, se siente el cosquilleo de cuando lo sobrenatural se materializa.
     Cuando un Gran Oráculo se transmaterializa en efigie o templo... puede deberse a distintos motivos. Unos consideran que ya han impartido suficientes enseñanzas y que a partir de ese momento pueden seguir emitiendo preceptos y sentencias a través del control remoto de su representación esculpida. Eso les permite empezar otras vidas y aleccionar a otras civilizaciones de nuestra raza estelar.
     Los hay más apáticos, que se tumban en una hamaca mientras su efigie gobierna espiritualmente el planeta en cuestión. 
     Hay efigies recién creadas por Grandes Oráculos que se muestran parlanchinas... y otras taciturnas. Cuando una efigie permanece mucho tiempo inactiva, aparecen los exégetas que interpretan su mutismo, pero ya hemos dicho que todo eso puede acabar mal, un planeta politeísta no tiene futuro.
     También se han dado casos de Grandes Oráculos juguetones que se transmaterializan y no se dedican a viajar por el espacio ni a tumbarse en una hamaca. Se esconden detrás de su propia efigie y contemplan el comportamiento de los devotos. Entonces, por ejemplo, si el viento mueve la estatua hacia el sur, los exégetas interpretan que la civilización debe trasladarse en esa dirección. Entonces el Gran Oráculo travieso mueve mentalmente el dedo índice de la efigie apuntando en otra dirección. Son pequeñas travesuras intrascendentes. Nada comparable con la tragedia de asistir al nacimiento de una efigie que permanecerá inmóvil y muda para siempre. Son casos inexplicables pero que se han dado.

     El Gran Oráculo, por supuesto, tiene un plan. Sigue a Campestre y, antes de ponerse a su lado, se quita su ropa de Gran Oráculo, se descalza y modifica con los dedos el aspecto de su rostro. Esto se debe a que nuestras facciones son de plastilina y podemos modificarlas a nuestro antojo, aunque está mal visto cambiar de aspecto más de una vez por década, porque esos cambios de personalidad son desconcertantes. Para evitar eso se han implementado duras sanciones y aún así hay delincuentes que circulan por las calles cada día con un aspecto distinto.

     Campestre ve como un tipo desnudo y descalzo le alcanza y, mientras siguen su camino, el recién llegado dice Hola, me llamo Cualquiera.
     Campestre mira a Cualquiera y menea la cabeza, como si algo no le cuadrara. Posiblemente sabe que Cualquiera no es Cualquiera sino el mismísimo Gran Oráculo recién transmaterializado y con las facciones ligeramente modificadas. Pero se limita a saludar con un expresivo movimiento de cejas y sigue silbando y brincando sin más.



Trece

     -¿Qué tal, Campestre?
     -Ummm... -malhumorado-. Todo bien, Cualquiera.
     Cualquiera tiene que apresurarse porque Campestre acelera el paso, no quiere conversar.
     -Bonito día, Campestre.
     Ummm...
     -Me gustan el campo y sus fragancias.
     -Ummm...
     -Estoy investigando lo que está pasando en el Planeta de los Monstruos con la pandemia y todo eso, ¿tú qué opinas, Campestre?
     -No me interesan los asuntos de los monstruos.
     -Pero...
     -¿Qué tengo yo que ver con eso? Déjame tranquilo.
     Cualquiera se calla, pero sigue a Campestre, desconcertado aún por la actitud de éste. De repente se oye: Psss psss... Alguien intenta llamar la atención. Cualquiera mira alrededor y no ve a nadie; mira arriba y nada; mira al suelo y ve que es la sombra de Campestre quien ha pssspsssieado.
     Es necesario aclarar que nuestras sombras a veces tienen este comportamiento inusual: hablan sin permiso, nos contradicen y hasta cogen el camino contrario al que llevamos... aunque ese divorcio no dura mucho porque, de permanecer separados, tanto la sombra como su dueño perecen en poco tiempo.
     Las sombras, con su existencia esclava, se rebelan a veces de día, pero tienen una vida plena y autónoma de noche, cuando dormimos. Eso sí, el propietario de la sombra es responsable de todo acto delictivo o impúdico que su sombra pueda efectuar por su cuenta. Se han dado casos de ciudadanos crueles que encadenan de noche a su sombra en el sótano de su casa para evitar cualquier atisbo de indisciplina; pero la mayor parte de la población tiene una relación sana y afectuosa con su sombra, cual la que suelen tener los monstruos del Planeta de los Monstruos con sus mascotas caseras.
     Campestre está indignado e intenta dar un pisotón a su sombra en la boca, pero ésta da una pirueta y dice: Ejem, yo sí tengo una opinión que compartir contigo, Cualquiera, sobre la pandemia y los tapabocas obligatorios y las teorías de la conspiración que circulan por Internet sobre el origen de la enfermedad de los monstruos.
     -Te escucho, Sombra de Caminante Campestre.
     -Es una embustera -dice Caminante Campestre.
     -Todos tenemos derecho a expresarnos -dice Cualquiera, que empieza a no estar tan desnudo como antes.
     Esto también hay que aclararlo. Nuestra especie, como tantas otras, aprendió a vestirse con materiales elaborados para tal fin. Pero nuestros genes fueron modificados y actualmente nuestro cuerpo excreta automáticamente la ropa necesaria de acuerdo con la temperatura ambiental y según el oficio y la clase social seleccionada. Esa información está grabada en un chip que nos implantaron conjuntamente con una vacuna, hace tiempo, de modo que el chip programa la generación de la vestimenta adecuada para cada individuo y no otra por mucho que éste lo desee. Salvo que se jaquee el chip, pero eso está al alcance de muy pocos. Así el andrajoso genera siempre ropas andrajosas; el industrial, la top model, el preso... todos se ven arropados por la vestimenta que les corresponde.
     Así que Cualquiera se ve de repente vestido de Gran Oráculo, pero se desnuda y descalza de nuevo rápidamente y continúa así con su identidad de incógnito.
     -Dime, Sombra.
     -Me dijeron una vez que la conspiranoia, por descabelladas que sean sus teorías, es la expresión de lo que los monstruos íntimamente temen. Afirman que les quieren robotizar ahora porque ya existe la voluntad y la tecnología que permite la robotización del ciudadano. Sospechan que se quiere exterminar a una parte de la población porque hay gobernantes capaces de hacerlo, por odio normalmente, y también para acaparar en manos de unos pocos privilegiados los recursos del planeta; para acabar con la competencia de los intrusos y afuerinos que quieren comer del plato común de los recursos naturales de la tierra y el mar.
     -Vaya -dice Cualquiera.
     -Bah -dice Campestre.
     -Y si todo es sólo un temor difuso ¿por qué tanta resistencia contra...?
     En ese momento Sombra de Campestre ve que Cualquiera está a punto de pisar un alacrán con su pie desnudo, alarmado grita ¡Cuidado, mira! Pero Campestre se pone a silbar más fuerte para que Cualquiera no escuche la advertencia de Sombra de Campestre, de modo que el escorpión pica a Cualquiera.
     La picadura de nuestros escorpiones no es mortal, pero causaba originalmente una grave hinchazón del cuerpo. Nuestros científicos modificaron genéticamente los escorpiones para que su veneno tuviera un efecto diferente en nuestro organismo: apenas causa dolor y el cuerpo del afectado, más que hincharse, crece y crece, lo que a veces resulta útil en la guerra Y eso puede revertirse inoculando al afectado un contraveneno creado para tal fin utilizando otro tipo de escorpión modificado también en laboratorio.
     -¡Qué hijoputa! -dice Sombra de Campestre refiriéndose a Campestre.

     Así, Cualquiera va aumentando de tamaño y desaparece de la vista de Campestre y de Sombra de Campestre, porque dadas sus nuevas dimensiones no alcanzan a abarcarlo con la mirada.
     Cualquiera ha crecido tanto que tiene ahora el tamaño de un conejo, refiriéndonos al tamaño de un conejo de la fauna original del Planeta de los Monstruos.
     Caminante Campestre y Sombra de Caminante Campestre se hallan ahora en peligro, pues si Cualquiera da un salto de conejo puede aplastarlos. Así que Campestre sale corriendo, pero Sombra de Campestre no le sigue, vuelve sobre sus pasos y se deja picar por el escorpión. De ese modo Sombra de  Campestre empieza a aumentar de tamaño. Campestre, sin su sombra, regresa y ve como ésta se va convirtiendo en una mole indefinida e inabarcable.

     Cualquiera está pues en esa nueva dimensión del Planeta de los Monstruos y ve surgir ante si a Sombra de Caminante Campestre.
     -Hola -dice Sombra.
     -Hola -dice Cualquiera.
     -¿Y ahora qué hacemos, Gran Oráculo?
     -Oh, me has reconocido.
     -Es difícil pasar desapercibido siendo quien eres, pero puedes seguir perfectamente con tu nueva personalidad de Cualquiera, en esta dimensión no te conoce nadie.
     -Me siento raro...
     -Sí, te han salido orejas de conejo, Cualquiera, son los efectos secundarios del veneno de alacrán modificado.
     Entonces se oyeron unos ladridos.
     -¡Atiza! -exclama Conejo Cualquiera.
     -¡Nos quieren cazar! -exclama Sombra de Caminante.
     -¡Súbete a mi lomo! -exclama el disfrazado Gran Oráculo.
     Así lo hace Sombra.
     Ladridos, jadeos, resonar de pasos que se acercan.
     Entonces el Gran Oráculo disfrazado de Conejo Cualquiera, con Sombra de Caminante Campestre agarrado a su espalda, salta para escapar de los podencos canarios que los persiguen.
     Y lo consiguen, ya que en ese salto se trasladan de la isla de El Hierro, donde estaban en ese momento, hasta la isla de La Gomera.

Catorce

     Los aprendices de oraculista ya no están roncando porque ha dejado de ser su día de descanso y, también, porque toda la humanidad Grbpt está reunida en el corro de la humanidad Grbpt.
     Está claro que existen distintas especies de humanos, por un lado, y de monstruos, por otro. Nosotros somos los Grbpt, y al presentarnos queremos dejar claro que no tenemos nada que ver con un ser del espacio llamado Gurb, que no hace mucho anduvo por Barcelona. Es cierto que Grbpt y Gurb se pronuncian igual en todos los idiomas orales conocidos, pero eso es todo. Nosotros lo pronunciamos con acento catalán, pero esto no tiene nada que ver con Eduardo Mendoza y su novela Sin noticias de Gurb.

     Si acercamos la cámara al corro de la humanidad Grbpt podremos ver que los científicos siguen en primera línea del corro, aunque se les cuelan de vez en cuando algunos niños entre las piernas, que se sientan sobre el polvo sin alborotar demasiado, de momento no ha sido necesario llamarles la atención.
     En cuanto a los trompetistas de la fanfarria que realza los Actos Institucionales, ya no se les ve. Se han puesto en modo stand by y aguardan bajo tierra a que sus servicios sean requeridos de nuevo.
     Los vendedores callejeros han traído sus carritos de helados y demás, como si fuera una feria. No se atreven a vocear pregonando sus mercancías porque la humanidad Grbpt está asistiendo a una epifanía.
     Algunos rezan, pero la mayoría se limita a llevar pintados en la cara los colores de la bandera Grbpt dando muestras de fe y patriotismo.

     En la segunda fila del corro podemos ver a la Profesora de Literatura, que ya no trabaja de profesora de literatura porque la despidieron por recomendar libros no incluidos en el temario de Historia de la Literatura Grbpt. Ahora trabaja de bibliotecaria en una biblioteca del extrarradio.
     Detrás de la Profesora de Literatura está Ratón de Biblioteca, que le mira el culo con descaro. Desde que un día se cruzó en la calle con la Profesora de Literatura, Ratón de Biblioteca es un ratón de biblioteca y acude a la Biblioteca del Extrarradio cada día para pedir prestado un libro y así ver a la Profesora de Literatura, o más concretamente para poder contemplar un rato su cuerpo, que es lo único que le interesa de ella, mientras va pidiendo las obras clásicas de nuestra literatura para así impresionar a la Profesora, tan versada en versos y prosas clásicas.

     De repente pasa una centella y todos los que están mirando como Ratón de Biblioteca mira el culo de la Profesora de Literatura no se enteran de lo que fue y preguntan ¿Qué pasó, qué pasó...?
     Pues pasó Caminante Campestre, con prisa y sin la compañía de su sombra, y dijo El Gran Oráculo, no éste de aquí, que es sólo una efigie, sino el Gran Oráculo real, de carne y hueso, se ha redimensionado debido a la picadura de un escorpión agrandador y está ahora en la dimensión en la que viven y ven los monstruos del Planeta de los Monstruos. Habrá que hacer algo para protegerlo de esas alimañas, los malditos monstruos del Planeta de los Monstruos. Adiós.
     Todo eso lo dijo en milésimas de segundo y se fue, todos los Grbpt pudimos escucharlo, menos los sordos y los que estaban enfrascados en el asunto de la Profesora de Literatura y Ratón de Biblioteca.


Quince

     ¿Qué me estabas diciendo, Sombra, sobre las protestas contra las nuevas leyes y normas restrictivas que se les han impuesto a los monstruos debido a una pandemia que algunos llegan a negar que exista?
     Bueno, hay muchas enfermedades que existen y no son muy explícitas. Lo normal es no percibir las enfermedades de los demás.
     A los monstruos les molesta que les restrinjan libertades, y es difícil que algunos acepten que eso se hace por un bien común superior a las molestias particulares de cada cual. Como cuando un monstruo fuma y protesta porque le prohíben hacerlo en determinados sitios, sin darse cuenta de que se le prohíbe fumar en los pulmones de los demás y no sólo en los suyos propios.
     Los monstruos tendrán que aprender a gestionar esta situación, pero la polarización no ayuda. Muchos gobernantes son déspotas y no por tener que administrar la lucha contra la enfermedad van a empezar a ser empáticos y magnánimos.
     La actitud normal de la gente es protestar por los males e injusticias que padecen. Cuando alguno es feliz no suele pregonarlo, lo disfruta.
     El monstruo común vota, pero no se dedica a analizar con profundidad el mundo y la sociedad que le rodea, lo vive a flor de piel... y muchas veces reaccionan arrebatadamente porque forman parte del rebaño y los dirigen a correazos. Las peores injusticias no provocan algaradas, las peores injusticias llevan a silenciosas extinciones. El que protesta en grupo se siente arropado y estimulado. Es una sensación placentera por más que el que se significa pueda acabar represaliado.
     Por lo visto muchos de los que protestan, Cualquiera, son de extrema derecha y creo tener una explicación de ello. Se supone que la movilización social nace en la izquierda, que se agrupan para mejorar las condiciones de vida de la gente. Frente a ello, los conservadores no pueden limitarse a esperar y conformarse con que las cosas no cambien, necesitan que haya agitación entre sus filas.
     El fascismo, el nazismo y la derecha tibia de los monstruos se movilizan enarbolando a veces la bandera de una revolución que no es tal. Se inventan problemas y perjuicios contra minorías y extranjeros para lanzarse a una lucha que acaba a veces en la optención del Poder y la revolución entonces pasa a ser involución. 
     Ahora, a parte del odio al débil y al diferente, los ultras han encontrado en la pandemia una forma de canalizar una exaltación por algo que no tiene que ver con políticas de derecha o izquierda; tiene que ver con ser o no ser solidarios.
     También la gente progresista se ve afectada por las restricciones y la tristeza de una vida social limitada... y desearían bailar, rozarse, alternar como antes. Pero tienen un poco más de respeto por prójimo y no ponen por delante de todo su derecho a respirar a pleno pulmón en todas partes.

     Esta conversación o monólogo tiene lugar en La Gomera. Mientras tanto, en El Hierro el Presidente del Gobierno ha salido de su trance. Como la humanidad Grbpt está a su alrededor, no puede permitirse permanecer impasible o dubitativo. Levanta el mentón y camina en círculo en medio del corro de gente, saluda como cuando los monstruos toreros dan la vuelta al ruedo tras torturar y matar a una de esas personas con cuernos que sacrifican sólo por diversión.
     De repente se oyen silbidos de descontento y el Presidente del Gobierno enrojece de ira, pero rápidamente se tranquiliza al escuchar...
     -¡Fuera, este relato es muy aburrido, qué salga el Narrador a rendir cuentas!
     -¡Sí, que salga a la palestra!
     -¡Queremos erotismo y acción!
     -¡Y sexo salvaje, por favor!
     -¡No, no; lo que hace falta es una historia de amor!
     Esto último lo ha dicho la Profesora de Literatura, que aún no se ha dado cuenta de que la historia de amor ha comenzado ya porque Ratón de Biblioteca, al oírla reclamar contenido romántico entre estos renglones, se ha empalmado.

                Resquicio.

CONTINUARÁ...


   -   -   -
(Inacabado)
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